Foro de Exégesis y Teología Bíblica del Instituto del Verbo Encarnado

P. DR. James Swetnam SJ - VIRTUDES: UNA CLAVE PARA LA VIDA CRISTIANA

    Abajo  

VIRTUDES: UNA CLAVE PARA LA VIDA CRISTIANA

P. DR. James Swetnam SJ

Pontificio Instituto Bíblico, Roma

 

Introducción 

            La Biblia habla frecuentemente de modo práctico y en particular sobre virtudes y vicios, es decir hábitos humanos que son adquiridos por nosotros, a través de los cuales nos perfeccionamos o envilecemos.

            Sin embargo, sorprendentemente, la Biblia no habla mucho teóricamente y en general sobre virtudes o vicios. La razón de ello es que la Biblia (se preocupa menos del punto de vista del hombre que el de Dios), y Dios es considerado en la Biblia desde el punto de vista de sus planes para el hombre. Dios quiere unir todos los hombres consigo y todos los hombres entre sí, y esta visión es primaria. Para alcanzar esto, por supuesto, los hombres tienen que trabajar con la ayuda de Dios para su propio ascenso moral[1].

 

I. El contexto veterotestamentario  de virtud y de vicio

                       

            El hombre perfecto no es aquel que intenta perfeccionarse; el hombre perfecto es el que busca a Dios siguiendo sus huellas y como resultado se mueve hacia el fin que Dios quiere para él como individuo y como miembro de una comunidad, y esto implica aprender a ser virtuoso. Esto es lo que quiere decir “realizarse”: buscar la voluntad de Dios para mí como individuo y como parte de una comunidad. Esta es la “confianza” y fidelidad básicas que Abraham debe aprender y enseñar a sus hijos (Gen 18,19). Esta es la virtud básica que debe ser practicada como condición para permanecer fiel a la Alianza (Ex 19,5.8)[2]. Por otro lado, el vicio fundamental es seguir a algún otro dios que no sea el único Dios verdadero (Dt 4,35; 6,14). Apartarse del camino de Dios y adorar a un falso dios es ser desleal a la Alianza (Ex 32,8)[3].

 

 II. La raíz veterotestamentaria de virtud y de vicio

            Para que haya un seguimiento genuino de la voluntad de Dios, a saber, el orden divino de las cosas, se debe obrar con docilidad y fidelidad desde el corazón. Es en el corazón que la virtud (o el vicio) tiene su raíz. El “corazón” en la manera hebrea de pensar no es solamente aquella parte del hombre donde su vida afectiva está centrada, como en la idea occidental moderna de hombre, sino también aquella parte del hombre que contienen memorias e ideas, planos y decisiones[4]. Dios ha dado al hombre “un corazón para pensar” (Sir 17,6). La Biblia hasta habla del corazón de Dios, significando el plan de salvación de Dios que dura de edad en edad (Sl 33,11). El hombre debería sintonizar su corazón con el de Dios. David ganó el favor de Dios a pesar de sus muchos pecados porque su corazón estaba “con el de Dios” (1 Rs, 15,3). Según el Salmista, el hombre virtuoso está lleno de la ley de Dios y se complace en ella (Sl 1,2[5];37,31), mientras el malvado tiene un corazón vacío de Dios e incluso lo considera como que no existe (Sl 14,1).

            “Dureza de corazón” es la expresión corriente en el Antiguo Testamento para indicar la oposición a los planes de Dios. Se dice del Faraón que endureció su corazón contra los israelitas (Ex 7,14; 8,15) y algunas veces sé que Dios endureció el corazón del Faraón (Ex 4,21; 7,3; 9,12). Esta última expresión quiere decir simplemente que Dios reaccionó ante la persistente negativa del Faraón en cooperar con sus planes enfatizando lo que el Faraón mismo había hecho para mostrar su propia soberanía siendo capaz de alcanzar sus designios aun aparte del Faraón. Jeremías aplica esta imagen del “corazón endurecido” a Israel mismo (7,24; 9,13; 11,8); con ello él clasifica la continua negativa en cooperar con Dios como una clase de estado pecaminoso que corta la ayuda de Dios. En Rom 9,18 Pablo habla de Dios teniendo misericordia y también endureciendo el corazón. Por ello él parece implicar que a veces Dios deja la perversidad humana tomar su curso, y otras veces usa su omnipotencia para superar hasta tal perversidad. La importancia de un corazón sintonizado con los designios de Dios es crucial.

 

III. El Nuevo Testamento y la virtud y el vicio

            En el Nuevo testamento Cristo presume el Antiguo Testamento enseñando sobre la centralidad de Dios y su camino para la virtud, en particular, él reafirma a la centralidad de la fe como virtud básica para poner el cristiano en una correcta relación con Dios: el cristiano debe creer en Cristo como Abraham creyó en Dios (Jn 8,39-41)[6]. Y Cristo también reafirma el rol central del corazón como el lugar en donde el creyente se confronta con Dios. Por supuesto Cristo asume el rol de camino, diciendo que “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6). Jesús es el camino porque Él revela al Padre (Jn 12,45 y 14), y hace posible llegar por este camino al Padre ( Jn 14,4-7). De hecho la comunidad cristiana primitiva era llamada “el camino” porque era el medio para llegar a Dios, el Padre, en Cristo (He 9,12; cf. también He 18,25-26; 19,9.23; 22,4;24,14-22). Este modo de hablar sobre la Iglesia tan común en los Hechos de los Apóstoles muestra cuan profundamente el concepto de Jesús como “camino” y todo el conjunto de imágenes de querer seguir un fin deseado por Dios dominaba el pensamiento de los cristianos primitivos: la Iglesia no era llamada “la verdad” o “la vida”, sino “el camino”.

Al mismo tiempo en que Jesús toma la idea el Antiguo Testamento de “el camino” insiste en ella con referencia a sí mismo, Él toma la idea veterotestamentaria de “corazón” y se la aplica a sí mismo: “venid a mi todos los que andáis agobiados con trabajos y cargas, que yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallareis el reposo para vuestras almas, porque suave es mi yugo y ligero el peso mío” (Mt 11, 28-30). Aquí Jesús nos invita a estudiar su corazón para que podamos imitar las virtudes que Él menciona: “Mansedumbre” y “Humildad”. Aquí, entonces, están dos virtudes particularmente importantes que Cristo quiere que sus seguidores dominen, “Mansedumbre” y “ Humildad”. Jesús usa la palabra “manso” en una de las bienaventuranzas (Mt.5,5) y así la pone en relieve para elogio especial. Significa alguien modesto o que no es exigente y es usada de nuevo para describir a Jesús como el rey llegando a Jerusalén (Mt.21,5). Esta misma virtud es relacionada por Pedro con el corazón cuando lo propone como modelo a las esposas (1Pe 3,4). La palabra “humilde” usada por Jesús para referirse a Sí mismo es usada por Nuestra Señora en su Magnificat para describir como Dios enaltece a los humildes del mundo con relación a los arrogantes que tienen poder terrenal (Lc 1,52).

            Cuando Jesús recomienda “mansedumbre” y “humildad” en Mateo, lo hace en un contexto que contrasta su enseñanza con la de la Ley Mosaica que Él vino a cumplir. Por lo tanto está aquí la cuestión de dos virtudes que son de importancia fundamental para la cristiandad, necesaria si el cristiano tiene que aceptar la enseñanza de Jesús y vivirla como Jesús quiere que sea vivida.

 

IV. La raíz neotestamentaria de virtud y vicio

            Como en el Antiguo Testamento, en el Nuevo, el corazón está en la raíz de toda virtud y vicio. Sin embargo, en el Nuevo Testamento es el corazón más obviamente bajo la influencia del Espíritu de Jesús que es la raíz de toda virtud. Esto fue profetizado por Ezequiel: “Derramaré agua pura sobre ustedes y quedarán purificados. Los purificaré de todas sus impurezas e idolatrías. Les daré un corazón nuevo, y pondré dentro de ustedes un espíritu nuevo. Les quitaré del cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Infundiré mi Espíritu en ustedes, y les haré guardar mis leyes, y respetar y practicar mis juicios” (Ez 36, 25-27). En el Antiguo Testamento el “espíritu” de Dios creó y dio vida, da poder especial a las personas, particularmente a los profetas. En la época mesiánica habrá una efusión especial del Espíritu como principio de renovación interior a través del Mesías que será el primer recipiente[7].

            Así vemos también que el Espíritu está presente en el Nuevo Testamento. Jesús recibe el Espíritu Santo en el Bautismo (Mt 3,16; Lc 1, 10; Lc 3, 22; cf. Jn 1, 32). A su vez, hace que sus seguidores sean bautizados en el Espíritu (cf. Jn 1, 33 y Jn 3, 5. 34; Mt 28, 19). Es este Espíritu Santo que actúa como principio de renovación interior (cf. He 13, 52 por lo que los recién convertidos de Pablo y Bernabé se llenan de “alegría y del Espíritu Santo”, es decir, renovación interior resultando en alegría y causada por el Espíritu Santo).

 

V. La base bíblica para la virtud

           Vemos entonces que hay consistencia en la enseñanza bíblica sobre la base para la virtud: esta consistencia puede ser vista en el Nuevo Testamento como cumpliendo el Antiguo y trayéndolo a su término. Toda virtud bíblica es vista como teniendo valor en la medida en que conduce a cada uno a Dios y ayuda a realizar sus planes. La fe es la base para toda relación con Dios. En el Nuevo Testamento esta fe es orientada hacia Jesucristo. Normalmente en el bautismo el Espíritu Santo es dado como fuente de constante renovación interior para el creyente. Esta renovación interior afecta el “corazón” del creyente: este término bíblico se usa para describir las emociones de uno, deseos y memorias en la que afecten su relación con Dios. El corazón es el campo donde el cristiano toma decisiones afectando la realización del plan de Dios para ellos como individuos y como parte de comunidades. Jesús mismo nos invita a aprender de Su propio corazón y subraya las virtudes de la mansedumbre y de la humildad como la base para asumir las responsabilidades del “yugo” cristiano, o sea, las obligaciones relacionadas con la observancia de su enseñanza que Él pone sobre Sus seguidores.

            En la enseñanza de Jesús el Espíritu Santo es esencial para el propio crecimiento de la virtud. El Espíritu Santo, no un Dios distinto de Jesús. El Espíritu Santo actúa en Jesús y para Jesús, de una manera propia a su rol en cuanto Espíritu; este Espíritu ha recibido el encargo de ayudar a todos los hombres de buena voluntad a servir al Hijo. El Espíritu es mandado por el Hijo para traer a término su trabajo.

 

VI. El Espíritu y la virtud en Pablo

            Pablo era consciente de la importancia central del “corazón” y de la fe en la existencia Cristiana. Él une el corazón y la fe como base esencial de salvación (Ro 10, 9-10). Dice que la dureza de corazón de los gentiles es la razón por la que ellos son ignorantes y se encuentran apartados de Dios (Ef 4, 18). Pero la señal de una vida cristiana feliz es el cantar salmos e himnos en el corazón (Col 3, 15).

            En Pablo, el corazón del hombre es una preocupación central del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo: el hecho de que ustedes son hijos se sabe una vez que Dios mandó el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones, clamando ‘¡Abba, padre!’ (Gal 4, 6). Aquí está una indicación clara de la relación íntima entre la acción de Cristo y la acción de Su Espíritu, todo en el contexto de los designios del Padre. A partir de esta filiación divina se sigue el derecho de herencia a las bendiciones prometidas de Dios (Gal 4, 7) y, por implicación, el derecho a todas las virtudes necesarias para esta herencia.

            La presencia del Espíritu en el corazón de los Cristianos es revelada por el “fruto” del Espíritu, es decir, el resultado de la acción vivificante de Dios que es una ley básica de creación (Gen 1, 22. 28): “... el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, generosidad, bondad, confianza, mansedumbre y autocontrol” (Gal 5, 22). Del mismo modo que el cristiano sabe que está en posesión del Espíritu,  así como un hijo al ser autorizado y poder decir “Abba” al dirigirse al Padre como hizo el Hijo, también el cristiano sabe que “amor, alegría, paz, paciencia, generosidad, bondad, confianza, mansedumbre y autocontrol” indican que el está en posesión del Espíritu y que esta posesión le da la fisonomía espiritual del Hijo. A través de este multi-facetado pero indivisible “fruto” del Espíritu, estamos en contacto con el corazón de Cristo. La importancia de esta verdad no puede ser exagerada. Esta es la manera de juzgar si estoy sintonizado con la voluntad de Dios para mí en un nivel concreto y discernible: si yo experimento el fruto del Espíritu en lo que estoy haciendo en cuanto individuo, estoy en un camino trazado para mí por Dios. Esto es una prueba contundente de la presencia de Cristo en un grupo: si sentimos el fruto del Espíritu en el grupo, este grupo está en un camino trazado por Dios. Esto es un test práctico para mi propio tipo de espiritualidad: la habilidad en el fondo de mi ser de sentir el fruto del Espíritu en lo que hago. En la medida en que el fruto del Espíritu esté ausente, en esta misma medida Cristo no estará presente y la realidad en cuestión no es digna de una iniciativa del Padre o para el Padre. El Espíritu actúa como un principio interior de vida que es genuinamente cristiana.

            Las “obras” de la “carne” son adversarias del Espíritu. “Carne” es el “ego” (Ro 7, 18). Ello implica la criatura terrenal, natural, groseramente instintiva y materialmente motivada abandonada a su propia suerte. Las obras son lo que la “autoindulgencia” de una persona tan limitada tienden a suscitar sin ayuda externa. Pablo da una muestra de lo que son dichas “obras” de la “carne”: “vicio sexual, impureza, sensualidad, la adoración de falsos dioses, hechicería, odio, rivalidades, celos, pérdida de paciencia, discusiones, desacuerdos, facciones, malicia, embriaguez, orgías y cosas afines”. Los vicios son listados al azar ya que son desorganizados por su propia naturaleza. Del mismo modo que las virtudes que constituyen el “fruto” del Espíritu muestran la presencia del Espíritu y así de Cristo y del Padre, los vicios que constituyen las “obras” de la “carne”, es decir, del “ego” no reconstruido, muestran la ausencia del Espíritu y en consecuencia la ausencia de Cristo y le Padre[8].

 

A) La regla decisiva de la caridad

El  “amor” (la “caridad”) es la primera virtud en al lista. Su puesto indica su importancia[9]. Pablo sabe la importancia de la caridad. Él la considera la mejor manera para llegar a Dios (1 Cor 12,31). Este es el modo que él introduce, lo que es probablemente la más conmovedora y penetrante descripción de la caridad jamás escrita:

“Aunque yo hablase las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, vengo a ser como un bronce que suena o un címbalo que retiñe. Y si tuviese el don de profecía y conociese todos los misterios y toda la ciencia y tuviese una fe tan grande que trasladara las montañas, si no tengo caridad, nada soy. Y si distribuyese todos mis bienes y entregase mi cuerpo para ser quemado, si no tengo caridad, nada me aprovecha. La caridad es paciente, es benigna; la caridad no es envidiosa, no se vanagloría, no se ensoberbece; no hace nada que pueda escandalizar, no busca su propio interés, no se irrita, no toma cuenta del mal que recibe, no se goza de la injusticia, mas se alegra con la verdad, todo la excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. La caridad nunca desaparece[10].

             Nótese que al escribir “si no tengo amor no soy nada” Pablo hace que la existencia Cristiana auténtica dependa de la virtud de la caridad. Al dar su consideración positiva de lo que sea amor Pablo lo define presentándolo como una persona en acción[11]. Lo que es particularmente interesante en esta reflexión es lo que nos dice sobre la habilidad de Pablo en evaluar su propia vida interior. Solamente una persona acostumbrada a examinar su propia consciencia puede producir una descripción de la caridad tan penetrante como la que fue dada arriba. Esta lista es un desafío para todos nosotros cristianos para garantizar que a través del examen regular de nuestras conciencias podamos poner en práctica las ideas inspiradas de Pablo.

 

B) La humildad y la práctica del amor

            Pablo destaca otra virtud como importante para la práctica de la caridad en la comunidad: la humildad[12]. Esta virtud también está relacionada con la presencia del Espíritu.

            “Así, pues, os conjuro en virtud de toda exhortación en Cristo, de toda persuasión de amor, de toda comunión en el Espíritu, de toda entrañable compasión, que colméis mi alegría, siendo todos del mismo sentir, con un mismo amor, un mismo espíritu, unos mismos sentimientos. Nada hagáis por rivalidad, ni por vanagloria, sino con humildad, considerando cada cual a los demás como superiores a sí mismo, buscando cada cual no su propio interés sino el de los demás. Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo: el cual, siendo de condición divina no retuvo ávidamente el ser igual a Dios, sino que se despojó de si mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo cual Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es Señor para gloria de Dios Padre (Flp 2,1-11)[13].

        Pablo aquí presenta la humildad como una cualidad esencial para regular la vida en comunidad. Una vez más, él evoca al Espíritu: si hay “alguna comunión en el Espíritu” (v.1). Ambos, Pablo y los Filipenses participan en el don mesiánico del Espíritu[14]. Nuevamente, las observaciones prácticas de Pablo sobre la vida en comunidad muestran que él era un miembro observador y autocrítico en la vida común de los cristianos primitivos. Y él aprovecha la ocasión para dar una mirada inspirada en la vida interior (o sea, al corazón) de Cristo llevando e incluyendo Su deseo de morir en la cruz. Él, de esta manera, completa el informe dado por el propio Jesús cuando se describe como “manso y humilde de corazón”.

 

VII. Virtud enseñada por ejemplo

            La Biblia hace más que meramente exhortar a la virtud. También da el ejemplo de personas que son virtuosas y deben se imitadas. Al frente de todos está, por supuesto, el propio Jesús. En el texto siguiente Jesús se propone a sí mismo como ejemplo de servicio[15].

            “Se acercan a Él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen: ‘Maestro queremos nos concedas lo que te pidamos’. Él les dijo: ‘¿Qué queréis que os conceda?’ Ellos le respondieron: ‘Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda’. Jesús les dijo: ‘No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?’ Ellos le dijeron: ‘Sí, podemos’. Jesús les dijo: ‘La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo’. “Al oír esto los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan. Jesús, llamándoles, les dice: ‘Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes los oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos” [16].

            En esta frase Jesús usa la ingenua pretensión de dos de sus más íntimos discípulos para enseñarles a todos una lección. Su rol de liderazgo incluye que se vuelvan “esclavos”. Ésta es una palabra my fuerte, mucho más fuerte incluso de lo que implica la expresión “servir”. Un “esclavo” en el mundo antiguo no tenía  derechos reales (a pesar de que fuesen frecuentemente bien tratados por sus señores). Ellos eran completamente dependientes de la orden de sus señores. El señor en este caso, por supuesto, es Dios. Y la razón de esta orden de volverse como esclavos es el rol del mismo Hijo del hombre, el cual por nosotros, muere en la cruz como esclavo, dando su vida en rescate. Aquí el servicio de Jesús culmina en el acto por el cual redime al mundo. Por implicación, la autohumillación de los cristianos se manifestará en el servicio a los demás, y este servicio será participación en el supremo sacrificio de Cristo[17]. De esta manera, Cristo enseña por la palabra pero su enseñanza queda implícita en el ejemplo que va a dar. Es bien sabido que los ejemplos son más poderosos que las predicaciones.

            En las variadas historias que la Biblia contiene se puede aprender sobre virtud. Jesús usa el modelo de historia para su propia enseñanza, usando parábolas que ilustran su argumento. Por ejemplo, la historia del hijo pródigo, la del buen samaritano, la del fariseo y el publicano. Cada una de estas historias es poderosa porque no solamente enseña virtud a través del ejemplo sino también porque permanece en la memoria. Toca al cristiano recordarlas cuando aparezca la ocasión para así poder practicarlas.

 

Conclusión

           La Biblia es una fuente inagotable de sabiduría para los que la deseen usar. Es una  sabiduría destinada no al éxito en este mundo, sino al éxito en el otro. Sin embargo, toca también al mundo presente, ya que solamente el conducirse como Dios quiere nos permitirá tener éxito en el venidero. Sólo encontrando un camino planificado para nosotros por Dios y siguiéndolo hasta el fin lo podremos alcanzar como Él desea que lo alcancemos. Y este camino, cualquiera que sea, depende del que trazó Jesús para todos nosotros. Es un camino que consiste en la práctica de la virtud con la ayuda del Espíritu. Él nos inspira a actuar como deberíamos, y parte de esta inspiración es la sabiduría que conocemos al estudiar la palabra que Él mismo inspiró, la Biblia. La cual es inagotable. Nunca seremos capaces de aprender todo lo que hay ahí para aprenderse. Nunca realmente dominaremos la Biblia. Lo que sí podemos hacer es esto: sea lo que fuere que aprendamos de la Biblia, que permitamos que ella nos lo enseñe.

 


 

[1] Cf. M.-F. Lacan, “Virtudes and Vices”. En X. Léon-Dufour (ed.), Dictionary of Biblical Theology. Traducido bajo la dirección de J. Cahill; revisiones y nuevos artículos traducidos por E.M. Stewart (London: Gioffrey Chapman)

[2] “Fe” o “Fidelidad”/”Confianza” es la virtud básica que unió Abraham a Dios y que se manifestó en su “justicia”, es decir, tener una correcta relación con Dios (cf. Gen 15, 6). Esta fe es la base para toda la relación judaico-Cristiana con Dios. Cf. J. Duplacy, “Faith”, en X. Léon-Dufour (ed.), Dictionary of Biblical Theology, 158-163.

[3]  J. Giblet - P. Great, “Covenant”, en X. Léon-Dufour (ed.), Dictionary of Biblical Theology 93-98.

[4] Jean de Fraine, “Heart”, en X. Léon-Dufour (ed.), Dictionary of Biblical Theology, 228.

[5] Nótese como este texto es programático para todo el Salterio por su ubicación al inicio del salmo de apertura.

[6] Abraham incluso se regocijó anticipadamente por el nacimiento de Cristo, por así decir, regocijándose de su hijo Isaac, que era unaprefiguración de Cristo (cf. Jn 9, 56).

[7] Cf. The Jerusalem Bible, nota a Ez 36,27.

[8] Vale la pena comparar esta descripción del “fruto” del Espíritu con la descripción que Pablo da de sí mismo en 2 Cor 6,1-10 en términos de características personales frecuentemente en tiempos de gran adversidad.

[9] C. Wiéner. X. Léon-Dufour (ed.), Dictionary of Biblical Theology, 322-327.

[10] Esta traducción inglesa es ampliamente basada en la traducción del académico británico J. Moffatt.

[11] Cf. J. Murphy - O’Connor, “The First Letter to the Carinthians”, en The New Jerome Biblical Comentary (ed. R.E. Brown. J.A. Fitzmyer, R.E. Murphy; Englewood Cliffs, Nj: Prentice Hall, 1990) , § 49: 61 (p.811).

[12] M.-F. Lacan, “Humility”, X. Léon-Dufour (ed.), Dictionary of Biblical Theology, 247-248.

[13] Esta traducción está basada en The Jerusalem Bible (London: Darton, Longman & Tood, 1985).

[14] Cf. B. Byrne, “The Letter to the Philippians”, The New Jerome Biblical Comentary  § 48:17 (p. 794).

[15] C. Augrain , “Service”, [X. Léon-Dufour (ed.)] Dictionary of Biblical Theology, 533-535.

[16] Traducción basada en The New Jerusalem Bible.

[17] Cf. D.J. Harrington, “Mark”, The New Jerome Biblical Comentary, § 41:67 (p. 618-619).

 

Principal ] Jornadas Bíblicas ] Monografías ] Artículos Varios ] Tesis y Tesinas ] Seminarios ] Recensiones ] Grandes Maestros ] Magisterio ] Noticias ] Enlaces ] P. Lagrange ] Iveargentina ]     

    Abajo