Foro de Exégesis y Teología Bíblica del Instituto del Verbo Encarnado

Bernard Montagnes O.P. - Le père Lagrange (1855-1938). L’exegèse catholique dans la crise moderniste

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Romano Penna

“Chiamati a vita nuova. Temi di spiritualità biblica”

Por VIRGILIO PASQUETTO, OCD

e-mail: gustavonieto@ive.org

 

Hace ya más de cien años que un grupo de religiosos dominicos franceses se embarcaron muy modestamente en una aventura apasionante: dotar a la Iglesia Católica de una casa de altos estudios bíblicos, la fundación de L’Ecole Biblique de Jerusalén. Con muy pocos medios, en un país lejano, sin los instrumentos básicos de trabajo (y aún carentes de apoyo), pero con una verdadera pasión por la verdad y una viva conciencia de las necesidades de la Iglesia, se propusieron rearmar la exégesis católica para que pudiese combatir a la altura de sus enemigos poderosos. Entre el entusiasmo de las investigaciones sobre los textos en la lengua original, las expediciones arqueológicas, las publicaciones realizadas, el padre Joseph Marie Lagrange y sus colaboradores han realizado un bien enorme a la Iglesia, abrieron nuevas fronteras, incursionaron en el campo adversario, devolvieron a la Iglesia una presencia perdida; generaron así, alentadoras esperanzas para el porvenir. El tiempo ha dado razón a sus ilusiones.

Junto a la presentación de la causa de canonización del padre Lagrange, el padre Bernard Montagnes O.P., uno de los más activos motivadores del proceso, publica la vida del célebre dominico francés, pionero en el campo católico de la exégesis histórico-crítica, famoso mundialmente por haber fundado en 1890, L`École Biblique de Jerusalén (desde 1920 École Biblique et Archéologique Française) y en 1892 la Revue Biblique. Biografía que aparece en un momento muy oportuno y actual; pues en tiempos en que los estudios bíblicos crecen desmesuradamente, esta vida del padre Lagrange sienta una vez más las bases y el espíritu en el que debe moverse la exégesis católica. Lagrange, siendo un innovador, manteniendo un diálogo constante con sus adversarios, no renunció jamás a los principios tradicionales de interpretación de la Escritura. Además esta vida es muy actual por la documentación en que se basa; después que en 1953 los censores y superiores dominicos no autorizaron al padre Louis-Hugues Vincent O.P. (el mejor amigo del padre Lagrange) a publicar su Vie du Père Lagrange y de las dificultades del padre Pierre Benoit O. P. para publicar los Souvenirs personales, hoy, ante la constante consultación y aprobación de sus libros y el reconocimiento que han tenido sus escritos, los archivos de la Orden Dominicana se han abierto de par en par al estudio de su vida y de su obra.

Prologado por un primer capítulo dedicado a los primeros años de su vida: la herencia familiar, la educación recibida y su vocación personal. El  A. conduce toda la narración a describir las vicisitudes de las grandes obras que lo hicieron famoso: la fundación y afianzamiento de L’École Biblique, la Revue Biblique, los grandes comentarios. Hechos todos que están constantemente testimoniados por los escritos mismos de Lagrange [ caps. II-III]. Son narradas así, todas las dificultades y las grandes batallas que tuvo que soportar, especialmente contra aquellos que oponiéndosele -muchas veces de manera despiadada - creían representar la tradición. Lagrange por la defensa de la verdad revelada y del método exegético histórico-crítico practicado bajo su impulso en L’École de Jerusalén, tendrá que pasar numerosas tribulaciones y dificultades, ser considerado subversivo, perseguido por las autoridades eclesiásticas [caps. IV-V], sometido constantemente a la censura  [cap. VI] e incluso condenado por la Consistorial Romana [cap. VII]. Fue alejado del estudio del Antiguo Testamento y también desterrado de Jerusalén. Mediante el testimonio de sus escritos, principalmente de la correspondencia privada, el A. muestra muy bien la personalidad de Lagrange y el espíritu que animó sus ideales y en el que afrontó todas estas pruebas: su amor a la Iglesia, su pasión por la verdad, su fe inquebrantable en la obediencia y su admirable humildad. Se narra también lo referente al período de la reconciliación [cap. VII] y el reconocimiento por parte del Santo Padre; se encuentra muy bien descripta su actitud ante los modernistas como así también sus proyectos para derrotarlos [caps. IX-X]. Finalmente, un capítulo [XI] está dedicado a los últimos años de Lagrange, su Jubileo Sacerdotal en Jerusalén, sus nuevos proyectos intelectuales y sus últimos días en el Convento de San Maximin de Toulouse. El libro consta también de tres apéndices que presentan: el informe confidencial realizado a Su Santidad Pío XI, por el padre Louis Theissling O.P. (Maestro General de la Orden Dominicana) con motivo de su visita a Jerusalén; el traslado de los restos del  padre Lagrange a Jerusalén; y la homilía pronunciada por el padre Benoit O. P. con ocasión de la inhumación de los restos en la Basílica de Saint-Étienne.

El A. muestra claramente, cómo el padre Lagrange estaba a la altura de los acontecimientos siendo un innovador y un adelantado. Él, en efecto, “aventuró nuevas fronteras, aquellas del estudio científico de los textos bíblicos” [p. 9]. Con una gran confianza en la razón y en la ciencia, y una fe sólida en la verdad de la Escritura propuso cuestiones que eran inéditas en el campo católico, poniendo bajo una mirada crítica y rigurosa los mismos textos sagrados y utilizando al servicio de la verdad revelada los últimos instrumentos adquiridos por la ciencia humana. Él estaba convencido de que la alianza entre ciencia, razón y Biblia, era posible y que ella no podía sino hacer un gran honor a la Iglesia y aprovechar a todos, incluso a los no creyentes [cf. pp. 9-10].

Su obra ha sido grande y el bien que ha aportado a la Iglesia ha sido inmenso, pero el precio pagado ha sido muy caro, fue el precio del sufrimiento y de la renuncia hasta el fin de su vida. El A. constantemente lo testimonia. Pasaron años para que su obra fuera reconocida y aprobada, (de hecho, la escuela fundada por Lagrange deberá esperar un decreto de 1983 -bajo Juan Pablo II- para ser finalmente habilitada para conceder un doctorado en ciencias bíblicas oficialmente reconocido) [cf. p. 54].

            Sus escritos, en particular su correspondencia abundantemente citada, delinean el temple y la personalidad del exégeta:

- un apasionado amor por la Iglesia: “...el deseo de ver a la Iglesia triunfar sobre sus adversarios, es ésta una verdadera pasión que me devora y lamento no encontrar entre nosotros católicos todas las fuerzas que yo quisiera, y tener que soportar la Iglesia burlada por sus enemigos poderosos como en los tiempos de san Jerónimo por los judíos que le reprochaban la inferioridad de su versión” [p. 81]. “En fin, yo quisiera una exégesis católica fuerte, armada, poderosa (...)  Yo no vivo más que para esto” [p. 81].

-su incondicional fidelidad a la Santa Sede: en una carta al Papa expresa “yo estoy bien resuelto a considerar sus deseos como órdenes” [p. 120]. “Nosotros debemos  amar al Papa -predica poco después de la condenación- especialmente nosotros franceses ya que no sabríamos obedecer  si no amamos. Hijos de celtas (...) nosotros no sabemos marcarnos el paso; el Papa modere nuestros esfuerzos, que él ordene si es necesario de no avanzar allí donde nuestra generosidad nos impulsa” [p. 140]. Al poco tiempo de recibir la noticia de la condena, expresa: “Yo no tengo nada que discutir, ni juzgar, ni interpretar el acto de la Santa Sede. Nuestro deber, a mí el primero, es de inclinarnos de espíritu y de corazón e inspirar estos mismos sentimientos a aquellos sobre los que tenemos alguna autoridad o ascendiente” [p. 135]. “Que estas obras contengan errores -escribe al Papa- yo estoy presto a conocerlos pero que ellas hayan sido escritas en un espíritu de desobediencia a la tradición eclesiástica o a las decisiones de la Pontificia Comisión Bíblica dignaos autorizarme declararos “Nada más lejano a mi pensamiento” [ p. 138 ].

- su amor a la verdad y su fidelidad a Santo Tomás: “todo ésto me parece imposible sin una cierta libertad de discusión” [p. 81]. Era enemigo absoluto de “las producciones mediocres” [p. 61] y hablaba a menudo de “poner al servicio de la fe las mejores armas de nuestros enemigos”. El A. deja bien marcada la formación tomista de  Lagrange [cf. pp. 34 y 35] de la cual se enorgullece: “Yo creo que si ninguna revista hace alusión a nosotros como englobados en los documentos pontificios, eso se lo debemos a nuestra fidelidad a Santo Tomás” [p. 126].

- su amor por la vida religiosa y su fe inquebrantable en la obediencia: “yo no otra cosa  que la gracia de ser admitido a participar de los beneficios de la vida dominica -escribe al Maestro General de la Orden- no importa dónde y en la ocupación que a Ud. decida  imponerme (...) Yo poseo una fe ciega en la obediencia; aunque yo estuviese convencido por estudio que el sistema que yo promulgo iría a la destrucción del protestantismo y a la glorificación de la Iglesia, yo sé que en la Iglesia Católica todo puede ser sometido al principio de autoridad. Si los tiempos todavía no han llegado yo esperaré” [p. 81]. “Nada se soluciona en la Iglesia al margen de la obediencia” [p. 115].

- la concepción de la exégesis sólo en la fe de la Iglesia:  todos sus trabajos eran hechos “en el interés de la Iglesia”, “yo aclaro que no lo entiendo (el estudio bíblico) en nuestra orden sin el canto del oficio como descanso y como luz. Estudio de la Escritura Santa sin un gran espíritu de fe  es fuertemente peligroso, como lo prueban las numerosas apostasías” [p. 44].

Virtudes todas que se fundamentan en una profunda humildad que se percibe en todos sus escritos y actitudes y que está muy bien manifestada por el A. en el modo como trae a colación la correspondencia de Lagrange. “Si Vuestra Santidad estima preferible que yo cese de ocuparme de los estudios bíblicos, yo inmediatamente lo haré sin la menor inquietud” [p. 120]. Humildad que ha hecho exclamar a Jean  Guitton: “Si la  sainteté consiste dans l’humilité: Voilà le père Lagrange!”.

Es por todo ésto que recomendamos vivamente la lectura de este libro, especialmente a aquellos que se dedican al estudio de la Biblia o que sienten un particular amor  por ella, ya que narra -en un estilo agradable, que hace muy ágil su lectura- la vida de un hombre que amó la Sagrada Escritura de manera apasionada y que dio su vida por ella; y que nutriéndose de su estudio y lectura alimentó una profunda santidad, que hace que hoy la Iglesia estudie su vida para que sea propuesta como modelo al exégeta católico.

R.P. Lic. Gustavo Javier Nieto, V.E.

 

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