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Foro de Exégesis y Teología bíblica del
Instituto del Verbo Encarnado
Cómo han de interpretarse las Escrituras Santas - San Juan de Ávila |
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Cómo han de interpretarse las escrituras santas San Juan de Ávila Audi, Filia |
"Que la Escritura santa no se ha de declarar por cualquier seso, sino por el de la Iglesia Romana; y donde ella no declara, se ha de seguir la conforme exposición de los santos; y del grande crédito y subjeción que a esta Iglesia santa debemos tener"
"Habéis de saber que la exposición de la Escritura divina no ha de ser por seso o ingenio de cada cual; porque de esta manera, aunque ella en sí sea certísima, pues es palabra de Dios, sería, para lo que toca a nosotros, cosa muy incierta, pues comúnmente suele haber tantos sentidos cuantas cabezas. Y como nos convenga mucho tener suprema certidumbre de la palabra que hemos de creer y seguir, pues que hemos de poner, por su confesión y obediencia, todo lo que tenemos y la misma vida, no estuviera bien proveído el negocio, si los diversos sentidos de los hombres no dejaran tener certidumbre a la palabra en el corazón del cristiano. A sola la Iglesia católica es dado este privilegio, que interprete y entienda la divina Escritura, por morar en ella el mismo Espíritu que en la Escritura habló. Y donde la Iglesia no determina, hemos de seguir la concorde y unánime interpretación de los santos, si no queremos errar. Porque, de otra manera, ¿cómo se puede bien entender con espíritu o ingenio humano lo que habló el divino, pues cada escritura se ha de leer y declarar por el mismo espíritu con que fue hecha?
Y también habéis de saber que declarar cuál escritura sea palabra de Dios, para que por tal sea de todos creída, no pertenece a otro sino a la misma Iglesia cristiana, cuya cabeza en la tierra, por divina ordenación, es el Romano Pontífice. Y tener por cierto, como san Jerónimo dice, que cualquier persona que, fuera de esta Iglesia y Casa de Dios, comiere el Cordero de Dios, profano es, no cristiano. Y quienquiera que fuere hallado fuera de ella, necesariamente ha de perecer, como los que no entraron en el arca de Noé fueron ahogados con el diluvio. Esta es la Iglesia, a la cual manda el Evangelio que oigamos, y que a quien no la oyere tengamos por malo y por infiel. Y ésta es la Iglesia de la cual dice san Pablo que es columna y firmamento de la verdad.
Y a creer que esto es así, nos inclina y alumbra la misma fe infundida de Dios, como a uno de los otros artículos, y con la misma e igual certidumbre; y hasta aquí así se ha creído de esta Iglesia. Y por haberse apartado en nuestros tiempos una gente soberbia, y por eso del demonio engañada, no por eso deja la Iglesia de ser lo que era, ni nosotros debemos dejar de creer lo que antes creíamos. Por eso, contra esta Iglesia no os mueva revelación, ni sentimiento de espíritu, ni otra cosa mayor ni menor, aunque pareciere ser ángel del cielo quien contra ella habla, porque serlo en la verdad no es posible. Y menos os muevan doctrinas de herejes, pasados, presentes o por venir, los cuales, desmamparados de la mano de Dios, por su justo juicio, siguen luz falsa por verdadera, y perdiéndose ellos son causa de perdición de cuantos les siguen. Mirad en lo que han parado los que se apartaron en tiempos pasados de la creencia de esta Iglesia, y cómo fueron semejantes a un ruido de viento, que presto se pasa y luego se olvida. Y mirad, por otra parte, la firmeza de nuestra fe y de nuestra Iglesia, y cómo ha quedado por vencedora; y aunque combatida desde su nacimiento, nunca vencida, por estar fundada sobre firme piedra, contra la cual ni lluvias, ni vientos, ni ríos, ni las puertas de los infiernos pueden prevalecer."
San Juan de Ávila, Audi, Filia, c. 46.
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