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Foro de Exégesis y Teología bíblica del
Instituto del Verbo Encarnado
JERUSALÉN: ¿CENTRO DEL DISCURSO ESCATOLÓGICO DE JESÚS EN LOS EVANGELIOS SINÓPTICOS? - P. Lic. Carlos Pereira, I.V.E. |
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JERUSALÉN: ¿CENTRO del DISCURSO ESCATOLÓGICO de JESÚS en los EVANGELIOS SINÓPTICOS? P. Lic. Carlos Pereira, I.V.E. E-mail: carlospereira@ive.org |
1. Introducción y pregunta de los discípulos.
El llamado discurso escatológico de Jesús se encuentra en los tres evangelios sinópticos, y recibe dicho nombre pues en él, hace el Señor referencia a cosas futuras, estrechamente vinculadas con el fin de los tiempos, según se deduce de las mismas expresiones usadas por Cristo.
En el evangelio de Mateo lo encontramos en el capítulo 24, en Marcos en el capítulo 13 y en Lucas en el 21. Sin duda se trata de un solo discurso; es decir, pronunciado una sola vez por Cristo, ya que las circunstancias en las que se ubican los tres relatos son idénticas, y las narraciones coinciden no sólo en lo esencial, sino también en numerosos detalles. Hay otros casos, como el del Padre Nuestro o el de las Bienaventuranzas, en donde las diferencias entre dos relatos llevan a pensar que probablemente hayan sido pronunciados al menos en dos oportunidades.
Las tres narraciones son en efecto, introducidas por una misma circunstancia, relatada por cada uno de los evangelistas: Jesús se paseaba por la zona del Templo (en los tres evangelios esto sucede además, después del domingo de Ramos, o sea de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén), y los discípulos le hacen notar las imponentes construcciones del mismo (cf. Mt 24,1; Mc 13,1; Lc 21,5). Jesús responde de un modo muy cortante y cambiando de tema, afirmando que de todo lo que se ve, no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida (cf. Mt 24,2; Mc 13,2; Lc 21,6).
Esto motiva la pregunta de los discípulos, la cual dará lugar al discurso mismo de Cristo como respuesta. Mateo (24,3) y Marcos (13,3) afirman incluso que la pregunta de los discípulos tiene lugar poco después, al "sentarse en el Monte de los Olivos". Lucas no lo menciona, pero menciona un detalle anterior coincidente con Marcos, y que es la ofrenda de la viuda pobre en el Templo (cf. Mc 12,41-44; Lc 21,1-4). De modo que las circunstancias presentadas por los tres evangelistas coinciden plenamente.
La pregunta de los discípulos entonces, puede ser considerada la verdadera introducción al discurso escatológico. La misma tiene lugar en Mt 24,3; Mc 13,3 y Lc 21,7. Aquí observamos las primeras diferencias:
- Mt 24,3: "¡Dinos! ¿Cuando serán estas cosas y cual el signo de tu venida (parusía) y del fin de los tiempos?"
- Mc 13,4: "¡Dinos! ¿Cuando serán estas cosas y cual el signo cuando todo esto esté a punto de cumplirse?"
- Lc 21,7: "¡Maestro!, ¿cuando serán entonces estas cosas y cual el signo cuando esté a punto de suceder?"
Del punto de vista de la crítica textual, no se presentan lecciones variantes alternativas de importancia para ninguno de los tres textos expuestos. Sólo el de Lucas presenta la variante: "¿cual será el signo de tu venida?". Hay que hacer notar que sólo dos manuscritos presentan este reemplazo en Lucas, y el término usado para designar venida es "evleu,sewj", común en griego pero raro en el Nuevo Testamento, ya que sólo aparece en Hechos 7,52. En este último versículo, donde no se presentan variantes significativas, el diácono Esteban pronuncia su discurso ante el Sanedrín, el cual le valdrá la muerte, y en el cual acusa a los judíos de haber matado a los profetas que "anunciaban la venida del justo, del cual ellos ahora han llegado a ser traidores y asesinos". Evidentemente, se refiere a la primera venida de Cristo y no a la segunda. De hecho, el término "evleu,sewj" se puede cómodamente traducir por advenimiento, que designa la primera venida de Cristo, en contraposición al común en el NT de "parousi,a", utilizado para la segunda (en Mateo dos veces en el capítulo 24, en el versículo 3 -por nosotros citado- y en el 24, donde inequívocamente significa la segunda venida de Cristo). La lección variante en Lucas no parece ser accidental, pues los dos manuscritos que la presentan corresponden al mismo tipo de recensión (occidental) según los estudiosos, pero puede deberse a una clara influencia del paralelo sinóptico de Mateo. Se buscó acomodar la idea a Mateo 24,3 y a Marcos 13,4 (ya veremos que hay fundamento para hacerlo), pero tomando un término más lucano, como es el de "evleu,sewj". No olvidemos que los Hechos de los Apóstoles ha sido también escrito por Lucas, y es allí donde recurre el término.
Los tres versículos presentan una misma estructura. La pregunta está dividida en dos, separada por la conjunción kai, ("y"). En la primera parte se pregunta por "estas cosas", usando el neutro plural "tau/ta" (en lo cual los tres coinciden). La alusión es clarísima: Se refiere a lo que Jesús había dicho antes; la destrucción del templo, del cual "no quedará piedra sobre piedra que no sea destruída". En la segunda en cambio se pregunta por algo bien concreto, llamado "el signo" (shmei/on) y en lo cual los tres evangelistas también coinciden. Solamente presentan algunas diferencias en cada caso: En Mateo se pregunta por la Parusía (término común en Mateo y en las epístolas), clara referencia a la segunda venida, y por el fin del tiempo. Esta última expresión resulta familiar, pues aparecía ya en Mt 13,39 con ocasión de la parábola del sembrador. El término utilizado en griego es: "suntelei,aj", que significa "fin; conclusión,", o bien "cumplimiento". Curiosamente Marcos usa un verbo con la misma raíz: "suntelei/sqai", que significa normalmente "cumplir" o "realizar" (pareciera el significado más natural en el versículo de Marcos), pero también puede significar "llegar al fin", "terminar". De modo que la pregunta en Marcos puede traducirse: "¿cual será el signo cuando todo esto esté por cumplirse?", en referencia a la destrucción del templo, o bien: "¿cual será el signo cuando todo esto esté por llegar al fin?", en referencia a la historia, el mundo creado, o sea al fin de los tiempos. No es de descartar que aprovechando la ambivalencia del término suntelei/sqai, Marcos esté a su vez desdoblando la pregunta, interrogando por un signo de la destrucción del Templo, y por otro del fin de los tiempos. De hecho, teológicamente habría fundamento más que suficiente para suponer que así lo hace. Al menos, la alusión al fin de los tiempos no puede descartarse en la intención y en la pregunta de Marcos.
Sólo nos queda Lucas, en el cual la expresión usada no admite controversia alguna. Lucas usa el conocido verbo "gi,nesqai" que significa suceder, acontecer, en último caso podría traducirse como cumplirse, pero no otra cosa. Quizás haya una dependencia de Marcos, como por otra parte parece haberla en muchas secciones de su evangelio. Lo que nosotros creemos debe prevalecer en este caso, es el argumento de la unidad del discurso escatológico de Jesús en los sinópticos, que se refleja ya desde la pregunta de los discípulos, donde las semejanzas entre los tres sinópticos, aún terminológicas, son notables y más llamativas que las diferencias. En todo caso, la falta de referencia al fin de los tiempos en la pregunta de Lucas debe suplirse con las existentes en los otros dos evangelistas. Esto mismo reafirma el sentido del análisis hecho hasta ahora. De no haber mediado el mismo, para nosotros como simple lectores del discurso en Lucas, la referencia al fin de los tiempos hubiese sido totalmente nula.
2. Estructura del discurso de Cristo.
Jesús comienza a responder inmediatamente después de la pregunta de los discípulos, dando origen a su discurso. Es ante todo un discurso, un monólogo de Cristo, en el cual describe hechos, circunstancias, profetiza y hace recomendaciones. Usa imágenes, pero casi siempre las explica y además, suelen ser transparentes. El simbolismo es casi inexistente. No hay por otra parte visiones, como en el género apocalíptico. Mateo inicia el discurso en 24,4, como una respuesta de Jesús ("Y Jesús, respondiendo, les dijo…"). Marcos en 13,5: "Y Jesús comenzó a decirles…". Lucas en 21,8 de modo más simple: "Y El dijo…".
Se impone saber si Jesús responde a las dos preguntas (o a las dos partes de la misma) que se le formularon, en forma distinta o no. Muchos son los que estructuran el discurso en dos secciones. Creemos que en algún caso, como en el de Lucas, esto es bastante claro. En los otros dos es bastante más complejo determinar con exactitud donde termina una sección y empieza una nueva. Es claro no obstante, que siempre es posible diferenciar dos alusiones distintas de Jesús sobre un mismo tema. Por ejemplo en Marcos, al principio del discurso Jesús alerta sobre los muchos que vendrán en su nombre, diciendo: "¡Yo soy!, y engañarán a muchos" (cf. 13,6). Casi al final del mismo, vuelve a alertar sobre algo similar, afirmando que se dirá "aquí o allá está el Cristo" (cf. 13,22) y que habrá pseudocristos (cf. 13,23). La advertencia es similar, pero en el último caso el contexto es la Parusía (mencionada poco después), mientras que en el primero el contexto es la destrucción de Jerusalén y del templo.
Las dos grandes secciones existen, pero es difícil precisar bien los límites. Además existe un desarrollo en espiral, propio de los discursos semíticos. Jesús empieza hablando de acontecimientos que pueden aplicarse al fin de los tiempos en forma literal (aún cuando también se adaptan al tiempo de la destrucción de Jerusalén en el año 70), como en Marcos 13, 7 y 8, y luego pasa a describir algo más concreto, como el ser llevados ante el Sanedrín y las Sinagogas (cf. 13,9), algo más acorde a la situación de los primeros cristianos perseguidos por los judíos, antes de la destrucción del Templo. Aún así no obstante, es claro que los cristianos de cualquier tiempo que sufren persecución se verán también identificados con esa predicción del Señor.
Esa es en efecto la tercera característica que encontramos: Hay muchas cosas profetizadas por Jesús que se cumplieron en los tiempos previos a la destrucción de Jerusalén, pero que también se cumplirán, con similares características, en los últimos tiempos o hasta los últimos tiempos. Quizás puede hablarse de tipología, en cuanto que los acontecimientos predichos por Jesús y realizados en los primeros tiempos de la Iglesia, como las persecuciones, sean a su vez signos de persecuciones futuras, pero sobre todo creemos hay que hablar de plenitud de sentido ("sensus plenior") de las mismas palabras de Cristo, en cuanto que al constituir estas verdadera profecía, se cumplen en parte en los primeros tiempos, pero se cumplirán más plena y totalmente en los últimos.
3. Primera parte: Mt 24,4-20; Mc 13,5-18; Lc 21,8-24.
Creemos que en base a todo lo dicho, y teniendo en cuenta que se trata de una hipótesis de trabajo, es posible hablar de dos partes principales del discurso. Una primera con especial referencia a la destrucción de Jerusalén y del Templo - aunque no exclusivamente -, una segunda con referencia al fin de los tiempos. La primera parte al menos, es posible analizarla en secciones diversas.
a) Primera sección:
Los tres evangelistas comienzan la narración del mismo modo: Jesús amonesta a los suyos advirtiéndoles de no ser engañados, pues "muchos vendrán en el nombre de Jesús diciendo 'Yo soy' y engañarán a muchos" (cf. Mt 24,4-5; Mc 13,5-6; Lc 21,8). Los tres continúan de igual modo, pues advierte también que se sucederán "guerras y rumores de guerras" (o bien "desastres") (cf. Mt 24,6; Mc 13,7; Lc 21,9). Ambas cosas suenan a acontecimientos apocalípticos. Es verdad que pueden serlo, pero ciertamente que existieron en menor escala en los primeros tiempos de la Iglesia, cuando se desataron las primeras persecuciones. Los primeros cristianos tuvieron que enfrentar ya desde los inicios muchos "anticristos o falsos cristos" (algunos que proponían variaciones en la doctrina, o bien se consideraban nuevos enviados de Dios), según alerta el apóstol Juan en su carta (cf. 1 Jn 2,18-19).[1] También han tenido que enfrentar guerras y rumores de guerra. Justamente cuando supieron que se aproximaba la primera guerra de Palestina en el 68 d.C., huyeron a Pella, en Transjordania, para escapar de la destrucción de Jerusalén, como atestiguan fuentes antiguas, especialmente Eusebio de Cesarea.[2]
Es curioso lo que encontramos también escrito por los tres evangelistas, en cada uno de estos tres últimos versículos citados: "Es necesario que todo esto suceda, pero no será todavía el fin". Los evangelistas advierten que si bien estos acontecimientos tienen sabor a fin de los tiempos (y probablemente sucederán al aproximarse estos), se aplican también a los primeros tiempos de la Iglesia (cuando se dieron históricamente), y a muchos otros momentos de la historia de la misma (como también aconteció), siendo en cada uno de estos casos necesario recordar que "aún no es el fin".
El tercer signo que colocan los tres evangelistas es explicativo del anterior en parte: "Se levantará nación contra nación y reino contra reino, y habrá sismos y hambre por todos lados" (cf. Mt 24,7; Mc 13,8; Lc 21,10-11). También para esta señal rige lo que hemos dicho para las anteriores. Es llamativo que tanto Mateo como Marcos terminan afirmando que "todo esto no es más que el comienzo de los dolores de parto (también traducible como dolores finales, entendidos como previos a la muerte)" (cf. Mt 24,8; Mc 13,8). El que sea el "comienzo de dolor final" ciertamente que habla más del fin del mundo o de la Parusía, pero sólo como "el comienzo". O sea, todavía no es ella misma, y si traducimos como "dolores de parto" (como parece más plausible), aún más se puede pensar en algo que se repite durante la historia -como de hecho ha sucedido- considerando toda la historia como un permanente "alumbramiento" de la Parusía, hacia la cual aquella inexorablemente tiende.
Lucas en cambio coloca otra expresión: "Vendrán terribles visiones y signos desde el cielo (o bien: habrá en el cielo)" (cf. Lc 21,11). No creo nadie dude que esto es propio del final de la historia; sin embargo, Flavio Josefo afirma que sucedió en Palestina en los años anteriores a la destrucción del Templo, y eran signos premonitorios de dicha destrucción, y de la de Jerusalén.[3] Ante el cumplimiento de estos signos y de la destrucción misma del Templo, y a falta de una perspectiva histórica de muchos siglos, era natural que se desarrollara en la Iglesia primitiva la mentalidad de una Parusía inminente, como parece dar a entender la epístola de San Juan por nosotros citada (cf. 1 Jn 2,19).
b) Segunda sección:
El cuarto signo también presenta características casi idénticas en los tres evangelistas. Marcos lo presenta así: "¡Guardaos a vosotros mismos! Os entregarán a los tribunales (sanedrines) y sinagogas para ser azotados, y compareceréis delante de gobernadores y príncipes por causa mía, como testimonio para ellos" (Mc 13,9). Nosotros creemos que esto señala una nueva sección dentro de esta primera parte, en la cual podemos advertir algo que ya habíamos notado: Nuestro Señor hace una pausa en su narración, "vuelve atrás en el tiempo", y retoma la descripción desde una óptica más cercana. Es el "movimiento en espiral", al cual habíamos hecho referencia.
Que comienza una nueva sección es bastante remarcable en Marcos del punto de vista estilístico, pues inicia la redacción con la misma palabra con la cual había comenzado el discurso: «ble,pete» ("Guardad, observad"). Que esta sección refleja acontecimientos previos en el tiempo a los anteriormente narrados es más que evidente en Lucas, quien comienza la narración de hechos similares (cf. vv. 12-13) con la expresión "antes de todas estas cosas" («pro. de. tou,twn pa,ntwn»). Por otra parte, Marcos utiliza manifiestamente los términos en plural de "Sanedrín" y "sinagoga", lo cual para los oyentes de Jesús tenía en aquel entonces un significado único, y así aconteció históricamente, pues en los primeros años de existencia de la Iglesia (como podemos ver en los Hechos de los Apóstoles) y hasta la dispersión del pueblo judío con ocasión de la destrucción de Jerusalén, los cristianos tuvieron que comparecer repetidas veces ante las autoridades judías, y fueron por ellas perseguidos. Es verdad que sanedrín será traducido como tribunal, y sinagoga como congregación o asamblea, y de hecho los cristianos a lo largo de la historia han sido llevados delante de diversos tribunales y asambleas (lo mismo que de reyes y gobernadores), pero creemos que primariamente los términos designan tribunales y sinagogas judías, con lo cual queda claro que en esta sección aparece con más fuerza la referencia principal a acontecimientos cercanos a la destrucción de Jerusalén, y sólo en una segunda instancia la referencia a acontecimientos posteriores o cercanos al fin del mundo.
Marcos y Lucas continúan la exhortación advirtiendo, que al ser entregados, no se prepare la defensa, pues "el Espíritu Santo enseñará lo que se debe decir, y dará palabras que ningún adversario podrá refutar" (cf. Mc 13,11; Lc 21,14-15).
Mateo resume los signos anteriores al afirmar que "os entregarán a tribulación", pero agrega "y os matarán, y seréis odiados por todos los pueblos a causa de mi nombre" (cf. Mt 24,9; Mc 13,13; Lc 21,17). Además "muchos se escandalizarán, y se matarán y se odiarán unos a otros" (cf. Mt 24,10). Marcos y Lucas especifican más estos signos, que serán terribles: "El hermano entregará a muerte al hermano y el padre al hijo, y los hijos se levantarán sobre los padres y los matarán" (cf. Mc 13,12; Lc 21,16). Mateo prosigue diciendo aún una vez más que se levantarán pseudo-profetas (cf. v.11), y que "a causa de la abundancia de la iniquidad se enfriará la caridad de muchos" (cf. v.12). Pero a continuación viene el consuelo: "El que persevere hasta el fin; éste se salvará" (Mt 24,13; Mc 13,13). Lucas lo formula de otro modo: "Ni uno solo de los cabellos de vuestra cabeza se perderá. Con la perseverancia salvaréis vuestras almas" (Lc 21, 18-19). Este tipo de desenlace parece indicar que el "fin" del cual hablan Mateo y Marcos es el fin personal, de cada uno, aunque no hay que descuidar el hecho que, amparados en sutilezas de estilo y a diferencia de Lucas, los otros dos evangelistas hayan querido jugar con la palabra "fin". De hecho, la magnitud de los acontecimientos relatados al final es tal, que hace pensar en el fin de la historia, aún cuando en menor escala, hayan sucedido también antes y ya en las primeras persecuciones a los cristianos. También podría llegar a suponerse, aún cuando el argumento es más débil, que la segunda mención de los pseudo-profetas que hace Mateo, esté suponiendo en esta segunda sección, un tiempo intermedio, no directamente vinculado con la destrucción de Jerusalén ni con el fin del mundo, ya que una vez más recurrirá aún el tema de los pseudocristos, ya en un contexto parusíaco. Puede ser, aunque parece rebuscado, y esto daría también razón al juego de palabra con el término "fin" (te,loj), usado una vez casi al final de la primera sección, y ahora al final de la segunda. En todo caso, nos parece que realmente aquí termina la segunda sección de esta primera parte (cf. Mt 24, 13 o 14; Mc 13,13; Lc 21,19).
c) El anuncio del evangelio:
Como corolario, Mateo coloca una expresión que pasará a tener una importancia teológica fundamental: "Y será anunciado el evangelio del reino en todo el mundo como testimonio para las naciones, y entonces vendrá el fin" (Mt 24,14). La nueva recurrencia de la palabra "fin" puede estar implicando estilísticamente un corolario adosado a las dos secciones anteriores, pero he aquí que esta sentencia nos trae una buena complicación. Sin duda alguna que por "fin" tiende a interpretarse el fin de los tiempos, y así se lo ha interpretado en la teología católica, a punto tal que el anuncio del evangelio a todos los pueblos se considera uno de los signos escatológicos característicos del fin de los tiempos, debido justamente a la expresión: "y entonces será el fin". Más, ¿por qué colocar esta alusión tan clara al fin de los tiempos ahora, en la primera parte del discurso, del que habíamos dicho se refería principalmente a la destrucción de Jerusalén? El panorama resulta aún más complejo si analizamos el evangelio de Marcos, donde la expresión recurre antes aún, cuando se habla de las persecuciones, afirmando que: "Primero es necesario que el evangelio sea anunciado a todas las naciones" (Mc 13,10). "Primero", o sea antes de las persecuciones que habíamos catalogado como previas a la destrucción de Jerusalén. El problema consiste en que efectivamente, el Evangelio no fue anunciado a todas las naciones antes de la destrucción de Jerusalén. Es evidente que esto puede ser una prueba de que las persecuciones acerca de las cuales se habla sean las de los últimos tiempos, pero entonces, ¿se aplica o no a los primeros tiempos de la Iglesia?
Hay que destacar que Mateo, para designar el mundo, usa la expresión «th/| oivkoume,nh|», que propiamente significa el mundo habitado o civilizado, e incluso, algunas veces este término se limita al Imperio Romano, como en Lc 2,1. Esto explica muchas cosas, ya que el evangelista puede estar realizando un juego de palabras. Por un lado, se refiere a la predicación dentro de los límites del mundo conocido de entonces, la cual se alcanzó ciertamente antes de la destrucción de Jerusalén, cuando ya el evangelio había sido ya difundido en los límites del imperio[4] (quedaban excluidas muchas regiones de Europa, pero no nos olvidemos que los pueblos bárbaros que serían evangelizados en los siglos posteriores y que conformarían las naciones europeas, todavía no habitaban en Europa, o sea, no eran parte del mundo conocido hasta entonces. No olvidemos que los Apóstoles habían llegado incluso hasta la India, considerada como el límite del mundo conocido). Por otro lado se refiere al mundo entero, como signo escatológico, pero dado el primer significado, se justifica al menos su inclusión en esta parte del discurso.[5] Además, Marcos lo coloca mucho antes, diciendo que ocurrirá con "anterioridad" a las persecuciones. Efectivamente, la primera gran actividad misionera de la Iglesia, como se relata en los Hechos de los Apóstoles por ejemplo, es anterior a la primera gran persecución contra los cristianos, desatada por Nerón en los años 66-67 d.C., y en la cual murieron Pedro y Pablo entre otros. A su vez, esta persecución es anterior a la destrucción de Jerusalén. No olvidemos por otra parte, que este signo de evangelización de todas las naciones, es un signo escatológico netamente progresivo, o sea que se va realizando a lo largo de toda la historia, así como las persecuciones.[6] Lo que signifique en concreto este anunciar a todas las naciones, debe ser tratado aparte.
d) Ultima sección:
Mateo y Marcos colocan a continuación una de las frases más enigmáticas de todo el discurso: "Cuando veáis la abominación de la desolación instalada (o bien: de pie) en lugar santo (Marcos: en donde no debe); el que lea, comprenda…" (cf. Mt 24,15; Mc 13,14). Mateo agrega después de desolación: "la que fue predicha (anunciada) por el profeta Daniel…". Con lo cual se aclara notablemente el sentido del "que pueda leer, entienda", que a veces se traduce como "el que pueda entender, entienda", pero no es exacto. Se está refiriendo a la profecía de Daniel, y el sentido es: "el que lea la profecía adecuadamente, esto es entendiéndola, pues entonces será el que podrá entender". Además, el verbo usado (avnaginwskw) significa "leer", y también "leer en voz alta", lo cual se adapta al sentido de profecía anunciada, proclamada. También podría entenderse no ya de la profecía sino del signo en si mismo: "El que es capaz de leer este signo, pues entonces que comprenda…". Teniendo en cuenta que no es un signo de fácil lectura, como efectivamente no lo es.
¿Qué es esto de la "abominación de la desolación"? Sin duda alguna algo que fue efectivamente profetizado por Daniel. Lo encontramos en Dan 9,27 (texto griego LXX) con las mismas palabras que usará Cristo en su discurso: «bde,lugma tw/n evrhmw,sewn», cuando se describe a un príncipe impío, que llegará para devastar al pueblo elegido, que hará cesar el sacrificio y la oblación, y que incluso instalará una abominación de la desolación "en el Templo". El texto hebreo no especifica 'en el Templo', aunque sí habla de la interrupción del sacrificio y de la ofrenda. Esto podría explicar las diferencias entre Mateo y Marcos.
Daniel repite la profecía en 11,31, con las mismas palabras en el texto griego, que esta vez reproducen fielmente el texto hebreo masorético[7], razón por la cual se considera que "bde,lugma evrhmw,sewn" es un hebraísmo. Lo mismo se repite en Dan 12,11.
Se trata de una profecía básicamente cumplida antes del tiempo de Nuestro Señor, pues se considera que se cumplió literalmente con la devastación causada en Judea por Antíoco Epífanes (Antíoco IV), unos 160 años antes de Cristo, y cuyos hechos se encuentran relatados en el primer libro de los Macabeos 1,54, lugar donde se afirma que "sobre el altar de los holocaustos construyeron la abominación de la desolación".[8] Ahora bien, Cristo vuelve a formularla como profecía, sabiendo que la de Daniel se había ya cumplido, con lo cual está afirmando que se va volver a cumplir, y en este caso se considera que los hechos acaecidos en el Antiguo Testamento, como el de Antíoco Epífanes, son figura de hechos que van a venir en el futuro, probablemente en tiempo del Anticristo, según la mayoría de los comentadores. Esto concuerda con el sentido del discurso escatológico de Jesús, ya que todo él se puede aplicar al tiempo final; sin embargo, el hecho que esta profecía de Cristo se encuentre en la primera parte del discurso, lleva a suponer que esta instauración de la abominación de la desolación también existió en los tiempos previos a la destrucción de Jerusalén.
En general los Padres se inclinan por afirmar que se trató del ingreso de las águilas y otros signos romanos (idolátricos) en el Templo, como aparentemente sucedió con el general Tito, quien llevó las insignias romanas hasta el corazón mismo del templo de Jerusalén, antes de la destrucción de este, según se tiene noticia.[9] Algunos objetan a esto dos cosas: En primer lugar, que después de la muerte de Cristo, el templo judío no era más morada del Altísimo, y en segundo lugar, que los evangelistas añaden a esto el consejo de que "los que estén en Judea huyan a las montañas", mientras que al entrar Tito en la ciudad ya no había tiempo para huir, pues el cerco con que los romanos asediaban a Jerusalén era estrechísimo.[10] Más en cuanto a lo primero podemos responder, que si bien propiamente hablando no era más el Templo el lugar santo, por su carácter sagrado e histórico no deja de ser verdad, como dice Marcos, que "la abominación de la desolación se instaló donde no debe estar". Que Mateo coloque "lugar santo", puede deberse al hecho que se dirigía a lectores hebreos, quienes siempre asociaban el Templo con la santidad de Dios. En cuanto a lo segundo, no nos olvidemos que los evangelistas colocan "los que estén en Judea", de modo que el consejo de huir ante la desolación del Templo, no se aplica sólo para los habitantes de Jerusalén (que aparentemente ya no tenían opción de hacerlo), sino también para los del resto de Judea, existiendo otro signo para los de Jerusalén.[11] Nos inclinamos por la opción presentada por los Padres. De todos modos, el cumplimiento más pleno de la profecía tendrá que ser al final de los tiempos.
Mateo y Marcos prosiguen entonces de la misma manera: "Entonces los que estén en Judea huyan a las montañas" (cf. Mt 24,16; Mc 13,14), y a continuación una serie de advertencias relacionada con la huida, como no volverse hacia atrás a buscar el manto, y un lamento para las que estén pariendo o amamantando en dichos días (cf. Mt 24,17-20; Mc 13,15-18). También esto se cumplió entonces cuando la destrucción misma de Jerusalén, ya que fundándose en la advertencia de Jesús, la comunidad cristiana huyó entera hacia Pella, en Transjordania, salvándose de la destrucción en masa y de la masacre con la cual la población judía de Jerusalén fue destruida y desalojada.[12]
Lucas presenta en cambio la destrucción de Jerusalén de otro modo, mucho más patético: "Cuando veáis Jerusalén rodeada por ejércitos, entonces sabed que la destrucción de ella se aproxima" (cf. 21,20). Aquí la alusión es muy clara, ya que efectivamente Jerusalén fue rodeada por los romanos completamente antes de ser destruida, y este es el signo dirigido principalmente a la población cristiana de Jerusalén, mientras que el de Mateo y Marcos puede aplicarse a los del resto de Judea. Independientemente de lo que pueda suceder en un futuro, creemos que la alusión a la destrucción por los romanos es aquí muy clara. Lo mismo los versículos siguientes: "Entonces los que estén en Judea huyan hacia las montañas, y los que estén en medio de ella vayan hacia las afueras, y los que estáis en las afueras no entréis en ella" (Lc 21,21). Como en Mateo y en Marcos, aquí todavía la referencia es más explícita; huir fuera de la Judea, no sólo de Jerusalén. El hecho que el cerco realizado por Tito haya sido estrechísimo y no dejase lugar a huida alguna, como hemos notado, no constituye un obstáculo, pues se afirma que hubo dos sitios de Jerusalén; uno primero de Vespasiano que no fue completo y dejó lugar para huir (y a este se puede estar refiriendo Lucas); el segundo, de Tito, fue mucho más cerrado.[13] El hecho que se insista sobre sólo Judea, se explica pues la primera guerra de Palestina (67-70 d.C.) no afectó demasiado la población judía de Galilea, que siguió más o menos intacta hasta la segunda guerra (132-135 d.C.).[14]
"Pues aquellos serán días de venganza (o bien: castigo) en los que se cumplirá todo lo que está escrito" (cf. Lc 21,22). Es interesante el dato; Jesús afirma que en dicha destrucción tendrá lugar el cumplimiento de toda la Escritura (la referencia ha de entenderse del Antiguo Testamento, ya que era "la Escritura" que los oyentes de Jesús conocían). Parece lógico que el AT no profetice más allá del tiempo del Mesías, al cual estaba ordenado. Pareciera existir una cierta duda sobre la posibilidad que el AT haya anunciado incluso cosas futuras, relacionadas con el fin del mundo. No entramos en dicha discusión, más en todo caso sería esto una prueba más de lo que sostenemos, que el discurso escatológico se aplica a dos niveles de tiempo.
A continuación viene un lamento sobre las que estén gestando o amamantando en dichos días, como ya hemos visto en Mateo y en Marcos (cf. Mt 24,19; Mc 13,17; Lc 21,23). Esto permite determinar que los versículos de Mt y Mc, colocados después de la descripción de la destrucción de Jerusalén, pertenecen aún a la primera parte del discurso. "Habrá una angustia grande sobre la tierra, e ira sobre todo el pueblo", prosigue Lc (cf. 21,23). Por "tierra" puede entenderse incluso restrictivamente tierra de Israel, considerando la expresión un semitismo, o bien traducirla "sobre la gente". Esto refuerza incluso el sentido de "pueblo", que parece obvio se aplique a Israel. De todos modos, la ambivalencia de la palabra "tierra" es un elemento a favor de la doble referencia histórica del discurso escatológico.
"Y caerán a boca de espada, y serán llevados prisioneros a todas las naciones…" (cf. Lc 21,24). La referencia a lo que aconteció históricamente no puede ser más clara. Muchos fueron masacrados, abriéndoseles con la espada sus vientres para ver si habían engullido joyas, y la dispersión de los judíos en todo el mundo comenzó allí. "Y Jerusalén será pisoteada por las naciones, hasta que se cumpla el tiempo de las naciones (o bien: gentiles)" (cf. 21,24). Esta es para nosotros una expresión clave: Lo que signifique en concreto "ser pisoteada" o que signifique ese misterioso "tiempo de los gentiles" - que no es cualquier tiempo sino una plenitud, a juzgar por la palabra griega usada: kairoi, plural de kairo,j, que significa "momento oportuno o preciso" - es algo que trataremos después. Lo que queda claro, es que esto designa el inmenso período de tiempo comprendido entre la destrucción de Jerusalén, y ese misterioso "tiempo de las naciones" que más bien parece futuro, y que guarda cierta relación con el fin de los tiempos. Por lo tanto, creemos que esta expresión marca claramente el fin de la primera parte del discurso en Lucas. Por analogía, podemos colegir cuando termina en los otros dos sinópticos, aún cuando la expresión exacta no se encuentre en ellos.
4. Segunda parte: Mt 24, 21-51 ; Mc 13,19-37 ; Lc 21,25-36.
Mateo y Marcos comienzan la segunda parte de un modo muy significativo y que no deja lugar a dudas: Hablan de una gran tribulación (qli/yij mega,lh), como no existió hasta entonces, y como después no existirá (cf. Mt 24,21; Mc 13,19). Aunque el tema de la tribulación ya se había hecho presente, y con el mismo vocablo (qli/yij), sin embargo esta expresión es totalmente particular y novedosa: Una tribulación tal como no la ha habido hasta ahora ni la habrá no es una tribulación cualquiera, ni puede predicarse en absoluto de las tribulaciones sufridas por los fieles en los primeros tiempos del cristianismo, porque es evidente que después han existido muchas otras, e incluso más diabólicas. Por lo tanto, creemos sea una prueba de que a partir de ahora, las expresiones han de aplicarse exclusivamente al fin de los tiempos y a la Parusía, y no a un estadio intermedio.
Se aclara más acerca de la tribulación: "Y si no se acortaran aquellos días, no se salvaría carne alguna, más en razón de los elegidos, se acortarán aquellos días" (cf. Mt 24,22; Mc 13,20). Esto prueba lo terrible de la tribulación, donde no alcanza la virtud común para afrontarla, sino la sola Misericordia Divina. Aparece aquí el tema de los elegidos, que recurrirá aún en Marcos.
"Cuando entonces alguien os diga: ¡He aquí el Cristo!, o ¡allá! ¡No creáis! Surgirán pseudocristos y pseudo profetas que harán signos y maravillas con el fin de engañar, de ser posible, a los elegidos. Yo os he prevenido. Cuando entonces os digan: ¡He aquí que en el desierto está, no vayáis!; ¡he aquí que en un lugar apartado, no creáis!" (cf. Mt 24, 23-26; Mc 13, 21-23). Nuevamente otra descripción de la tribulación, esta vez con especial referencia a los falsos profetas y Mesías. El contexto lleva a suponer que se trata de algo numéricamente distinto a los falsos profetas del comienzo, además del hecho de mencionarlos por segunda vez. Aquí el panorama es el inmediatamente anterior a la Parusía. De hecho, a continuación leemos la primera referencia clara a la misma, que servirá para distinguirla de los falsos advenimientos: "Del mismo modo en que en efecto, el rayo sale del levante y brilla hasta el poniente, así será la Parusía del Hijo del Hombre". Sólo Mateo trae este pasaje, que culmina con una curiosa expresión: "Donde sea que esté el cadáver, allí se juntarán las águilas" (cf. Mt 24, 27-8).
La siguiente señal son los fenómenos cósmicos, descriptos con especial énfasis en los sinópticos. En primer lugar cabe notar que serán inmediatamente sucesivos a las manifestaciones de los falsos cristos, ya que Mateo coloca la expresión: "Enseguida, después de la tribulación de aquellos días…" (cf. Mt 24, 29; Mc 13,24). Aquí aparece Lucas en el relato, quien había hecho omisión de los acontecimientos anteriores: "Y aparecerán signos en el cielo, y la luna y los astros, y sobre la tierra ansiedad de las gentes angustiadas por el rumor del mar y de sus olas…" (cf. Lc 21,25). Los otros dos sinópticos describen con más detalles esos signos: "El sol se esconderá, y la luna no dará más su brillo, y los astros caerán del cielo, y los poderes de la tierra se conmoverán" (Mt 24,29; Mc 13,24-25). Lucas añade el hecho que “los hombres desfallecerán por el miedo y la expectación de todo lo que tiene que sobrevenir sobre la tierra…" (cf. Lc 21,26).
A continuación viene la Parusía propiamente dicha, relatada por los tres evangelistas: "Y entonces verán al Hijo del Hombre venir sobre las nubes con poder y gloria grande" (cf. Mt 24,30; Mc 13,26; Lc 21,27). Mateo adelanta que esta venida será precedida por la aparición del signo del Hijo del Hombre en el cielo, y que se golpearán el pecho todas las razas de la tierra (cf. Mt 24,30).[15] Se relatan luego las consecuencias de la venida de Cristo: "Y enviará a sus ángeles, quienes reunirán a los elegidos en las cuatro direcciones desde un extremo al otro del cielo" (o bien: desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo) (cf. Mt 24,31; Mc 13,27). La Parusía, lejos de ser una calamidad, es una verdadera señal de consuelo. Así la hace notar Lucas: "Cuando comiencen a suceder todas estas cosas, erguíos y alzad vuestras cabezas, porque se acerca vuestra liberación" (Lc 21,28).
Luego los tres evangelistas colocan la comparación con la higuera, de la cual se toma la imagen para comprender las cosas finales. Así como al dar la higuera frutos se conoce que es el tiempo, así mismo se deben interpretar los signos de los tiempos al suceder estas cosas, y sobre todo que está cerca el Reino de los Cielos (cf. Mt 24,32-33; Mc 13,28-9; Lc 21,29-31).
Sigue la misteriosa frase: "No pasará esta generación hasta que sucedan todas estas cosas" (cf. Mt 24,34; Mc 13,30; Lc 21,32). Frase enigmática, que normalmente se traduce como "antes que sucedan estas cosas", lo cual requiere mayor esfuerzo de interpretación. Nosotros consideramos más justa la traducción que hemos dado, con la cual se hace depender generación (y el pasar de ella) al suceder de todos esos acontecimientos. Hasta que estos no ocurran totalmente, se considerará todo una misma generación, independientemente de su duración. Se puede considerar por ejemplo como la "generación de la Nueva Alianza", si tomamos desde la época de Cristo hasta la Parusía, o bien se puede considerar la generación de los oyentes de Jesús y sus inmediatos descendientes, si tomamos hasta la destrucción de Jerusalén. Pero es posible traducir incluso 'raza' en lugar de 'generación', con lo cual tendría más sentido si se aplica a la destrucción de Jerusalén, e incluso podría aplicarse a la Parusía, y ver aquí una alusión al perdurar de la raza judía y quizás una promesa de su futura conversión, o bien una alusión a la Iglesia.
El mismo Jesús pone sello de autenticidad y de seguridad divina a sus palabras: "¡El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán!" (Mt 24,35; Mc 13,21; Lc 21,33). Esta no es una profecía condicional, sino absoluta. Cristo declara posteriormente que "nadie conoce ni el día ni la hora, sino sólo el Padre" (cf. Mt 24,36; Mc 13,32), asegurando de ese modo que todo anticipo preciso de la fecha del fin del mundo será necesariamente falso.
La venida del Hijo del Hombre se compara con Noé y su tiempo en Mateo (cf. Mt 24, 37-41), y finalmente viene la recomendación final, de velar, orar, y estar preparados (cf. Mt 24,42-51; Mc 13,33-37; Lc 21,34-36), presentada por los tres evangelistas, con algunas diferencias entre ellos.
El final del discurso es bastante brusco y por cierto muy claro en Marcos y Lucas, pues la escena cambia completamente a partir de los versículos que hemos señalado. En Lucas encontramos un pequeño corolario, acerca de donde enseñaba Jesús estas y otras cosas y como la multitud lo escuchaba (cf. Lc 21,37-38). En Mateo hay una cierta relación con lo que sigue, la parábola de las vírgenes (cf. Mt 25,1-13), que finaliza con la misma exhortación de velar (cf. Mt 25,13). No obstante, la parábola de las vírgenes presenta una temática propia, que se continuará con la de los talentos. Por lo tanto, con la exhortación de velar y con la comparación del siervo y del amo (cf. vv. 45-51), puede considerarse concluido el discurso.
5. El protagonismo de Jerusalén.
Procedamos ahora a analizar algunos temas concretos, vinculados en modo especial con Lucas 21,24, el cual en nuestro esquema constituye un versículo clave que permite la división neta entre ambas partes del discurso.
"Y caerán a boca de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por las naciones (gentiles), hasta que se cumplan los tiempos de las naciones".
Antes de dicho versículo, y hasta en el mismo comienzo de él, la referencia a la destrucción de Jerusalén es muy clara. Los signos que se dan como característicos de dicha destrucción se cumplieron prácticamente al pie de la letra cuando la destrucción de la ciudad y del templo por Tito, en el 70 d.C. El versículo siguiente al citado, en Lucas, presenta ya los signos cósmicos previos a la Parusía, por lo cual concluimos que en este versículo se resume un inmenso período de tiempo, que va de la destrucción de la ciudad en el primer siglo hasta los tiempos finales, previos a la Parusía misma. Las palabras mismas usadas en el versículo presuponen un espacio temporal. Se usa la preposición a;cri (hasta), y ella no sola, sino con el agregado de la partícula ou-. El compuesto «a;cri ou-» habría que traducirlo como "hasta el tiempo que…", con lo cual se presupone necesariamente un período de tiempo.
a) Dos expresiones:
Dos son las nociones que atraen nuestra atención: "Jerusalén será pisoteada por las naciones…", y el misterioso "tiempo de las naciones".
Con respecto a la primera, la expresión que se utiliza es « e;stai patoume,nh » (ser pisoteado), un participio pasivo del verbo «pa,tew», que significa "pisotear; hollar". El acompañamiento del verbo «e;stai» (ser) confirma su uso pasivo, como participio. El significado de la expresión es entonces: "será pisoteada; hollada", y el sentido general es despectivo, ya que por ejemplo el sustantivo derivado «to, pa,thma » se traduce como "lo que se pisa", pero también "cosa despreciable o desperdicio", y el sustantivo «o` pa,toj» significa "huella de pasos", o también "estiércol". De modo que el sentido parece indicar algo que no sólo es "ocupado" o "caminado por alguien", sino especialmente algo que es "despreciado" y "profanado" cuando se lo ocupa. En la mentalidad judía de los oyentes de Jesús, decir que "Jerusalén será pisoteada" tenía que traer necesariamente reminiscencias de los tiempos de los Macabeos[16], cuando la ciudad, el altar y el Templo habían sido profanados y destruidos.
Está será una obra de "las naciones": «u`po. evqnw/n» ("por los gentiles"). «to, e;qnoj» significa pueblo, tribu o raza. En plural (ta, e;qna), toma el significado de "los gentiles", o "los paganos", o sea todos aquellos no judíos. Una obra como la descrita anteriormente, representada por el verbo "pisotear", sólo podía ser obra de los paganos, en la mentalidad judía, como lo había sido en tiempo de los Macabeos. Esta imagen, que en boca de Jesús aparece como profética y futura, puede aplicarse perfectamente a la destrucción de Jerusalén obrada por Tito y por los romanos, que eran paganos y gentiles, lo cual para la mentalidad judía da lo mismo. Efectivamente, los romanos ocuparon Jerusalén y destruyeron completamente el Templo, con lo cual parecería indicarse que el punto central en esta descripción es el Templo. Profanado y destruido este, es Jerusalén la que resulta pisoteada. De hecho, para los judíos el símbolo de Jerusalén es el Templo. En el 132 d.C., como resultado de la segunda guerra palestina, el emperador Adriano nuevamente ocupa Jerusalén causando un gran destrozo. Posteriormente dio inicio a la reconstrucción de la ciudad según los cánones romanos. La misma pasó a llamarse Aelia Capitolina. Sobre el monte del antiguo Templo hizo construir un panteón dedicado a Júpiter Olímpico y a las otras deidades capitolinas[17], y un monumento a Venus Afrodita en el emplazamiento del Calvario- Sepulcro.[18] La ciudad quedó completamente consagrada a la Tríada Capitolina (Júpiter, Juno, Minerva) y al culto pagano. Comenzada con Tito en el 70 d.C., ahora con Adriano la realidad de Jerusalén literalmente "pisoteada" por los paganos era indiscutible.
La segunda expresión es aquella del tiempo de las naciones («kairoi, evqnw/n»). El sustantivo en singular «o. kairo,j», significa no propiamente "tiempo" (para el cual existe el término «kro,noj» en griego), sino "tiempo presente", y mejor aún: "oportunidad, ocasión" u "hora" en el sentido oriental del término, o sea, el "momento justo o providencial de algo". En plural también significa "circunstancias". De modo que aquí podemos traducirlo como "el momento oportuno", o "las circunstancias propicias de los gentiles". Dicho significado es coherente con el del término «plhrwqw/sin». El verbo «plhro,w» significa "llenar, cumplir, colmar", pero también "llegar el tiempo fijado". El sentido es pasivo, traduciendo la expresión completa como: "hasta el momento en que se cumplan (que se vean cumplidos) los 'tiempos' (o bien: 'las circunstancias') de las naciones".[19]
b) ¿Cuales son dichos 'tiempos'?:
Es esta la pregunta obligada. En el contexto de Lucas, la expresión se coloca inmediatamente después de la destrucción de Jerusalén e inmediatamente antes de los signos previos a la Parusía (cf. Lc 21,25). Se podría pensar en los tiempos finales. La expresión parece guardar una increíble semejanza con una utilizada por San Pablo en la carta a los Romanos: «a;cri ou- to. plh,rwma tw/n evqnw/n eivse,lqh|» ("hasta el tiempo que la plenitud de los gentiles haya entrado") (cf. Rm 11,25). El mismo tipo de preposición inicial, un sustantivo derivado del verbo «plhro,w», y de vuelta también el tema de "los gentiles" o "las naciones". El contexto en el que se sitúa dicha expresión es el de la ceguera u obstinación de una parte de Israel (pw,rwsij avpo. me,rouj tw/| VIsrah.l), y esto sucederá hasta que "la plenitud de los gentiles haya entrado". Entonces, "todo Israel será salvado, según está escrito…" (cf. Rm 11,26). El contexto es el de la salvación, entendida como participación en la revelación cristiana y la aceptación de Cristo. El "entrar" entonces, no es otra cosa que el aceptar el mensaje evangélico (cf. contexto: Rm 10,14-17ss.).
Esta "plenitudo gentium" (plenitud de los gentiles), como se la ha dado en llamar, parece ser no otra cosa que el acceso de la mayor parte de los pueblos al conocimiento del mensaje evangélico y por él a la salvación. Así también lo afirman teólogos católicos, como Santo Tomás de Aquino.[20] Nos hace recordar vivamente ese otro signo mencionado en el discurso escatológico de Jesús: el anuncio del evangelio a todos los pueblos, según hemos leído en Mc 13,10 y Mt 24,14. Ese signo era progresivo, según habíamos adelantado; de hecho coincide con el mandato que Cristo dejara a sus Apóstoles al subir al cielo (cf. Mt 28,19-20). Ha comenzado después de la Ascensión de Cristo (manifiestamente después de Pentecostés); terminará con la "plenitudo gentium" de la cual habla San Pablo.[21]
Esta relación con el versículo de la epístola a los Romanos nos parece fundamental para poder determinar con precisión el alcance del término gentiles o naciones en Lc 21,24. Si el "tiempo de los gentiles" de nuestro versículo coincide realmente con la plenitudo gentium de Rm 11,25, esto significa que "gentiles" no debe entenderse solamente de los que no son judíos, sino de todos los que aún no se han convertido a la Fe cristiana, pues cuando se cumplan sus "tiempos" (kairoi,), habrán "entrado a la Fe" - según Rm 11,25-, será la "plenitud de ellos" (plenitudo gentium), y simultáneamente habrán dejado de "pisotear" Jerusalén, según la expresión de Lucas. Sólo la pisotearán entonces, mientras sean paganos o no creyentes. La traducción mejor entonces para el «evqnw/n» de Lc 21,24, es "paganos".
Ahora bien, ¿qué ha sucedido históricamente? Es cierto que aún hay millones de paganos que no han entrado a la Fe y muchos no la conocen siquiera. La 'plenitudo gentium' sin duda no ha llegado. Según nuestra interpretación entonces, Jerusalén debería estar actualmente "pisoteada" por los paganos. ¿Es eso cierto?
c) Un paseo por la historia:
La ocupación de Jerusalén y la destrucción del Templo por Tito tuvo lugar en el 70-71 d.C., según los mejores cálculos. En dicho evento histórico se cumplieron al pie de la letra muchas de las cosas predichas por Nuestro Señor: "Jerusalén rodeada por ejércitos…"; "caerán a filo de espada…". A tal punto que los cristianos sin vacilar siguieron el consejo de Jesús: "Huid a las montañas…", y huyeron a Transjordania. El "ídolo del invasor" (la abominación de la desolación) se instaló en la explanada del Templo y esta quedó desolada completamente. Con la destrucción de Adriano en el 132 d.C., la profecía se realizó de modo aún más patético. Allí comenzó propiamente la gran diáspora judía, y "fueron llevados como cautivos a todas las naciones…", donde permanecieron en grandes bloques hasta el siglo XX, y aún muchos permanecen. Si consideramos los templos paganos erigidos sobre el antiguo recinto del Templo y también sobre el complejo Santo Sepulcro- Calvario, podemos advertir fácilmente como la ciudad había quedado "pisoteada por los gentiles". Este modo de "ser pisoteada" permanecerá exactamente inalterable hasta comienzos del siglo IV. En efecto, alrededor del 313 d.C., según se calcula ordinariamente, el emperador Constantino concede la paz a la Iglesia. Pocos años después, gracias al interés de Santa Helena, madre del emperador, quien fuese a su vez inducida por el patriarca Macario, se destruyen los templos paganos (ca. 326 d.C.) y se comienza a construir la basílica del Santo Sepulcro, solemnemente inaugurada por el mismo Macario en el 335.[22]
Este hecho no es indiferente a nuestro análisis, sino todo lo contrario. Una basílica cristiana no es ya un templo pagano (y habíamos dicho que el "pisotear" lo entendíamos como de un fenómeno pagano). Pero si bien Santa Helena hizo demoler los templos paganos, sólo edificó sobre el Sepulcro una basílica. En cambio, la explanada del Templo quedó desierta. Esto fue el comienzo de la era llamada bizantina en Jerusalén, que se prolongó durante tres siglos (del IV al VII); durante toda dicha era, la explanada del Templo quedó completamente deshabitada. Es más, existe el testimonio -por muchos recogido- que el emperador Juliano el Apóstata -que como lo indicase su nombre, había renegado del cristianismo- intentó en el 361-2 reconstruir el Templo de Jerusalén para consagrarlo al culto judío. Apenas iniciados los trabajos, frecuentes erupciones ígneas que surgían del subsuelo obligaron a suspender los mismos.[23] No es extraño que esto haya sido tomado como una confirmación, de parte de Dios, que no debía sobre dicho lugar construirse edificación alguna, y ello explique que durante tres siglos, en medio de una ciudad bizantina floreciente de construcciones (como lo atestiguan numerosos escritos y gráficos, especialmente el llamado mapa de Mádaba), semejante lugar tan estratégicamente ubicado como lo es la explanada del Templo, haya permanecido desierto.
Para nosotros esto es un detalle de suma importancia. Lo que Jesús quería significar con "Jerusalén pisoteada", aunque en un sentido amplio y genérico debía entenderse de la ciudad entera, en un sentido estricto y más propio debe entenderse de la explanada del Templo, y no por ejemplo, del Santo Sepulcro- Calvario, pues estos dejaron de ser literalmente "pisoteados" ya en época bizantina. Es verdad que para nosotros cristianos el Santo Sepulcro es más propiamente símbolo y centro de Jerusalén de lo que puede ser la explanada del Templo. Pero lo que interesa aquí no es cual sea la referencia central de los cristianos, sino "a que realidad central hacía referencia Jesús con sus palabras cuando las pronunciaba", teniendo en cuenta que lo hacía en un momento histórico tal en el que el Santo Sepulcro no existía, en que el Calvario no tenía aún ninguna importancia para sus discípulos, y en el que el Templo por el contrario, era el centro indiscutido de la ciudad.
Fuera de lo que hemos dicho, queda aún en pie la evidencia de los hechos concretos: Si la referencia de Jesús fuera al Santo Sepulcro o lugares cristianos en general, sería muy difícil o hasta imposible determinar como se hubiese cumplido la profecía de "Jerusalén pisoteada", durante los nada menos que "¡ trescientos años!" de cultura bizantina de la ciudad, y aún pasados ellos, ya que los lugares cristianos continuaron erigidos y activos, y la presencia cristiana fue aún durante muchos siglos altamente significativa. Si en cambio se trata de la explanada del Templo, todo parece coincidir: Los monumentos paganos en época romana, la desolación en época bizantina, y el duomo de la Roca a partir del siglo VII, suntuoso edificio musulmán construido por Abd el Melek Ibn el Merwan (erróneamente atribuido a Omar) en el 691 d.C. - pocos años después de la invasión musulmana- y que permanece allí desde aquel entonces hasta el día de hoy.[24]
El duomo de la Roca custodia, en la tradición musulmana, la Roca en la cual el profeta Mahoma se apoyó para subir al cielo. Para nuestra concepción cristiana, según la cual el presunto profetismo del fundador del Islam no tiene ningún carácter sobrenatural ni de Revelación divina, el edificio se equipara a un monumento idolátrico, con características que son llamativas, como las inscripciones en su interior, que son justamente aquellos pasajes del Corán donde se previene a los fieles contra el cristianismo.[25] Además, registramos el hecho que durante siglos, el acceso al Haram esh-Sherif (como llaman los musulmanes al "recinto sagrado" donde se encuentra el duomo de la Roca) fue prohibido a los verdaderos fieles, esto es a los cristianos.[26]
El duomo de la Roca ha permanecido como un templo islámico (con la excepción del corto interregno cruzado entre 1099 y 1187) "que no es propiamente mezquita" sino memorial, durante siglos enteros y allí está hoy. Podría objetarse que de algún modo se adora allí al Dios Unico, conteniendo así elementos no idolátricos. Es verdad, pero también lo es el hecho que lo que allí se conmemora, del punto de vista del cristianismo es un hecho falso y adulterador de la Revelación auténtica. Además de que justo allí mismo se previene, de modo explícito y provocador, contra la religión verdadera. Independientemente de los avatares políticos que han sacudido o sacudirán a la Tierra Santa y a la ciudad de Jerusalén, el monte del Templo da testimonio hasta hoy, que "Jerusalén sigue pisoteada por los paganos (aunque sean paganos en un sentido más amplio que el tradicional) hasta que se cumpla ese misterioso tiempo de las naciones, o de los gentiles, o de los paganos".
Recordamos en este momento la misteriosa intuición que parece rodear a muchos musulmanes habitantes de Tierra Santa, que "creen que alguna vez el duomo de la Roca será destruido por encargo directo de Dios", como nos consta de haber escuchado. Sea destruido o sea transformado en lugar verdadero de culto, sólo su desaparición como templo musulmán permitirá que "Jerusalén deje de ser pisoteada por los paganos". Para nosotros, este análisis permite vislumbrar una cierta función - no fruto de voluntad positiva sino sólo permisiva de Dios- del Islam en la teología de la historia, y quizás la única alusión - o una de las pocas- a dicho fenómeno religioso en el Nuevo Testamento[27]. Quizás la verdadera razón de ser del Islam (repetimos que histórica y de hecho, de contingencia, no de necesidad) consista en su función de "pisotear Jerusalén" hasta que se le cumpla su tiempo, su misterioso "kairós".
[1] "Hijitos, es la última hora, y han oído que va a venir un anticristo. Pero ya han venido varios anticristos, por lo cual conocemos que es la última hora. Esa gente salió de entre nosotros, pero no eran de los nuestros; si hubiesen sido de los nuestros, se hubiesen quedado con nosotros. Así es como descubrimos que no todos son de los nuestros".
Llama la atención como San Juan afirma que 'salieron de nosotros' pero 'no eran de los nuestros'. También el hecho que reconoce el momento en el que escribe como la 'ultima hora', a lo cual si bien es posible otorgar una explicación teológica ulterior, puede haber contribuido en los primeros tiempos del cristianismo a generar o bien reforzar la mentalidad de Parusía inminente que caracterizó a la Iglesia primitiva.
[2] Cf. Florentino Diez, Guía de Tierra Santa (Historia-Arqueología-Biblia), Madrid (1993) 149. La referencia de Eusebio es Hist Ecl. III 5,3.
[3] La referencia precisa es Las guerras de los judíos VII, 12, donde Josefo afirma que se escuchaban voces aéreas en el Templo después de la muerte de Cristo, las cuales decían: "Huid, salgamos de aquí". Lo cita también Castellani, L., Cristo y los fariseos, Mendoza (1999), 148.
[4] Así también Santo Tomás citando el Crisóstomo, afirma que para este último el fin se refiere a la consumación de Jerusalén, y la evangelización del mundo (hasta entonces conocido) se había cumplido antes de la destrucción de la ciudad, según se lee en Rm 10,18: "Por toda la tierra se difundió su voz y hasta los confines del mundo habitado sus palabras". Cf. Tomas de Aquino, Super Evangelium Matthaei, 24,1.
[5] Santo Tomás trae también a colación la opinión de San Agustín, quien a diferencia del Crisóstomo interpreta el fin como la consumación del mundo, y por eso afirma, no llegó el fin aún cuando se predicó en todo el orbe (o mundo conocido), ya que (él mismo lo dice) los pueblos bárbaros de Africa no lo habían recibido. Para San Agustín, tiene un neto sentido escatológico. Cf. Tomas de Aquino, ibidem.
[6] La posición del versículo en Marcos parece favorecer la interpretación del Crisóstomo. La posición en Mateo la de Agustín, aunque sin excluir la anterior. De hecho el mismo Santo Tomás interpreta Col 1,6: "La palabra verdadera del Evangelio, entre vosotros fructifica y crece…", como conciliando ambas interpretaciones. La difusión del Evangelio no había alcanzado aún su plenitud, pero ya comenzaba a manifestarse. Cf. ibidem.
[7] En 9,27 el sentido es el mismo, pero existen ciertas diferencias entre el texto griego (LXX) y el hebreo o texto masorético (TM). Este último se puede traducir en 9,27 como: "y en el colmo de las abominaciones la desolación, y hasta el final en que lo que se decida (la ruina) caiga sobre el devastador".
[8] Es interesante el dato del altar de los holocaustos, pues el texto hebreo de Daniel 9,27, de difícil traducción, podría traducirse como: "en el cuerno de las abominaciones, la desolación", con cierta referencia a los cuernos del altar de los holocaustos, transformado ahora en altar de abominaciones.
[9] Detalles de la destrucción del Templo y del botín capturado los presenta Flavio Josefo en Las guerras de los judíos, VII, 10-18. Acerca de la opinión de los Padres; cf. Castellani L., op.cit., 147-8. También Santo Tomás (cf. Super Evangelium Matthei, 24,2) afirma que se puede tratar del mismo ejército romano -llamado por los judíos "abominación"- o las águilas romanas introducidas por Pilatos (y no las de Tito). También afirma que Jerusalén fu destruida dos veces; la primera por Vespasiano- Tito, la segunda por Adriano, quien también colocó un ídolo (para los judíos una "abominación"). Hay que hacer notar que el Aquinate afirma "que hasta la consumación y el fin permanecerá la desolación". Esta sentencia será útil en nuestro análisis.
[10] Así Castellani, L., op.cit., 148- 9, quien aventura otra explicación; esta es, la de afirmar que la abominación de la desolación es la "misma muerte injusta y sacrílega de Cristo pactada por los hombres oficialmente religiosos de Israel (los fariseos), y el encumbramiento mismo del fariseísmo", y el lugar santo es el Monte Calvario, mientras que el lugar "donde no debe estar" es el corazón de las personas religiosas de Israel, o sea los fariseos. Creemos que no se descarta como posible aplicación, pero no nos parece sea la más evidente en este caso y la más acorde al contexto.
[11] Para los habitantes de Jerusalén, servirá el signo presentado por Lucas, como veremos a continuación.
[12] También F.Josefo, op.cit., VII,18, afirma que efectivamente "Tito" decidió demoler la ciudad entera, dejando intactas sólo las torres Fasael, Hipico y Marianne".
[13] También aquí Castellani L., op.cit., 149
[14] Cf. Acquistapace, Turri, Galbiati, Guida biblica e turistica della Terra Santa, Milano (1992) 49. 544-5
[15] En este versículo notamos un muy probable juego de palabras: «ko,yontai (golpearse el pecho o lamentarse) - o;yontai (ver, observar)».
[16] Cf. 1 Mac 1, 22-59, especialmente vv. 23.33.39.47.57
[17] En realidad la revuelta de Bar Kokhba (hijo de la estrella), con la cual inició la segunda guerra palestina, se desencadenó fundamentalmente debido a la decisión anterior de Adriano (del año 129) de reedificar Jerusalén según criterios paganos. Ya la había llamado Aelia Capitolina. La reconstrucción, no obstante, se efectivizó después de la guerra. Pareciese que el panteón dedicado a las deidades era el llamado Tricameron, construido sobre el monte del Templo (cf. Dan Bahat, Carta´s historical atlas of Jerusalem, Jerusalem (1992) 32).
[18] Propiamente erigió sobre el Santo Sepulcro una estatua de Júpiter, y sobre el Calvario un altar consagrado a Venus (Cf. E. Hoade o.f.m., Guide to the Holy Land, Jerusalem (1984) 101).
[19] Como « a;cri ou- » lo traducíamos como hasta "el tiempo (o el momento) que…", eso permite determinar el sentido de «kairo,j» no ya de "tiempo" como medida, sino con el significado de "hora precisa, oportuna", o sea tiempo como circunstancia. Por otra parte, habíamos anteriormente hecho referencia a Tomás de Aquino, quien afirmaba que "hasta la consumación y el fin permanecerá la desolación", al hablar de la "abominación de la desolación". (Cf. Tomas de Aquino, Super Evangelium Matthaei, 24,2). No es necesario entender la consumación como el fin del mundo, sino como un cierto fin, por ejemplo, el tiempo de las naciones.
[20] Afirma el Aquinate que debe entenderse como la Iglesia fundada en medio de los gentiles, o totalmente, o en su mayor parte, y también en cuanto que los gentiles, "convertidos a la Fe; deben pasar de las realidades exteriores y visibles que veneraban, a la espiritualidad y voluntad divinas" (cf. Tomas de Aquino, Comentario a la epístola a los Romanos, XI, 4, 915).
[21] El mismo Santo Tomás diferenciará entre difusión del Evangelio "por sola su fama", la cual se había alcanzado (en el mundo conocido) antes de la destrucción de Jerusalén (interpretación del Crisóstomo), y difusión con "aceptación completa", la cual sólo se alcanzará como signo escatológico (interpretación de San Agustín). (Cf. Tomas de Aquino, Super Evangelium Matthaei, 24,1).
[22] Cf. E. Hoade o.f.m., op.cit. 101
[23] Cf. Ibidem 177
[24] Cf. Ibidem
[25] "El Mesías, el hijo de María, es sólo un mensajero de Dios, y su palabra (la cual hizo llegar a María), y un espíritu de él… No digáis tres; es mejor para vosotros… ¡Tener Dios un hijo!" (Cf. Corán, sura IV, 171)
[26] Cf. Hoade, op.cit. 178
[27] Una nota interesante es el uso que en el Corán (libro sagrado de los musulmanes) se le da al término gentiles (que hemos señalado como sinónimo de paganos). En el Corán la palabra usada para "nación" o "gentil" (notar como también en árabe el término coincide), significa "que no tiene Escritura". Mahoma se siente orgulloso por haber sido enviado por Dios a los gentiles (ignorantes de las Escrituras), cuando dice: “Él es quien ha enviado a los gentiles un enviado, salido de entre los ellos” (sura 62, 2). Bien se percataron los que habían recibido la Escritura (los judíos especialmente), que la diferencia entre ellos y los gentiles era algo “decretado” y dijeron: “Nosotros no estamos obligados a observar los pactos con ellos (los gentiles)” (sura 3, 75). Con este exacto sentido coránico es preciso entender la fórmula del texto tocante al analfabetismo del profeta en las aleyas siguientes: “a quienes sigan al enviado, el profeta de los gentiles (el profeta gentil)" (sura 7, 157), y “creed en Dios y en su enviado el profeta de los gentiles (an-nabi el ummi) que cree en Dios” (sura 3, 158), pues "gentil" significa "sin Escritura"; de allí analfabeto y también gentil, como "no perteneciente al pueblo del Libro". Los gentiles son, por lo tanto, los árabes, hijos de Ismael, y las gentes del Libro son los judíos, los hijos de Isaac. Ello según el uso que da el Corán.
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