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Foro de Exégesis y Teología bíblica del
Instituto del Verbo Encarnado
R.P. Dr. Ignace de la Potter, SJ - LOS PADRES DE LA IGLESIA EN EL ESTUDIO ACTUAL DE LA SAGRADA ESCRITURA. nº1 |
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LOS PADRES DE LA IGLESIA EN EL ESTUDIO ACTUAL DE LA SAGRADA ESCRITURA. R.P. Dr. IGNACE DE LA POTTERIE, SJ1 |
INTRODUCCIÓN
La publicación de la reciente Instrucción para el estudio
de los Padres de la Iglesia en la formación sacerdotal2
es un evento significativo: el estudio de la Teología debe nutrirse no sólo de
una presentación escolástica del dogma, sino también de su progresiva formación
histórica en el tiempo de los Padres. Se comprende que el documento insista
particularmente sobre el aspecto teológico. A nosotros, sin embargo, se nos ha
pedido ilustrar otro aspecto:
“Los Padres de la Iglesia y la Biblia”.
Para ello no basta proponer el ejemplo de los Padres, recordando que han hecho
un uso constante de la Biblia; la cuestión es si el modo de interpretar de los
Padres puede ser el de nosotros en la actualidad. Por tanto el título del
siguiente modo: “Los Padres de
la Iglesia en el estudio actual de la Sagrada Escritura”.
Presentaremos sistemáticamente lo que la Instrucción dice al respecto, pero
intentaremos también desarrollar estas pocas indicaciones a la luz de la
Constitución Dei Verbum y de las urgentes demandas de la hermenéutica
contemporánea. Seguiremos las tres etapas de la Instrucción.
I. LA
SITUACIÓN ACTUAL
1. En los nn. 8-9 se describe cuidadosamente la orientación dominante de la
exégesis contemporánea. Ante todo, se hace notar el hecho general que se
manifiesta en la nueva Teología que, sensible a los desafíos de la
“modernidad”,
está mucho más interesada en hacer una confrontación directa de los datos
bíblicos con la realidad social de nuestro tiempo que no con los testimonios de
los Padres o con la tradición eclesiástica. El documento observa, pues,
“un rechazo general del pasado” (n.8)3 . De esta manera se cae, por una parte, en un
“biblicismo”,
que es una forma de
“historicismo”;
y por otra, en una suerte de
“actualización sociológica”
de la Biblia, también ella de impronta historicista. En todo este proceso está
ausente la lectura de la Iglesia, esto es, el rol de la Tradición para la
interpretación de la Escritura.
Un obstáculo más específico en el estudio de los Padres es el método mismo de la
exégesis contemporánea. Aquí el texto de la Instrucción es duro:
“La exégesis moderna que se vale de los auxilios de la crítica histórica y literaria, echa una sombra sobre los aportes exegéticos de los Padres, los cuales son considerados simplistas y, en sustancia, inútiles para un conocimiento profundo de la Sagrada Escritura” (n.9)4.
Este juicio severo es compartido en la actualidad por diversos teólogos y
filósofos, como R. Guardini, H. Gadamer, H. Urs von Balthasar, J. Ratzinger;
pero ellos, además de constatar aquella situación, indican la razón filosófica y
la laguna epistemológica y teológica de la misma. J. Ratzinger, por ejemplo, ya
en un artículo de 1967, observaba que una de las tres razones por las cuales el
Concilio quería elaborar una Constitución sobre la Revelación, era que aparecía
siempre más claramente el “problema teológico” que consiste en
“el uso del
método histórico crítico”
en la interpretación de la Sagrada Escritura5. En
otras palabras, el Concilio deseaba que la exégesis se convirtiese realmente en
una ciencia teológica. Así se comprende la insistencia de la Constitución Dei
Verbum: “El estudio de la sagrada Escritura debe ser quasi el alma de la sagrada
Teología”
(n. 24). Nótese en esta frase el doble uso de la palabra
“sagrada”
(sacra), sea para la Escritura, sea para la Teología, lo que muestra que la
exégesis, como la teología, debe ser esencialmente religiosa y creyente, y no
solamente filológica e histórica. La presente Instrucción subraya otra
“laguna”
en los actuales estudios bíblicos:
“Tales orientaciones6 ,
mientras empobrecen y desnaturalizan la misma exégesis, rompiendo su natural
unión con la Tradición, disminuyen indudablemente la estima y el interés por las
obras patrísticas”
(n. 9).
Y a
continuación añade el documento:
“La exégesis
de los Padres, en cambio, podría abrirnos los ojos a otras dimensiones, como son
la exégesis espiritual y la hermenéutica, que completarían la (dimensión)
histórico crítica enriqueciéndola con intuiciones profundamente teológicas” (ibid.)
Detengámonos un momento en esta frase. Han sido introducidos aquí dos términos
importantes: la exégesis espiritual y la hermenéutica. La primera expresión,
paradójicamente, se encuentra sólo aquí en toda la Instrucción, aún cuando sea
un documento sobre los Padres (para éstos -lo sabemos- la búsqueda del sentido
espiritual era fundamental); volveremos más adelante sobre esta paradoja. La
segunda expresión en cambio, la hermenéutica, se encuentra nuevamente en el n.
54, cuandose indica el método que debe seguirse en el estudio de los Padres; y
allí se hace una interesante confrontación con la ciencia bíblica: en los dos
casos, es decir, tanto para la Exégesis como para la Patrística, se recomienda,
por cierto, el método histórico crítico, pero se insiste también en sus límites;
debe ser integrado con “los
métodos del análisis literario moderno y de la hermenéutica”
(que van, por tanto, más allá del método puramente histórico)7.
¿Qué es la Hermenéutica? Es la ciencia que
busca precisar las condiciones en el estudio o investigación del
“sentido”; es la ciencia de la interpretación. Aquí
se toca el punto decisivo. Pues no basta con recomendar el estudio de los Padres
diciendo que así se podría enriquecer la exégesis histórico-crítica con
profundas intuiciones teológicas. El especialista podrá tener alguna consideración ante esta piadosa invitación de tipo parenético, pero para él
permanece como algo inoperante hasta que no se le muestre críticamente que este
recurso a la exégesis de la Tradición forma parte de su método exegético. De lo
contrario él podría replicar de inmediato que un tal enriquecimiento de su
exégesis con la Tradición patrística no le interesa en absoluto, ya que se trata
de algo extrínseco a su disciplina; es algo que debe dejarse al patrólogo o al
teólogo. Esta cuestión, pues, debe ser criticada desde el punto de vista
rigurosamente metodológico, porque en este tiempo de
“trabajo
interdisciplinario”, no puede aceptarse la cerrazón, el aislamiento de la
ciencia exegética. Lo que hoy se cuestiona es el estatuto epistemológico de la
exégesis misma: ella es una ciencia, sí, pero no sólo una ciencia histórica,
sino una ciencia hermenéutica y teológica, o sea, una
“ciencia de la fe”, como
decía R. Guardini, vale decir búsqueda de la gnosis tees písteoos8 .
¿Qué quiere decir
“interpretar la Sagrada Escritura”,
sino buscar su significado, y no solamente la historia de los textos?
Sin exagerar se puede decir que la ciencia exegética de hoy se limita a
reconstituir la génesis de los textos, el contexto histórico de los mismos, sin
abrirse verdaderamente a la pregunta sobre su sentido, sobre la profundidad y la
apertura teológica y dinámica de los textos.
Sería necesario introducir aquí toda una reflexión teológica sobre dos
cuestiones:
a) ¿Qué es un
texto escrito, en cuanto se distingue del kerigma oral inicial?
b) En aquel texto escrito -que por tanto es distinto del anuncio anterior, que interpelaba a los oyentes- ¿dónde está el sentido de aquel texto? ¿Solamente en su formulación explícita? ¿No interpelaba también a los futuros lectores?
Son preguntas
que están en el centro de la Hermenéutica contemporánea y que la exégesis
bíblica no puede ignorar por mucho tiempo.
2. Pero veamos ahora en qué modo la Instrucción recuerda las directivas de la
Iglesia respecto al estudio de los Padres en la exégesis bíblica. Vuelven a
proponerse aquí textos del Concilio Vaticano II, de la Congregación para la
Educación Católica y de los últimos Papas. Limitémonos al documento más
ampliamente citado, la Dei Verbum. Entre los cinco pasajes de la Constitución
que son recordados, cuatro tocan el problema de la relación entre Escritura y
Tradición patrística:
- en DV 8-10, se habla de la estrecha relación y unidad entre Escritura y Tradición, teniendo presente que son los Padres quienes atestiguan y transmiten la presencia vivificadora de la Tradición en la Iglesia;
- en DV 24, se recuerda que la Sagrada
Escritura debe ser “como el alma
de la Teología”.
Desgraciadamente no es explicado ni por el Concilio, ni por la Congregación,
cuál tipo de exégesis puede ser hoy verdaderamente
“el alma de la Teología”.
Es obvio que para esta tarea no puede bastar la exégesis exclusivamente
histórico crítica. La situación actual lo demuestra
casi dramáticamente;
- Citemos,
finalmente, la conclusión del n. 14 de la Instrucción, donde se hace nuevamente
una confrontación entre exégesis contemporánea y exégesis patrística, con una
amplia cita de DV 23. Dice la Instrucción:
“También hoy,
no obstante los innegables progresos logrados por la exégesis moderna, la
Iglesia, ‘que se preocupa de alcanzar una inteligencia cada día más profunda de
la Sagrada Escritura, para poder nutrir continuamente a sus hijos con las
divinas palabras...,con razón favorece, pues, el estudio de los Padres de
Oriente y de Occidente y de las Sagradas Liturgias’ (n.23)”.
Entre los textos conciliares citados en
la Instrucción, éste es el más importante, porque se sitúa desde el punto de
vista hermenéutico, utilizando la fórmula
“una inteligencia cada día
(in dies, DV 23) más profunda”. Adquirir la
inteligencia o comprensión de la Escritura es -o debería ser- propiamente el
objetivo de la exégesis bíblica; debe buscar penetrar siempre mejor en el
sentido de los textos. Más aún, si se habla de comprensión
“cada día más
profunda”, quiere decir que el sentido de las
“Sagradas Escrituras” era y
permanece presente en los textos, pero parcialmente oculto, implícito; era y
permanece dentro del texto bíblico, pero se lo debe buscar también más allá de
las formulaciones explícitas. Por tanto, no basta estudiar, como suele decirse,
“el texto como texto”. Interpretar quiere decir trascender los límites de las
expresiones, explicitar lo implícito, revelar la vida profunda de los textos. El
P. Scheuer, filósofo y maestro del P. Maréchal en Lovaina, decía:
“Es necesario encontrar la llama en la
fórmula”.
Esto es, precisamente, lo que busca realizar la Tradición de la Iglesia.
Habría sido oportuno aquí recordar también el n. 8 de la Dei Verbum sobre el
progreso de la Tradición, o sea sobre el
“crecimiento de la comprensión” (crescit...perceptio)
de las cosas y de las palabras, debido tanto al estudio como a la
“íntima
inteligencia” que proviene de la experiencia de las cosas espirituales. Detrás
de este texto del Concilio está el gran principio de San Gregorio Magno:
“Sacra Scriptura... aliquo modo cum legentibus crescit”9.
II. ¿POR QUÉ
RECURRIR A LOS PADRES EN LA EXÉGESIS BÍBLICA?
La segunda parte de la Instrucción es titulada:
“¿Porqué estudiar a los Padres?”.
De manera comprensible, también aquí se insiste mucho más sobre la importancia
de los Padres para la Teología que para la exégesis bíblica. Sin embargo, es
nuestra intención subrayar aquello que la Instrucción propone como estímulo para
el trabajo exegético de hoy.
1. En el n. 26 se recuerda que los Padres recurren continuamente a la Sagrada
Escritura, pero agrega, al mismo tiempo, que tienen el sentido de la Tradición.
Reconoce que “su método (el de los Padres) presenta ciertos e innegables
límites” respecto a las diversas ciencias utilizadas por la exégesis moderna.
Pero, añade la Instrucción con una cita de la Encíclica Divino afflante Spiritu
(EB 554), la superioridad de los Padres respecto a los exégetas del medioevo y
de la edad moderna es debida a su
“intuición de las cosas celestes, por una
admirable penetración de espíritu, gracias a la cual están más adelantados en la
profundidad de la palabra divina”.
Por eso,
“el ejemplo
de los Padres puede enseñar a los exégetas modernos un acercamiento
verdaderamente religioso a la Sagrada Escritura, como también una interpretación
que se atiene constantemente al criterio de comunión con
la Iglesia, la cual camina a través de la historia bajo la guía del Espíritu
Santo”10.
Se verá, en la
tercera parte, cómo un tal programa puede realizarse en concreto.
En el n. 27 la Instrucción presenta algunas
reflexiones muy oportunas sobre el carácter sintético de la exégesis de los
Padres: de la “actividad exegética de
los Padres In medio Ecclesiae” nació la Teología cristiana. En efecto,
“Aquella
exégesis, en la cual la vida espiritual se funde con la reflexión racional
teológica (...) Ella está centrada enteramente en el misterio de Cristo, a quien
refiere todas las verdades particulares en una admirable síntesis. (...) Los
Padres buscan abrazar la totalidad del misterio cristiano (...), miran todo en
su centro, haciendo presente este todo en cada una de sus partes y relacionando
con él cada cuestión periférica”.
2. Quizás hubiera sido oportuno -aquí, en el n.27, o bien en el n.14, donde eran
citados cinco pasajes de la Dei Verbum- hacer una referencia explícita al cap.
III de la Constitución conciliar, donde se trata formalmente de la inspiración
de la Sagrada Escritura y de su interpretación. El hecho que la Sagrada
Escritura ha sido inspirada por el Espíritu de Dios era esencial para los
Padres: para ellos, es precisamente el Espíritu que constituye la profundidad de
la letra. De esto se sigue que el sentido profundo de la Sagrada Escritura es
aquel que el P. H. De Lubac ha llamado:
“Le sens donné par l’Esprit” (el sentido
dado por el Espíritu)11 . La Dei Verbum (12,3) retomaba esta norma patrística;
en efecto, después de un parágrafo (12,2) sobre la necesidad de un análisis
filológico e histórico de los textos, decía:
“pero, la Sagrada Escritura se ha
de leer con el mismo Espíritu con que fue escrita”12 . Este principio,
desgraciadamente no citado en la Instrucción, es sin embargo el compendio de la
gran Tradición patrística sobre la exégesis bíblica. El Concilio, en DV 12,3,
hacía derivar de dicho principio tres consecuencias para la interpretación de
toda la Escritura: Se debe tener muy en cuenta el contenido y la unidad de toda
la Escritura, la Tradición viva de toda la Iglesia y la analogía de la fe.
Agreguemos otra consecuencia de ese principio
“tradicional” que hemos citado; de
él se sigue innegablemente la necesidad de reencontrar también hoy el
“sentido
espiritual” de la Sagrada Escritura, vale decir: el Espíritu en la letra. La
expresión “exégesis espiritual”, lo hemos notado, se encuentra desgraciadamente
una sola vez en toda la presente Instrucción (en el n.9). Por eso, nos
permitimos insistir un poco: recomendar el estudio de los Padres en la exégesis
bíblica no significa, ciertamente, que sería necesario retomar sus métodos, sino
más bien que debemos aprender a leer la Sagrada Escritura en el espíritu de los
Padres, es decir, como decía el P. de Lubac, reencontrar hoy
“la inteligencia espiritual de la Escritura
tal cual los siglos cristianos la han entendido”13 ;
es aquella inteligencia espiritual que San Gregorio Magno llamaba
“la inteligencia interna”14 ;
el “sentido interior”
del texto bíblico.
III. ¿CÓMO
ESTUDIAR A LOS PADRES?
1. Para esta tercera parte de la Instrucción nos detenemos solamente en la
segunda sección, donde se habla del método (nn. 53-56), pues allí se hace una
confrontación sugestiva entre el estudio de la Patrística y el de la Biblia.
Para ambas disciplinas se insiste sobre el rigor científico del método, el
histórico-crítico. Pero vale también para la exégesis aquello que se dice
inmediatamente después para el estudio de los Padres:
“Tratándose
de una disciplina teológica, que en todas sus fases procede ad lumen fidei, la
libertad de investigación no debe reducir su objeto de estudio dentro de la
esfera de la pura filología o de la crítica-histórica. En efecto, la Teología
positiva debe reconocer, como primer presupuesto, el carácter sobrenatural de su
objeto y la necesidad de hacer referencia al Magisterio” (n.54)15 .
Como la Patrística, también la exégesis
“se sitúa y procede en un ambiente de
fe” (ibid.).
2. Pero debemos especificar más la pregunta sobre el método. No basta preguntar: ¿Cómo estudiar a los Padres? Para el biblista la pregunta es más bien la siguiente: ¿Cómo se puede, hoy, hacer uso de la interpretación patrística de la Escritura al interior de la exégesis crítica moderna?
Para responder a este interrogante es necesario partir del interés, creciente en
nuestro tiempo, por la así llamada Wirkungsgeschichte: de un siglo a esta parte,
luego de tantos estudios sobre la filología bíblica, sobre la historia antigua,
sobre la historia de las religiones, sobre la historia del texto, de las
tradiciones, de las formas, etc., los biblistas comienzan a interesarse también
en la “historia de los efectos”, o sea, en la historia de la relectura del texto
bíblico en la Tradición; en otras palabras, en la historia de la exégesis.
Precisemos que no se trata solamente de la historia de la exégesis judía, para
iluminar el contexto histórico del Nuevo Testamento (lo que sería aún un interés prevalentemente histórico); se trata de la historia de la exégesis propiamente
cristiana, en el tiempo patrístico y medieval. Aquí el interés no es más
solamente histórico, sino formalmente hermenéutico: la dimensión
“teleológica”
del texto forma parte de la estructura misma del acto interpretativo, como han
mostrado bien M. Heidegger, P. Ricoeur y H.G. Gadamer. Por eso advertimos
también con interés que la Instrucción, en el n.56, insiste sobre la importancia
del “contacto interdisciplinar”: de esta colaboración pueden beneficiarse
numerosas disciplinas, en modo particular el estudio de la Sagrada Escritura.
Lo que se requiere hoy es, por tanto, un
“repensar hermenéutico”
de la relación entre Escritura y Tradición, entre exégesis crítica y exégesis
cristiana. Por eso se hace nuevamente muy actual el problema patrístico de la
relación entre letra y espíritu, o el medieval de los cuatro sentidos de la
Escritura. Sólo que hoy, aquella investigación, se debe repensar sobre una base
más crítica, es decir, según los criterios de la epistemología contemporánea16 .
Querríamos dar aquí dos ejemplos de esta fecunda reciprocidad entre exégesis
crítica e interpretación patrística. En el pasaje de Mt 1, 18-25, para responder
a la pregunta: ¿Porqué José quería abandonar a María?, San Bernardo responde que
quiere dar, no su respuesta, sino la de los Padres. Y cita luego una
interpretación muy difundida en la época patrística y en el Medioevo. En la
actualidad, la exégesis contemporánea está redescubriendo precisamente aquella
interpretación de la Tradición, con un estudio más atento del vocabulario de
Mateo y de la estructura del pasaje. Otro ejemplo: la sangre y el agua que
brotan del costado atravesado de Jesús según Jn 19, 34. En este caso, escribía
H. Rahner, la interpretación agustiniana se sitúa en el punto de partida de una
tradición mística que, cuando habría llegado el momento (en el Medioevo), haría
florecer la devoción al Corazón de Cristo. Aquí nuevamente el análisis
estructural de los simbolismos del texto está proporcionando un apoyo precioso,
pero también complementos nuevos a aquella lectura de la Tradición.
CONCLUSIÓN
Después de haber hecho, con la encíclica Divino afflante Spiritu, un paso
decisivo hacia la recuperación de la exégesis histórica, la Iglesia
contemporánea, bajo el impulso del Concilio Vaticano II (cf. Las Constituciones
Sacrosantum Concilium y Dei Verbum), está cumpliendo otro progreso fundamental
en su camino redescubriendo la importancia inevitable y la fuerza siempre
renovadora del modo en que nuestros Padres en la fe leían la Biblia, para
alcanzar así “una inteligencia cada día más profunda” de la Sagrada Escritura,
como nos lo augura la Instrucción en el n.14. Por eso, este nuevo documento
sobre el estudio de los Padres de la Iglesia es un signo de los tiempos. En
efecto, se multiplican hoy las obras que buscan hacer esta integración, esta
síntesis. Baste recordar, en el caso de Italia, la gran colección iniciada con
el volumen titulado: Genesi: La Bibbia interpretata dalla grande Tradizione, de
Umberto Neri; y El Salterio de la Tradición, de Luciana Mortari. En el caso de
Francia se pueden mencionar dos grandes colecciones del mismo tipo: Bible
chrétienne y Lire la Bible avec les Pères. Son indicaciones prometedoras, que
tendrán importancia tanto para la vida pastoral de la Iglesia como para el
diálogo ecuménico.
Se diría que estamos asistiendo de nuevo a una realización de la promesa profética: “He aquí que vienen días, oráculo del Señor, en que enviaré hambre sobre la tierra; no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la Palabra de Dios” (Am. 8,11 LXX). Pero, toca a nosotros obrar de tal modo que no se cumpla también el anuncio del versículo siguiente: “Andarán errantes de mar a mar, del Norte al Oriente, en busca de la Palabra de Dios, mas no la hallarán” (8,12). La Iglesia de hoy, en cambio, quiere que todos nosotros encontremos la Palabra del Señor; por eso debemos esforzarnos por volver a darle su puesto central en la vida del Pueblo de Dios. La luz de la Palabra de Dios debe ser “puesta sobre un candelero, para que todos los que entren vean la luz” (Lc 8,16). Pero también debemos hacer nuestra la siguiente amonestación del Evangelio: “¡Cuidaos de escuchar bien!” (8,18).
1 El presente artículo fue
publicado por el Instituto Patrístico “Augustinianum” en un volumen titulado Lo
Studio dei Padri della Chiesa nella ricerca attuale, Roma (1991), el cual,
a su vez, es un extracto de la revista “Seminarium” (3/1990) concedido a dicho
Instituto por la Sagrada Congregación para la Educación Católica.
2
Instrucción publicada por la Sagrada Congregación para la Educación Católica el
10 de noviembre de 1989. (Nota del Traductor).
3 Dice
la Instrucción en el n.8: “No faltan hoy concepciones o tendencias
teológicas que, contrariamente a las indicaciones del decreto «Optatam Totius»
(n.16), dedican escasa atención a los testimonios de los Padres, y en general a
la Tradición eclesiástica, limitandose a la confrontación directa de los datos
bíblicos con la realidad social y los problemas concretos de la vida,
analizados con la ayuda de la ciencias humanas. Se trata de corrientes
teológicas que prescinden de la dimensión histórica de los dogmas y para las cuales
los inmensos esfuerzos de la época partrística y del medioevo no parecen tener
verdadera importancia. En tales casos el estudio de los Padres es reducido al
mínimo y envuelto prácticamente en el rechazo global del pasado”.(Nota del
Traductor).
4 Dice la Instrucción: “La exégesis moderna,
que se vale de la ayuda de la crítica histórica y literaria, oscurece la
contribución exegética de los Padres, los cuales son considerados simplistas y
en sustancia, inútiles para un conocimiento profundo de la Sagrada
Escritura”.(Nota del Traductor).
5 J. RATZINGER, Dogmatische Konstitution über die gottliche Offenbarung.
Einleitung, in Lexicon für Theologie und Kirche. Das Zweite Vatikanische
Konzil, II, Freiburg 1967, 498-503.
6 La
Instrucción se refiere a la tendencia de la exégesis moderna que, valiéndose de
la crítica histórica y literaria, oscurece y deja de lado la contribución que
los Padres pueden hacer a la interpretación del texto sagrado. Cf. Instrucción...,
n.9.
7 Dice
el texto de la Instrucción: “El estudio científico de los textos es
afrontado con el método histórico-crítico, en modo análogo a como se lo aplica
en las ciencias bíblicas. Pero es necesario que en el uso de tales métodos se
indiquen también los límites y que eso sea integrado, con prudencia, por los
métodos del análisis literario moderno y de la hermenéutica, con una adecuada
conducción del estudiante en orden a comprenderlos, valorarlos y servirse de
ellos. Tratándose de una disciplina teológica, que en todas sus fases procede
«ad lumen fidei», la libertad de investigación no debe reducir su objeto de
indagación en la esfera de la mera filología o de la crítica histórica. De
hecho la teología positiva debe reconocer como primer presupuesto el carácter
sobrenatural de su objeto y la necesidad de hacer referencia al Magisterio” (n.
54).
8 De
la inteligencia de la fe.
9 Moralia,
20,1 (PL 76, 135 B-D).
10 Interesante,
por otra parte, lo que la Instrucción afirma cuando faltan estos dos
principios: “Cuando estos dos principios interpretativos, el religioso y el
específicamente católico, son desatendidos y olvidados, los estudios exegéticos
modernos resultan a menudo empobrecidos y desorientados”(ibid.).
11 H.
DE LUBAC, L’Ecriture dans la Tradition, Aubier-Montaigne, Paris 1966,
189-202.
12 La Dei
Verbum cita aquí a BENEDICTO XV, enc. Spiritus Paraclitus, 15 sept.
1920: EB 269 y SAN JERÓNIMO, In Gál. 5, 19-21:PL 26, 417 A. (Nota del
Traductor).
13 H.
DE LUBAC, L’Ecriture dans la Tradition, 7.
14
Sobre este punto cf. Cl. DAGENS, Saint Grégoire le Grand. Culture et
expériences chrétiennes, Études augustiniennes, Paris 1977, cap.III: “La
théorie grégorienne de la connaissance: l’interna inteligentia” (pp. 205-244),
especialmente pp. 233-237: “L’exégèse grégorienne: le sens extérieur et le sens
intérieur”.
15 Cf. supra, n.6.
16 A este propósito, es importante destacar que el Catecismo de la Iglesia Católica -publicado en fecha posterior al presente artículo- hace explícita mención a la vigencia de los cuatro sentidos de la Escritura. Dice el nº 115: “Según una antigua tradición, se pueden distinguir dos sentidos de la Escritura: el sentido literal y el sentido espiritual; este último se subdivide en sentido alegórico, moral y anagógico. La concordancia de los cuatro sentidos asegura toda su riqueza a la lectura viva de la Escritura en la Iglesia”. Y luego de explicar, en los nnº 116-118, cada uno de los sentidos, concluye: “A los exégetas toca aplicar estas normas en su trabajo para ir penetrando y exponiendo el sentido de la Sagrada Escritura, de modo que con dicho estudio pueda madurar el juicio de la Iglesia” (nº 119). (Nota del Traductor).
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