Foro de Exégesis y Teología Bíblica del Instituto del Verbo Encarnado

L'Interpretazione della Bibbia nella Chiesa . - P. Antonio Izquierdo, L.C.

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Congregazione per la Dottrina della Fede

L’Interpretazione della Bibbia nella Chiesa

Atti del Simposio promosso dalla Congregazione per la Dottrina della Fede, Roma, settembre 1999

Libreria Editrice Vaticana, Città del Vaticano 2001, 341pp.

Por P. Antonio Izquierdo, L. C.

e-mail: aizquierdo@legionaries.org

 

          Después de seis años de la publicación del documento La interpretación de la Biblia en la Iglesia, emanado con ocasión del centenario de la encíclica Providentissimus Deus del Papa León XIII y del cincuentenario de la encíclica Divino afflante Spiritu del Papa Pío XII, la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe tuvo la feliz idea y tomó la iniciativa de llevar a cabo un simposio sobre dicho documento, convocando a un nutrido grupo internacional de expertos en la materia, provenientes de once países  (la lista de los participantes, 43 en total,  se encuentra al final del volumen, pp. 335-336), muchos de ellos miembros de la Pontificia Comisión Bíblica, cuyo presidente es por derecho el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

 

Para llevar adelante tan laudable  iniciativa, fue constituido un Steering Committee formado por dos profesores del Pontificio Instituto Bíblico (Jean Noël Aletti y Horacio Simian-Yofre), uno del Instituto Patrístico Agustiniano (Prosper Grech) y uno más de la Pontificia Universidad Lateranense (Marc Ouellet). Ellos fueron los responsables inmediatos de la organización del simposio y los encargados de la publicación de las Actas del mismo. Ellos también redactaron una introducción a las Actas en la que se sintetizan los puntos sobresalientes de las relaciones, se indican las convergencias  existentes, y se señalan finalmente las cuestiones todavía abiertas, en espera de futuros desarrollos de la investigación (cf pp. 9-23 en italiano; 25-40 en  inglés). La introducción está precedida de una presentación firmada por el Card. Joseph Ratizinger y por Mons. Tarcisio Bertone, Prefecto y Secretario respectivamente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en la que se presenta la ocasión y el motivo del simposio y se agradece a los participantes, relatores y organizadores “su contribución de competencia y experiencia” (p. 6).

 

Las Actas recogen las Relaciones tenidas en el simposio: doce en total, y las Reacciones escritas a solamente seis de ellas. El conjunto de las Relaciones se pueden agrupar en cuatro series. La primera aborda el tema de la inspiración, con cuatro intervenciones: una del Prof. Gianantonio Borgonovo (Facoltà Teologica dell’Italia Settentrionale, Milano) sobre la inspiración bíblica después de las aportaciones de la historia de las formas y de la historia de la redacción; la segunda, del Prof. Helmut Gabel (Rimpart-Maidbronn, Deutchland) sobre el estado actual de la investigación respecto a la inspiración y a la verdad de la Escritura. La tercera intervención fue del Profesor del Pontificio Instituto Bíblico, Horacio Simian-Yofre, quien disertó sobre sobre la inspiración y la asimilación de las culturas extranjeras en la Sagrada Escritura. Y, finalmente, en cuarto lugar, tomó la palabra el Profesor de la Facultad Teológica de Italia Meridional, con sede en Nápoles, para exponer su reflexión sobre la Palabra de Dios en la Sagrada Escritura y en los libros sagrdos de otras religiones. Sólo a la Relación del Prof. Gabel hubo una Reacción escrita del Prof. Kern R. Trembath, de la universidad norteamericana de Notre Dame.

 

          La segunda y la tercera serie merecieron dos Relaciones cada una. La segunda serie toca el tema del canon bíblico. El primero en tomar la palabra fue el Prof. James A. Sanders, (Ancient Biblical Manuscript Center, Claremont, U.S.A.) y desarrolló su concepción canónica de la Sagrada Escritura  en la Iglesia; una Reacción a la intervención del Prof. Sander provino del profesor de la Universidad de Osnabrück (Alemania),  Christoph Dohmen. A la conferencia del Prof. Sanders siguió la del Prof. Max Seckler, de la Universidad de Tubinga (Alemania), quien expuso la problemática del canon bíblico y el redescubrimiento de su necesidad. También la exposición del Prof. Seckler recibió una réplica escrita del Prof. Adrian Schenker, de la universidad suiza de Friburgo. Los dos relatores de la tercera serie, dedicada a la interpretación bíblica, fueron los Profesores Edmund Arens (Hochschule Luzern, CH), y el ya mencionado como pertenenciente al grupo organizador, Prosper Grech. El primero sometió a un análisishistórico y teológico la intentio textus y la intentio auctoris, mientras que el segundo presentó la Regula fidei como principio hermenéutico del pasado y del presente. Sobre el tema de la Regula fidei reaccionó por escrito el Prof. Savas Agourides, profesor ortodoxo de Atena (Grecia).

 

          En la cuarta y última serie, que aborda temas de teología bíblica, intervinieron cuatro relatores  y hubo dos reacciones escritas. A la Relación de Thomas Söding, profesor alemán de la Bergische Universität - Gesamthochschule Wuppertal,  sobre los criterios en el Nuevo Testamento para una Teología del Antiguo Testamento respondió Paul Beauchamp, den Centre Sèvres de París (Francia). Por su parte el Prof. Albert Vanhoye, del Pontificio Instituto Bíblico y secretario de la Pontificia Comisión Bíblica, presentó una reacción escrita a la Relación del profesor de la Theologische Hochschule St. Georg, Frankfurt (Alemania), Norbert Lohfink, quien tituló su Relación: “Una o dos Alianzas en la Sagrada Escritura.  Las dos últimas Relaciones fueron del Prof. Giuseppe Segalla (Facultad Teológica de Italia Septentrional, Padua) y del Prof. Joseph A. Fitzmyer, de la Georgetown University de Washington (U.S.A.). El primero analizó el problema de la unicidad del kerigma/evangelio, mientras que el segundo debatió, medinte algunos ejemplos, el tema de la unidad y diversidad de conceptos en el Nuevo Testamento.
 

En esta simple presentación de las Relaciones y Reacciones, quisiera resaltar en primer lugar el hecho de que se haya subrayado tanto el tema de la inspiración, teniendo en cuenta por una parte que el documento de la Pontificia Comisión Bíblica no dedica un apartado explícito al tema, pero por otra, como no ha dejado de subrayar el Prof. Antonio María Artola, de la Universidad de Deusto (España), no hay un documento bíblico en que aparezcan con tanta frecuencia los términos inspiración y Espíritu Santo. A este punto me parece digno de ser notado que el simposio profundizó en los capítulos segundo (Cuestiones de hermenéutica)  y tercero (Dimensiones características de la interpretación católica) del Documento, pero dejó prácticamente fuera de su reflexión tanto el primero (Métodos y aproximaciones para la interpretación) como el cuarto (Interpretación de la Biblia en la vida de la Iglesia). Es evidente que en un simposio de cuatro días no se podían considerar todos los temas, pero resulta algo extraño el que al capítulo segundo,  que es el más importante y el más ampliamente tratado (ocupa un tercio del Documento), no se haya explícitamente dedicado ninguna Relación.

 

Ante la imposibilidad de valorar y puntualizar críticamente cada una de las intervenciones recogidas en las Actas, me propongo hacer  algunas reflexiones, tal como fueron surgiendo de la lectura del libro. De la Relación de Borgonovo destaco “la figura del evento profético” con sus tres momentos iluminadores: el evento originario, el testimonio oral de la experiencia de tal evento, y la certificación escrita de tal testimonio (cf pp. 55-56). A Borgonovo hubiese pedido el profundizar más sobre el sapere simbolico, al que se da tanta importancia pero que, en mi oponión, queda en el ámbito de la intedeterminación conceptual (cf pp. 59-63). La panorámica que el Prof. Gabel brindó a los congresistas sobre el estado actual de los estudios acerca de  la inspiración es abarcadora y está sumamente lograda, aunque el Prof. Artola le haya criticado el haber marginado a una nota (cf nota 25 en la p. 72) el papel de Luis Alonso Schökel  en la nueva reflexión sobre la inspiración a partir de los análisis literarios y lingüísticos, siendo como fue un pionero en este campo. Encontré útiles las reflexiones de Gabel sobre el triángulo (autor - texto -lector) o cuadrilátero (material dado - autor - texto - lector) hermenéuticos (cf pp. 71-73) que marcan un paso hacia adelante tanto en el campo de la inspiración como de la interpretación

 

Pasando a la relación del Prof. Sanders, no puedo no convenir con él en considerar “biblical criticism as a ‘gift of God in due season’”  y en estar de acuerdo en que el método canónico es una extensión del “biblical criticism” (p. 133). Me identifico con su posición de una lectura tanto crítica como creyente de la Escritura a fin de que ésta llegue a una “true o trustworthy relevance” en la comunidad de fe (p. 137).  Objeto de discusión me parece, por su carácter de afirmación general,  lo que dice hablando de la Nueva/Vieja Escuela de la Iglesia Presbiteriana en Estados Unidos: “It provides a mirror for reflection on similar controversies in other christian communions in the nineteenth and early twentieth centuries” (p. 128). Muy estimulante fue para mí la Relación del Prof. Seckler sobre los problemas del canon bíblico. Problemas que afectan la relación entre el canon unitario (Einheitkanon) y el pluralismo canónico (Kanonpluralismus) (p. 161), entre la Biblia hebrea y la Biblia de los Setenta, entre el método histórico-crítico y la teología del canon (cf pp. 162-166). Igualmente estimulante me resultó la reflexión del Prof. Schenker sobre la polyphonie textuelle (p. 180) y la conclusión de que la canonicidad no afecta sólo al número de libros sagrados, sino “concerne aussi la forme du texte” (p. 185).

 

Dejando a un lado el recorrido  histórico, muy bien trabado, de la temática concerniente la intentio textus ententio auctoris, deseo fijarme, en la Relación del Prof. Arens, en el hecho no antes observado, a cuanto puedo saber, del cambio de perspectiva operado por el Documento Interpretación de la Biblia en la Iglesia, dando paso, en la interpretación de la Escritura,  del autor al texto y al lector y, por consiguiente a la intentio textus y a la  intentio lectoris (pp. 198-202). Estas tres intenciones juegan según  Arens “in der Exegese und Interpretation biblischer Texte eine entscheidende Rolle” (p. 201).Continuando adelante con la reflexión, el Prof. Grech expuso con maestría la historia de la regula fidei como criterio de interpretación, desde su primera aparición en Ireneo (Adv. Haer, I, 9,4), pasando por Orígenes y Tertuliano, hasta san Agustín de Hipona que sintetiza y completa el contenido de este principio hermenéutico. En un denso párrafo refiere Grech toda la riqueza del concepto, un concepto al que se recurrió “to safeguard Scripture not to replace it” (p. 217). Pero tal vez lo más provechoso de la Relación del Prof. Grech sea la afirmación, precedida de un serio análisis, de que “we therefore find all the criteria which we encountered in the fathers to establish the Rule of Faith against doctrinal error” (p. 218).En la respuesta del Prof. Agourides a la Relación del Prof. Grech encuentro significativo el acento puesto por él en las condiciones históricas de la regula fidei (p. 225) y en las “limitaciones políticas” a las que la Iglesia ortodoxa ha estado históricamente sometida (cf pp. 227-228).

 

 De entre las últimas intervenciones tomo la del Prof. Lohfink y la del Prof. Segalla. La Relación de Lohfink seguida de la Reacción de Vanhoye y, por último, de la contrarréplica del primero a modo de apéndice de su Relación, apunta hacia un tema de grande significación, pero al mismo tiempo sumamente debatido: “Una o dos alianzas en la Sagrada Escritura”. El fundamento del debate, a mi entender, está en las dos perspectivas con que se afronta el tema: la de la exégesis histórica y la de la teología bíblica. Lohfink, con una claridad digna de un experto en didáctica, desarrolla su análisis  en cuatro pasos: el histórico, el semántico, el exegético y el sistemático. El relator, por una parte, reconoce la multiplicidad de teologías dentro de la Biblia, pero, por otra, sostiene eine Gottesverhältnis, das Gott in der Geschichte des Judentums und der Kirche Wirklichkeit werden lässt  (p. 289). De esta manera, como comenta Vanhoye, Lohfink acentúa la continuidad entre ambos Testamentos, pero no presta la debida atención a la novedad y superioridad de la alianza cristiana, a “un événement décisif, la fondation, para Jésus, de la ‘nouvelle alliance’” (p. 300), que está en continuidad con la antigua alianza, pero que está a la vez marcada por profondes différences (cf. pp. 300-302). En el fondo, creo yo, se debate una concepción del estudio de la Escritura: la que separa netamente la exégesis histórica de la teología bíblica sistemática (Lohfink), y la que integra exégesis histórica y teología bíblica en una unidad inscindible y en una mutua y fecunda correlación (Vanhoye). Para quienes aceptan  la concepción de Vanhoye, como es mi caso, “le mystère pascal du Christ ouvre certainament la voie à une nouvelle théologie de l’alliance, dont on n’avais pas idée dans l’Ancien Testament” (p. 300).

 

           Concluyo con la Relación del Prof. Segalla, centrada en la martyría como concepto clave sobre el cual construir una teología del Nuevo Testamento. Primeramente recorre las diversas propuestas, llevadas a cabo en el siglo XX, del centro unitario de la teología del Nuevo Testamento, desde Dogg (1936) hasta R. Penna (1998). Luego enuncia su tesis en términos esenciales: “I libri del NT testimoniano, nello Spirito, l’unico Vangelo di Dio e di Gesù Cristo (e non v’è un altro) che include in sé il vangelo del regno, predicato e portato da Gesù di Nazaret, preparato dall’alleanza di Diocon Israele e preannunciato dai Profeti nelle Scritture Sacre, in particolare da Is 52, 3-7 e 61, 1-3" (p. 316). Una tesis bien fundada, y que condivido plenamente.

 

 

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