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Foro de Exégesis y Teología bíblica del
Instituto del Verbo Encarnado
¿ESTUDIAR A SAN PABLO? - P. Lic. Ricardo E. Clarey, IVE |
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¿Estudiar a San Pablo? P. Lic. Ricardo E. Clarey, IVE |
1. ¿Cuál es la importancia del estudio de san Pablo?
El estudio de los textos que constituyen el Corpus Paulinum , es decir, el conjunto de escritos neotestamentarios que tiene a san Pablo por autor, es importante por varias razones:
- porque son una parte de la Sagrada Escritura y se constituyen así en fuente de la Revelación.
- más en particular, porque nos permiten profundizar en el misterio de la Redención. La enseñanza teológ i ca de san Pablo se centra en la obra de la redención, por la que el hombre es justificado ante Dios por el sacrificio de Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre. Cristo ha asumido nuestra naturaleza caída, sin asumir el pecado, a fin de pagar por nosotros. Por la acción del Espíritu Santo, cada hombre es movido a unirse a Cristo por la fe que obra por la caridad para constituir un único Cuerpo místico.
- porque las enseñanzas del Apóstol han sido blanco de los ataques del racionalismo bíblico, quien le adjudica, en gran parte, la “invención” de la cristología de la preexistencia (“Gentile Mission Christology”) [1] , con una proclamación explícita de la divinidad de Jesús y su igualdad con el Padre. Con esto habría cambiado el cristianismo primitivo, siguiéndose en adelante una dirección teológica que queda luego “establecida” en el Concilio de Nicea y Calcedonia.
2. ¿Cuál era su entorno histórico?
a) Imperio Romano
Nos ubicamos históricamente en el período de la dominación mundial del Imperio Romano. La vida cristiana y el apostolado de San Pablo se ubican bajo el gobierno de cuatro emperadores: Tiberio (bajo cuyo imperio -14 al 37- gobierna como Procurador en Judea Poncio Pilato y sucede la Pasión y Resurrección de Jesús), Calígula (37-41), Claudio (del 41 al 54, que expulsa a los judíos de Roma en el 49 porque “se agitaban por instigación de Crestos [Cristo?]”, como relata Suetonio [2] ) y Nerón (bajo cuyo imperio -del 54 al 68- San Pablo será martirizado, probablemente en el 67). Luego de Nerón, el Imperio asiste a la primera gran crisis política y al primer cambio de dinastía. Territorialmente se ha alcanzado una extensión conquistada como nunca antes lo había logrado otro imperio. La unificación cultural había sido, en gran parte, una herencia de la obra de Alejandro Magno quien, junto con la conquista política del mundo antiguo, realizó la difusión de la cultura y la lengua griega. La lengua griega común, koiné , es el vehículo de comunicación de todo el mundo antiguo, aún bajo el dominio romano (el latín está reservado para los asuntos más oficiales o jurídicos).
b) Religión y filosofía
En el ámbito de la filosofía, predominan dos corrientes, continuadoras en parte de las grandes escuelas platónica y aristotélica: el estoicismo y el epicureísmo [3] . Con estos tuvo algún trato San Pablo, particularmente durante su permanencia en Atenas: Mientras Pablo les esperaba en Atenas, estaba interiormente indignado al ver la ciudad llena de ídolos. Discutía en la sinagoga con los judíos y con los que adoraban a Dios; y diariamente en el ágora con los que por allí se encontraban. Trababan también conversación con él algunos filósofos epicúreos y estoicos. Unos decían: « ¿Qué querrá decir este charlatán? » Y otros: « Parece ser un predicador de divinidades extranjeras. » Porque anunciaba a Jesús y la resurrección ( He 17, 16-18). Tenemos, por un lado, el estoicismo , corriente iniciada por Zenón de Chipre (333-262 a.C.). La filosofía estoica se caracteriza ante todo por presentar una determinada imagen del hombre y un particular estilo de vida. Zenón se propone buscar aquel principio que otorgase coherencia interna al mundo y al hombre: este principio es lo que los estoicos llaman logos . La finalidad, por ende, de la filosofía consistía en seguir al logos en sus manifestaciones. El centro de este universo cerrado y ordenado reside en el mismo logos, alma del mundo, impregnando incluso el alma del hombre. El hombre tiene que vivir en armonía con la ley natural, ocupando el puesto que le asigna en el mundo su parte de razón. Considera las distintas divinidades de la mitología grecolatina como manifestación de un único Dios, Zeus, que, sin embargo, no es trascendente a este mundo. El ideal de la vida humana es la conformidad con la naturaleza y con el logos, principio rector de la naturaleza y el hombre. Este ideal “se realiza en el sabio estoico por medio de la libertad interior de todo lo que en este mundo puede condicionar al ser humano: no le interesan los bienes exteriores, sino el bien interior de su persona, y por eso mismo no se siente sacudido por las desgracias, las enfermedades y las pasiones... Es libre de las pasiones ( apatheia ), y el destino puede disponer de él como quiera. Todo lo que le ocurra lo considera como voluntad divina y se somete a ello” [4] .
El epicureísmo se inicia con Epicuro (342-270). Tiene una base física de orientación atomista, que aplica también al alma, a la cual considera como compuesta de un cierto número de átomos que se mantienen juntos gracias a un cierto movimiento. La ruptura de este conjunto constituye la muerte [5] . Respecto a su ética, estaba fundada sobre la búsqueda del placer como fin del hombre, en un placer en sentido estético y racional. Puesto que hay deseos naturales y necesarios, naturales no necesarios y aquellos producidos por opiniones equivocadas, “se necesita un discernimiento para escoger una vida regulada por la razón, que lleve a la ataraxia, o sea, a la ausencia de turbación en la satisfacción de los propios justos deseos” [6] . El gozo supremo de la vida es la meditación filosófica.
En el orden religioso, junto a las religiones tradicionales (en el ámbito de Roma y Grecia hallamos la mitología grecolatina), tenemos también la presencia de las religiones mistéricas y el naciente gnosticismo. Las religiones mistéricas se caracterizaban porque “en vez de la liberación parcial de un mal momentáneo, de la enfermedad, de las amenazas del destino o de peligros similares, prometían una liberación total del hombre y le aseguraban no ya una felicidad o un éxito transitorio, sino una salvación que superaba incluso el miedo a la muerte. Ofrecían además una relación vivificante con un dios personal, como no se daba nunca en la religión tradicional” [7] . Tenían tres elementos fundamentales: 1) Un mito original, en referencia al dios o diosa protagonista, que pretendía responder a los interrogantes del ser humano. El contenido del mito no se actualizaba nunca de modo definitivo, sino que periódicamente (por ejemplo, con el sucederse de las estaciones) se debía repetir. 2) Un rito de iniciación, que se realizaba después de un tiempo más o menos largo de preparación; a través de él se participaba del poder salvífico del mito y se adquiría un conocimiento nuevo del mundo trascendente (el mysterion ). 3) Una reactualización de esa iniciación por medio de determinados ritos, para beneficiarse nuevamente del poder salvífico de la divinidad.
Se destacan el culto de Isis y Osiris y la religión de Mitra . El primero procedía de Egipto, y el mito enseñaba que Osiris, rey de la región del Nilo, hecho matar y descuartizar por su hermano, fue recogido por su esposa Isis y recobró la vida, constituyéndose en juez del más allá. Sobre todo el culto a Isis, como diosa madre y protectora, fue el que se extendió rápidamente en el Imperio. Luego de los ritos de iniciación, el creyente tenía que mantener una vida honesta y estricta. Respecto a la religión de Mitra, procedía de Persia y se difundió rápidamente del siglo II al IV. En Roma se hallaron más de 100 templos (“mitreos”). Era una religión de la que podían participar sólo los hombres; era una religión del orden, la obediencia y el compromiso moral, por lo que adherían a ella sobre todo los soldados, los funcionarios del imperio y las familias aristocráticas, y representó un serio adversario de la Iglesia hasta el siglo IV [8] . Diocleciano (principios del siglo IV) elevó a Mitra a la cate g oría de dios estatal y “defensor del impe r io”. En el mito se afirmaba que Mitra, dios de la luz, había matado al toro blanco cósmico, trayendo de este modo al mundo la energía y la luz. Los ritos se relacionaban con el sacrificio del toro y la victoria de Mitra: el iniciado, cubierto de sangre, entraba en una nueva vida, pasando así de las tinieblas a la luz eterna, y participaba en un banquete donde consumía la carne y la sangre del toro inmolado. Luego seguía un camino de perfección con varias etapas, con pruebas que verifiquen la perfección alcanzada. Lamentablemente, no ha n faltado historiadores y exégetas que han querido ver una influencia de estas religiones en el Nuevo Testamento (sobre todo en san Pablo y en san Juan), particularmente en referencia al misterio de la Encarnación, al bautismo y a la eucaristía.
El naciente gnosticismo, si bien no tiene completamente delineadas las formas que lo caracterizarán en los siglos II y III, sin embargo ya tiene notas comunes, como son el camino hacia la salvación no por una iniciación cultual sino por el conocimiento de secretos divinos y de verdades escondidas, una especie de mística pagana. Un ejemplo de esto, aunque un poco tardío, lo tenemos en el Corpus Hermeticum , un conjunto de 18 tratados de carácter sincretista, de origen egipcio. En él se narra el origen del mundo y de los dioses, explicado según una serie rigorosa de emanaciones de tipo plotiniano (dios padre, el logos, el mundo; luego una segunda serie de emanaciones de donde sale el demiurgo; luego una tercera serie de emanaciones, donde surge el hombre celestial o perfecto, que baja a vivir en este mundo y del cual debe liberarse, abandonando progresivamente las condiciones materiales). Estos elementos influir á n en la aparición, ya en el primer siglo, de la herejía doceta, que negaba la realidad de la humanidad de Cristo y, por ende, de su Encarnación (cf. 1 Jn 4, 2-3; 5,5).
Formaba parte del conjunto de elementos religiosos de la época de la naciente Iglesia la invocación y el culto de dioses “salutíferos” (como Escolapio), de estatuas e imágenes curadoras, y de “sanadores” milagrosos; el uso de la magia y la adivinación; la astrología; el culto de los héroes y de los muertos, etc. [9] .
3. ¿Cuáles son las fuentes para el estudio de la vida y la personalidad de san Pablo?
Las fuentes para el estudio del Apóstol son fundamentalmente sus cartas y los Hechos de los Apóstoles [10] . En el resto del Nuevo Testamento hay una referencia explícita en 2 Pe 3, 15-16 [11] , donde se afirma la existencia de un “Corpus” de cartas paulinas y la dificultad de ciertos contenidos suyos. Entre los Padres Apostólicos que testimonian sobre la vida y obras del Apóstol tenemos a Clemente Romano (95), San Policarpo (135) y los datos del Canon Muratoriano. Hay incluso textos apócrifos, como los Hechos de Pablo y Tecla .
4. ¿Cómo era la formación cultural de san Pablo?
San Pablo, nacido en una ciudad griega pero en una familia judía y prontamente enviado a estudiar en Jerusalén, posee elementos culturales tanto judíos como helenísticos en su formación.
a) Formación judía
Es lógico que lo central en el temperamento y en la educación del Apóstol sea su formación judía, como él mismo lo afirma en varios textos: Pues ya estáis enterados de mi conducta anterior en el Judaísmo, cuán encarnizadamente perseguía a la Iglesia de Dios y la devastaba, y cómo sobrepasaba en el Judaísmo a muchos de mis compatriotas contemporáneos, superándoles en el celo por las tradiciones de mis padres ( Ga 1, 13-14); Si algún otro cree poder confiar en la carne, más yo. Circuncidado el octavo día; del linaje de Israel; de la tribu de Benjamín; hebreo e hijo de hebreos; en cuanto a la Ley, fariseo; en cuanto al celo, perseguidor de la Iglesia; en cuanto a la justicia de la Ley, intachable ( Flp 3, 4b-6); Al oír que les hablaba en lengua hebrea guardaron más profundo silencio. Y dijo: « Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel en la exacta observancia de la Ley de nuestros padres; estaba lleno de celo por Dios, como lo estáis todos vosotros el día de hoy. Yo perseguí a muerte a este Camino, encadenando y arrojando a la cárcel a hombres y mujeres, como puede atestiguármelo el Sumo Sacerdote y todo el Consejo de ancianos. De ellos recibí también cartas para los hermanos de Damasco y me puse en camino con intención de traer también encadenados a Jerusalén a todos los que allí había, para que fueran castigados ( He 22, 2-5). Otro relato similar lo tenemos en He 26, 4-5.9-11.
En el análisis de sus obras, encontramos señas características del estilo hebreo de pensar y de expresarse. Señalamos sólo dos:
1) Uso del contraste de las antítesis, un uso típicamente semítico. Caracteriza particularmente a San Pablo: muerte-vida, dormir-velar, luz-tinieblas, esclavitud-libertad, pecado-gracia, ley-obras. En el Antiguo Testamento se recurre muchísimo, en este sentido, al llamado parallelismus membrorum (paralelismo sinonímico, de oposición o de complementación).
2) Uso del quiasmo. A-B-A'. Muchas veces San Pablo expone un tema por primera vez en sus líneas principales (A) y luego lo retoma para dejarlo definitivamente tratado (A'), después de haber tratado en el interim un principio o un ejemplo que aclara más el rema en cuestión. Por ejemplo, 1 Cor 8, 1-11, 1 (cuestión de las carnes inmoladas a los ídolos): 8, 1-11 (A: presentación del problema); 9, 1-10, 13 (B: ejemplo de Pablo, es decir, la caridad como regla suprema, y ejemplo del Antiguo Testamento, es decir, insuficiencia de la práctica meramente material de la religión); 10, 14-11, 1 (A': retoma el tema, dando normas concretas. Hay que regirse por la caridad, aún en cosas que me pueden ser lícitas; el culto pagano no es a Dios, y conviene evitar la ambigüedad con el culto eucarístico). Otro ejemplo lo tenemos en referencia al comportamiento en la celebración del culto cristiano: 1 Co 11, 17-34 (A: vv. 17-22; B: 23-27; A': 28-34).
Hay asimismo otras características que muestran, en sus escritos, la formación hebrea del Apóstol, entre las cuales tenemos, por ejemplo, el conocimiento que manifiesta de las Escrituras (118 citas explícitas -232 totales- del Antiguo Testamento), la tensión apocalíptica con la expectativa de la inminente venida del Mesías (que el Apóstol reconoce, por la fe, realizada en la venida de Cristo y su obra redentora) y la concepción del mundo en un sentido más moral que físico (a diferencia de la mentalidad griega), considerado en tres estadios o niveles: el mundo presente (dominado por el pecado), el mundo ya salvado en esperanza (constituido por los llamados a la justificación) y el mundo celeste (donde la salvación es completa y definitiva).
b) Helenismo de san Pablo
El Apóstol muestra un amplio conocimiento de la lengua griega, aprendida no sólo en el uso cotidiano en Tarso sino, además, en la lectura de la Escritura según la versión de los LXX, versión común entre los judíos de la diáspora. Es notoriamente distinto el nivel del griego usado por San Pablo en circunstancias normales o en diálogo con gente común que el usado ante personalidades, como vemos, por ejemplo, en su defensa ante Agripa ( He 26, 2-29) o, sobre todo, en su discurso en el Areópago ( He 17, 22-31). Por otra parte, muestra también conocimiento de temas de los misterios y mitos griegos, como también de sus poetas [12] .
Evita usar términos que pudiesen dar lugar a equívocos, como ser “discípulo-maestro”, en referencia a Cristo, para no considerar a Cristo como un simple maestro de religión o filosofía, comunes en la época; evita también, en lo posible, expresiones técnicas de la filosofía religiosa griega: “suerte”, “fato”, “felicidad”, “entusiasmo”, “inspiración”. Usa en abundancia, por el contrario, temas de la filosofia popular (“Hoy comamos y bebamos...”), metáforas deportivas y militares, “catálogos de deberes” (un uso muy difundido entre los oradores y maestros de retórica: 1 Co 5, 10-11; Ro 1, 29-31; 2 Co 12, 20-21). Presenta muchas veces la vida cristiana en términos de belleza interior y virtud (noción de kalós como algo a la vez moralmente bueno y bello).
Encontramos, si bien en una visión cristiana, conceptos de los que hace mucho uso el helenismo, como es la “conciencia” ( syneídesis , en 1 Co 8,7 y 2 Co 1,12), entendida en San Pablo como una notificación al yo humano de las exigencias trascendentes de la voluntad de un Dios personal; la cognoscibilidad de la existencia de Dios y de sus perfecciones (cf. Ro 1, 20ss.); la presencia de la ley natural en el corazón del hombre; la sumisión a la voluntad de Dios (entendida no como los estoicos, es decir, como sujeción a un principio impersonal , sino como fruto de la filiación de un Dios personal y de la caridad fraterna); etc.
5. ¿Se puede hablar de una “evolución” en el pensamiento de san Pablo? [13]
No hablamos aquí de evolución del pensamiento como cambio a otro conjunto de verdades o como aparición de nuevos elementos doctrinales por invención de personalidades aisladas o de supuestas comunidades, en general entendido como expresión de experiencias espirituales. Evolución del pensamiento lo entendemos como profundización homogénea, es decir, en el mismo sentido, y progresiva del contenido de ciertas verdades. San Pablo ha podido profundizar más y más en el conocimiento que había adquirido, desde el momento de su conversión, del misterio de la justificación del hombre por Dios a través del sacrificio redentor de Jesucristo.
El problema inicial en san Pablo es, pues, la cuestión de la justificación. Ya antes de la conversión sintió el ansia de la justicia de Dios, pero no lo encontró en la Ley: antes bien, era ésta un fracaso en orden a justificar al hombre ante Dios. Por eso encontrará en la fe en Cristo la justicia. La fe justifica: ¿Por qué? En virtud de la sangre de Cristo, derramada por los hombres como sacrificio redentor. ¿Por qué la sangre de Cristo? ¿Cómo puede pagar él, que no cometió pecado, por nosotros los pecadores? Cristo asume nuestra condición humana en todo, menos en el pecado; asume nuestra pena sin asumir la culpa, en la Encarnación y en la Pasión.
Y en virtud de esta compenetración, de esta solidaridad e identificación de Cristo con los hombres, se fundamenta su Cuerpo Místico. Aquí se van ensamblando los restantes elementos de la teología paulina: el designio salvífico de Dios, la acción del Espíritu Santo, María Corredentora, la Eucaristía y el Bautismo con el resto de los sacramentos, el ministerio sacerdotal.
[1] Cf. R. Fuller , The Foundations of New Testament Christology , London 1965, 243-247.
[2] “Iudaeos impulsore Chresto assidue tumultuantes Roma expulit” ( Suetonio , Vita Claudii , 25).
[3] En el centro del interés filosófico del período helenístico encontramos “una necesidad acuciante de unidad en el mundo, en la realidad, en el universo ... La filosofía helenística tuvo, por tanto, que esforzarse por concebir desde un enfoque unitario la esencia del mundo, el origen y la finalidad del devenir y, al propio tiempo, el sentido de la existencia del hombre. El estoicismo y Epicuro, cada uno a su manera, trataron de alcanzar esta meta con un método puramente racional y volvieron al sensualismo , por estimar que el pensamiento especulativo no conducía a la evidencia; se hizo frente al relativismo y al problema del engaño de los sentidos, con la búsqueda de un criterio del conocimiento. Pero fue sobre todo la ética la parte de la filosofía que se hubo de cimentar sobre una nueva base...” ( J. Leidpoldt - W. Grundmann , El mundo del Nuevo Testamento , Madrid 1973, 361).
[4] G. Segalla , Panoramas del Nuevo Testamento , Estella 1994, 35.
[5] Es célebre la frase de Epicuro para mostrar que la muerte no es nada para nosotros: “Mientras existimos, la muerte no existe; y cuando llega la muerte, no existimos nosotros”.
[6] G. Segalla , o.c., 34.
[7] G. Segalla , o.c., 25.
[8] Conocemos, de hecho, gran parte de los detalles del mito y del culto de Mitra por lo que afirman muchos de los Padres de la Iglesia en polémica con esta religión. Por ejemplo, san Justino ( Apología I, 66) y Tertuliano ( De praescriptione hereticorum , 40).
[9] Cf. J. Leidpoldt - W. Grundmann , El mundo del Nuevo Testamento , Madrid 1973, 75-109.
[10] Contrariamente a lo que estaba en boga hasta hace poco tiempo, se tien d e hoy en día a valorizar más como testimonio histórico los datos que encontramos en las cartas por sobre lo que nos narra San Lucas en los Hechos. Lamentablemente esta diferencia se funda en la suposición de que San Lucas no pretende relatar los primeros pasos de la Iglesia sino elaborar la primera “teología de la historia de la salvación”, por lo que “los elementos históricos presentes en el libro no pueden ser considerados por sí mismos, sino que deben juzgarse en función del objetivo teológico por el cual Lucas los usa y al cual se subordina” ( A. Dalbesio , Il messaggio della salvezza , VII, Torino 1990, 25).
[11] La paciencia de nuestro Señor juzgadla como salvación, como os lo escribió también Pablo, nuestro querido hermano, según la sabiduría que le fue otorgada. Lo escribe también en todas las cartas cuando habla en ellas de esto. Aunque hay en ellas cosas difíciles de entender, que los ignorantes y los débiles interpretan torcidamente - como también las demás Escrituras - para su propia perdición.
[12] San Pablo cita, entre los poetas y escritores griegos, a Aratus , Phaenomena , 5 ( He 17,28), a Epiménides , Perí Chresmon ( Tit 1,12), a Eurípides , Bacchae , 794 y a Juliano ( He 26,14), a Menandro , Thaïs ( 1 Co 15,33) y a Tucídides ( He 20,35).
[13] Cf. J. Bover , Teología de San Pablo , Madrid 1977, 15-18.