Foro de Exégesis y Teología Bíblica del Instituto del Verbo Encarnado

La historia de Israel. - John Bright

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John Bright

La historia de Israel

Edición revisada y aumentada con introducción y apéndice de William Brown. Ed. Desclée de Brouwer, Bilbao 2003, 650 pág.

R.P. Lic. Ricardo Clarey, V.E.

ricardoclarey@ive.org

 

1. Autor y obra

Esta obra, traducida del original A History of Israel. Fourth Edition. With an introduction and appendix by William P. Brown (Louisville 2000), por Marciano Villanueva y Víctor Morla, fue escrita teniendo como marco insustituible la convicción de que “una historia de Israel que no sea de algún modo, al mismo tiempo, una historia de su fe no es ni significativa ni posible.” (p. 13). Se trata de un texto guía en los principales centros teológicos y seminarios de Estados Unidos, al menos hasta bien entrada la década de los ’80.

La visión de la historia bíblica del A. quedó profundamente marcada por el famoso arqueólogo e historiador William Albright (iniciador de una peculiar visión de la investigación arqueológica y bíblica a la que se conoce como “Escuela de Baltimore”), a quien conoce a partir de 1932 y al cual acompañó en varias ocasiones en expediciones arqueológicas en Palestina. Con la publicación de su primer obra importante, Early History in Recent History Writing (1956), Bright critica con fuerza la exposición histórica de Martin Noth y con él la estrechez de miras de la crítica histórico-tradicional, pero evitando caer en el literalismo de Y. Kaufmann, a quien critica con más benevolencia y simpatía que a Noth. Estas situaciones, lejos de ser simples detalles anecdóticos, constituyen una síntesis de lo que será la labor historiográfica e interpretativa de Bright, manifiesta en esta obra (pp. 16-20).

 

2. Presentación del libro

Este libro consta de una Introducción, a cargo de Brown, seguido de otras introducciones menores (prólogo a la tercera edición original, introducción general, etc.), el prólogo de la primera edición, y la sucesiva distribución de las secciones. Estas se articulan del siguiente modo:

1. La primera parte está dedicada al análisis de los “antecedentes y comienzos”, abarcando la Edad de los Patriarcas. Estudia separadamente la situación del Oriente antiguo entre el 2000 a.C. y el 1550 a.C., y los Patriarcas.

Nos encontramos ante una exposición pormenorizada del material histórico de este período, sobre todo las tradiciones, y el encuadre   social   y   cultural  de   los antepasados de los hebreos, especialmente en referencia a los desplazamientos patriarcales y el modo de vida en el escenario del segundo milenio.

2. La segunda parte, titulada “El período formativo”, estudia el período del Éxodo, la conquista y la constitución de la etapa tribal de los Jueces. Aquí es de destacar el cuidado de Bright en no caer en el desprecio de la literatura bíblica como fuente de información histórica, como repite en muchos lugares. “Aunque en las narraciones egipcias no hay testimonios directos acerca de la presencia de Israel en Egipto, la tradición bíblica exige crédito a priori; no es la clase de tradición que un pueblo se inventaría. Aquí no se trata del relato heroico de una migración, sino del recuerdo de una ignominiosa servidumbre de la que sólo pudo librarles el poder de Dios.” (p. 171) “El testimonio que la Biblia nos da es tan impresionante que poca duda queda de que haya ocurrido efectivamente una liberación tan notable.” (p. 173) Más aún, está atento a destacar los elementos de la narración que permitan una razonable referencia a datos extrabíblicos. A modo de ejemplo indicamos el siguiente: “Se nos dice que los hebreos fueron obligados a trabajar en la construcción de Pitom y Ramsés (Ex 1,11). La primera ciudad se halla en Tell er-Rettabeh, al oeate del lago Timsá, en el noroeste de Egipto; la segunda no es otra que la antigua capital de los hicsos, Avaris, reconstruida y elevada de nuevo a capital por Setis y Ramsés II y denominada por este último la « casa de Ramsés ». Parece cierto que Ex 1,11 se refiere a esta ciudad. Es interesante observar que la capital se llamó de ordinario « casa de Ramsés » sólo hasta el siglo XI y que, a partir de entones, el nombre cayó en desuso, siendo reemplazado por el más común de Tanis. En el reinado de Horemheb (ca. 1336-1306) se celebró el cuatrocientos aniversario de la fundación de la ciudad…” (p. 172).

De todos modos, en referencia a la modalidad de la conquista y posesión de la tierra de Israel, el A. se inclina, aun simpatizando con el modelo de la conquista expuesto por Albright, por una postura sumamente influenciada por la teoría de la así llamada “revolución social”, propiciada principalmente por Norman Gottwald, si bien moderada en Bright con aportes de conquistas esporádicas y sumamente puntuales (p.e. en la zona entre el Arnón y el Yaboc, y Basán, en la Transjordania: p. 196-197). Se remite explícitamente para la reconstrucción que propone, a G. Mendenhall, “The Hebrew Conquest of Palestine”, BA XXV [1962] 66-87: cf. p. 191.197.

3. En la tercera parte se ve el período de la monarquía, “la época de la autodeterminación nacional”. La enorme cantidad de material histórico del que se dispone, en comparación con los períodos precedentes, lo obliga a dividir la exposición en una primera sección, en la que se observa el nacimiento y desarrollo de la monarquía desde la confederación tribal hasta el Estado dinástico, y una segunda sección, referida a la situación de los reinos independientes de Israel y Judá, desde la muerte de Salomón hasta mediados del siglo VIII a.C.

4. La cuarta parte es una continuación temática muy estrecha de la anterior, pero con la óptica de la crisis y derrumbe de la monarquía. Primero con los sucesos vinculados a la conquista asiria, que afectan desigualmente a Israel y a Judá, y luego con la situación del reino de Judá en su última independencia y su definitiva caída ante el imperio babilónico.

5. La tragedia de la destrucción de Jerusalén y el exilio babilónico es considerada en la quinta parte, a la que se le agrega el análisis del período postexílico, con la restauración de la comunidad judía en Palestina y las reformas de Nehemías y Esdras, que terminan de configurar la reorganización del s. V a.C.

6. La sexta parte es la conclusión natural de la sección anterior, ya que se expone aquí lo concerniente a la estructuración y surgimiento del judaísmo. Se pasa revista a los acontecimientos que van desde la reforma de Esdras hasta el estallido de la revolución macabea, y la naturaleza, desarrollo y elementos teológicos salientes del primitivo judaísmo.

Cierran la exposición sistemática de estos capítulos dos secciones. La primera es un epílogo titulado “Hacia la plenitud de los tiempos”, en el que el A. se plantea la vívida cuestión del fin y cumplimiento de la historia de Israel, ya que de hecho la comunidad de Israel continuó y continúa hasta el presente. ¿Por qué acabar con los acontecimientos posteriores a la revuelta macabea? A la respuesta teológica que proporciona la visión cristiana, es decir, la ordenación de la vida e instituciones de Israel a la venida del Mesías, Jesucristo, se adjunta la constatación histórica: la evolución de la historia de Israel cristalizó en el judaísmo, y “no debe olvidarse que en el judaísmo se continúa la historia de Israel hasta el día de hoy, y continuará, estamos seguros, mientras dure el mundo y haya en él hombres que reconozcan la llamada del Dios de Israel.” (p. 588)

La segunda sección conclusiva es un apéndice escrito por W. Brown: “Una actualización de la investigación sobre la historia de Israel”. Allí se busca exponer someramente los cambios más significativos en estos campos. Brown pretende, sin mayor apoyo argumental, que “no puede ya defenderse la integración de la cultura material de Palestina y del testimonio bíblico respecto al pasado de Israel (pretensión tradicional de la arqueología bíblica).” (p. 597) En realidad, “la cuestión es que la arqueología de Palestina ha adquirido un estatus autónomo como disciplina.” (p. 598) A pesar de la fuerza de ciertas expresiones, no es esta una cuestión zanjada: “Dadas sus tendencias selectivas y teológicas, el texto bíblico no puede ser considerado un relato objetivo del pasado de Israel. Discutido de forma acalorada por escépticos y defensores en los últimos años, el alcance preciso de la información útil que la Biblia puede proporcionar al historiador sigue siendo una cuestión abierta.” (p. 599) Las principales diferencias desde el punto de vista histórico-arqueológico con las hipótesis que se manejan actualmente están en la importancia que Bright otorgaba a la información brindada por las tablillas de Elba (con la consiguiente datación y reconstrucción del período patriarcal), y en la admisión de una sustancial validez al modelo de la conquista (en una relativa fusión con el modelo de la “revolución social” de Gottwald) para explicar la aparición de Israel como entidad étnico-social diversa de los cananeos (en contra de la síntesis del modelo de la infiltración pacífica y del modelo indígena o autóctono que predomina actualmente, y a la que Brown parece adherir).

 

3. Juicio de valor

Con las limitaciones del caso, que vienen particularmente de la necesidad de un mayor análisis de los descubrimientos y avances arqueológicos a partir de la década del ’80, la presentación de la historia de Israel propuesta por Bright en esta obra conserva su utilidad y validez sustancial. Sigue siendo un valor indiscutido, tal vez lo más valioso, en esta exposición histórica la preocupación por abordar como historiador el tema de la fe de Israel. Que en definitiva es, incluso históricamente, lo que determina la llamativa singularidad de ese pueblo y la razón última de su importancia en medio de culturas y etnias tan semejantes en su entorno. El mismo Brown indica en la Introducción como principal razón de su éxito “la facilidad con la que Bright combinó Biblia, arqueología e historia del Oriente Próximo”, unido al hecho de que “tomó en serio la formación de la teología de Israel, pues consideró su fe como un factor determinante en la configuración de su identidad en la historia” (p. 13).

La falta de un status epistemológico seguro de trabajo científico en arqueología e historia (que sólo puede venir de una fundamentación metafísica y antropológica a partir del ser) y la carencia de unidad de las distintas disciplinas ha llevado a terribles crisis y debates interminables en estos campos. A estas crisis ayuda poderosamente el a priori fundamentalista de desconfiar de los textos y narrativas bíblicas. Es de utilidad la presentación del “status questionis” que hace Z. Zevit, quien reduce a tres grandes controversias contemporáneas el sinnúmero de discusiones: cf. “Three Debates about Bible and Archaeology”, Biblica 83 (2002) 1-27

 Junto a su valiosa orientación teológica, esta obra de Bright tiene el mérito de una cuidadosa metodología, visible en la organización de cada una de las secciones del libro. En ellas, junto a la presentación de las tradiciones o del material presente en el texto bíblico, el A. ubica la documentación (preferentemente arqueológica) que arroja luz o bien que presenta dificultades peculiares sobre la etapa en cuestión, logrando en ocasiones una admirable síntesis.

En resumen, un libro de provecho para la profundización de la historia de Israel a la luz de su peculiar experiencia religiosa.

 

R.P. Lic.  Ricardo Clarey, I.V.E.

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