INTRODUCCIÓN
El
Tárgum es
el nombre genérico con que se conocen las traducciones de la Biblia hebrea en
lengua aramea. En realidad hay que usar un plural (Targumin), ya que se trata de más de una.
El
nombre obedece a una raíz aramea, que aparece justamente en algún Tárgum, en Ez
4,7, bajo el participio pasivo meturgam.
Otras lenguas, como el asirio (donde targumanu
significaba “intérprete” o
“traductor”), o el árabe
tarjam ayudan a definir el significado, siendo este en general
“traducción”.
Con
la excepción de los libros de Esdras-
Nehemías y de Daniel, sabemos que
existen ‘Tárgum’ de todos los libros de la Biblia hebrea. Estos difieren un
poco uno con otro. Del punto de vista de la lengua se distinguen dos grupos: El
babilónico y el
palestino. Este último está escrito en
arameo palestino, mientras que el primero en lo que hoy se
acostumbra llamar arameo escolástico.
Existe
un Tárgum babilónico bien definido;
uno para el Pentateuco (conocido con el nombre general de
Onkelos) y uno para los profetas (conocido como
Jonatan). Estos Tárgum fueron publicados
por las academias judías de Babilonia, y llegaron a Occidente hacia el fin del
primer milenio. Todos los otros Tárgum en cambio (no babilónicos) tuvieron
origen en tiempos diversos, en el ambiente judío occidental. Cada grupo
presenta sus propios y específicos problemas.
El arameo fue con toda probabilidad la lengua
usada habitualmente por Cristo en su predicación, y era también la lengua usada
por sus oyentes y seguidores. Sus palabras fueron transmitidas en arameo durante
un cierto tiempo, en el período
de la Iglesia naciente. Se puede por lo tanto pensar, que
el primer estadio de la
formación
de la tradición evangélica haya sido realizado en arameo, y muy
probablemente, este estadio primitivo
se refleje en los actuales textos griegos
de los evangelios y de los Hechos de los Apóstoles.
Debemos
también recordar que los autores del Nuevo Testamento, aún cuando usen la lengua
griega, son semitas por formación y por lengua materna, siendo estas el
hebreo y el
arameo. Es
del todo natural entonces, que la
estructura semítica de su pensamiento
se manifieste en el
pensamiento griego que utilizan. Es lo que comúnmente se llama
influencia de la lengua materna.
Ha
constituido por largo tiempo la preocupación de los estudiosos de lenguas
semíticas determinar los equivalentes (o los vocablos originales), arameos o
hebreos, de las expresiones del Nuevo Testamento (las que comúnmente se
denominan semitismos), de modo de
reproducir los dichos de Cristo en la forma aramea “original”, a fin de
determinar la influencia de una u otra de estas lenguas sobre la gramática del
Nuevo Testamento.[1]
Es
de suponer que estos autores semitas hayan utilizado incluso los Tárgum como
fuente, sea para citar el Antiguo Testamento en el Nuevo, sea para escoger
palabras y modos de decir ciertas cosas. Por lo que no sólo la lengua aramea de
dicho tiempo, sino los mismos textos de los
Tárgum
se vuelven claves para el estudio del Nuevo Testamento, y pueden haber
influido mucho sobre él, especialmente sobre los evangelios. El campo es muy
vasto; nos proponemos solamente dar una idea somera al respecto.
¿Qué tipo de lengua aramea y qué tipo
de Tárgum?
Estamos
considerando una época cercana a la época de Cristo; desde pocos siglos antes
hasta pocos siglos después. El dialecto arameo era la lengua común en aquella
parte del imperio: Siria, Palestina,
Mesopotamia. No era ya ciertamente el
“arameo bíblico” (como aquel del
tiempo del imperio persa y del reino de Aram, quizás reflejado en la sección
aramea del libro de Daniel, en el Texto Masorético) el que se hablaba, sino un
dialecto posterior. Había diversas variantes, según las regiones. El babilónico
había conservado más su raíz clásica (por eso
escolástico); el palestino en cambio, había cambiado notablemente.
Ahora
bien; ¿cómo determinar la forma de arameo propia de la Palestina del siglo I?
¿Es esta la que encontramos en el Tárgum
palestino, o es otra? Se suscita dicha cuestión a raíz que ciertos autores
consideran el arameo de dicho Tárgum como una forma posterior del que se
hablaba en la época de Cristo. Este por el contrario, se reflejaría en el
arameo de Qumrán, diverso en algo del anterior, y del que no se puede dudar sea
del siglo I.[2]
Pero
esta teoría presenta sus inconvenientes: En primer lugar, el arameo de Qumrán
debe ser considerado un arameo literario.
No podemos sin dificultad asumirlo como lengua hablada por el pueblo. De hecho,
se tienen pruebas de la diversidad entre el hebreo
mishniano (de la Mishná) literario de Qumrán y la lengua mishniana
hablada del mismo período. Con toda certeza esto vale también para el arameo.
Mas aún cuando el arameo de Qumrán se revelase el mismo de la lengua hablada,
permanecería la dificultad que los textos literarios reflejan siempre una mente
educada y culta, más aún en el caso de la comunidad de Qumrán (culta y aislada
del común de la gente). Desde este punto de vista, es más probable que el
Tárgum Palestino sea
más cercano a la lengua de la gente, en
la época neotestamentaria, de cuanto lo sean los textos de Qumrán.
La
cuestión no es saber con certeza si la lengua hablada en Palestina en el tiempo
de Cristo haya sido la forma palestina que se encuentra en el Tárgum, sino
saber más bien si la lengua usada por Cristo y por la iglesia naciente, haya
sido –como parece- aquella del pueblo más que la de los doctos. Es a partir de
esta presunción que el Tárgum Palestino asume
gran importancia para el estudio del sustrato arameo de los evangelios, de los
Hechos y de otros escritos del Nuevo Testamento.
La
tradición targúmica es una tradición sagrada, que ha tenido origen en la
liturgia. El Tárgum Palestino, proclamado cada sábado en la sinagoga, debería
ser bien conocido por Jesús y por los apóstoles, así como por los judíos
convertidos al cristianismo. Era del todo natural que Jesús utilizase las
tradiciones religiosas de su pueblo para dirigir su mensaje, ya que
“no había venido a abolir la ley, sino a
darle cumplimiento”. Este
“cumplimiento” incluía el progreso en la
“comprensión de la revelación”, progreso que se encuentra en las paráfrasis
targúmicas. No causa asombro pensar que el modo según el cual Jesús proponía a
los judíos el anuncio evangélico haya sido aquel que les resultaba más
familiar.
I.
LOS DIVERSOS TÁRGUMIN EXISTENTES Aunque hemos manifestado nuestra intención de concentrarnos sobre el Tárgum Palestino a fin de comparar su aporte al estudio del Nuevo Testamento, haremos un pequeño resumen de los Tárgum existentes, de modo de presentarlos y poder compararlos, especialmente el llamado Tárgum del Pentateuco.
Para el Pentateuco
tenemos el famoso Tárgum Onkelos y el
Tárgum Palestino. Este último conservado en el
Tárgum del Pseudo-Jonatan, en el
Tárgum Fragmentario, en los fragmentos de la Geniza del Cairo y en
el códice Neófitos I. a)
Tárgum Onkelos:
Este Tárgum cubre el entero Pentateuco. Se discute sobre su origen, si
en Babilonia o en Palestina. De todos modos, sea cual sea el lugar de origen,
es justamente llamado “el Tárgum Babilónico por excelencia”, desde el momento
en que es citado por el Talmud babilónico como la traducción oficial para el
judaísmo de dicha región, y llamado
“nuestro Tárgum”.
Fue publicado en las academias judías de Babilonia y siendo texto oficial, fue
usado oficialmente para la enseñanza.
Se
trata de una traducción más bien literal del texto hebreo, con paráfrasis y
elementos que aluden brevemente a paráfrasis más amplias. Se retiene que tenga
relación con el Tárgum Palestino del
mismo Pentateuco. Los puntos de contacto son muchos y ofrecen un indicio del
origen palestino del Onkelos.
Su
nombre aparece justamente en el mismo Talmud de Babilonia, donde un tal R.
Jeremías dice “que el Tárgum de la Torá
(la Ley, el Pentateuco) lo compuso el prosélito Onkelos de la boca de R.
Eliécer y R. Joshua. El Tárgum de los Profetas lo compuso Jonatan Ben Uzziel de
la boca de Ageo, Zacarías y Malaquías”.[3] Ahora bien, se sabe que tanto Eliécer como
Joshua vivieron alrededor del 120 d.C., con lo que este Tárgum habría sido
compuesto al inicio del siglo segundo, si esta tradición fuese verdadera.
Una
dificultad surge en el hecho de considerar, que mientras el nombre de
Onkelos el prosélito aparece varias
veces en la Tosefta y en el Talmud
babilónico, en ningún lugar de estos se lo asocia a una traducción de la
Escritura, con excepción del texto mencionado. Un testo paralelo del Talmud
palestino, afirma que “Akylos el
prosélito tradujo la Torá delante de R. Eliécer y de R. Joshua, y éstos lo
alabaron” (Meg. 1,9,71c).
Todo
da a entender que se trata de Aquila, el prosélito, cuya versión griega de la
Biblia es bien conocida. Por lo tanto debe tratarse de la traducción griega, y
no del Tárgum arameo. Sin embargo, el nombre de Onkelos ha sido ya oficialmente
asignado a este Tárgum. b)
Tárgum Pseudo-Jonatan:
En el siglo XVI se encuentran en Italia dos copias de un Targum que
comenzaban con la misma expresión:
“en el
principio Dios creó”. Una de ellas parecía marcada por las iniciales
T.Y., razón por la que se interpretó
como Tárgum Yehonathan (el Tárgum de
Jonatan), a raíz de Jonatan ben Uzziel. Ahora se sabe que nada tenía que ver
con este personaje, por lo que el volumen pasó a llamarse del
Pseudo-Jonatan. Probablemente las
iniciales hacían referencia a Tárgum
Yerushalmi (Tárgum de Jerusalén o de Palestina). No obstante, según los
estudiosos no se trata de un Tárgum palestino verdadero y propio. Algunos
piensan que se trate del texto del Onkelos completado por el Tárgum Palestino.
Otros que se trate de un texto palestino influenciado tardíamente por el
Onkelos.
Se
trata de una traducción aramea del entero Pentateuco, a excepción de ciertos
versículos. En algunos pasajes reproduce el Onkelos, en otros su paráfrasis es
como la del Tárgum Palestino (el códice de los Neófitos). Su arameo, si bien es
palestino, no es el propio del Tárgum palestino. c)
Tárgum Fragmentario:
En
1517, el judío convertido Félix
Pratensis publicó un manuscrito que contenía parte del Tárgum Palestino. Como
se trataba de una segunda recensión de este Tárgum, se empezó a conocer con el
nombre de Tárgum Yerushalmi 2 (TJ 2).
Contiene partes del Tárgum relativas a secciones de los cinco libros del
Pentateuco.
Se
conocen actualmente otros manuscritos de la misma obra, con más o menos el
mismo texto, por lo cual se piensa que deben provenir de un mismo original. El
arameo se encuentra un poco corrompido, habiendo sido probablemente
influenciado por el arameo del Talmud babilónico.
d) Algo que vino a revolucionar el estudio del
Tárgum Palestino es el hallazgo de los manuscritos
de la Geniza del Cairo, publicados en 1930. Se los ha datado como de fines
del siglo VII o principios del VIII. Aún cuando existiese un pequeño error en
dicha datación, de todos modos tenemos aquí manuscritos anteriores en casi
siete siglos a los que se conocían hasta ese momento, que en su mayor parte
eran del siglo XVI.
Se trata también de un texto completo del Tárgum Palestino, sólo que por su importancia hemos decidido tratarlo aparte. Posee una historia muy particular, ya que se encontraba en la Biblioteca Vaticana elencado como Onkelos, aunque conservando el nombre propio de Neófitos I. Posteriores investigaciones han permitido saber que este nombre derivaba del hecho de ser el primero (número uno) de una serie de manuscritos donados a dicha biblioteca por el último rector de la Domus Neophytorum de Roma (una casa fundada en el siglo XVI, junto a la Domus Cathecumenorum, para acoger a los convertidos del judaísmo y nuevos discípulos, y que funcionó hasta el siglo XIX). El profesor Diez Macho comprobó posteriormente que el manuscrito no formaba parte del Onkelos, sino que era un auténtico texto del Tárgum Palestino.[4]
Según algunas
características geográficas que se encuentran en el Tárgum, este parece ser muy
antiguo, probablemente del segundo siglo de la era cristiana o anterior aún.
3. Tárgum de los Profetas
a)
Tárgum babilónico de los profetas:
Como hemos visto, el testimonio del Talmud babilónico acerca del “Tárgum
de los profetas”, lo atribuía a Jonatan Ben Uzziel, discípulo de Hillel
(alrededor del 50 d.C.)[5]. Hoy se acepta que
“Jonatan” es la forma
hebrea de Teodosión, así como Onkelos la de Aquila. La noticia hace pues
referencia a la famosa traducción griega de Teodosión, y no al Tárgum arameo.
Sin embargo, este Tárgum se conoce ya con este nombre.
Este
Tárgum ha tenido origen, en su forma actual, en las escuelas judías de
Babilonia, más probablemente la obra original procedía de Palestina. La
redacción babilónica parece ser de entre los siglos III y V de nuestra era. En
el siglo IV era ya citado como autoridad por el Talmud.[6] b)
Tárgum Palestino de los profetas:
Se puede suponer legítimamente, que mientras las
academias babilónicas usaban y publicaban el Tárgum que ahora lleva el nombre
de Jonatan, en Palestina se continuaba a usar un Tárgum compuesto en arameo
palestino, necesario para la traducción de los pasajes de los profetas en la
sinagoga. De este Tárgum probablemente procede la traducción de Jonatan. No
obstante, no poseemos un texto completo de dicho supuesto Tárgum. Solamente se
tienen pequeños fragmentos, y citaciones del mismo en las obras de algunos
judíos medievales. Estos mismos manuscritos fragmentarios poseen ciertos
“agregados” (tosefta), que recuerdan
las citaciones de dichos autores medievales. Estos agregados llevan en algún
caso el título de “tosefta de la tierra
de Israel”, lo cual permitió a algunos estudiosos concluir que existía en
algún momento un Tárgum palestino completo de los profetas, distinto al de
Jonatan.
II.
INFLUENCIA DEL TÁRGUM SOBRE EL NUEVO
TESTAMENTO 1. Modo reverencial de hablar sobre Dios
La actitud de
respeto al hablar de Dios, ya notable en los últimos escritos del Antiguo Testamento, se evidencia mucho más en las
paráfrasis arameas. Además, cuando se trata de la relación de Dios con el mundo
exterior los targumistas evitan de poner a Dios como
sujeto directo u objeto de una acción, como por ejemplo al afirmar:
“Fue manifiesto delante del Señor que la
luz era buena”, en lugar de la clásica expresión:
“Vio Dios que la luz era buena”.
También a la misma
mentalidad puede responder la citación del salmo 39 (40), que se encuentra en
Hebreos 10,6. En efecto, en dicha epístola la citación dice:
“Holocaustos y sacrificios por el pecado no
te han complacido”. Los LXX reportan:
“Holocaustos
y sacrificios por el pecado Tú no has pedido”. El texto Masorético hebreo:
“Sacrificios y ofertas tú no has deseado” (usando
la raíz hps). El verbo debería traducirse como
“complacerse en...”. Ahora bien, justamente en el Tárgum,
especialmente en el versículo 9 del Salmo 39, esta raíz hebrea se traduce como
re‛e:
“complacerse en”,
“deleitarse en”,
“encontrar agrado en”. Pareciera
que en este caso –como sucederá en muchos otros-, el Nuevo Testamento hubiese
recurrido al Tárgum y no a la forma griega de la LXX o a la hebrea del Nuevo
Testamento.
2.
La creación y la “Memra” del Señor
Como tema particular
de la creación, rescatamos por su importancia este de la
‘Memra’ (palabra) del Señor y su relación con el
Logos (Verbo, Palabra) del evangelista
Juan. Es aceptado generalmente por muchos estudiosos que la
Memra del Señor es una respetuosa
circunlocución que reemplaza “el Señor”, en definitiva otro modo de expresar la
misma realidad y de ninguna manera una hipóstasis (como es hipóstasis el
Logos joaneo).
La expresión aparece
sólo en el Tárgum. Además, en el manuscrito de los Neófitos aparece como una
glosa marginal, muy frecuente, en los lugares que en el texto aparece sólo
“el
Señor”. De allí algunos dedujeron que la expresión podía inserirse u omitirse
casi arbitrariamente. No es esa sin embargo la opinión de Mc Namara, quien
postula que ha habido una evolución del uso de dicha paráfrasis en el curso de
la historia y que el códice Neófitos reporta habitualmente esta palabra.[7]
En general muchos
rechazan la Memra del Tárgum como
fundamento o elemento que haya contribuido a la doctrina joanea sobre el Logos.
Aún cuando Memra no fuese más que un
modo diverso de decir “Dios”
o “el Señor”,
no implica que Juan no pueda haber
sido influenciado por el uso targúmico del término para designar el
Logos. Es evidente que la doctrina
acerca de la naturaleza del Logos es en Juan netamente neotestamentaria. El
problema consiste en saber de donde ha tomado los términos para
expresarla.
Un dato interesante
lo encontramos en el Tárgum a propósito de un cierto relato de la creación del
mundo, que curiosamente –contrariamente a lo que se podía esperar- no se
encuentra al inicio del Génesis, sino en Éxodo 12,42, en un canto
en honor de las cuatro noches. La
“primera de esas cuatro noches” (la de la Creación), se encuentra descrita en
los Neófitos: «Y la Palabra (Memra) del
Señor era la luz, y resplandecía; y El la llamó primera noche» (hemos
trascripto sólo la parte más significativa).[8]
Esto es exactamente
lo que Juan dice del Logos en el Prólogo:
“En
el Principio era la Palabra..., y la Palabra era Dios. En El estaba la vida y
la vida era la luz de los hombres, y la Luz resplandece en las tinieblas” (Jn
1, 1-5).
El autor remite a
otra obra suya, donde habla de la estrecha relación entre la literatura judaica
y la joanea[9], por esto considera legítimo que Juan refleje
la influencia del Tárgum en la formulación de su doctrina acerca del Logos. A.
Diez Macho piensa que esto valga para todo el Prólogo. En efecto, Juan utiliza
los conceptos judaicos de MEMRA,
SHEKINAH, YEQARA (palabra, presencia o morada, gloria) para expresar la
Encarnación y el Misterio de Cristo.[10]
3.
Referencias con relación a algunos misterios de
Cristo A veces se presentan ciertas dudas, en los estudios targúmicos, acerca si ciertas expresiones se deben a un trasfondo arameo, o bien es la expresión del pensamiento teológico del evangelista o de la tradición teológica de la que depende.
Así por ejemplo en el caso de la
palabra griega hypsothenai
“ser exaltado” de Juan 12,32-34, que aparentemente refleja la palabra aramea
’istallaq, que literalmente significa
“ser exaltado”, pero también
“padecer” y
“morir”. La palabra aramea es más
apropiada ciertamente que la palabra griega, desde el momento que contiene una
referencia directa a la muerte. Pero en Juan hay que tener también en cuenta el
problema de la teología joanea, por lo cual es probable que el uso de
hypsothenai se deba no a un fondo
arameo, sino a la intención del autor de presentar la muerte de Cristo como
glorificación o exaltación, o como una parte de ella al menos.
Otro aporte de importancia respecto
a los títulos de Nuestro Señor ha sido investigado por R. Le Déaut, quien ha
mostrado como en el Tárgum de Gen 14,18, a Melquisedec se lo designaba
“Sumo Sacerdote” (como en el canon de la
Misa)[11], mientras que el texto
bíblico lo llamaba simplemente
“sacerdote del Dios Altísimo”.
Respecto a la
predicación de Cristo, una relación importante la encontramos en el
Tárgum del Pseudo-Jonatan, donde en su paráfrasis de Lv 22,28 reporta: “¡Pueblo mío, hijos de Israel!, como es
misericordioso nuestro Padre en el cielo, así debéis ser misericordiosos sobre
la tierra”. Esto es prácticamente el texto de Lc 6,36 o su paralelo de Mt
5,48 (en pleno sermón de la Montaña). Según se conoce, pareciese que este
pasaje se encontraba en todos los textos del Tárgum Palestino.
Hemos presentado sólo algunos pocos
casos, sin entrar en consideraciones técnicas, propios de los estudiosos del
tema, y que nos supera totalmente. Solamente queremos concluir, con Mc Namara,
diciendo que “la evidencia
parece indicar que en el Tárgum Palestino del Pentateuco poseemos una paráfrasis
muy antigua que aún no ha entregado todos sus secretos. Es un rico material
hacia el cual los estudiosos del Nuevo Testamento pueden dirigirse con gran
provecho”[12].
[1] Cfr. Mc Namara Martín,
I Targum
ed il Nuovo Testamento, Bologna 1978; p.189. Desde ahora la utilizaremos como nuestra obra de
referencia.
[2] Cfr. la opinión de J. Fitzmyer, citado
por Mc Namara, op. cit., p. 191.
[3] Cfr.
Meg.
3 a del Talmud babilónico, citado por Mc Namara,
op.cit. 201.
[4] Sobre esta información, siempre cfr. Mc
Namara, op.cit., 215-217. [5] Cfr. nota n° 3.
[6] Cfr.
San.
94b, citado por Mc Namara, 224.
[7] Cfr. Mc Namara,
op. cit., 121-22.
[8] Así, Mc Namara, 123.
[9] Se trata de Mc Namara,
The New Testament and the Palestinian
Tárgum, citada con referencia incompleta por el autor en la obra que
estamos analizando, nota 10, p. 124. Nuestro autor también piensa que Juan
refleje mucho más la influencia de la literatura judía que la de Qumrán,
especialmente en los textos que hablan de Luz
y tinieblas.
[10] Cf. A. Diez Macho,
El Logos y el Espíritu Santo, en Atlántida 1 (1963), pp. 389s.
[11] Cf. R. Le Déaut, en
Recherches de science religieuse 50, (1962), 222-229. [12] Cf. Mc Namara, op.cit., 197.
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