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"No temas, hija de Sión: mira que viene tu rey" |
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La relación discípulo-maestro en el Evangelio de Marcos. R.P. Dr. Frédéric Manns, ofm
Jesús como didascalos es el tema de nuestra investigación. Pero surge una pregunta: ¿Qué tipo de maestro era Jesús y cómo formó a sus discípulos?
Antes de iniciar, quisiera hacer una aclaración. La presente investigación es de tipo exegético, y no de tipo psicológico o pedagógico. Soy consciente que entre la mentalidad religiosa de la Galilea en el primer siglo de nuestra era y la mentalidad moderna existe un abismo. Para estar en condiciones de repensar los problemas pedagógicos modernos a la luz del Evangelio, es necesario empezar a esforzarnos para entender mejor el Evangelio y su mensaje de liberación. Y es sólo esta primera etapa la que quiero abordar.
El punto de partida de nuestra investigación es una afirmación de H. Riesenfeld: «En los Evangelios aparece muy claro que Jesús era un maestro, de modo particular en la relación con sus discípulos». Usaba los métodos rabínicos y pidió a sus discípulos que aprendieran de memoria[1]. El principio fundamental de la transmisión oral era la repetición y la memorización[2]. En su libro La prehistoria de los Evangelios, Gerhardsson[3] admite que las técnicas de transmisión eran utilizadas también en la diáspora, pues San Pablo retoma la relación padre e hijo cuando habla a las comunidades fundadas por él (1 Co 4,14-17; 2 Co 12,14; Ga 4,19; 1 Th 2,11). Este tipo de relación invita a la imitación.
En fin, hay que recordar que J. Delorme[4] en su libro La lectura del Evangelio según S. Marcos admite un plan con seis etapas donde el autor se interesa en la relación de Jesús con sus discípulos.
1. Breve status quaestionis
Jesús en el evangelio de Marcos escoge cinco discípulos: los primeros cuatro discípulos: Simón y Andrés; Santiago y Juan (1,16-20) y posteriormente a Leví (Mc 2,15). Los rabinos pedían al menos cinco discípulos para poder ser llamados rabí. Después pasa a los doce (Mc 3, 15). Es muy notorio que también había mujeres que seguían a Jesús y lo servían (Mc 15,41). La suegra de Pedro después de ser sanada sirve a los discípulos. En Mt 8, 15 sirve a Jesús y toma la postura de discípulo.
Una definición del discípulo viene repetida en el evangelio de Marcos. Los discípulos son "aquellos que están con Jesús" (1,36; 3,14; 4,10).
La formación de los discípulos es importante: Jesús predica a la muchedumbre, luego en la casa da explicaciones a los discípulos (Mc 4,10.34: en privado a sus discípulos explicaba todo). A ellos les imparte la enseñanza personalmente en Cesarea de Filipo (8,31-33), en Galilea (9,30-32), en camino hacia Jerusalén (10,32-34). Los tres anuncios de la pasión vienen hechos sólo a los discípulos, en forma privada. El extravío de la pasión viene superado con el gesto gratuito del resucitado (16,7). Para los discípulos es requerida la fe, que es un empeño.
El tema de Jesús maestro ya ha sido estudiado a partir de diversos puntos de vista en el pasado. Algunos exégetas han intentado comprender qué formación pudo haber recibido Jesús mismo, porque un maestro transmite generalmente sus conocimientos. La formación, en la Galilea del primer siglo, era dada en tres momentos:
- en la casa paterna, el padre cuidaba la primera formación de los niños, mientras que la madre la de las niñas,
- cada sábado, el cantor (hazzan) en la sinagoga enseñaba a los chicos a leer. Tomaba el rollo de la ley, custodiado en la sinagoga, y comenzaba con el libro del Levítico. En este primer encuentro con la Biblia la mente fresca del niño de 6 a 13 años, que se ejercitaba en la lectura, venía nutrida de los conceptos fundamentales de lo sagrado-profano, de lo puro y lo impuro, de lo permitido y lo prohibido.
- El tercer nivel de formación era la escuela, el beth midrash, la cual estaba presente sólo en los centros más importantes. Se piensa en general que las primeras escuelas posiblemente existieron en el siglo primero a.C. En Sephoris, la capital de Galilea, a algunos kilómetros de Nazaret, había seguramente una escuela.
La formación superior, para los más dotados, era ofrecida en las yeshivot, donde los estudiantes aprendían a los pies de los maestros la doctrina. Sabemos que los fariseos no aceptaron discípulos de la Galilea, por el motivo de que pronunciaban defectuosamente el hebreo. Por lo tanto, podemos asegurar que Jesús no frecuentó un maestro fariseo. En el evangelio de Juan (7,15) es acusado de enseñar sin haber estudiado. Mas, Jesús había sido por poco tiempo discípulo del Bautista (Jn 3,22-24) con el cual compartía algunas ideas escatológicas y la llamada a la conversión. Es importante notar cómo en el contexto político e histórico de Galilea, (presencia romana y oposición de los Zelotes de Gamla) todos esperaban la liberación a través de la intervención de Dios. La mentalidad era religiosa. Dios era al centro de las perspectivas, y no el hombre.
Entre las diversas tentativas de presentar a Jesús como maestro, muchos exégetas han querido clasificar a Jesús no entre los doctos de su tiempo, sino entre los profetas del AT. Hablan de Jesús maestro y profeta. Esta perspectiva la hallamos en los mismos evangelios cuando describen la llamada de los discípulos. El modelo literario de los relatos de vocación en Marcos es la llamada de Eliseo hecha por Elías.
Otros especialistas piensan que Jesús en su enseñanza volvió a tomar las técnicas argumentativas farisaicas.
La primera etapa para entender el tema de Jesús maestro es por tanto aquella de estudiar el modelo de formación de las escuelas rabínicas. Tal propuesta me parece demasiado complicada, dado que los textos rabínicos son tardíos y no nos permiten saber exactamente qué tipo de formación impartían los fariseos antes de la destrucción del Templo. Más aun, del evangelio mismo emerge absolutamente la contraposición entre la enseñanza de Jesús, que viene impartida con autoridad (Kat'exousias) a aquella de los escribas (los doctores de la ley). Tendremos que profundizar este punto para entender la novedad del Evangelio (didachê kaine).
Hay que recordar que la tradición bíblica esperaba un mesías-maestro. Basta leer los textos de Oseas 2,12 (Moreh sedeq); Joel 2, 23 (moreh lsedeq); Isaías 11, 1-4; 42,1-3; Salmo de Salomón 17,42 (llevará la educación a la casa de Israel); Salmo de Salomón 18, 4 (su paideia será sobre de nosotros); Targum de Isaías 50, 4 etc.
2. Algunas observaciones de tipo metodológico.
Al principio del siglo XX algunos estudiosos hacían una lectura dogmática de los textos evangélicos. Olvidaban que cada evangelista tiene una teología propia muy precisa y que escriben con respecto a determinadas situaciones eclesiales. Esto significa que la tentación de hacer una lectura "naïve" de los evangelios o de reducir todos los evangelios en uno solo, como hizo Taziano en su Diatessaron, es un peligro siempre presente.
Además, antes de hacer la historia de la redacción de los textos particulares, es necesario estudiar la historia de las formas literarias. Sólo después de la crítica literaria de los textos se puede pensar en desarrollar la crítica histórica, aplicando a los textos los criterios bien conocidos y universalmente aceptados de historicidad. Después, para conocer el Jesús histórico como maestro, es necesario un largo, paciente y humilde trabajo de análisis literario, que aquí no podemos desarrollar, pero que lo suponemos.
Entre los diversos métodos usados por los exégetas, especialmente en Norte América, están los métodos sociológicos. El contexto socio-cultural, político y económico se estudia, porque un autor siempre es influenciado, hasta cierto punto, por el ambiente en el que vive. Pero los modelos sociológicos no son absolutos. Si queremos estudiar los modelos judaicos de los maestros del tiempo de Jesús en Galilea y en el pensamiento judío, es necesario también ver y subrayar la novedad de Jesús, porque el vino nuevo no se derrama en odres viejos. Seguiremos este método.
En fin, hay que añadir que las tradiciones judía y cristiana han aceptado siempre el método existencial de lectura de la Biblia. Este método recuerda que para entender un texto es necesario asimilarlo, vivirlo. De hecho, se sabe cuanto se hace. Este método no viene a cancelar los métodos precedentes, pero los completa, recordando que las palabras de la Escritura son palabras de vida.
3. Jesús maestro
Al determinar el ambiente histórico y religioso de Jesús, los especialistas proponen cuatro modelos literarios:
1) Jesús maestro continúa la línea profética veterotestamentaria. Su enseñanza de contestatario lo clasificaba entre los profetas.
2) Jesús, especialmente en los evangelios de Mateo y de Juan, se presenta como un maestro de sabiduría. El modelo que va detrás no es el profetismo, sino la sabiduría del AT. Sabemos que la corriente sapiencial era la más abierta de todas las corrientes judías.
3) Jesús, el Galileo, sigue a los carismáticos que en Galilea eran numerosos: el más celebre era Honi, el trazador de círculos, Hanina ben dosa. Después Jesús es el perfecto Galileo, cerrado en su pequeño ambiente. La encarnación va hasta este punto.
4) Jesús depende de la tradición farisaica primitiva que ha conocido a través los Salmos de Salomón y del tratado de la Mishna Pirqe Abot, los dichos de los padres.
El título “rabí” dado a Jesús no es un anacronismo. En tiempos de Jesús el título de rabí ya era conocido (Dn 2, 48; 4,6;5,11; Abot 1, 6.16 )
Para enseñar el inglés de John, es necesario conocer a John. Para situar la enseñanza de Jesús en el judaísmo, es necesario escudriñar el mundo judaico.
Sabemos que el judaísmo del período Macabeo hasta el tiempo de Jesús era una sociedad pluralista en crisis. La libertad de expresión existía y también aquella de crear diversas escuelas. El resultado es bien conocido: al menos una decena de sectas se contraponían entre ellas. El origen de la crisis religiosa del judaísmo va acompañado con el choque de dos culturas: la antropología hebraica que ha tenido que afrontar el mundo helenístico, que buscaba imponerse con la construcción de teatros, efebeos y estadios. Basta releer los libros de los Macabeos para recordar páginas dramáticas de la historia judaica. Los sacerdotes, más sensibles a la helenización, dejaban el culto del templo para correr a los estadios. En un contexto de crisis, sólo quien posee una fuerte personalidad puede tomar la situación en sus manos. Entre estas personalidades basta recordar a Judas Macabeo, Juan el bautista, y el fundador de la comunidad de Qumran. Sin embargo, no faltaron falsos profetas y falsos maestros.
En este mundo en ebullición Jesús se presenta como maestro, y propone una lectura radical de la palabra de Dios, especialmente del libro de Isaías. Fue la Biblia, que había asimilado desde niño y meditado tantas veces, quien vino a darle dos modelos de maestro:
- uno profético (Elías y su discípulo Eliseo). El evangelio de Marcos será más sensible a este modelo. En Flavio Josefo, Ant 8, 13, 7 (154) Eliseo sigue a Elías (ekolouthesen), está con él y es su discípulo y servidor (mathetes kai diakonos).
- y uno sapiencial. La sabiduría busca discípulos (Sira 4, 11-19). El evangelio de Juan explotará este filón.
Estos dos modelos no se contradicen. Para nuestra mentalidad occidental siempre es necesario resolver los problemas en modo exclusivo, de aut... aut. Para los judíos es lo contrario. Hay que considerar diversas posibilidades de interpretación que se integran. En la lectura de la Biblia siempre es necesario hallar testimonios concordantes en los profetas y en los demás escritos (Lucas 24).
4. Jesús, Maestro y Profeta
Uno de los raros casos del AT en que viene narrada una vocación es aquella de Eliseo llamado por Elías. Dos palabras sobre el contexto. El profeta Elías, comprometido en una lucha contra la idolatría, desafía a la reina Jezabel, que es de origen fenicio. Elías ha enfrentado sobre el monte Carmelo a los falsos profetas y los ha exterminado (1 R 18, 20).
Jezabel amenaza a Elías y lo constriñe a huir hacia el monte Horeb. Ahí Elías recibe una doble misión:
- ungirás Hazael como rey de Aram.
- ungirás Eliseo, hijo de Shafat, como profeta.
Cuando Elías partió del Orbe se encontró a Eliseo. Éste estaba arando con doce pares de bueyes a su cargo; mientras estaba con el duodécimo, Elías, pasando junto a él, le echó encima el manto (1R19, 19). El manto era el signo de una misión profética. El traje, a causa del contacto con el cuerpo, contenía algo de la personalidad del sujeto que lo usaba, pero era también un signo. Recibir el manto le bastó a Eliseo para entender la vocación de profeta y para seguir a Elías. Así Elías le transmitió su misión y su poder.
El texto de la vocación de Eliseo indica cómo la llamada de Dios toma generalmente al hombre en medio de sus ocupaciones diarias, y no es exclusivamente una experiencia espiritual extraordinaria.
Eliseo pidió a Elías: Iré a besar a mi padre y a mi madre y luego te seguiré. Elías se lo permitió: “Ve y vuelve, porque sabes qué cosa he hecho de ti”. Eliseo tomó un par de bueyes y los sacrificó: con los instrumentos para arar hizo cocer la carne y se la dio a la gente. Se levanto y siguió a Elías poniéndose a su servicio.
Es de notar que la llamada de los discípulos siempre es seguida de una comida, también en el Nuevo Testamento. Eliseo se pone al servicio del maestro. Su vocación lo ha transformado existencialmente.
A la luz de 1 R 19, 19-21 hay que releer a Marcos 1,16-20. Los contactos literarios entre los dos textos son numerosos y las formas literarias son idénticas. Jesús es el nuevo Elías (al menos en el evangelio de Lucas) que viene a preparar al pueblo para la visita de Dios, pero hay una diferencia importante entre los dos: Elías permite a Eliseo despedirse de los suyos. Jesús no lo permite, porque tiene una autoridad mayor.
5. Jesús Maestro de sabiduría
Salomón necesitaba funcionarios preparados, que supieron leer y escribir. Es por esto que se presentó en Egipto para pedir ayuda. Así la sabiduría egipcia fue transmitida a Israel.
En la Biblia, bajo el influjo egipcio de Ma'at, que era el símbolo del orden y de la verdad, la sabiduría fue pintada con rostro de mujer, como esposa de los sabios. Hay que recordar que entre las diversas corrientes del judaísmo (apocalíptico, farisaísmo, esenismo) la corriente sapiencial era la más abierta. Partiendo del orden del cosmos, enseñaba un arte de vida, un savoir faire primero para los funcionarios de la corte real, luego para aquellos que se acercaban a la ley. La sabiduría se ponía como el arte de saber de hacer bien las cosas en la vida, de ser felices, el ars gubernandi de sí y de los demás.
La sabiduría invita a sus oyentes a prestar atención a sus palabras. En Sirac. 24, 23 ella se presenta como la encarnación de la ley. Por lo tanto, hablar de la ley de Dios equivale a hablar de la sabiduría de Dios (Esd 7,14; Dt 4, 6; Bar 3, 37-4, 2).
En Sirac. 6, 18-37 la sabiduría toma la apariencia de un maestro severo, mientras el discípulo tiene que obedecer como un esclavo. El profeta Jeremías (2,19-20) utilizaba la imagen del yugo para significar el servicio prestado al Señor. Sirac. 51,26 vuelve a retomar esta imagen: "Sometéis el cuello a su yugo, acogéis la instrucción".
Para el judío este yugo era un vínculo de amor, como proclama el profeta Oseas: "Yo le sacaba con ligazones de bondad, con vínculos de amor".
Otros textos dicen que es necesario buscar la sabiduría como el joven busca a la mujer amada. La búsqueda amorosa vuelve en Prov. 8: "Feliz el hombre que me escucha estando despierto cada día a mis puertas para custodiar atento el umbral. En efecto quien me halla, halla la vida y obtiene favor del Señor " (8,34-35).
Este texto aplica a la sabiduría un refrán antiguo: "quien ha hallado una esposa ha hallado una fortuna, ha obtenido el favor del Señor" (Prov. 18, 22).
El tema de la búsqueda amorosa de la sabiduría aparece continuamente en el libro de la Sabiduría (Sap 8,2.9.18). Sira 15,2 dice: "Le saldrá al encuentro como una madre, le recibirá como esposa virginal". Es decir que, con el encuentro de la sabiduría, los problemas afectivos son resueltos.
Bajo esta luz Mt. 11, 29 toma su sentido: "Tomad sobre vosotros mi yugo y hallaréis descanso para vuestras almas". "Te bendigo, Padre, porque has revelado estas cosas no a los sabios, sino a los pequeños". Muchos otros textos, incluso el prólogo de Juan, se refieren al discurso sapiencial.
La sabiduría también ofrece una comida a sus discípulos (Pr 9,1). Manda a sus sirvientes a llamar a los invitados: "Venid a comer de mi pan y a beber el vino que he preparado para ustedes".
Jesús-sabiduría permite a sus discípulos penetrar en el misterio de Dios, mediante una búsqueda amorosa, por parte de sus discípulos. Jesús presenta el reino de Dios con la parábola de un rey que invita a la fiesta.
6. Jesús, un maestro diferente de los rabinos
Para los maestros judíos lo principal era el regreso a la ley y la interpretación de la ley. Para Jesús, en cambio, el anuncio del reino de Dios es primordial (Mc 1,15).
Aparte, un maestro no se concibe sin discípulos. El término más acostumbrado de los evangelistas para indicar a los discípulos de Jesús es mathêtês que en su sentido etimológico significa la persona que dirige las propias fuerzas espirituales hacia un objetivo y que a través de tal elección existencial, se asocia a una persona para aprender la esencia de las cosas. El elemento esencial en la definición de discípulo es el vínculo existencial que se crea entre maestro y discípulo: alguien se hace discípulo cuando vive con el propio maestro, aprende conjuntamente de él y, bajo su guía, busca entender el sentido de las cosas.
Para expresar el discipulado existe también el verbo akolouthéô, que denota la relación estable de proximidad a una persona. Indica tal vez una actividad de movimiento subordinado de la misma persona. El valor de relación domina en el verbo. En sentido local él supone un camino común. Admitiendo para hodo (camino) un sentido figurado de conducta, akoloutheô puede pasar a sentido figurado: expresa el modo de vida subordinada, la imitación del modo de vida, el seguir el modo de pensar, de actuar y de vivir de alguien. Significa como en la expresión veterotestamentaria tomada en el Nuevo Testamento, "ir detrás de alguien". El verbo akoloutheô expresa un elemento dinámico: el discípulo siempre permanece un "mathêtês" que ha tomado la decisión de recorrer la misma vía con Jesús y detrás de Jesús. En esto hay una semejanza notoria entre el Antiguo y el Nuevo testamento: el discípulo entra en comunión de vida con su maestro y subordina espontáneamente su voluntad y vida a su maestro, hasta depender de él como un siervo.
A pesar de todas éstas convergencias de significado entre el Nuevo Testamento y el mundo judaico, si queremos comprender la idea neotestamentaria de "discípulo", tenemos que notar al menos diez diferencias significativas:
1) la llamada tiene un origen diverso. En el mundo judaico la decisión de seguir a un maestro o a muchos maestros dependía de la libre elección del discípulo. En el Nuevo Testamento todo depende de Jesús que llama y acoge a aquellos que aceptan su invitación a seguirlo. La llamada es por iniciativa exclusiva de Jesús: "llamó a sí a aquellos que Él quiso" (Mc 3, 13). No es el discípulo que se busca uno o muchos maestros. Jesús llama y quiere ser el único maestro. La llamada de Jesús es personal: "sígueme; ven detrás de mí".
2) Jesús no hace distinciones entre aquellos que llama. Todos pueden ser llamados. Los rabinos aceptaban únicamente a los discípulos exentos de todo defecto físico o psíquico, no pertenecientes al 'ammei ha-arez, ignorantes de la ley, o a clases sociales despreciadas (por ejemplo, los publicanos). Además, no tenían que haber incurrido en castigos de parte de la sinagoga. Más aun, tenían que ser demostrados llenos de celo en lo referente al estudio de la Torah. En cambio, la enseñanza de Jesús era abierta a todos, contrariamente a aquello de Shammai, su coetáneo, que limitaba la enseñanza sólo a los ricos. Los rabinos, teóricamente, debían enseñar gratuitamente, pero de hecho pedían, además del dinero, servicios de parte de los propios discípulos. Jesús presentaba su palabra a todos, sin distinción. Los discípulos de Jesús son generalmente del 'am ha-arez, hombres y mujeres (Mc 15, 41) privados de instrucción (cf Hech 4, 3), publicanos notoriamente pecadores (Lc 5, 27-32; 7,34; 15,2), zelotes (Lc 6, 15), gente proveniente de la "Galilea de los Gentiles", de donde según la opinión de los fariseos no podía salir ningún profeta (Jn 7,52). Entre esta gente despreciada Jesús halló personas bien dispuestas a acoger su mensaje de salvación y a seguirlo en la vía que él trazaba para ellos (Mc 2, 15-17).
3) Normalmente un "mathêtês" de los rabinos buscaba en el estudio personal con su maestro una enseñanza para convertirse en maestro. Pero la llamada de Jesús no introduce al discípulo a una doctrina particular o a un método particular de búsqueda, ni lo habilita a convertirse en un sabio. Al contrario, Jesús prohíbe expresamente a sus discípulos llamarse o hacerse llamar "maestros", porque "uno solo es vuestro maestro" (Mt 23, 8). El discípulo de los fariseos, acabado el tiempo de formación, se autodenominaba maestro. Contrariamente, para los discípulos de Jesús no hay esperanza de convertirse en maestros. Siempre tendrán que servir al único maestro.
Además, para los fariseos el discípulo tenía que superar al maestro, porque partía de todo el bagaje del maestro. Para Jesús, en cambio, el discípulo no es más grande que el maestro. La secuela del discípulo tiene un solo fin: hacer la voluntad de Dios en plena unión con Jesús; seguir al propio maestro y compartir su destino trágico de muerte, pero también su futuro de resurrección y de gloria (Mc 10, 32; Lc 9, 23-27; 14,27; 17,33). Precisamente para éste, la secuela no es limitada en el tiempo, pero es una condición de vida permanente. Discípulo es quien recibe la enseñanza, se adhiere con todo su ser a la persona de Jesús, a su misterio de muerte y resurrección. Y uniéndose a él asume la misión de anunciar a todos los hombres el reino de Dios.
4) La llamada de Jesús es incondicional. “Leví se levantó y lo siguió” (Mc 2,14). Los discípulos dejan la red y el padre (Mc 1, 18). También los lazos familiares tienen que ser abandonados. Las riquezas (Mc 10, 21) son un impedimento para entrar en el reino. El ideal del celibato para el reino halla acogida en los ambientes judeo-cristianos de Siria (Mt 19, 12; Mc 6, 7-13).
5) Los maestros judíos tenían una escuela, una casa. También Jesús forma a los discípulos en la casa de Cafarnaum, como recuerda el evangelio de Marcos, pero prefiere una predicación itinerante, que es más cercana a los problemas, a la vida y a la naturaleza. Las parábolas invitan a los discípulos a descubrir el mensaje de Dios contenido en la naturaleza, cual templo de Dios. La imagen de la casa es un elemento sapiencial. También la sabiduría construye una casa con 7 columnas (Pr 9,1) y Ben Sirá invita a los discípulos en su beth midrash.
¿Cuál es en primer lugar el significado del tema de la casa? En Mc 1 la casa es el lugar de curación y enseñanza de Jesús. En Mc 4,10-13; 7,17-18; 9,28-29 y 10,10-12 es el lugar privilegiado de la formación de los discípulos. Después de haberse dirigido a la muchedumbre, Jesús da en un segundo momento una enseñanza reservada a los discípulos que le preguntan. Daube afirmó que Jesús no hacía otra cosa que seguir un hábito rabínico al actuar así. El modelo de maestro seguido por Jesús no es, sin embargo, el de los rabinos. Hay que señalar que la casa en el evangelio de Marcos se opone a la Sinagoga y al Templo de Jerusalén y que hace a una división entre la gente del exterior y los del interior. Es también una figura de la Iglesia.
6) Jesús que anuncia el reino de Dios (Mc 1, 15) no ha querido fundar otra secta en el judaísmo o una comunidad de perfectos. Ha querido reunir a todo el pueblo de Israel y llamarlo a la conversión. Su ambición es hacer de Israel el nuevo pueblo de Dios. La institución de los doce apóstoles es significativa en este contexto. Los doce son el símbolo de las doce tribus de Israel. La institución de los doce expresa la intención de Jesús de reunir en la gracia del reino a todo Israel. Jesús enseña a los discípulos a aceptar que el reino tiene que crecer. Para muchos hebreos formados en las corrientes apocalípticas el reino tenía que venir como un rayo. Para Jesús el reino es como una simiente que crece despacio. En el campo, en medio del trigo, está también la cizaña. Pero ningún obstáculo podrá bloquear el crecimiento del reino (Mc 4, 26-29).
7) El discípulo no es llamado a memorizar una tradición religiosa, sino a vivirla, a entrar en comunión con la persona de Jesús, con su misión y su destino. Más aun: el principio fundamental de la enseñanza de Jesús era el Na'aseh wenishmah: (escucharemos y haremos), palabras que Moisés profirió a los pies del monte Sinaí antes de recibir la ley. Jesús, nuevo Moisés, no pide la simple repetición de tradiciones aprendidas con celo de la boca de un ilustre maestro, mas exige vivirlas con espíritu de obediencia y de servicio. Escuchar sin poner en práctica equivale a construir la casa sobre la arena (Mc 4, 24: “¡atención a lo que oís!”).
8) En fin, Jesús-maestro, después de su fracaso en Galilea, ha tenido que ir a Jerusalén. Allá conocerá la suerte de los profetas. Reflejado sobre el oráculo de Is 53, Jesús acepta ser el siervo. "Siendo hijo, aprendió la obediencia ", dice la Carta a los hebreos. Jesús acepta su muerte y prepara a los discípulos en previsión de su salida, porque ellos tendrán que continuar su obra. Para tener los primeros lugares en el reino, los discípulos tendrán que aceptar la cruz. Mas Pedro no entiende que el Mesías tiene que sufrir.
9) Jesús no quiere ser servido como los demás maestros, él ha venido para servir. El discípulo tiene que servir (Mc 10, 43). En el lavatorio de los pies Jesús rompe con el modelo tradicional entre maestro y discípulos: toma el lugar del siervo. Pide luego a los suyos hacer la misma cosa: "Os he dado el ejemplo".
10. El grupo de hombres convocados por Jesús en forma estable tenía que representar un signo para Israel. La vida común con él y la forma externa e interna que la caracteriza es un modelo de existencia bajo el signo del reino, un paradigma de comunidad mesiánica. Los discípulos han encontrado en la comunión de vida con Jesús todos los valores de una experiencia religiosa. La comunión de vida con Jesús ha puesto a los discípulos en condición de asimilar las actitudes del maestro. La secuela de Cristo viene conectada con el tema de la imitación del maestro.
Los modelos escogidos por Jesús, sea el profético o el sapiencial, revelan que Jesús ha hallado en la Escritura su inspiración. Toma tradiciones inspiradas, no tradiciones de hombre. Los rabinos buscaban una actualización de la ley. La interpretación midráshica tenía como fin el permitir a la gente vivir la ley en condiciones nuevas creadas por la situación política y social que cambiaba. Los fariseos estaban convencidos de salvaguardar el alma de Israel frente al peligro que venía de los romanos. Habían alejado la solución de la violencia que fue escogida por los Zelotes. La ley tenía que ser para ellos un encierro, un baluarte, una línea pura y dura. Ella era última defensa. Pero dividía a los hombres en buenos y malos. Jesús desestabiliza este sistema de defensa. Frecuentando a los pecadores y a los pequeños, compromete todo un sistema. Borra las fronteras en nombre del Dios santo. Quiere ser el hombre de la apertura al interior del judaísmo. En un sistema de diques hace una abertura. Porta un vino nuevo. Prefiere ir a las fuentes e interpretar la Biblia con su radicalismo habitual.
7. Jesús habla con autoridad
La autoridad con que Jesús llama a sus discípulos a seguirlo, pretende indicar que su persona tiene un valor superior a cualquier norma ética tradicional, y también a la ley. Supone de parte de Jesús una conciencia inaudita de su propia persona, fundada sobre la certeza de una relación particular con Dios.
Ningún maestro rabínico, para el cual la ley era objeto de culto y de transmisión, se había atrevido anteponer a ella la propia autoridad. Usar la corona de la ley para gloriarse era condenado por todos los rabinos.
La autoridad de Jesús viene subrayada en el evangelio de Marcos dos veces. En la primera parte, que trata del ministerio de Jesús en Galilea, la enseñanza con autoridad de Jesús es recalcada después de su predicación en la sinagoga de Cafarnaum. Luego Jesús hace un exorcismo y la gente reacciona: "Ésta es una enseñanza dada con autoridad".
Luego, en la segunda parte del evangelio, que trata del ministerio de Jesús en Jerusalén, Marcos subraya la autoridad de Jesús. Jesús purifica el Templo, y da una enseñanza sobre la oración y sobre el perdón. Los sacerdotes, los escribas y los ancianos reaccionan diciéndole: “¿Con qué autoridad haces esto?” (Mc 11, 28).
Veamos la estructura del primero texto.
A: 1,21:
Kai. eivsporeu,ontai eivj
Kafarnaou,m\ kai. euvqu.j toi/j sa,bbasin eivselqw.n eivj th.n sunagwgh.n
evdi,daskenÅ
B: 1:22
kai.
evxeplh,ssonto evpi. th/| didach/| auvtou/\ h=n ga.r dida,skwn auvtou.j w`j
evxousi,an e;cwn kai. ouvc w`j oi` grammatei/jÅ
Ç: 1:23
Kai.
euvqu.j h=n evn th/| sunagwgh/| auvtw/n a;nqrwpoj evn pneu,mati avkaqa,rtw|
kai. avne,kraxen
Î 1:24
le,gwn\
ti, h`mi/n kai. soi,( VIhsou/ Nazarhne,È h=lqej avpole,sai h`ma/jÈ oi=da, se
ti,j ei=( o` a[gioj tou/ qeou/Å
Î: 1:25
kai.
evpeti,mhsen auvtw/| o` VIhsou/j le,gwn\ fimw,qhti kai. e;xelqe evx auvtou/Å
Ç: 1:26
kai.
spara,xan auvto.n to. pneu/ma to. avka,qarton kai. fwnh/san fwnh/| mega,lh|
evxh/lqen evx auvtou/Å B: 1:27 kai. evqambh,qhsan a[pantej w[ste suzhtei/n pro.j e`autou.j le,gontaj\ ti, evstin tou/toÈ didach. kainh. katV evxousi,an\ kai. toi/j pneu,masi toi/j avkaqa,rtoij evpita,ssei( kai. u`pakou,ousin auvtw/|Å
El tema del evxousi,an vuelve dos veces en b y b' en la estructura concéntrica del trozo. La evxousi,an de Jesús es el poder de hacer exorcismos.
La evxousi,an de Jesús no tiene nada a que ver con el reshut (el permiso o la licencia de docente) de los rabinos de interpretar la ley. Jesús rechaza el apoyar su enseñanza sobre una tradición de escuela (Mc 7,2) como sobre tradiciones humanas. Él tiene un sentido único de la santidad y de la presencia divina. El principio de su conocimiento es Dios mismo. La evxousi,an de Jesús es aquella del hijo del hombre de Daniel. Pero también aquella de la sabiduría definida en Sira 24, 11: “mi evxousi,an está en Jerusalén”.
Recientemente ha sido publicada una carta del maestro de justicia de Qumran, en la cual expone su doctrina confrontándola con las doctrinas de los fariseos: el maestro, presentando su tesis, dice: ellos dicen, pero yo os digo. Esta formulación pone en evidencia la conciencia específica que tenía el maestro de justicia de su misión. Para Jesús la fórmula es más fuerte que para el maestro de Qumran, hay que distinguir los motivos:
- Jesús se permitió criticar la interpretación de la ley hecha por los fariseos (Hech 6,13-14). Las seis antítesis de Mateo 5,21-48 hay testigos de la discusión sobre el valor de la ley en la iglesia primitiva. Pero el redactor del evangelio de Mateo vuelve a tomar el material anterior presente en la doble tradición de Mt-Lc (Mt 5, 18.26; 8,10) o en la triple tradición de Mt-Mc-Lc (10, 42; 12,31). La crítica de la ley hecha por Jesús es un dato histórico.
- Jesús tiene conciencia de la proximidad de Dios: volviendo a tomar el tema de la sabiduría misionera de Sira 24,1-22, él presenta su misión. "aquí hay más grande (|pleion) al neutro) que Salomón, más grande que Jonás (Mt 12,41-42). En otras palabras, Jesús se presenta como maestro de sabiduría (Salomón) y profeta (Jonás).
- Jesús da a conocer los misterios del reino de Dios sólo para aquellos que están con él. Para los que están afuera habla con enigmas (Mc 4, 11). En Mt 11,25-25 agradece al Padre el haber revelado el reino sólo a los pequeños.
- El conocimiento de la voluntad de Dios le fue dado por el Padre: “todo me ha sido dado por el Padre; nadie conoce al Padre si no el Hijo”. En este texto Jesús se autodefine como el Hijo, título que procede de 2 Sam 7, 14. En los tiempos mesiánicos, relaciones de conocimiento serán establecidos entre Dios y su pueblo.
- Jesús llama al Padre Abbá en sus oraciones (Mc 14, 36). Abbá expresa la confianza del niño hacia su Padre. Como Jesús tiene una experiencia única del Padre, quiere comunicarla a sus discípulos.
Para Jesús el discipulado es una condición permanente, no es un período de formación que prepara para la función de predicador. El discipulado consiste en una relación particular con Jesús.
Los antropólogos presentan los ritos de pasaje con un esquema en tres etapas:
-separación -marginalidad -agregación
Este modelo vale para el discipulado farisaico. Después de un tiempo de formación, el discípulo se convierte en maestro, vuelve a ser parte de la sociedad.
La perspectiva de Jesús es diversa. La marginalidad es total, con respecto al trabajo, a la familia y a las relaciones sociales. Significa que el discípulo tendrá que hallar una solución a los problemas afectivos y sociales en la relación creada por el encuentro con el Maestro. El discípulo nunca podrá transformar a las instituciones sociales, políticas o jurídicas. “Deja que los muertos entierren a los muertos”.
Si Jesús-maestro vuelve a tomar los modelos del profetismo y de la sabiduría tendremos que reflexionar sobre el significado del profetismo y de la sabiduría hoy. ¿En un mundo construido sobre la ciencia, cómo hacerle para descubrir la diferencia entre ciencia y sabiduría? ¿Cómo presentar la sabiduría como mujer atrayente que desea hacer feliz a quien la encuentra? La sabiduría invita a todos al banquete de la alianza. Pablo en la primera carta a los Corintios define la sabiduría cristiana comparándola con la sabiduría del mundo. Luego concluye: "todo es a vosotros, pero vosotros sois de Cristo y Cristo es de Dios". Tal vez es ésta una de las definiciones de la sabiduría que da la libertad absoluta, pero hay que recordar que cada uno es miembro del cuerpo de Cristo y que ha recibido el espíritu de sabiduría.
La sabiduría busca discípulos. Ben Sirá 6,18-37 la presentaba debajo de la apariencia de un maestro que quiere la obediencia de los discípulos. Ben Sirá 51, 26 ve que la sabiduría le pide al discípulo el aceptar su yugo. El imperativo “¡Ama la sabiduría!” significa aceptar sus leyes (Sab 6, 18). Salomón sabía que la sabiduría trabajaba con él (Sab 9, 10).
La sabiduría que exige el servicio quiere establecer lazos íntimos con los discípulos. Ella es una esposa (Sab 8, 2) y la compañera de la vida (Sab 8, 9). Promete una recompensa a los discípulos que serán colmados de bendiciones (Sira 37, 24; Sab 5,15-16).
La exigencia de servir al maestro, los lazos personales con él y la recompensa prometida son parte de la condición del discipulado en Marcos.
[1] H. Riesenfeld, The Gospel Tradition and its beginnings, Lund 1970/2,22. [2] La memorización era también el principio de la formación griega.H.-I. Marrou, Histoire de l'éducation dans l'Antiquité? Paris 1958/4, 230. [3] B. Gerhardsson, Préhistoire des Evangiles, Paris 1978, 50. [4] J. Delorme, Lecture de l'Evangile selon saint Marc, Paris 1972, 31-32.
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