Foro de Exégesis y Teología Bíblica del Instituto del Verbo Encarnado

Doménico Marafiote, S.J. - Sant’Agostino e la Nuova Alleanza.

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Doménico Marafiote, S.J.

Sant’Agostino e la Nuova Alleanza.

L’interpretazione agostiniana di Geremia 31, 31-34 nell’ambito dell’esegesi patristica

Por P. Lic. Gustavo Javier Nieto, I.V.E

e-mail: gustavonieto@ive.org

 

            El Concilio Vaticano II ha manifestado que la Iglesia “en orden a poseer una inteligencia siempre más profunda de la Sagrada Escritura (...) favorece el estudio de los Santos Padres tanto de Oriente como de Occidente”[1]. La exégesis de los Padres, no puede por tanto ser considerada como meramente decorativa o de un simple valor histórico en la interpretación de la Biblia en la Iglesia, sino que debe ser tenida como un elemento indispensable para la comprensión “siempre más profunda” (profundiorem in dies ) del texto sagrado. Los Padres, en efecto “son en primer lugar y esencialmente los comentadores de la Sagrada Escritura” y sus conclusiones “deben considerarse de un valor permanente y por tanto también valido para la Iglesia de hoy”. De hecho “la teología ha nacido de la actividad exegética de los Padres”[2].

            Es por eso que es un gusto presentar esa investigación realizada por el P. Domenico Marafioti, laureado en letras Clásicas por la Universidad de Nápoles, licenciado en teología patrística por la Universidad Gregoriana de Roma y doctorado en teología por la Pontificia Facultad Teológica de la Italia Meridional, donde actualmente enseña teología dogmática. Experto en el campo patrístico, particularmente agustiniano. El propósito de esta obra es presentar y hacer accesible a todos el patrimonio de la exégesis patrística - presentando en manera detallada el pensamiento de San Agustín - sobre un texto de gran importancia para la comprensión de la historia de la salvación, que ha adquirido un relieve fundamental desde cuando en la noche de la última cena Jesús selló su sacrificio como el sacrificio de la “nueva alianza” en su sangre.        

En la introducción y en el primer capítulo el A. trata el status quaestionis de la perícopa de Jeremías en la exégesis actual, dando particular importancia a los puntos fundamentales realzados por los estudiosos contemporárenos en los pocos versículos del oráculo jereminiano. A continuación el A. presenta la prehistoria de la exégesis agustiniana de Jer 31, 31-34, recorriendo el reflexionar exegético a través de los Padres que precedieron a San Agustín. Viene así presentada la interpretación de los Padres griegos (Carta de Bernabé, Justino, Ireneo, Clemente de Alejandría, Hipólito, Orígenes, Eusebio de Cesarea, Atanasio, Gregorio de Nacianzo, Gregorio de Nisa, Juan Crisóstomo) (cap. II) y de los Padres latinos (Tertuliano, Cipriano, Latancio, el Ambrosiaster, Ambrosio, Ottato de Milevio, Cromacio de Aquileya, Jerónimo) (cap. III). El sondeo es somero pero cuidadosamente realizado, de manera que presenta el núcleo del pensamiento de cada Padre sobre el testamentum.

            Con esta base de rico contenido doctrinal e histórico, el A. entra entonces en el pensamiento de San Agustín. Analiza en primer lugar el texto usado por el santo, su interés, las dificultades de las versiones y la opción agustiniana fijando el texto sobre el cual el santo obispo desarrolla su pensamiento (cap. IV).

            A continuación sigue un detallado estudio de las obras de San Agustín, constatando magistralmente la evolución del pensamiento agustiniano en la reflexión exegética y teológica de Jer 31, 31-34. El A. realza que en la interpretación agustiniana de Jer 31, 31, se pueden reconocer varios períodos: en un primer momento, al inicio, Agustín se detiene particularmente en los vv. 31-32 y pone en evidencia la infidelidad de Israel y la promesa de un testamento nuevo con el cambio y el abandono de los antiguos ritos judíos. Sucesivamente a partir del De spiritu et littera es llamada su atención sobre el v. 33 que habla de la “ley escrita en el corazón” y sobre esta vía, se acentúa la dimensión interior de la nueva disposición salvífica y de la gracia que otorga al hombre. Posteriormente, en referencia al v. 34, Agustín habla de la vida eterna como situación en la que se realiza en plenitud la profecía de Jeremías, ya que es la salvación eterna la que constituye la recompensa perfecta para aquellos que participan a la heredad del testamento nuevo. Un último aspecto implica la condición no hereditaria del pecado (cf. p. 91). Son así detenidamente analizadas las contribuciones del Contra Faustum, De peccatorum meritis et remissione, Tractatus adversus Iudaeos, De Spiritu et Littera, Enarratio in Psalmun, De gestis Pelagii, Quaestiones in Heptateuchum, De civitate Dei, Contra Iulianum, numerosas cartas y sermones.

            No satisfecho aún, el A. hace en el cap. VI una visión unitaria de todo lo constatado. Condensa así el pensamiento del santo en cuatro puntos fundamentales (que corresponden a las cuatro etapas señaladas sobre la evolución del pensamiento agustiniano) en su interpretación de Jer 31, 31-34. El novum testamentum es presentado :

 

1. como mutatio sacramentorum ;

2. como gracia ;

3. como vida eterna ;

4. como no - heredad sobre el pecado

 

            Centra así el estudio sobre la concepción agustiniana de novedad expresada en exclusividad por Jeremías en todo el Antiguo Testamento. Novedad que según San Agustín - en continuidad con la patrística anterior - encuentra su cumplimiento en Jesucristo, en el sentido que Él le da origen y la hace ejecutiva, ya que es Él el “testador” que transmite a todos los hombres los bienes nuevos en él realizados (Cf. Contra Faustum 18, 4, p. 146). Así, en la redención en Jesucristo es concretado el contenido exacto de lo que ha sido anunciado por el profeta; sin Jesucristo estas palabras permanecerían incomprensibles. Cristo es quien está al centro de ambos testamentos y por tanto realiza el pasaje de los ritos antiguos a los sacramentos nuevos; él es el origen del don del Espíritu que escribe la ley en el corazón; es el dador de la gracia que deriva de su muerte y resurrección, es quien asegura la plena posesión del reino de los cielos y el ingreso en la Jerusalén celeste constituyendo a los hombres en sus coherederos.

            Los dos capítulos subsiguientes son muy interesantes, ya que están dirigidos a la concepción agustiniana de la interpretación de la Sagrada Escritura. Es así presentado el núcleo y la sustancia del De Doctrina cristiana (cap. VII). San Agustín, fiel discípulo de San Ambrosio, encuadra su exégesis bajo la línea de la escuela Alejandrina. En efecto, con la lectura alegórico-espiritual había visto caer una a una las dificultades que lo habían alejado de la Escritura y de la fe. Él había experimentado el peligro de acercarse a la Escritura sin los principios adecuados ; el literalismo material de su época juvenil y el racionalismo arbitrario del período maniqueo le habían impedido el acceso a la comprensión del texto bíblico. Con la experiencia de este itinerario -que él describe en las Confessiones- escribe el De Doctrina Christiana, para indicar a los jóvenes -particularmente a los que se preparan para el sacerdocio -el camino justo para leer la Sagrada Escritura (cf. p. 259). Así, los principios enunciados por San Agustín -y aquí presentados por el A.- serán de fundamental importancia para la interpretación de la Escritura en la Iglesia en todo tiempo y lugar.

            No menos interesante es el capítulo siguiente, ya que presenta la concepción agustiniana sobre la hermenéutica del texto y la importancia de llegar a alcanzar el sentido del autor : “Agustín observa que cada lector desea conocer lo que el autor ha querido decir y se propone comprender la idea por él expresada. A veces, sin embargo, sucede de engañarse y entrometerse en su pensamiento (...) En este caso Agustín sugiere de regularse del siguiente modo: si uno no puede entender el sentido del autor, y sin embargo lo que afirma es coherente con la fe y con la ley de la caridad, su error es en cierta manera soportable, porque alcanza igualmente el contenido de la Escritura que expone el doble mandamiento del amor. Es como si uno ha alcanzado la misma meta, dejando la entrada maestra y caminando a través de los senderos. Pero si es claro que el autor ha entendido otra cosa, el lector que interpreta  mal debe ser advertido y corregido. No se debe tomar la costumbre de alejarse del texto, porque antes o después se terminará por caer en errores serios y así desacreditar la misma Escritura, comprometiendo su autoridad y su credibilidad, con daños irreparables para comunidad cristiana (...) es necesario por tanto leer fielmente la Escritura y atender a lo que el autor sagrado ha dicho. Sin embargo, conocer y adherir a la intención del autor, quiere decir conocer el trabajo exegético, porque quien lee la Escritura a través del pensamiento del autor, quiere conocer el pensamiento y la intención de Dios que habla por medio del hagiógrafo” (pp. 289-290). Son así presentados los textos agustinianos que desarrollan este pensamiento fundamental, particularmente las Confessiones, pero también De Genesi ad litteram, De Civitate Dei y De Doctrina Christiana. El A. prueba así, como  -según San Agustín- toda legítima interpretación de la Escritura, debe basarse en dos principios claves : la unidad de la Escritura, y la centralidad del misterio de Cristo (cf. p. 304). Bajo esta órbita, el A. comprueba y justifica toda la interpretación agustiniana de Jer 31, 31-34 y la coherencia de esta con el método expresado.

            El estudio es por tanto muy completo[3] y acabado. Es de elogiar también que toda la temática está tratada de manera científica. Abundan las citaciones de los testigos que avalan lo expresado en la narración. Prueba de esto son las precisas y abundantes citas de la obra de San Agustín (cf. pp. 377-382) y la amplia bibliografía consultada (cf. pp. 339-366) y permanentemente confrontada.

            Por tanto es un libro ampliamente recomendable. Dos puntos sin embargo son objetables: la interpretación personal que el A. sugiere sobre el silencio de la nueva alianza en el Antiguo Testamento y la propuesta sobre un cambio de terminología en el concepto de berît. Dos sugerencias demasiado innovadoras como para ser presentadas tan rápidamente.

            Por todo lo dicho, particularmente en nuestro caso, debido al tema elegido, creemos  que estudios de este tipo gozan de un gran valor para los cristianos de todos los tiempos, ya que la comunidad cristiana sólo encuentra vida en la tradición de plata que la une indisolublemente con el núcleo apostólico e histórico; en este contexto los Padres no pueden ser nunca descuidados, ya que son plasmadas en la práctica y en la vida de la Iglesia que cree y que reza (Dei Verbum, 8).

            Este estudio es también muy actual. El mismo señala muy bien cómo este famoso oráculo de Jeremías que ha tenido siempre un lugar preponderante en la teología cristiana, ha adquirido particularmente importancia en los últimos tiempos: el Concilio Vaticano II, en su esfuerzo por considerar la naturaleza de la Iglesia, cita por entero Jer 31, 31-34 en las primeras páginas de su “Carta Magna”, definiendo a la Iglesia justamente como el “nuevo Pueblo de Dios” y “nuevo Israel” (cf. Lumen Gentium, 9); con la reforma litúrgica el tema ha tornado muy frecuente en las celebraciones de la Iglesia y es un tema de relevante importancia en el texto del reciente Catecismo de la Iglesia Católica (cf. pp. 21-28).

            Por tanto, por todo lo expresado, por la temática tratada y por la seriedad con que es afrontada, debemos recomendar con entusiasmo la lectura de este libro, ya que nos proporciona la concepción de la tradición viva de la Iglesia sobre un tema de capital importancia que atañe a la vida cristiana, “pueblo de la nueva alianza”. Y a su vez alentar a que se realicen trabajos similares, que presenten a la Iglesia de hoy la riqueza del ayer que la sostiene y fundamenta. Son los Padres quienes han logrado combinar sabiamente la letra y el espíritu interpretando fielmente los textos sagrados y manifestando su valor vivo al hoy creyente de la Iglesia, representando así su propio futuro, el futuro del Señor que viene.

 

R.P Lic.Gustavo Javier Nieto, V.E


[1] DV 23.

[2] Istruzione sullo studio dei Padri della Chiesa nella formazione sacerdotale, 26-27.

[3] El libro posee también un interesante excursus sobre la datación del Tractatus adversus Iudaeos (cf. pp. 182-190).

· F.I.V.E.T.:Fecundación in vitro con transferencia de embrión.

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