Con gusto
acepto la invitación que se me ha hecho de escribir un breve artículo en esta
acreditada
revista sobre el papiro de
Marcos en la cueva 7º de Qumrán, cuya sigla es 7Q5. Es decir: 7Q (cueva 7º) y 5
(papiro inventariado con el numero 5).
No voy a repetir ahora lo que he dicho ya en
múltiples ocasiones, pero me voy a referir a la confirmación que sobre mi
respuesta científica han hecho dos eminentes personalidades. La primera, la de
una profesora de Papirología, que por muchos años a sido la presidenta de la
Asociación Internacional de Papirólogos. Y la segunda la de un Catedrático de
Matemáticas que ha hecho un decisivo cálculo de probabilidades sobre la
legitimidad de la identificación marcada del fragmento 7Q5.
Con referencia a la
papiróloga se trata de Orsolina Montevecchi que por largos años ha regentado la
cátedra de Papirología en la Universidad Católica de Milán. Dicha profesora ha
hecho unas declaraciones muy importantes en una revista italiana, que se edita
también en español[1].
Como no quiero cambiar ninguna de sus palabras (pues parecería que lo hago a
favor de mi tesis), las voy a copiar literalmente, por más que no las ponga
entre comillas. Sólo transcribo alguna palabra o frase entre comillas cuando
aparece de esta forma en el original. Sirva esta indicación sobre el testimonio
de la Prof. Montevecchi, que es el siguiente:
Para una posible solución de
la cuestión hace falta, en primer lugar, dejar al margen los prejuicios
apologéticos o ideológicos. No hay nada que defender: incluso si el hallado en
Qumrán no fuera un fragmento del evangelio de Marcos, el cristianismo no pierde
nada. Y por lo que atañe al otro “partido”, no es correcto rechazar un debate
científico sólo porque a priori uno está convencido de que un Evangelio no puedo
haber sido escrito en una fecha tan antigua. El ánimo debe estar libre de
prejuicios.
Como papiróloga puedo decir que la
identificación me parece segura. Las cinco líneas aún visibles que forman el
fragmento corresponden al pasaje de Marcos, versículos 52 y 53. Es
extremadamente improbable la correspondencia con otro texto. Las huellas se
hallan en líneas diferentes: una vez averiguado que éstas coinciden con un
fragmento de Marcos, es dificilísimo, prácticamente imposible que se trate de
otro texto, quizás desconocido. ¡ Hay cinco líneas de texto en las que basarse !
Además, en el fragmento
existe un paso de un período
otro. Según la costumbre, en
los textos antiguos este cambio no se indicaba, como haríamos nosotros y como se
lee hoy en las versiones modernas del Evangelio,
con un “aparte”, sino que
consistía en un espacio vacío de tres o cuatro letras entre el final de un
período y el comienzo del nuevo. Esto es exactamente lo que tenemos en este
caso, entre el final del versículo 52 y el comienzo del versículo 53 del
capítulo sexto. Añado que, según el estilo narrativo de Marcos, el capítulo
sexto comienza con la conjunción “y” (kai en griego). Y es lo que hallamos en el
fragmento. Luego tenemos esa palabra, un poco extraña, que aparece sólo una vez
en el Antiguo Testamento y tres veces en el Nuevo, “Gennesaret”. También esta
coincide con este pase de Marcos. Y todo el resto concuerda.
Respecto a la fecha de
composición, me parece que no se puede ir más allá de la mitad del primer siglo,
es decir después del 50 como mucho pues este fragmento del evangelio de Marcos
puede fecharse 20 años después de la muerte de Cristo.
La pequeñez de 7Q5 no puede
impedir la identificación, porque una identificación puede ser incontrovertible
aun cuando el fragmento fuera minúsculo. A veces a los papirólogos nos basta
poco para expresar una certeza. Y aquí existen cinco líneas que coinciden. El
mismo arzobispo de Milán, Carlo María Martini, una verdadera autoridad en el
campo bíblico escribió en 1972, cuando era rector del prestigioso Instituto
bíblico de Roma: “Aunque
al profano puede parecerle contrario, es muy improbable una coincidencia casual
de algunas letras, dispuestas en diferentes líneas, con un texto literario
conocido”.
Transcrito el testimonio de Montevecchi, pasamos a considerar la aportación
matemática de un insigne profesor, el Dr. Albert Dou[2].
Parece conveniente resaltar
sus credenciales científicas: es ingeniero de camino, canales y puertos, y
doctor en matemáticas. En Madrid a sido catedrático de matemáticas en la Escuela
de Ingenieros de Caminos, y en la universidad de la misma ciudad, catedrático de
ecuaciones diferenciales. Actualmente es profesor emérito de la Universidad
Autónoma de Barcelona, en la que enseña historia de las matemáticas. Es además
miembro numerario de la real Academia de Ciencias de Madrid y correspondiente de
la de Barcelona.
En el importante estudio
citado en la nº 2 (El cálculo de probabilidades y las posibles identificaciones
del 7Q5), propone diversas hipótesis de cálculo, de las que copio las más
pertinentes.
1.
Hipótesis del cálculo
La probabilidad de que se
encuentre actualmente otro texto, con el mismo número de espacios o letras y con
una esticometria (longitud de la línea)
que oscile –como la de 7Q5,
según la identificación de Marcos- entre 20 y 23 letras, es de 1 contra 36 mil
billones. Esta es la probabilidad que Dou llama P2.
2.
Hipótesis de cálculo
La probabilidad de que se encuentre
casualmente otro texto con una esticometría oscilante entre 37 y 42 letras es de
1 contra 430 billones. Esta es la probabilidad P3.
3.
Hipótesis del cálculo
Al equiparar, desde el punto de vista del
cálculo de probabilidades, un texto expresivo con un inexpresivo texto
matemático, se da lugar a un error de difícil estimación, que no se ha tenido en
cuenta en el cálculo de P2 y P3.
Ahora bien, con los
mismos presupuestos esticométricos de P2 y P3, el Dr. Dou propone a continuación
las nuevas probabilidades de P*2 y P*3, que aproximan por exceso P2 y P3 y
tienen en cuenta el error debido a la equiparación antes mencionada.
Los nuevos valores,
pues, son para P*2, 1 contra 900 mi millones; y para P*3, 1 contra 10 mil
millones. Después de todo lo expuesto, parece que se podría acortar el plazo de aceptación de la que propuse hace algo más de veinticinco años. Y tal vez no sean inoportunas, para terminar unas palabras de Montevecchi, que no pertenecen a la entrevista antes citada: “Me parece que ya sería tiempo de incluir el 7Q5 en la lista de los papiros del N.T[3].”
[1] 30 días, 8 (nº 82/83), 1994, pp 55-57. [2] En J. O`Callaghan, Los primeros testimonios del Nuevo Testamento. Papirología neo-testamentaria, ed El Almedro, Córdoba 1995, pp. 116-139. [3] Aegyptus. 74, 1994, p.207.
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