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"No temas, hija de Sión: mira que viene tu rey" |
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La fe de Abraham (Hb 11,8-22) R.P. Lic. Ervens Mengelle, VE
Introducción
Podemos decir que la carta a los Hebreos goza de un estatus especial dentro de los escritos neotestamentarios. En efecto, al decir de P. Albert Vanhoye S.J., se trata del primer “tratado” teológico del NT, en el cual, dados sus destinatarios, los hebreos, se consideran puntos de capital importancia del culto y la fe judíos. Así vemos que el autor va considerando y demostrando la superioridad del Sacerdocio y el Sacrificio de Cristo respecto de los del AT, así como su condición, también superior, a la de Moisés.
Dentro de dicha carta, hay un capítulo, el undécimo, que destaca por la forma en que está redactado. En efecto, basta una rápida leída para observar la particular insistencia de dicho capítulo en la cuestión de la fe. Veamos los versículos 1 a 22 de dicho capítulo (traducción personal):
1 Ahora bien, la fe es fundamento de las realidades que se esperan, prueba de las que no se ven. 2 En efecto, en esta misma [fe] fueron aprobados los antepasados. 3 Por la fe comprehendemos que por la palabra de Dios fueron dispuestos los eones, de tal modo que no de las cosas que aparentan ha acaecido lo que se ve. 4 Por la fe Abel ofreció (prosfero) a Dios una ofrenda sacrificial más excelente que la de Caín, a través de ella se testimonió que era justo, testificando Dios respecto de los dones de él y, a través de la misma, habiendo muerto todavía habla. 5 Por la fe Henoc fue transportado (metathesis) para no ver la muerte y no fue encontrado porque Dios lo transportó; en efecto, antes del transporte está certificado que había agradado a Dios. 6 Ahora bien, sin fe es imposible agradar; en efecto, es necesario que el que se acerca a Dios crea que existe y se hace remunerador de los que lo buscan. 7 Por la fe Noé, habiendo sido instruido respecto de cosas no visibles, comportándose piadosamente construyó una arca para salvación de la casa de él, a través de la cual condenó el mundo, y se convirtió en heredero de la justicia conforme a la fe. 8 Por la fe, el apodado Abraham obedeció en salir hacia el lugar que estaba por recibir en herencia y salió no sabiendo dónde iba. 9 Por la fe peregrinó hacia la tierra de la promesa como extranjero habitando en tiendas con Isaac y Jacob, los coherederos de la misma promesa; 10 porque aguardaba la ciudad que tiene cimientos, de la cual arquitecto y constructor es Dios. 11 Por la fe también la misma Sara recibió poder para fundación de descendencia y fuera del tiempo de edad, porque consideraba fiel al prometedor; 12 por lo cual incluso de uno acaecieron [o “fueron engendradas], y éstas habiendo estado muerto, como las estrellas del cielo por la multitud y como la arena innumerable junto a la orilla del mar. 13 Conforme a la fe murieron todos estos, no recibiendo las promesas sino desde lejos contemplándolas y saludando y confesando que son extranjeros y peregrinos sobre la tierra. 14 Porque los que dicen tales cosas manifiestan que buscan una patria. 15 Y si se acuerdan de la que salieron, tendrían tiempo para retornar; 16 pero ahora desean algo mejor, esto es celestial. Por lo cual no se avergüenza Dios ser invocado Dios de ellos; en efecto les preparó una ciudad. 17 Por la fe ofreció (prosfero) a Isaac siendo tentado y al unigénito ofrecía (prosfero) el receptor de las promesas, 18 acerca del cual fue dicho: En Isaac se llamará para ti una descendencia, 19 considerando que incluso poderoso es Dios para levantar (egeirein) de los muertos, entonces lo recibió también en parábola. 20 Por la fe también respecto de las cosas venideras bendijo Isaac a Jacob y a Esaú. 21 Por la fe Jacob muriendo bendijo a cada de los hijos de José y reclinó sobre el extremo de su bastón. 22 Por la fe José terminando, recordó sobre la salida de los hijos de Israel y ordenó sobre sus huesos.
Breve consideración de los vv. 1-7
En el versículo 1 se nos presenta una definición de la fe. La misma ha sido objeto de un trabajo anterior en el cual hacíamos notar la particular estructura de dicha definición, estructura concéntrica cuyo centro es ocupado por el término prágmata, que hemos traducido simplemente por “realidades” o “cosas”, sin añadir mayores precisiones, aunque en el trabajo mencionado mostrábamos, sobre la base del v.2, que la palabra hace específicamente referencia a realidades trascendentes, es decir tiene un claro sentido religioso[1].
En aquella ocasión, en una nota a pie de página nos hacíamos el siguiente planteo: “Una exégesis profunda podría quizás conducir a considerar que el autor se refiere a la fe cristiana. El problema mayor es captar el grado de contenido teológico de los términos utilizados por el autor y la intención de poner en contacto diversas realidades por el uso de una misma palabra. En este caso, la cuestión adquiere un peso relevante en relación con el pueblo hebreo, ya que si aquí el autor entiende la fe cristológica, fe que ya tiene presente, en algún modo, a Cristo en el AT, quiere decir que el rechazo de Cristo por parte de una porción del pueblo elegido significa el rechazo de la fe de los antepasados y, por lo tanto, la auto-exclusión del pueblo elegido, y que permanecen fieles a Dios sólo aquellos que han aceptado a Cristo”
En el año 2001, con ocasión de las IVº Jornadas Bíblicas, habíamos avanzado algo en la investigación del tema, considerando los primeros ejemplos que trae el texto, los de Abel y Henoc, vv. 4-6. Habíamos visto como la redacción de esos versículos mostraba, además de la narración del hecho histórico, una perspectiva cristológica y una perspectiva cristiana, de tal manera que, ya en el sacrificio ofrecido por Abel se preanunciaba el sacrificio de Cristo y en Henoc la resurrección del Señor. Concluíamos, en aquella ocasión, con el v. 6, en el cual se indican los prágmata o realidades fundamentales de la fe, a saber, que Dios existe y es remunerador de los que lo buscan, contenido esencial de la religión en el orden de la Ley natural.
No habíamos considerado en aquella ocasión el caso de Noé, ni tampoco lo haremos ahora, sino que sólo señalamos que en el caso del patriarca diluviano, se hacen presentes nuevos elementos que marcan un cambio en la economía de la salvación. En concreto, dichos elementos son la revelación y la alianza cósmica, si bien el texto de Hebreos hace referencia solamente al primero de ellos, es decir, la revelación.
Pasamos, entonces, a considerar el caso de Abraham, personaje esperado desde el momento que se comenzó a tratar la cuestión de la fe, ya que se trata del paradigma mismo de la fe. La cuestión fundamental que nos ocupa aquí, conforme a lo señalado, es, en concreto: ¿cuáles son los prágmata, las realidades de la fe de Abraham? ¿en qué creía Abraham? Es significativo que el término prágmata haya sido deliberadamente puesto en relación con Abraham por el autor de Hebreos en 6,17s. Se dice: “Por eso Dios, queriendo mostrar más plenamente a los herederos de la Promesa la inmutabilidad de su decisión, interpuso el juramento, para que, mediante dos cosas (prágmata) inmutables por las cuales es imposible que Dios mienta, nos veamos más poderosamente animados los que buscamos un refugio asiéndonos a la esperanza propuesta”. ¿No serían estos, la Promesa y el Juramento, los prágmata correspondientes? Es necesario precisar que la referencia dada aquí por Hebreos es a lo dicho por Dios después del sacrificio de Isaac, es decir que no puede ser lo que haya tenido en vistas Abraham antes de dicho sacrificio. En todo caso, la Promesa y el Juramento deben considerarse más bien en la línea del “fides qua” (o credere Deo = motivo de la fe) que en la línea del “fides quae” (o credere Deum = objeto de la fe).
Paralelamente, podremos responder a quienes afirman que, en Hebreos, la fe no tiene un elemento cristológico específico, es decir, que no es Jesús objeto de fe, como es el caso de Erich Grässer en su libro Der Glaube im Hebräerbrief, quien afirma que la fe en Hebreos es visto desde un punto de vista puramente ético y que no se dirige a Cristo de ninguna manera[2].
Abraham en Génesis
Ante todo, es conveniente que hagamos un rápido y esquemático repaso del relato sobre Abraham existente en el Génesis. La primera referencia a Abraham aparece en Gn 11,27 y el término de su historia, es decir, la referencia de su muerte, aparece en el capítulo 25. Rescatemos los acontecimientos más significativos para nuestro interés inmediato.
- Gn 12: llamado de Dios a Abram para salir de su tierra y de su familia y consiguientes promesas de bendición. Cabe aclarar que en la referencia dada previamente sobre Abram ya se había señalado el gran obstáculo para dichas bendiciones: “Saray era estéril, sin hijos” (Gn 11,30)
- Gn 14: encuentro con Melquisedec. Texto importante para el análisis que se hace en el cap. 7 de Hebreos. Aquí no nos interesa directamente. Sí podemos rescatar de aquí la designación de Dios que hace Abram: “alzo mis manos al Dios Altísimo, creador de cielos y tierra” (14,22)
- Gn 15: primer diálogo de Abram con Yahvé e indicación de que lo heredará uno que saldrá de sus entrañas (v. 4), entonces “creyó él en Yahvé y le fue reputado a justicia” (texto referido en Ro 4 y Ga 3; en Hb 11,7 se habla de justicia). Hay una primera alianza, en la cual pasa una antorcha de fuego entre los animales partidos por la mitad.
- Gn 16: nace Ismael
- Gn 17: Abram cuenta 99 años. Nuevo diálogo con Yahvé. Se realiza el cambio de nombre de Abram por Abraham, nombre nuevo que responde a la promesa de fecundidad: “tu nombre será Abraham, pues padre de muchedumbre de pueblos te he constituido” (17,5). Determinación de la circuncisión como señal de la alianza sellada. Indicación de que será por Sara (cambio de nombre en vez de Saray) por quien tendrá un hijo con el cual establecerá Dios la alianza: “dijo Abraham a Dios: “¡Si al menos Ismael viviera en tu presencia!”. Respondió Dios: “Sí, pero Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Isaac. Yo estableceré mi alianza con él, una alianza eterna, de ser el Dios suyo y el de su posteridad” (17,18s).
- Gn 18: la teofanía de Mambré en el curso de la cual se indica el tiempo en que Sara dará a luz: “Volveré sin falta a ti pasado el tiempo de un embarazo, y para entonces tu mujer Sara tendrá un hijo... Abraham y Sara eran viejos, entrados en años, y había abandonado a Sara la femineidad (= maternidad)” (18,10-11).
- Gn 21: nacimiento de Isaac: “Yahvé visitó a Sara como lo había dicho e hizo Yahvé por Sara lo que había prometido” (21,1), expulsión de Agar e Ismael.
- Gn 22: Sacrificio de Isaac. Varios autores consideran este episodio como el término del ciclo de Abraham[3]. De hecho, luego de referir lo relacionado con este episodio, se introduce una referencia a la descendencia de Najor, indicando allí la generación de Rebeca, mujer de Isaac, como abriendo paso ya al sucesor de Abraham en la transmisión de la promesa (cf. Gn 22,23).
- Gn 23-25: muerte de Sara, casamiento de Isaac, muerte de Abraham.
En síntesis, podemos decir que hay, en la vida de Abraham, dos cuestiones fundamentales, a saber: la posesión de la herencia prometida y, sobre todo, el problema de la descendencia. Dice el P. Ska sobre el viaje: “Gn 12,1-9 es el comienzo de un viaje, lo cual es uno de los argumentos más comunes en la literatura épica tradicional. Lo que es peculiar en el viaje de Abraham es la situación inicial, problematizada con incertidumbres. La meta de Ulises en la Odisea es muy clara, dado que él desea retornar a casa... La meta de Abraham permanece mucho más en la oscuridad y tendrá que descubrirla poco a poco, porque su viaje es un viaje hacia lo desconocido”[4]. Y más adelante: “Para la unidad narrativa más amplia, el problema es encontrar su conclusión. El viaje de Abraham comienza en 12,4a, con un sumario, sobre todo, una fórmula de ejecución. ¿Dónde termina?...”. Hay que precisar que es necesario distinguir entre el término del viaje y el término de una etapa del viaje.
Sigue Ska: “Por otro lado, Gen 12,2-3 contiene una promesa. ¿Cuándo se cumple esta promesa? Dado que concierne el futuro de los descendientes de Abraham, la resolución de este arco narrativo de tensión difícilmente pueda ser encontrado dentro del ciclo de Abraham. Una respuesta a esta cuestión es dad en Romanos 4, Gálatas 3-4, o Juan 8. En el AT, Is 51,1-3 claramente reactualiza las promesas de Gen 12,1-3 y las aplica al retorno del exilio y la reconstrucción de Jerusalén”[5]. Y sobre las bendiciones: “Gen 12,2-3 se entiende mejor contra este trasfondo exílico-postexílico. El oráculo de Dios promete a Abram un futuro brillante que es exactamente lo contrario de la experiencia de Israel durante el exilio. (1) Mientras Israel estaba por desaparecer como nación, Abram será una gran nación. (2) Mientras Israel estaba bajo una maldición, Abram será bendecido. (3) Mientras el nombre de Israel estaba en peligro de ser borrado, Dios habrá grande el nombre de Abram...”[6]. Es útil recordar que el canon hebreo se cierra con el segundo libro de las crónicas cuando el pueblo hebreo está en el destierro.
Abraham en Hebreos
Pasemos ahora a considerar la referencia que tenemos a Abraham en Heb 11,8ss.
1) Abraham (8-10)
“8 Por la fe, el apodado Abraham obedeció en salir hacia el lugar que estaba por recibir en herencia y salió no sabiendo dónde iba.” “9 Por la fe peregrinó hacia la tierra de la promesa como extranjero habitando en tiendas con Isaac y Jacob, los coherederos de la misma promesa; 10 porque aguardaba la ciudad que tiene cimientos, de la cual arquitecto y constructor es Dios.”
Una lectura rápida del texto muestra que el autor comienza su referencia a Abraham remontándose al comienzo mismo de su historia, tal como se encuentra en el libro del Génesis. Una lectura más profunda, sin embargo, que toma nota del vocabulario empleado nos orienta hacia el sentido más profundo que se intenta.
Ante todo, observemos que el texto dice Abraham y no Abram. En Gn 17,4-5 Dios cambia el nombre de Abram por Abraham. Además, no le interesa mucho precisar el lugar al cual se dirigía Abraham y “que estaba por recibir en herencia”. Al escuchar este término, herencia (kleronomía), inmediatamente nos remontamos a Gn 15, momento en el cual Abraham ya estaba habitando en Canaán. Es llamativo, sin embargo, que el autor añada que “salió no sabiendo dónde iba”. Por otra parte, refuerza su apreciación diciendo “peregrinó como extranjero”, es decir, como no posesor. Al respecto, Lane hace notar que “la kleronomía, herencia, no aparece en los términos del llamado divino en Gn 12:1-3”[7]. Es digna de atención la implícita referencia a la definición de la fe dada en v.1 puesto que Abraham ignora donde va, o sea no ve la herencia prometida (“prueba de lo que no se ve”), pero sale fundado en la certeza de la posesión (“fundamento de lo que se espera”).
Conviene asimismo notar que para referirse al sitio a dónde se dirigía Abraham utiliza el término tópos, en lugar de gé que sería lo más lógico para referirse a la tierra prometida. En la historia de Abraham, dicho término tópos se refiere al lugar del sacrificio de Isaac (Gn 22,3.4.9.14), además de que en el capítulo anterior se habla de un tópos Theoú (lugar de Dios). Más todavía se refuerza la apreciación porque es en este episodio donde se alaba la obediencia de Abraham (Gn 22,18). Además, ¿qué quiere dar a entender cuando habla de “una tierra de la promesa” (eis gen tes epaggelias) expresión que no viene del AT ni existe en NT?[8]. Vale la pena observar la frase final del v. 10: “aguardaba la ciudad que tiene cimientos, de la cual arquitecto y constructor es Dios”. La expresión “ciudad” designa a Jerusalén: “ciudad de nuestro Dios... Dios la fundó para siempre” (Sal 28,2.9), “sus fundamentos en los montes santos... Él la fundó para siempre” (Sal 87,1.5).
Para iniciar una comprensión del texto preguntamos ¿por qué Abram se convirtió en Abraham? ¿No fue acaso por la fe? Su prueba más grande ¿no fue el tener que sacrificar a su propio hijo? Quizás habría que distinguir entre el v.8 y los vv.9-10 como refiriéndose a cosas diversas, pero estrechamente relacionadas, a saber, el sacrificio y el lugar prometido que se busca.
Tantos interrogantes, para muchos de los cuales no tenemos una respuesta definitiva, nos obligan a evitar una respuesta perentoria. Lo único que nos parece razonable es señalar, tal como se da en los versículos anteriores, el lenguaje un tanto “indeterminado” del autor, deliberadamente indeterminado, pero que presenta algunos elementos bastante claros. Veamos los versículos siguientes.
2) Abraham y Sara (11-12) “11 Por la fe incluso la misma Sara recibió poder para fundación de descendencia y fuera del tiempo de edad, porque consideraba fiel al prometedor; 12 por lo cual incluso de uno acaecieron, y éstas [o “fueron engendradas] habiendo estado muerto, como las estrellas del cielo por la multitud y como la arena innumerable junto a la orilla del mar.” Estos dos versículos son fuente de un sinnúmero de problemas. De hecho, las variantes textuales que existen manifiestan que el problema es antiguo. De todos modos, algo está fuera de duda y es el hecho de que la cuestión de que se trata es la concepción y nacimiento de Isaac. Ahora queremos hacer notar solamente una palabra: “habiendo estado muerto” (nenekroménou). ¿A quién se refiere? ¿Es Abraham quien por su edad podía considerarse muerto? ¿O es Isaac que en razón del sacrificio ya podía darse por muerto? Hay que observar que el resto de la frase en el v. 12 es una cita muy cercana, aunque no literal de Gn 22,17. Observemos también que el verbo nekroo no se encuentra en AT ni en cartas griegas, sino tres veces en NT (Ro 4,19; Col 3,5; Heb 11,12), y nekrosis dos veces en NT (Ro 4,19; 2Cor 4,10), y el contexto siempre alude a la muerte y resurrección de Cristo, de lo cual podemos inferir un uso bastante específico del término. Por otra parte, el pronombre demostrativo “estas” (neutro plural) parece que debe entenderse como referido a generaciones (genos), y en este caso ¿de qué generaciones se trata? ¿de las generaciones de los creyentes que tendrían a Abraham como padre? ¿o de las generaciones del pueblo judío, que tienen a Isaac como antecesor genético?[9] En síntesis, también aquí, como en los versículos anteriores, podemos notar una extraña “indeterminación” en el lenguaje, pero hay una cosa clara: del modo que se quiera, Isaac está presente y la fe de Abraham guarda una estrecha relación con la figura de Isaac. 3) Confesión de Fe y Respuesta de Dios (13-16) “13 Conforme a la fe murieron todos estos, no recibiendo las promesas sino desde lejos contemplándolas y saludando y confesando que son extranjeros y peregrinos sobre la tierra. 14 Porque los que dicen tales cosas manifiestan que buscan una patria. 15 Y si se acuerdan de la que salieron, tendrían tiempo para retornar; 16 pero ahora desean algo mejor, esto es celestial. Por lo cual no se avergüenza Dios ser invocado Dios de ellos; en efecto les preparó una ciudad.”
Del punto de vista estructural, estos versículos ocupan el centro del párrafo que va de v. 8 a v.22 según la consideración de diversos exégetas[10], lo cual nos da una idea de su importancia. Ante todo hay que observar las variaciones en los tiempos verbales y, en particular el empleo del tiempo presente y la proposición irreal “de presente” (con imperfecto), como involucrando a los lectores (u oyentes) en la situación. También es útil subrayar que se menciona una profesión de fe: “confesando (homologeo) que son extranjeros y forasteros sobre la tierra”. Como contrapartida de este término, aparece “no se avergüenza” (ouk epaischynetai) que es también un reconocimiento público, pero ahora de parte de Dios.
La confesión de fe no cita literalmente ningún texto, aunque hay varios que se asemejan por el sentido (cf. Gn 23,4; Sal 39,13). Pero queremos llamar la atención sobre el episodio mencionado en Gn 21,22-34, inmediatamente anterior al del sacrificio de Isaac. Allí Abraham hace un juramento que lleva implícito su condición de peregrino (vv.23-24) y se menciona (v.33) que Abraham invocaba el nombre de Dios. La curiosidad es que en la frase que hace esta última referencia se encuentra un error gramatical repetido en la expresión de la carta a los Hebreos (v.16).
Por otra parte, estos versículos están muy cargados de terminología de carácter escatológico como es el caso de “preparar una ciudad” (cf. Apoc 12,6; 21,2; Jn 14,2) y, sobre todo, “promesa” (epaggelia), palabra que es rarísima en LXX, carente de paralelo en la lengua hebrea, pero que tiene una clara referencia a las cosas que se esperan (elpizomenon, cf. v.1)
Considero, entonces, que el autor presenta la fe de Abraham con un claro contenido escatológico, trascendente; y que ese es el motivo por el cual el Dios Altísimo puede ser considerado Dios de Abraham: porque éste ha declarado de ser extranjero y peregrino en sentido escatológico. Dicho de otra manera, por más que él estaba en la tierra de Canaán, no consideraba que esa era, propiamente hablando, la tierra prometida. Y lo que en realidad le interesaba a Abraham no era la posesión de la tierra sino su relación personal con Dios, la cual quedará excelentemente manifestada en lo que se refiere a continuación.
4) Abraham e Isaac (17-19)
“17 Por la fe ofreció (prosfero) a Isaac siendo tentado y al unigénito ofrecía (prosfero) el receptor de las promesas, 18 acerca del cual fue dicho: En Isaac se llamará para ti una descendencia, 19 considerando que incluso poderoso es Dios para levantar (egeirein) de los muertos, entonces lo recibió también en parábola.”
Aquí no tenemos dudas acerca del episodio al cual se refiere. El mismo verbo (probar, tentar, peirazo) aparece en Gn 22,1. Hay algunas singularidades que conviene observar:
- usa prosfero en lugar de anafero, que es el verbo empleado en LXX. De esa manera subraya el aspecto cultual del hecho y expresa más estrechamente la relación con el sacrificio de Cristo, mencionado en la carta con anterioridad
- coloca monogené en lugar del agapetós que trae LXX, y así deslinda el aspecto afectivo poniendo de relieve la relación del pedido divino con la fe. Igualmente, refuerza la significación cristológica. Está además la cita textual de Gn 21,12, con la cual evidencia el drama profundo de Abraham
Tratemos de penetrar el texto. Cuando el texto sagrado habla de que Abraham vivía como peregrino en Canaán, uno puede ser tentado de responder fácilmente que se debía al plan de Dios, pero no a que su fe tuviese algún contenido escatológico. Con esto se rechaza lo afirmado en los vv. 13-16, o sea es falsa la suposición de que la fe de Abraham estuviese orientado hacia algo trascendente.
La respuesta a este problema tiene como eje la cuestión del hijo de Abraham, Isaac. Se afirma, contra lo dicho en los vv.13-16 que Abraham, a través de Isaac, ya había recibido las promesas y que estas eran puramente terrenales. O sea que la confesión de fe de ser extranjeros y peregrinos no responde a un contenido trascendente, sino a las circunstancias del momento. El autor de Hebreos responderá sencillamente que no. Y esto se evidencia en su sacrificio de Isaac. Hay que tener en cuenta la cita mencionada allí mismo de Gn 21,12: En Isaac se llamará para ti una descendencia. El problema para Abraham en cuanto a sacrificar a su hijo Isaac no era tanto lo afectivo, sino el hecho de que matarlo significaba que la promesa de Dios no se cumpliría, porque la promesa venía por Isaac. En consecuencia, Dios le mintió. No puede ser. ¿Cómo superó Abraham semejante conflicto entre la promesa dada por Dios en Gn 21,12 y la nueva exigencia que le pone? Sólo hay un camino: “considerando que incluso poderoso es Dios para levantar de los muertos”. Es decir, hay una explícita aceptación de la resurrección de los muertos, realidad que sólo es asumible si se admite la perspectiva escatológica o trascendente.
Validez de la perspectiva de Hebreos
Nos preguntamos ahora: este tratamiento hecho en Hebreos ¿no fuerza el texto veterotestamentario? Esta forma de orientar la consideración de la figura de Abraham hacia Isaac, como hemos visto que hace en el conjunto, ya desde 11,8, esa referencia constante al sacrificio de Isaac ¿no debe considerarse como una arbitraria imposición hecha sobre la base del misterio de Cristo?
Ya en la tradición hebrea podemos observar que existe una clara concentración sobre este episodio de la vida de Abraham. Eclo 44,19-21 sintetiza así su referencia a Abraham: “Abraham, padre insigne de una multitud de naciones, no se halló quien le igualara en gloria. Él guardó la ley del Altísimo, y con él entró en alianza. En su carne grabó la alianza y en la prueba fue hallado fiel. Por eso Dios le prometió con juramento bendecir por su linaje a las naciones, multiplicarle como el polvo de la tierra, encumbrar como las estrellas su linaje, y darles una herencia de mar a mar, desde el Río hasta los confines de la tierra”. Como vemos, se rescata fundamentalmente el episodio cumbre de su existencia, cuando debió sacrificar a su hijo Isaac.
Y podemos referir aquí lo dicho por J. Swetnam en su conferencia dada como conclusión de su actividad académica en el PIB: “el texto de Génesis 22 es el clímax de una progresión que involucra llamado, promesa, alianza y juramento... Génesis 22,1-18 puede ser visto como la culminación de la vida de Abraham tal como es referida en el texto canónico de la Escritura. Después él entra dentro de la historia sólo en relación con la meurte de Sara (Génesis 23) y el casamiento de Isaac (Génesis 24). Su vida y su destino considerados en sus relaciones con Dios están delineados en Génesis 22”[11].
Los prágmata de la fe de Abraham
Retomamos la pregunta inicial: ¿en qué creía Abraham? ¿cuál era el objeto de su fe? El episodio de Isaac lo pone de manifiesto. El atributo de Dios claramente puesto a la luz es la Omnipotencia divina. En el v.6 se habían señalado dos prágmata fundamentales: que Dios existe y es Providente. Ahora, la carta a los Hebreos profundiza en la cuestión acudiendo a la experiencia de Abraham y muestra el enlace entre la Omnipotencia divina y la esperanza en la resurrección final.
Expresado tal como lo hemos dicho, parece una cosa elemental, pero si tomamos conciencia de cómo la experiencia del mal y del sufrimiento ponen a prueba nuestra fe en Dios, advertiremos la importancia de estos prágmata en la vida concreta de cualquier creyente. Para ello, nada mejor que unas citas del Catecismo de la Iglesia Católica: “De todos los atributos divinos, sólo la omnipotencia de Dios es nombrada en el Símbolo: confesarla tiene un gran alcance para nuestra vida” (268). “La fe en Dios Padre Todopoderoso puede ser puesta a aprueba por la experiencia del mal y del sufrimiento. A veces Dios puede parecer ausente e incapaz de impedir el mal...sólo la fe puede adherir a las vías misteriosas de la omnipotencia de Dios... Nada es, pues, más propio para afianzar nuestra Fe y nuestra Esperanza que la convicción profundamente arraigada en nuestras almas de que nada es imposible para Dios. Porque todo lo que (el Credo) propondrá luego a nuestra fe, las cosas más grandes, las más incomprensibles, así como las más elevadas por encima de las leyes ordinarias de la naturaleza, en la medida en que nuestra razón tenga la idea de la omnipotencia divina, las admitirá fácilmente y sin vacilación alguna” (272-274).
Abraham creyó en la Omnipotencia divina y, al menos tipológicamente (en parabolé), también creyó en Cristo convirtiéndose, a su manera, en creyente y seguidor del Verbo Encarnado. Su constante condición de peregrino así lo manifiesta.
Conclusión
“Él [Abraham] recibió la alianza de la circuncisión después de la justificación en la incircuncisión de la fe de modo que prefigura ambos testamentos y se ha convertido en padre de todos aquellos que siguen el Verbo de Dios y soportan la peregrinación de este mundo, es decir de los fieles provenientes de la circuncisión y del paganismo. Como Cristo piedra angular [Ef 2,20] que todo sostiene y reúne en la única fe de Abraham a aquellos que son adecuados, de ambos testamentos, al edificio de Dios”[12] [1] Cf. E. Mengelle, “La Estructura de Hebreos 11,1”, Bíblica 78-4 (Roma, 1997) 534-542 [2] Cf. Victor (Sung Yul) Rhee, Chiasm and the Concept of Faith in Hebrews 11, Bibliotheca Sacra 155 (July-September 1998) 327; íd, Christology and the Concept of Faith in Hebrews 5:11 – 6:20 , JETS 43/1 (March 2000) 83. [3] Cf. J. Holmes en “Genesis is a book”, Homiletic & Pastoral Review (february 1998) 24s; T.D. Alexander, Abraham Reassessed Theologically: The Abraham Narrative and the New Testament Understanding of Justification by Faith, http://www.beginningwithmoses.org/articles/abrahamreassessed.htm. [4] íd, p. 38. [5] cf. J. L. Ska, The Abraham Cycle, Synchronic and Diachronic Analysis, PIB (Spring 1996 ) 25 [6] Íd, p. 37. [7] W. Lane, “Hebrews”, World Biblical Commentary 47B, Word Books (1991) 349. [8] Cf. W. Lane, “Hebrews”, World Biblical Commentary 47B, Word Books (1991) 350. [9] El texto del Génesis jamás dice que Abraham “conoció” a Sara (cf. Gen 4,1.25) ni que “entró” en ella (cf. Gen 16,4) [10] cf. A. Vanhoye S.J., Quarta Pars Epistolae ad Hebraeos, de fide et patientia, Hebr.11,1-12,13, In usum privatum auditorum tantum (Roma, 1972-1973) 73; Victor (Sung Yul) Rhee, Chiasm and the Concept of Faith in Hebrews 11, Bibliotheca Sacra 155 (July-September 1998) 329-330 [11] J. Swetnam, Genesis 22, Hebrews, and a Hermeneutic of Faith en http://www.pib.urbe.it/doc-vari/swetnam_gn22_ita.htm [12] San Ireneo de Lyon, Adversus Haereses IV,25,1. En IV,21,1: “Que en Abraham fuese prefigurada nuestra fe y que él fuese patriarca de nuestra fe y en un cierto sentido profeta, lo enseñó abiertamente el Apóstol en la carta a los Gálatas: “El que os ha dado el Espíritu es el que obra en vosotros prodigios en razón de la Ley o por la obediencia de la fe. Abraham creyó en Dios y le fue tenido en cuenta para la justicia; reconoced por lo tanto que los hijos de Abraham son aquellos que provienen de la fe. En previsión de la fe con la cual Dios justifica los paganos, la Escritura ha anunciado de Abraham que en él habrían sido bendecidas todas las naciones. Por ello los que creen serán bendecidos con el creyente Abraham [3,5ss]. Con estas palabras no sólo lo llamó profeta de la fe, sino padre de los paganos que creen en Cristo Jesús porque su fe es idéntica a la nuestra: él creyó en cosas futuras como si hubiesen ya sucedido en razón de la promesa de Dios y también nosotros con la fe contemplamos la heredad del reino”. Cf. V,32,2. |