VIIª Jornada Bíblica

"No temas, hija de Sión: mira que viene tu rey"

 

 

Jesús poeta

R. P. Gabriel Zapata, VE

 

Homilía de la Santa Misa de Clausura de la VIIª Jornada Bíblica

 

 * Introducción

 

            Si el Señor venía al mundo para salvar a los hombres, a ellos debía hablarles acerca de su Reino: proclamarles que era vecino, que reclamaba la conversión, pero que era hermoso, que por lo tanto valía la pena… Y Jesús, para mostrar la belleza de ese Reino habla con un lenguaje bello.

 

            Pero debemos decir con el p. Espinel Marcos[1], que la poesía del Señor no es un simple medio o recurso pedagógico. Es más bien un lenguaje peculiar para una doctrina peculiar.

 

* Dificultades en el estudio de la poesía de Jesús

 

            Se presentan algunas objeciones: Cristo no escribió, habló en arameo, mientras que, ahora, tenemos sus palabras en griego, etc.

 

            Pero, sucede, que no sólo algunas palabras o giros de Jesús estaban embebidos de poesía: su misma enseñanza estaba permanentemente vertida en modos impregnados de espíritu poético.

 

            Además, los dichos de Jesús en los evangelios tienen rasgos semíticos, a pesar del griego. Esos semitismos se respetaron en la lengua griega, si bien no eran elegantes en ella, por respeto al Maestro.

 

            Otra cosa a tener en cuenta es el hecho de que los evangelistas eran bilingües y, por tanto, conocían bien las equivalencias más fieles de palabras, expresiones, giros, etc.[2].

 

Las formas de la poesía de Jesús

 

            Veamos, al menos brevemente, las formas poéticas con las que Jesús se expresaba para tener una idea de su talante artístico.

 

            El Señor preparó sus lecciones, trabajó su poesía.

 

1. El paralelismo

 

            El paralelismo, tan antiguo y tan semita, es la figura poética privilegiada en los labios del Señor. Demás está decir que también era principal la finalidad de facilitar la memorización. Pero no se puede negar que esta forma de expresión agradaba a los oyentes y los disponía favorablemente[3].

 

            El paralelismo es una repetida mirada sobre el objeto, con nuevos ojos para presentar la realidad de forma creadora y ordenada (esto hace que sirva también como regla nemotécnica).

 

            Paralelismo sinónimo

 

            Se da cuando el segundo verso incide sobre el primero repitiéndolo, repitiéndolo con nuevas expresiones.

 

“El hace amanecer su sol sobre buenos y malos y llueve sobre justos e injustos” (Mt 5,45)

 

            Paralelismo antitético

 

            Aquí, el verso segundo contrasta con el primero; presenta una situación opuesta a la del anterior “para provocar un choque psicológico en el oyente y aclarar por contraste su sentido”[4].

 

            Jeremías señala 138 textos con este tipo de paralelismo en los sinópticos[5].

 

            Se puede decir que “Jesús lo prefiere porque tiene una estructura que concuerda con su modo de pensar, con su apreciaciones que representen precisamente la antítesis de los criterios del mundo. Algo distinto (o distintivo?) de Jesús en este paralelismo es que de ordinario el énfasis se coloca en el segundo verso”[6].

 

            “Quien quiera guardar su vida, la pierde; quien pierda su vida por mí, la encontrará”   (Mt 16,25).

 

            En este ejemplo no sólo los miembros están articulados antitéticamente, sino que, inclusive, cada uno de ellos lleva la antítesis dentro: guardar la vida y perderla, perderla y encontrarla.

 

            Palabras de este tenor no pueden no despertar el espíritu y hacer tomas una posición delante del Señor.

 

            “Si alguno quiere ser el primero sea de todos el último, y el siervo de todos”

            (Mc 9, 35).[7]

 

            Paralelismo sintético

 

            Cuando el segundo miembro de un paralelismo completa al primero y no sólo lo repite. “Es el desenvolvimiento parcial de la idea expresada en el primer estico, mediante una nueva idea o comparación ilustrativa”[8].

 

          “Vine a encender fuego en la tierra y, ¿qué voy a querer sino que arda?

 

Tengo que ser bautizado con un bautismo y, ¡cómo estoy ansioso hasta que se cumpla! (Lc 12,40-50)

 

          Paralelismo climático

 

          Es el paralelismo encadenado que progresa de línea en línea hasta llegar a un climax[9]:

 

“Quien a vos recibe

a mí me recibe;

y quien a mi me recibe

recibe al que me envió” (Mt 10,40).[10]

 

2. El ritmo

 

            Está en estrecha relación con los paralelismos. Afortunadamente se puede percibir aún en el griego y en las traducciones en lenguas modernas. Se logra haciendo versos de igual número de acentos

 

            a. Ritmo binario:

           

            Queda sugerido en las traducciones:

 

“Curad          enfermos,

resucitad       muertos,

limpiad          leprosos,

echad           demonios,

gratis            recibisteis,

gratis            dad” (Mt 10,8).

 

            b. Ritmo ternario:

 

“No deis         lo santo                       a los perros,

No echéis       vuestras perlas           a los cerdos” (Mt 7,6)

 

“Dejáis           el mandato                 de Dios,

Retenéis          la tradición                 de los hombres” (Mc 7,8)

 

            Hay que observar que aún en las traducciones se conserva el ritmo. “La trabazón armónica de las palabras se defiende contra toda ruptura”, dice Espinel Marcos.

 

            c. Ritmo de cuatro acentos:

 

“El fiel            en lo poco      es fiel              en lo mucho,

El injusto        en lo poco      es injusto        en lo mucho” (Lc 16,10[11]).

 

3. Paronomasia y otras formas sonoras:

 

            Esto evidentemente no se nos deja percibir en las traducciones. Pero damos un ejemplo:

 

“No penséis que vine a destruir (lekallot) la ley y los profetas,

no vine a destruir (lekallot)

sino a dar plenitud (lekalleh)”.

 

4. Simil, metáfora y parábolas:

 

            a. Simil: es una comparación hecha de modo explícito, mediante expresiones de semejanza: "así", "es semejante a", "como".

 

                        "Os envío como ovejas en medio de lobos;

                        sed pues, prudentes como serpientes,

                        pero sencillos como palomas" (Mt 10, 16).

 

            b. Metáfora: es una imagen conocida sugiriendo una desconocida sustanciándola por cierta semejanza... Pero sin advertirnos.

 

                        "Quien hiciere la voluntad de Dios,

                        ése es mi hermano, hermana y madre". (Mc 3, 35).

           

            c. Parábolas: a menudo se presenta como una metáfora continuada.

 

            También los rabinos cultivaban este género. La fantasía oriental se vuelca gustosa a las imágenes y a las comparaciones. Sin embargo en la enseñanza de los rabinos la parábola era muy escasa. Estaban mayormente absorbidos por la investigación sobre la Ley y abocados a la casuística.

           

            J. Jeremías no encuentra nada parangonable a las parábolas de Jesús en la literatura ínter testamentaria. En todo caso hay que remontarse a los momentos culminantes del profetismo, hasta la parábola de Natán a David.

 

            El p. Castellani insiste en la originalidad de las parábolas de Jesús. Es que, como dice Garofalo: “La divina perfección de las cosas dichas se encuentra también en una perfección humana en el modo con el cual fueron dichas. También en esto el Hijo de Dios hecho hombre fue el más perfecto de los hombres”[12].

 

            Bien, pero ¿dónde estaría lo original de la parábola de Cristo?

           

            + La naturaleza y finalidad

 

            No es sólo ornamento o regla mnemotécnica. "Lo más importante es, con mucho, el uso de las metáforas. Pues es la única cosa que no se puede aprender de otro y es una señal de dones poéticos congénitos; porque hacer bien las metáforas es percibir bien la relación de semejanzas", enseñaba Aristóteles[13].

 

            En La Suma Teológica el Aquinate enseña[14]: "... el poeta usa de la metáfora por la representación: en efecto la representación naturalmente es agradable al hombre. Pero la sagrada doctrina usa de la metáfora por necesidad y utilidad" (ad 1), es decir porque es natural al hombre que "por las cosas sensibles llegue a las inteligibles" (corpus).

 

            Cristo habla del Misterio que vio, que vive. “El hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve a hacer al Padre: lo que hace él, eso también lo hce igualmente el Hijo. Porque el Padre quiere al hijo y le muestra todo lo que él hace. Y le mostrará obras aún mayores que éstas, para que os asombréis.” (Jn 5, 19-20). Se muestra como verdadero Mediador: conoce perfectamente el misterio de Dios porque es Dios, y también conoce perfectamente el misterio del hombre porque es perfecto hombre. "Es bien Dios y es bien hombre", como decía Chesterton.

 

            Y el "simbolismo... deja al hombre ser hombre y a Dios ser Dios" dice Le Du[15]. Así se da en Cristo de manera sublime lo que se percibe en los grandes poetas. Hay cualidades innatas, el poeta tiene una óptica especial para penetrar en el ser a través de la metáfora... Al punto que Maritain diga "toda obra poética... es sobretodo esplendor del misterio ontológico aprendido por la intuición del poeta"[16].

 

            Pero cuando quiere decirlo el lenguaje se puede "resistir"... Pero por la altura, por la intensidad de la vivencia el lenguaje termina adquiriendo un nuevo vuelo, "el lenguaje se potencia por la misma fuerza del objeto que no necesita adornos"[17]... Y sucede, entonces que el lenguaje bello ya no es sólo ornato o mero instrumento "es una sola cosa con el lenguaje mismo, su fuerza, su sentimiento su concreción simbólica"[18].

 

            Es altamente significativo el caso de de Bultman. Muy lejos de esta "vivencia" no "toca" Dios con la fe, tampoco al hombre. De hecho se negaba a ir a Tierra Santa. Y de él decía Funk que "parecía no tener una fibra poética en su cuerpo".

 

            + La inmediatez

 

            Es que Cristo está viendo la acción. Todo sucede en el Cielo y en la tierra ante su vista. Así ve la actividad de búsqueda de la mujer que perdió la dracma, el pastor la oveja. Más aún lo observamos en la parábola del Hijo pródigo.: "Cuando aún esta lejos le vio el padre, y compadecido, corrió a él y se arrojó a su cuello y le cubrió de besos" (Lc 15, 20b). Cinco verbos para manifestar el gozo del Padre.

 

            + Sencillez y profundidad

 

            Cristo no es un esteticista. Habla a los humildes. Nada rebuscado.

            ¿Usa palabras poéticas? Dice Guillén[19]: "La poesía no requiere ningún especial lenguaje poético. Ninguna palabra está de antemano excluida.". Ciertamente usa términos recurrentes en los poetas: luna, agua, flores, aves... Pero también hace poesía con: buitres, azufre, cerdos, polillas, gallinas, piedras de molino... Es que "como todos los grandes artistas... compone más con cosas que con palabras", decía el P. Castellani[20].

 

            Quevedo para hablar de los restos de alguien que amó mucho dirá: "polvo serán, mas polvo enamorado". Esto no está en Cristo. Sí, en cambio, el polvo acusador “Sacudid el polvo de vuestros pies”.

 

            El "viento" tan sugestivo para los poetas: León Felipe, el poeta del viento: "mañana volveré en el corcel del viento". Cristo, en cambio:

 

                        "El viento sopla donde quiere y oyes su voz.

                        Pero no sabes de dónde viene ni a donde va.

                        Así es todo nacido del Espíritu" (Jn 3, 8).

 

Pongamos un ejemplo de parábola rabínica:

 

"Rabbí Eliezer hizo (decretó) una mortificación, pero la lluvia no cayó. Rabbí Aquiba hizo la mortificación, y la lluvia cayó.

Entró y dijo...: ‘voy a mostraros por una parábola a qué se parece esta cosa... a un rey que tenía dos hijas. Una era descarada y la otra correcta. Cuando la descarada pedía y entraba ante él, él decía: - ¡Que se le conceda lo que pide y que se vaya! Pero cuando la correcta entraba ante él, él entretenía sus deseos (de satisfacerla), porque le gustaba oír su conversación.’

Pero, ¿está permitido decir esto? En realidad, (Rabbí Aquiba dijo esto) para no profanar el nombre de los cielos a propósito de Rabbí Eliezer."

 

            Esto no se encuentra en las parábolas de Cristo. Cristo habla la verdad. El "amén" con el que empieza tantos discursos no se encuentra en ningún autor ni bíblico ni extra bíblico. Es como el sello; se podría traducir como "palabra de honor".

 

            + La provocación.

 

            Usa de la parábola como de arma de combate, la "espada de su boca" (Ap 1, 16). Exige respuesta, es imposible no tomar partido. Tensión, agonía. En la del Hijo pródigo, todo el drama del hijo destruido que vuelve y el padre que ve antes que ninguno y se conmueve... arrastran a una sympatia. La parábola del buen samaritano, con la técnica de los tres, pide un juicio, no es posible quedar indiferentes.

            Por eso termina algunas veces con este desafío ante el que no se puede permanecer indiferente: "El que tenga oídos para oír, que oiga"... Esta frese no se encuentra en ninguna literatura anterior o del tiempo de Cristo.

 

            Pidamos a la Virgen, Madre del Amor Hermoso captar la verdadera belleza de la Encarnación, la belleza de la poesía del Verbo Encarnado.

 

            “Lo bello es el esplendor de lo verdadero”, decía Platón[21]. Si esto es verdadero no cabe sino admirarse de las palabras de Jesús. Todo el esplendor de la verdad brilla en la poesía de Cristo y en la pluma del evangelista.

 

            El mismo Platón señalaba: “La belleza ha descendido del cielo para  salvarnos”[22], y había profetizado bien: Jesús es el “más bello entre los hijos de los hombres”…, en sus labios y en su poesía “…se derrama la gracia” (Sal 45,3).


 


[1] Cfr. Espinel MARCOS, la poesía de jesús, p. 15

[2] Cfr. Espinel, pp 19-21.

[3]Se puede decir, inclusive, que “es la ley primera y más cierta de la poesía hebraica” (Biblia Nacar-Colunga, Introducción a los Salmos.

[4] Idem.

[5] Cfr. J. Jeremías,  Teología del Nuevo Testamento I, pp. 27-33; cit. por Espinel.

[6] Espinel, p 30.

[7] Otros: Mc 2,27; Mc 4,3-8 (la parábola del sembrador, donde el v8 forma él solo la antítesis); etc.

 

[8] Nacar, idem.

[9] Cfr. Espinel, p 43.

[10] Son como escalones que nos han llevado a un “climax” de revelación. También: Mc 9,37.

[11] cf. Mt 16 16,19

[12] idem, p 12.

    [13] Poética, 1459a.

[14] I,1,9

[15] cit. por Espinel..., p 88.

[16] Arte y escolástica, p 13.

[17] Espinel..., p 100.

[18] Espinel..., p 80.

[19] cit. por Espinel..., p 49.

[20] El Evangelio de JC, p 485.

[21] Cit. por EVDOKIMOV, Teologia della belleza, Ed paulina 1990.

[22] Idem.

 

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