Foro de Exégesis y Teología bíblica del Instituto del Verbo Encarnado

 La institución de la Eucaristía en los Evangelios sinópticos (II).- James Swetnam, S.J.

 

 

La institución de la Eucaristía en los
Evangelios sinópticos (II)
 

 Por James Swetnam, S.J.

PONTIFICIO INSTITUTO BÍBLICO, ROMA.

swetnam@biblico.it

 

Conferencia dirigida a los religiosos y religiosas del Instituto del Verbo Encarnado con motivo de la Jornada Bíblica 2000 "Y el Verbo se hizo carne..."(Jn 1,14) , pronunciada en el Seminario "María, Madre del Verbo Encarnado" el 27 de setiembre de 2000, en la ciudad de San Rafael, Mendoza, Argentina.

 

Introducción. 

         La primera de estas dos conferencias  proponía a la tôdâ como una posible fuente, al menos en parte, para las versiones de la institución de la Eucaristía en los Evangelios sinópticos. Las razones son obvias: así como en las versiones de la Eucaristía en los Evangelios sinópticos, la tôdâ incluía el ofrecimiento y la consumición de pan y vino en conjunción con un sacrificio cruento con motivo de una profunda alegría y acción de gracias a Dios por una salvación de cualquier tipo. La expresión de la Septuaginta para la tôdâ se encuentra en la Epístola a los Hebreos en un contexto cultual, indicando que por lo menos el concepto de tôdâ era familiar por lo menos para algunos de los primeros cristianos. 

 

La Última Cena como tôdâ cristiana.

 

         H. Gese ha estudiado en detalle la posible relevancia de la tôdâ para la versiones de la institución de la Eucaristía en los Evangelios sinópticos.[1] Gese interpreta la Última Cena en los sinópticos como la tôdâ del Señor resucitado, la Pascua cristiana, la comunión en la mesa con Jesús y la participación en el sacrificio de Jesús. Esto explica el porqué la Eucaristía es el anuncio de la muerte de Jesús (1 Cor 11,26) y al mismo tiempo es un acto de alabanza a Dios y de regocijo por la salvación traída por él. La Última Cena del Señor tiene lugar en el memorial (avna,mnhsij) del acontecimiento salvador de la muerte de Jesús.[2]

        

El anuncio del acontecimiento salvador tiene lugar en el acto de elevar el cáliz, como es indicado por Pablo y Lucas: Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre (1 Cor 11,25; Lc 22,20). La palabra “cuerpo” (sw'ma)  usada en las palabras de la institución es paralela a la palabra “cáliz” (poth,rion). No es la intención indicar a la “carne” como opuesta a la “sangre”, sino referirse a todo el cuerpo, carne y sangre conjuntamente, e indica al sacrificio en sí mismo.[3]

 

         La copa es la “copa de salvación” en la ceremonia de tôdâ (cf. Sl 116, 13) la cual es elevada como signo de alabanza, proclamación, y “bendición” (cf. 1 Cor 10,16) del acto salvador de Dios. La salvación es presentada como la nueva alianza que ha comenzado a existir a través de la muerte expiatoria de Jesús en el Gólgota.  Así como la antigua alianza fue inaugurada a través de una ceremonia que  unía a los participantes (Ex 24,3-8), así la nueva alianza es inaugurada a través del  autofrecimiento expiatorio de sí mismo sobre el Gólgota. Beber de esta copa significa participar en esta sangre de la alianza. La forma de la palabra copa corresponde a la forma de la antigua tôdâ, pero el contenido de la tôdâ de la nueva alianza va mucho más allá que el de la antigua alianza. Esta nueva y única tôdâ debe recibir una forma fundamentalmente nueva.[4]

 

         En la antiga tôdâ el que era salvado ofrecía una víctima animal como sacrificio por él mismo y por la comunidad. El Resucitado se ha ofrecido a sí mismo – el sacrificio es su sacrificio-, su existencia terrenal y corporal. Así como en el Salmo 40 el verdadero sacrificio era la obediencia personal, y así como en el Salmo 51 el verdadero sacrificio era un “espíritu contrito” y un “corazón contrito y humillado”, no hay aquí un sacrificio extraño: el verdadero y propio sacrificio es el cuerpo de Jesús, su propia vida física. Este es el significado de las palabras sobre el pan: Esto es mi cuerpo (Mc 14,22; Mt 26,26; cf. 1 Cor 11,24 y Lc 22,19 y la continuación el cual es entregado por vosotros. El pan del sacrificio de la tôdâ tiene, como en otras partes de la comida judía, la función de indicar una comida sólida así como también un sacrificio cruento, que es el sacrificio de Jesús. El alimento de la comida sagrada, representado por el pan del sacrificio, es, con respecto tanto a su sacralidad  como a su condción de sacrificio, el cuerpo de Jesús. El pan, por lo tanto, no pierde su verdadero y terrenal carácter de alimento básico para la existencia humana, pero, a través de la participación que es realizada en la comida y en la salvación aún de aquel que se ofrece a sí mismo, es el cuerpo de Jesús. El pan no significa el cuerpo de Jesús en un sentido metafórico sino que lo es esencialmente, de modo que como substancia de la comida, en el sagrado banquete de la tôdâ  es el sacrificio de Jesús. En la antigua comida sagrada de la tôdâ la fundación para la nueva existencia de la persona redimida era puesta en efecto a través de la comida del sacrificio, de este modo la vida dada por el Dios salvador estaba basada en una realidad física; la comunidad del que ofrecía participaba y experimentaba, precisamente como comunidad del que era salvado, el poder de la salvación y de la vida. En la nueva comida “sacramental” de la tôdâ del Resucitado la participación del evento salvador de la muerte y resurrección de Jesús tiene lugar en el comer el alimento que aquel que sacrifica identifica con su propio sacrificio: se da a sí mismo como sacrificio. Su cuerpo sacrificado ocupa el lugar de la víctima sacrificada, y nosotros tomamos parte al comer el pan como alimento común que constituye la substancia de la existencia humana aún en su dimensión física. La abolición de una víctima sacrificial especial ya está esbozada en el desarrollo de la tradición del Antiguo Testamento, pero solamente con el verdadero y definitivo sacrificio es puesta en práctica la abolición de la sustitución de algún animal. En la Cena del Señor el sacrificio se convierte en el que está sacrificándose a sí mismo, sacrificio y salvador son idénticos y la comunión en la mesa se convierte en comunión con el sw'ma tou' Cristou' (“El pan que partimos [o distribuimos], ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan.” – 1 Cor 10, 16-17).[5]

 

         La antigua tôdâ era una comida sagrada que por motivos prácticos estaba en gran medida separada del templo, donde solamente la muerte del animal sacrificial tenía lugar. La carne era preparada en varias maneras para la celebración de la comunidad la cual tenía lugar el mismo día en las casas de Jerusalén. En tiempos posteriores el ofrecimiento del pan tuvo lugar como envío de la porción asignada  para los sacerdotes, sin necesidad de que el pan esté presente en el templo el momento de la muerte del animal; automáticamente quedaba santificado a través de la muerte de la víctima animal. Por lo tanto en la práctica el culto privado tenía lugar separado del templo. Solamente el sacrificio del animal tenía lugar en el templo y la santificación del pan tenía lugar automáticamente a través del sacrificio cruento. Con su relación al sacrificio enteramente diferente de la nueva alianza la comida de la nueva tôdâ estaba completamente libre de cualquier conexión con el templo, pero todavía podía ser celebrada como una comida sagrada sobre la base de antiguas ideas sagradas. La comida sagrada de la tôdâ era una comida que satisfacía completamente y, de acuerdo a las posibilidades, un baquete suntuoso, con la carne de los animales que habían sido sacrificados y una cierta cantidad de pan. La identificación del pan sagrado de la tôdâ con el sacrificio de Cristo quita al pan toda determinación cuantitativa, como ocurrió cuando el pan era una parte autónoma del sacrificio, y con la limitación a pan y vino la comida sagrada estaba limitada a su promulgación esencial y ritual. Fue un paso obvio el sumar está tôdâ litúrgica a una solemne comida de la comunidad en orden a que de este modo tome parte en el contexto de una comida. Pero por la naturaleza de este caso, la acción sacramental fue distinguida claramente desde el principio del banquete común. La distinción, que ya enfatiza Pablo, se vuelve más pronunciada con el tiempo, hasta que finalmente el agape fue completamente separado de la Eucaristía.[6]

 

         En la antigua t­ôdâ el que era salvado ofrecía el animal sacrificial e invitaba a su comunidad; él, por lo tanto, por sí mismo comenzaba la celebración de la tôdâ. En Marcos la institución de la Cena del Señor aconteció al final de la vida de Jesús, después que los eventos conectados con la muerte de Jesús fueran puestos en movimiento por la designación del traidor. (Pablo habla de la noche de la “traición” [para,dosij], esta es su manera de indicar el mismo punto de inflexión.) Este elemento delimitador vuelve claro que la Cena del Señor encierra como a una a la Muerte y la Resurrección.[7] Esta indicación proléptica no debería ser causa de sorpresa, pues corresponde exactamente al modo en que la Pasión es presentada (cf.: la designación “profética” del traidor; la cita de Zac 13, 7 en Mc 14, 27; la acusación hecha en base a lo dicho sobre la destrucción del templo y su reconstrucción en tres dias [Mc 14,57 y 15,29]). Dada su ubicación dentro de este período, la comida final de Jesús no podría referirse a otra cosa sino a la  totalidad de los acontecimientos que tuvieron lugar desde el Viernes Santo hasta la Pascua. La institución de la Cena del Señor en este punto del relato Sinóptico no contradice, entonces, su carácter de tôdâ. La institución de la Cena del Señor debe ser entendida como la consagración sacrificial de Jesús antes de su muerte. Esta consagración no es testigo de algún sacrificio, sino el sacrificio que significa el cambio en épocas y que ocurre en la espera de la Pascua, así como en el Salmo 22 la liberación del dolor primordial proclama el papel escatológico de Dios. El mismo Jesús da ocasión para su muerte a través de la referencia al traidor, y se consagra a sí mismo para el sacrificio. Por lo tanto él completa solemnemente el gran avance hacia la nueva existencia conocida como el Reino.[8]

 

         La tôdâ-Eucaristía es el culto divino en el cual la comunidad experimenta el evento salvador de la muerte y resurrección de Cristo en su nivel más profundo. En esta tôdâ el elocuente desarrollo de la humana experiencia de muerte y redención es llevada a su perfección: el desarrollo de la comida sagrada, la comunión con el salvador y la fundación en la existencia humana y el desarrollo del sacrificio. La Eucaristía es el final del desarrollo bíblico del culto divino, une en sí misma sus multifacéticos elementos y está en relación al evento definitivo y salvífico de Cristo.[9]

 

 

El Salmo 22 y la Cena del Señor en los Evangelios sinópticos.

        

         El Salmo 22 tiene un lugar central en la crucifixión de Jesús en Mateo y en Marcos; la crucifixión de Jesús es la muerte sacrificial que trae a su plenitud el trabajo de la vida de Jesús; la tôdâ es la celebración litúrgica de esta muerte sacrificial. De aquí que el Salmo 22 merece ser investigado en el intento de llegar a una comprensión preliminar de la institución de la Eucaristía en los Evangelios sinópticos. Aquí nuevamente H. Gese ha hecho trabajo de pionero.[10]

 

         El versículo con el cual propiamente comienza el Salmo 22 –v.2- es citado como el grito final de la muerte de Jesús en Mt 27, 46 y en su paralelo en Mc 15, 34. El ser abandonado por Dios es un tema común en los Salmos, y es difícil de ver qué propósito distintivo puede tener la citación de este primer versículo sino como una indicación de que todo el Salmo pretende ser aludido por Jesús al morir.[11]

 

         El Salmo 22 es una descripción de lo que es típico y general; no está limitado en sus primeros versículos a un estrecho lamento individual. Es profético por su propia naturaleza, que pide su cumplimiento. El abandono de Dios está aquí prefijado por una descripción de una persona en las garras de una enfermedad mortal.[12]

 

         El Salmo 22 puede ser estructurado de la siguiente manera:

1)     Vv. 2-3: el lamento como invocación (generalizando las referencias de espacio y lugar)

2)     Vv. 4-6: manifestación de confianza (refiriéndose a Israel como realidad colectiva)

3)     Vv. 7-9: retrato de un individuo que está lamentándose (usa el pronombre personal de primera persona para llamar la atención sobre su grave situación)

4)     Vv. 10-12: manifestación de confianza individual en Dios (coincidiendo con la manifestación individual de angustia)

5)     Vv. 13-19: tercera serie de lamentos (los motivos generalizados de persecución culminan en lo que parece ser una escena de ejecución en el v. 20)

6)     Vv. 20-22: fórmula de petición en el v. 20, seguida por una resumida repetición de  los perseguidores (en orden inverso al de los vv. 13-19)

7)     Vv. 23-27: himno individual de acción de gracias (el cual tiene como a su Sitz im Leben a la tôdâ)

8)     Vv. 28-32: palabras para el Israel presente, el Israel pasado, el Israel futuro (con una alusión al acto singular de salvación –resurrección de la muerte- en el v. 32).[13]

 

Por lo tanto, en el Salmo 22 uno encuentra la expresión de cierta teología apocalíptica, la cual ve en la salvación de un individuo la llegada del Reino de Dios que es manifestado por la conversión del mundo, la resurrección de la muerte, y la proclamación de esta muerte salvadora en todo los tiempos futuros. La extrema necesidad del que pide está expresada en el lenguaje más extremo, hasta el punto de tomar para sí las características de todos los que sufren, lo cual señala la venida  de la entrega escatológica. La piedad individual asume un significado apocalíptico: en la salvación del hombre piadoso de la muerte el escatológico Reino de Dios se muestra revelado.[14]

 

         A la luz del análisis precedente es claro porqué el versículo introductorio del Salmo 22 es citado: no para indicar que Dios ha abandonado al que pide, sino para mostrar que la salvación de la muerte es ocasión para la eventual llegada del Reino de Dios. El contenido del Salmo 22 se encuentra relacionado con la muerte de Jesús en dos aspectos. 1) Una descripción de la crucifixión de Jesús (la cual no necesariamente termina en la muerte): Mc 15, 29 cita Sl 22,8 mientras que Mc 15, 24 cita Sl 22, 19 – los versículos del Salmo 22 en los cuales circunda la descripción de los enemigos. Ninguna otra fuente del Antiguo Testamento es citada en estos versículos. 2) Una descripción de la muerte de Jesús (el elemento decisivo): Mc 15, 34 (Marcos es la base para los relatos sinópticos) con su cita del versículo de apertura del Salmo 22 que es continuada en el v. 37 con su alusión a esta cita en la mención del “lamento” final de Jesús y entonces en v. 39 con su alusión a Sl 22, 28 (el centurión como representante de Roma reconoce a Dios así como las naciones reconocen a Dios en el Salmo 22). La grotesca confusión acerca de la incomprensión relacionada con Isaías en el versículo 35, pero más esencialmente la de Cristo de sí mismo como el que pide en el Salmo 22 con su culmen en la preparación para la venida del Reino de Dios, corresponde a la teología de Marcos, más aun, es probablemente su origen. Por lo tanto el Salmo 22 está en la centro de la más antigua comprensión de la crucifixión y muerte de Jesús: la muerte que viene de los más profundos dolores conduce a través de la intervención salvadora de Jesús a la venida final del escatológico Reino de Dios. Aquel que predicaba el Reino lo introduce con su muerte.[15]

 

         En el contexto de la muerte de Jesús en la cruz como entendida por su referencia al Salmo 22, la tôdâ es de crucial importancia en referencia al culto.[16] En la comida de la tôdâ el pan que se ofrecía tenía un lugar especial (Lv 7,12-15). El uso de pan fermentado (cf. Am 4,5) muestra la antigüedad de esta práctica. El uso de vino tenía un lugar destacado, como se ve claro a partir del Sl 116, donde los versículos 17-18 (mención del zebach tôdâ) son paralelos a los vv. 13-14 (mención de la copa salvadora del Señor), ambos en el contexto de la invocación del nombre del Señor. A la comunidad y a la nueva existencia introducidas por esta comida pertenecen la alabanza del Señor y el reconocimiento de Él como Aquel que salva (de aquí la mención del lamento que lleva a la salvación). Esta es la tôdâ que aparece en la segunda parte del Salmo 22: la comunidad del Resucitado celebra la Cena del Señor y al hacerlo así anuncia la muerte de Jesús (cf. 1 Cor 11,26).[17]

 

         En Mateo el Salmo 22 se encuentra citado o aludido en cuatro lugares. Como en Marcos, el versículo inicial es recitado por Jesús precisamente antes de su muerte (Mt 27,46). Como en Marcos, el Sl 22,19 es citado para indicar el reparto de las vestiduras de Jesús (Mt 27,35). Como en Marcos, el Sl 22,8 es citado para describir los vituperios de Jesús en la cruz por sus enemigos (Mt 27,39). Pero a diferencia de Marcos, el Sl 22,9 es citado para describir más adelante las burlas de los enemigos que se divierten con la falta de asistencia por parte de Dios (Mt 27,43).

        

En Lucas sólo hay una alusión al Salmo 22: en Lc 23,35 los versículos del Sl 22,8-9 son traídos a colación para describir las burlas contra Jesús mientras está muriendo en la cruz.

 

         Por lo tanto parece razonable concluir que Mateo tiene esencialmente el mismo punto de vista acerca del Salmo 22 que Marcos: con la cita de su versículo inicial el Salmo 22 es presentado como el modelo indicado por el mismo Jesús para la comprensión de su sufrimiento y de su muerte, y como tal está íntimamente conectada con la Cena del Señor como tôdâ (Mc 15,34; Mt 27,46). En Lucas, sin embargo, la cita del versículo inicial del Salmo 22 se omite (sería de esperar entre lo que es ahora Lc 23,45 y Lc 23,46), y donde Marcos y Mateo refieren un final lamento de muerte de Jesús sin dar ningún contenido (Mc 15,37; Mt 27,50), Lucas cita como palabras finales de Jesús un pasaje del Sl 31,5 [LXX 31,6]: Padre, “en tus manos encomiendo mi espíritu” (eivj cei'ra,j sou paraqh,somai to. pneu'ma mou [Lc 23,46]).[18] Es claro que el Salmo 22 no tiene la misma función en Lucas que en Mateo y en Marcos.

 

 

El Salmo 31,5 y su relación con la Última Cena como tôdâ en Lucas: una sugerencia.

 

         Gese no hace ningún intento por relacionar la versión de la Última Cena en Lucas como una tôdâ a la muerte de Jesús y la cita del Sl 31,5. Pero una posibilidad de tal relación es sugerida por sí misma. El Salmo 22, citado por Marcos y Mateo como el primero de los dos lamentos finales sobre la Cruz, es usado por ellos para indicar el motivo por el cual Jesús ofrece la tôdâ de la Eucaristía en relación a su muerte en la cruz: la acción de gracias por la llegada anunciada del Reino. La idea sugiere que Lucas, así como presenta a la Eucaristía como una tôdâ en 22,15-20, está pensando en el segundo lamento de Jesús en la cruz cuando Él la presenta.

 

         La presentación de Lucas de la Última Cena es significativamente diferente de la presentación de Marcos y Mateo. En particular, Lucas explícitamente inserta la palabra “nueva” para cualificar a la copa de la alianza en 22,20,  en contraste con Marcos y Mateo quienes la omiten cuando mencionan la alianza en Mc 14,24 y Mt 26,28. Este énfasis de Lucas sugiere que él tiene en mente un contraste explícito entre la “antigua” o “primera” alianza, esto es, la alianza del Sinai,  y la nueva alianza instituida por Jesús.[19] Lucas une la nueva alianza – y de aquí, por implicancia, la antigua alianza- a la sangre, y por lo tanto implícitamente enfatiza la muerte cruenta de Jesús como el factor clave en la inauguración de la nueva alianza, así como la aspersión con sangre fue el factor clave en la inauguración de la alianza del Sinaí.[20] Cuando el lamento de muerte de Jesús en Lc 23,46 es visto en este contexto, una posible conexión parece indicarse, por el hecho de que la cita del Sl 31,5 también es usada en He 7,59 por Esteban a punto de morir. Ademas, el segundo verso paralelo a la cita de Jesús del Sl 31,5 es tú me has redimido, Señor Dios de fidelidad (evlutrw,sw me, ku,rie oJ qeo.j th'j avlhqei,aj). Ahora bien, en los Evangelios sinópticos las palabras lutro,somai / lu,trwsij son términos propios de Lucas para expresar la redención del pueblo de Dios (cf. Lc 24,21; 1,68; 2,38): no se encuentran ni en Mateo ni en Marcos. La sugerencia correspondiente que puede hacerse aquí, es que el uso que Jesús hace del primer verso del Sl 31,5 implica al segundo: el enfasis sobre la muerte de Jesús implica el efecto de aquella muerte, que es la redención. Ahora bien, el objeto de la esperanza para Jesús abandonado en Marcos y en Mateo es la eventual llegada del Reino: su muerte (retratada en la primera mitad del Salmo 22) conduce al culto del Señor por todas las naciones de la tierra. El objeto de la esperanza del Jesús moribundo de Lucas parecería ser la redención de Israel: su muerte conduce a la redención.[21]

 

         Lo anterior, por supuesto, es especulación. Pero la suposición de un paralelismo entre Marcos y Mateo por una lado y Lucas por el otro en como Jesús cita un texto de los Salmos al colgar moribundo en la cruz, sugiere que alguna clase de explicación paralela parece ser exigida.

 

 

El papel central de la muerte de Jesús en la tôdâ cristiana (Eucaristía)

 

         Así como en el culto de la antigua dispensación la tôdâ poseía una relación intrínseca a un sacrificio cruento, así en la nueva dispensación la tôdâ Cristiana (la Eucaristía) tiene una relación intrínseca a la muerte cruenta de Jesús sobre la cruz. Esta perecería ser una conclusión importante a ser hecha por la conexión entre la Última Cena y las palabras de Jesús en la cruz, supuesta la mutua relevancia que sirve como base a este trabajo. Es decir, a la luz de la tôdâ del Antiguo Testamento la tôdâ del Nuevo Testamento sólo tiene sentido si es asociada a un sacrificio cruento, y el sacrificio cruento al que Jesús se refiere cuando celebra la tôdâ es su propia muerte (Mt 26,28; Mc 14,24; Lc 22,20). Por lo tanto es incorrecto pensar que en Mateo, Marcos y Lucas la tôdâ es un ritual que sirve como metáfora por la muerte de Jesús. Es la actualización de la alegría y de la confianza como resultado de la muerte física de Jesús, y como tal no es entendible sin esta muerte.

 

         Esta visión de la relación de la tôdâ cristiana con la muerte de Jesús en la cruz fundamenta la interpretación dada arriba de que en el único lugar  del Nuevo Testamento donde la tôdâ cristiana es mencionada con la clásica frase de la Septuaginta qusi,a avine,seoj en Heb 13,15, hay una relación intrínseca con la muerte cruenta de Jesús en la cruz. Esta interpretación fue defendida más arriba con argumentos basados en textos de Hebreos, pero es sostenida extrínsecamente por el modo en que la tôdâ es presentada en Mateo, Marcos y Lucas. En Heb 13,15 esta tôdâ cristiana es presentada como “sacrificio” (cf. el uso del verbo avnafe,rw con referencia a las ofrendas levíticas por los pecados en Heb 7,27a y de la ofrenda de Cristo en Heb 7,27b y 9,28, ninguna de las cuales es metafórica). Lo que parece ser cierto es que el v. 15 indica que la frase qusi,a avine,seoj debe ser entendida como refiriéndose al único sacrificio cruento de Jesús, el cual de acuerdo a la epístola, era irrepetible (Heb 7,27; 9,12; 10,10). De aquí que la exhortación a los que reciben la carta a ofrecer el sacrificio de alabanza debe referirse a un ofrecimiento incruento de este único sacrificio, la tôdâ que sigue anclada en el sacrificio cruento de Jesús en la cruz. Entendido de este modo el versículo, no disminuye de ninguna manera el énfasis en cualquier lugar de la epístola sobre qusi,a como sacrificio cruento, y aún honra el contexto: fruto de labios que celebran el nombre de Dios con alabanza.

 

         La expresión fruto de labios que celebran el nombre de Dios con alabanza (karpo,j ceile,wn oJmologou,ntwn tw'¡ ovno,mati auvtou') en Heb 13,15 viene de Sl 53,8 LXX[22]. Allí el verso entero dice: De corazón te ofreceré sacrificios (qu,sw), celebraré tu nombre, porque es bueno (evxomologh,somai tw ovno,mati sou, ku,rie, o,Jti avgaqo,n). El hebreo que subyace al griego evxomologh,somai es el hifil de hdt, que es la raíz de la cual viene la palabra tôdâ. En otras palabras, hay aquí una expresión en miniatura de la clásica tôdâ, con la primera mitad del versículo (De corazón te ofreceré sacrificios) refiriéndose al sacrificio cruento realizado sobre el altar, y la segunda mitad (celebraré tu nombre) siendo la tôdâ en sentido estricto realizada en conexión con el sacrificio. Esto es decir que la expresión qusi,a avine,seoj en Heb 13,15 está siendo considerada como equivalente a la tôdâ de la vieja dispensación, incruenta  en sí misma, pero sin embargo relacionada con un sacrificio cruento, en este caso el mismo sacrificio de Jesús sobre la cruz.[23]

 

 

Resumen

 

         El presente trabajo ha tomado los resultados del anterior acerca de la naturaleza general de la tôdâ del Antiguo Testamento y los ha aplicado específicamente a la institución de la Eucaristía realizada por  Jesús en la Última Cena. Ha sugerido que la clave para comprender el uso de la tôdâ en Mateo y Marcos es el primer lamento de Jesús sobre la cruz en el cual él cita el primer versículo del Salmo 22, indicando por esto que todo el salmo debe ser entendido como proveyendo una interpretación de su muerte cruenta. El Salmo 22 comienza como un lamento, pero termina en una nota de triunfo con la indicación del eventual arribo del definitivo Reino de Dios. Es a este Reino al cual se supone que debe apuntar la tôdâ  de Jesús en la Última Cena en un contexto de gozosa confianza. En Lucas el segundo lamento de Jesús sobre la cruz es dado en una cita de Sl 31 que enfatiza la muerte de Jesús. En el contexto de Lucas esto debe ser  entendido como implicando el triunfo de la redención de Dios sobre su pueblo. Esta es la clave para entender el uso translaticio de la tôdâ en el relato lucano de la Última Cena, que implícitamente contrasta la nueva alianza con la antigua, la eficacia del sacrificio cruento de Jesús con el limitado alcance de la alianza del Sinaí: solamente con el sacrificio cruento de Jesús se consigue el objetivo de la redención definitiva. El único lugar en el cual qusi,a avine,seoj, la clásica expresión de la Septuaginta para la tôdâ del Antiguo Testamento, se encuentra en el Nuevo, Heb 13,15, conlleva un sentido, sugerido en este trabajo, que presenta a la qusi,a avine,seoj cristiana como anclada en el sacrificio cruento de Jesús tal como es retratado en Hebreos, pero que es en sí misma un sacrificio incruento que consiste en la celebración del nombre de Dios.

 

 

Mot d´Envoi

 

         La presentación anterior de la Última Cena como una tôdâ cristiana no prentede implicar que una adecuada versión de la institución de la Eucaristía ha sido dada por Jesús en los Evangelios sinópticos. Mucho trabajo queda aún para rellenar los numerosos huecos que quedan en lo que ha sido presentado arriba.[24] Uno de los principales huecos es la relación de la tôdâ cristiana con la comida pascual.[25] Otra es la naturaleza precisa de la presencia de Cristo en la Eucaristía, dado un posible origen desde la tôdâ judía. Aún otro es la manera en que la tôdâ cristiana se supone que debe ser celebrada por los seguidores de Cristo. Pero es suficiente lo que ha sido dado en las páginas precedentes  para dar bases razonables para esta búsqueda.


 


[1] H. Gese, “Die Herkunft des Herrenmahls”, en el mismo, Zur biblischen Theologie. Alttestamentliche Vortäge (Tübingen: J.C.B. Mohr [Paul Siebeck], 1983, 112-116. (Para una traducción italiana de este trabajo cf.: H. Gese, “L´origine della cena del Signore”, en el mismo, Sulla teologia biblica. Edizione italiana a cura di G. Odasso [Biblioteca di cultura religiosa, 54; Brescia: Paideia, 1989], 135-154.)

[2] Gese, “Die Herkunft des Herrenmahls”, 122 [“L´origine della cena del Signore”, 147-148].

[3] “Deutlich weist ... im Brotwort der Gebaruch von soma darauf hin, da8 beim Brot-und Weinwort nicht an eine Entsprechuung »Fleisch« (sa,rx) – Blut gedacht ist, sondern dass sw'ma den ganzen Leib meint. Brot-und Weinwort liegen also trotz ihrer Parallelisierung auf verschiedenen Ebenen: Wein und Becher beziehen sich auf das Verkündigungsgescheche der Toda, das Brot aber auf das Opfer selbst” (Gese, “Herkunft”, 122, n. 14 (“L´origine”, 148, n. 14).

[4] Gese, “Herkunft”, 122-123 [“L´origine”, 148-149].

[5] Gese, “Herkunft”, 123-124 [“L´origine”, 149-150].

[6] Gese, “Herkunft”, 124-125 [“L´origine”, 150-151]. Al postular el origen del agape de la comida Pascual celebrada por Jesús con sus discípulos, Gese defiende una interpretación muy discutida.

[7] Esta observación de Gese está confirmada por la manera en que muchas de las primeras liturgias marcan la inserción del embolismo de la institución en las variadas anáforas. Las palabras usadas son “en la noche en que fue traicionado” o algo similar. Cf.: Anáfora Clementina, Anáfora de Santiago, Anáfora Bizantina de San Juan Crisóstomo, Anáfora de la tradición Española (C. Giraudo, La struttura letteraria della preghiera eucaristica. Saggiosulla genesi letteraria di una forma. Toda veterotestamentaria, beraka giudaica, anafora crisitiana (Analecta Biblica, 92; Roma: Biblical Institute Press, 1981), 277-310.

[8] Gese, “Herkunft”, 125 [“L´origine”, 151-152].

[9] Gese, “Herkunft”, 125-126 [“L´origine”, 152].

[10] H. Gese, “Psalm 22 und das Neue Testament. Der älteste Bericht vomTode Jesu und die Entstehung des Herrenmahles”, Zeitschrift für Theologie und Kirche 65 (1968) 1-22.

[11] Gese, “Psalm 22”, 1.

[12] Gese, “Psalm 22”, 6.

[13] Gese, “Psalm 22”, 6-13.

[14] Gese, “Psalm 22”, 13.

[15] Gese, “Psalm 22”, 14-17.

[16] De acuerdo a Gese la tôdâ era parte del culto del templo hasta su final, como es claro de las muchas referencias que hay a ella en la Mishna (Gese, “Psalm 22”, 17-18, n. 30).

[17] Gese, “Psalm 22”, 17-18.

[18] Todo esto está claramente presentado en una sinópsis (cf. K. Aland, Synopsis quattor evangeliorum. Locis parallelis evageliorum apocryphorum et patrum adhibitis edidit [Stuttgart: Württembergische Biblelanstalt, 1964], 487-488).

[19] Gese, “Psalm 22”, 21.

[20] Gese, “Psalm 22”, 21-22.

[21] En concreto, esta redención puede ser entendida como resurrección de la muerte, por el hecho de que la resurrección ocupa un lugar de preeminencia especial tanto en el evangelio de Lucas como en sus Hechos en contraste con los Evangelios sinópticos. Cf. He 10,42 (las palabras de Pedro) y He 17,32 (palabras de Pablo); Lc 24,46-48 y He 1,22 (el apóstol testifica la necesidad para el Mesías de sufrir y ser elevado de la muerte; el sufrir por los pecados de los Evangelios es reducido al testimonio de Jesús resucitado en los Hechos), el papel central de la resurrección en las confrontaciones de Pablo con los Gentiles (He 17,32) y con los Judíos (He 23-24).

[22] Cf. F. Zorell, Lexicon graecum Novi Testamenti (Cursus Scripturae Sacrae, Pars prior, Libri Introductorii, VII; Paris: Lethielleux, 19613), col. 913

[23] Este uso de qusi,a en el sentido “espiritual” propio de la tôdâ parece ser la explicación para el uso del plural qusi,aj con referencia al culto cristiano en Heb 9,23. Puede ser reconciliado con el insistente singular qusi,a usado por Hebreos para el único sacrificio de Jesús porque es usado en el sentido “espiritual” de qusi,a encontrado en la expresión qusi,a avine,seoj. Aunque en sí mismo se refiere a un sacrificio “espiritual”, posee una relación intrínseca con el sacrificio cruento de Jesús en la cruz, al igual que el  ofrecimiento de cualquier tôdâ del Antiguo Testamento está intrínsecamente relacionado con un sacrificio cruento.

[24] Por ejemplo, la relación de la Eucaristía con la berakâ judía. Mucho trabajo ya ha sido realizado sobre esto. Cf. L. Bouyer, Eucharistie. Théologie et spiritualité de la prière eucharistique (Tournai: Desclée, 21968), 35-136.

[25] Hay una interpretación que parece sugerirse: que la comida pascual judía que Jesús parece haber comido la noche anterior a ser entregado (Mt 26,17.18; Mc 14,12.,14.16; Lc 22,8.11.13.15) fue preliminar a la institución de la Eucaristía en la forma de tôdâ cristiana, la cual entonces se transformó en la Pascua cristiana.

 

Principal ] Jornadas Bíblicas ] Monografías ] Artículos Varios ] Tesis y Tesinas ] Seminarios y Debates ] Recensiones ] Grandes Maestros ] Magisterio ] Noticias ] Enlaces ] P. Lagrange ] Iveargentina ]