Foro de Exégesis y Teología bíblica del Instituto del Verbo Encarnado

Últimas ediciones de la Biblia Latinoamericana: ¿Progreso o retroceso?  -  P. Dr. Miguel Antonio Barriola

Últimas ediciones de la Biblia latinoamericana: ¿Progreso o retroceso? (I° parte)
 

p. dR. Miguel Antonio Barriola

e-mail: mabarriola@arnet.com.ar

                        

 

Bajo este título queremos ofrecer una serie de reflexiones del P . Dr. Miguel Antonio Barriola, acerca de las nuevas ediciones del la Biblia Latinoamericana tituladas por el autor "Advertencias sobre las últimas ediciones de la Biblia Latinoamericana". En esta oportunidad publicamos los dos primeros números de esta serie.

 

 

I – Contexto histórico

 

            “La Palabra de Dios permanece para siempre” (Is 40, 8). Por eso mismo es eternamente joven y posee la capacidad de decir algo e interpelar a los hombres y culturas de todas las épocas. Estas son cambiantes, en su problemática religiosa, moral, social. De modo que la eternidad de la revelación divina, contenida en la Biblia y la Tradición de la Iglesia, no equivale a un vetusto objeto de museo, en su vitrina. Todo lo contrario, “viva y eficaz es la Palabra de Dios, y más cortante que  cualquier espada de doble filo; penetra hasta la raíz del alma y del espíritu...ninguna cosa creada escapa a su vista” (Hebr 4,12 – 13).

 

            De ahí que tanto la reflexión teológica sobre dicha Palabra, como ella misma haya de ser presentada a las diferentes edades, reflejando ambas cosas: su invariable unidad a través de los tiempos y su sana adaptabilidad ante las diferentes situaciones culturales.

 

            Por eso Jesucristo mandó: “Predicar a todas las naciones” cosa que supone, por de pronto “traducción” del hebreo o arameo al griego, latín...guaraní o chino. Pero esa presentación diferenciada no puede significar tergiversación del mensaje original. De ahí que en aquel mismo mandato no expresó Jesús: “Digan lo que más les guste a sus oyentes”, sino: “enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado” (Mt 28, 19 – 20).

 

            Así es como hay ediciones de la misma Biblia, pero con finalidades distintas. Algunas tienen por objeto el estudio lo más cercano posible a los originales. Así, por ejemplo, la justamente célebre: Biblia de Jerusalén.

 

            Otras intentan acercar el texto y sus notas de comentario al alcance de un público no tan iniciado en las especialidades científicas, pero sí, justamente y con todo derecho, interesado en alimentar sus vidas con el sólido pan de la Palabra de Dios (Deut 8, 3; Mt 4, 4).

 

            A este último tipo pertenece la muy difundida Biblia Latinoamericana, valiéndose de un castellano no tan “ibérico” y proponiendo introducciones y aclaraciones, que hagan más comprensible a nuestros fieles latinoamericanos el eterno e inmutable mensaje de Dios al hombre: Israel y todo el mundo.

 

            Pero, a veces sucede que, al dialogar con diferentes pueblos, tendencias o ideologías, la intención muy loable de traducir lo antiguo a lo actual, el mundo perenne de la fe a las coordenadas del tiempo, no siempre se acierta, pecando o bien de arcaísmo extremo o, al contrario, de mimetismo extremo con la “modernidad” (cuando no: postmodernidad), de modo que se desdibuja el anuncio original.

 

            Las primeras tiradas de la recién mencionada Biblia Latinoamericana, quisieron dialogar con las ansias de”liberación”, que se vivían por entonces en nuestro continente. Muchos teólogos creyeron por entonces, que la mejor y más eficaz manera de realizar la deseada emancipación de poderes económicos y políticos externos, era la alianza del Evangelio con el Marxismo. Con esos colores se tiñeron las apariciones originarias de la Biblia que nos ocupa.

 

            Con la preocupación de ofrecer iluminación al respecto y sobre otros puntos discutibles, la CEA, en 1979,  ofreció el suplemento, que hemos repropuesto hace poco.

 

             En las sucesivas ediciones desaparecieron los rasgos sociologizantes y filomarxistas. Sin embargo surgen otros aspectos erróneos tanto exegética como teológicamente. Sobre todo en lo que concierne a la Iglesia en sus relaciones con el plan de salvífico de Dios, respecto a su lado institucional y en todo lo que toca a su magisterio.

 

              En los siguientes aportes, no todo roza lo estrictamente dogmático y en algunos casos se propondrán otras soluciones exegéticas diferentes a las acogidas por los comentarios de esta Biblia. Simplemente, nos parecen más acordes con el sentido de los textos.

 

              Hemos emprendido esta evaluación, teniendo en cuenta la edición de 1995 (Estella – Ediciones San Pablo - Verbo Divino: 91ª. Ed.).

                                                                                                                                                                    

 

II – Antiguo Testamento

 

               Agruparemos las salvedades que nos merecen diversas interpretaciones a las  ofrecidas por esta edición, según este catálogo de temas:

              

                1 – Los orígenes

                2 – Dios – El hombre

                3 - Leyendas

                4 – Religión y Fe – Culto – Justicia social

                5 – Inspiración – Profetismo

                6 - Iglesia: vida e institución.

                7 – Política

                8 – Inexactitudes – Exégesis discutibles

                9 – Apéndice.

 

 

 

III – Desarrollo de la temática

 

 

1 – Los orígenes

 

        En la p. 10 : en el Apartado: “El pecado original”, exponen lo siguiente:

                                           

“El pecado de Adán... es más bien otra manera de considerar el pecado dentro de nuestra raza. Al recapacitar en la historia, el autor ha entendido que nuestros pecados no son los pecados de individuos aislados; cada uno de  nosotros está inmerso en un mundo de violencia y de ignorancia de Dios desde su nacimiento y aún antes de haber nacido (Sal 51, 7)”.

 

       Estimamos que semejante descripción no respeta todos los datos que la analogía de la fe proyecta sobre el pecado original. Se limita a describir las circunstancias adversas y pecaminosas que rodean a cada hombre antes de su propia decisión libre. Ahora bien, si es verdad que no es pecado nuestro personal, no menos anatematiza el Concilio tridentino a quien negara que este pecado (originale originatum) es “transmitido a todos y es propio de cada uno”[1].

 

        Además, la descripción, tal como la propone esta nota, tendría que afectar igualmente al Hijo de Dios encarnado y a su Madre, que, según la recta fe, han sido exentos de esta mancha. En efecto, también Cristo y su Madre estuvieron “inmersos en el mundo de violencia y de ignorancia de Dios desde su nacimiento y aún antes de haber nacido”. La anterioridad de este pecado, así presentada, es meramente sociológica y externa a cada individuo. Por ende, definido como  lo hace el comentario que discutimos, tal pecado involucraría también a Jesús y María Santísima.

 

 

        P. 12 (A Gen 4: columna izq.), entre otras propone esta explicación:

 

“Abel era pastor y Caín labrador. En esta historia los antiguos israelitas, todavía nómadas proyectaron sus propios conflictos con los cananeos sobre cuyos terrenos acampaban y traían sus rebaños. Ellos eran los buenos y los labradores los malos; si a ellos los atacaban, eran víctimas, si se imponían los demás, estaban defendiendo los derechos de Dios”.

 

       No cabe semejante tipificación de los personajes, ya que Caín es muy probablemente una retroproyección hacia los orígenes de los “quenitas” (Núm 24, 21), que eran nómadas, ya que en Juec 1, 16 se anota de ellos: “Los hijos de Jobab el quenita, suegro de Moisés”. Lo cual, unido a Núm 29 los ubica entre las tribus de Madián (nómades): “Dijo Moisés a Jobab, hijo de Reuel el madianita, suegro de Moisés”.

 

       Es algo simplista decir que “ellos eran los buenos” y sus adversarios “los malos”; se da a entender una autoestima exagerada y casi maniquea de Israel y sus antiguas tradiciones, desacreditando sistemáticamente a los enemigos.

 

       No negaremos que hay historias destinadas a exaltar una etnia sobre otras, destacando sus gestos morales frente a la indignidad de pueblos diversos (Sem enaltecido por encima de Cam y Jafet: Gen 9, 22 – 26; Moab y Ammón, denigrados con la historia de su nacimiento incestuoso: Gen 19, 31 – 38). Pero Israel, si bien se presenta como elegido de Dios, no disimula sus vicios (Jacob, preferido a Esaú, pero haciendo constar de sus ardides y mentiras: Gen 27).

 

        Además se olvida que existe un plan de Dios sobre Israel, que lo protege de forma excepcional, pese a sus infidelidades, no para justificarlas, sino para demostrar la firmeza de los divinos proyectos.

 

        P. 16 ( A Gen 9, 18). Nos encontramos con este extraño comentario:

                 

 “En las culturas primitivas, el hombre en busca de experiencias sobrenaturales ha hecho de la embriaguez un rito sagrado. Y cree reconocer en el vino esas fuerzas vitales que le permitirían escapar al correr del tiempo. La Biblia, recogiendo estas ideas, celebra a Noé antes de condenarlo”.

         

         Si bien nos encontramos en la Sagrada Escritura con célebres elogios del vino (Sal 104, 15), no deja de llamar la atención que la primera vez en que es mencionado, se lo vea asociado con un suceso poco decoroso.

 

          El contexto, demasiado conciso, no permite las elucubraciones “dionisíacas” del comentarista y no se vislumbra el menor indicio de “aplauso” celebrativo para la embriaguez de Noé. Sólo se narra un lamentable suceso, en que el héroe del diluvio ni es aprobado ni vituperado.

 

          P. 669 (A Dan 2, 27- 46) Se conjetura lo siguiente:

                                    

“Varios literatos de aquel tiempo pensaban que la historia traería una sucesión de cuatro imperios. Siendo pesimistas pensaban que, desde la creación del mundo todo había ido empeorando y seguiría empeorando. Lo expresaban poniendo al principio la edad de oro y, al final el reino de hierro, o sea, de las armas. En el presente libro...esta es la enseñanza del sueño: los hombres no pueden enderezar la historia de los pueblos, que va siempre empeorando. Pero Dios intervendrá y fundará su propio Reino universal”.

                              

          Siendo correcta la observación final sobre la intervención de Dios, no parece tan pesimista la visión del rey, comentada por el joven Daniel, sino más bien realista. Efectivamente, la historia nos muestra que los imperios, los reinos, los esquemas políticos y los dominadores, aunque pasen por una época de oro, siempre terminan destruyéndose.

 

          

 

2 – Dios – El hombre

 

        P. 26, Apartado 19, N° 190: al señalar brevemente las procesiones intradivinas dicen:

                  

El Espíritu Santo...que procede del Padre y es enviado por el Hijo”.                                 

                       

        Sería bueno acotar que”El Espíritu Santo procede del Padre  y del Hijo” (según Jn 15, 26: “El Espíritu que les enviaré desde el Padre”). Pues el Padre, de donde procede el Espíritu, es tal por el Hijo engendrado”.

 

        P. 507 ( A Is 59, 9, col derecha) ofrecen esta advertencia:

 

Es fácil criticar las expresiones realistas y primitivas con las que la Biblia habla a veces de este Dios de los Ejércitos. Pero no ganaríamos nada cambiando la imagen del Conquistador por la de un Dios tranquilo y bonachón, feliz de vernos sonrientes y repletos. Aquí se anunciaban acontecimientos que debían volcar el curso de la historia”.

        

        Todas las imágenes que usa el hombre para referirse a Dios son fatalmente limitadas. Tanto la de un triunfador como la de un bonachón son figuras y por tanto pueden ser bien interpretadas o distorsionadas. Sin embargo, es indudable que el Antiguo Testamento (sin dejar de mencionar la ternura divina en un Oseas) acentúa la “ira” o “celo” de Dios, mientras que el nuevo, sin abandonar la idea inherente al “Señor de los Ejércitos”(sobre todo en los cuadros cósmico – históricos del Apocalipsis) pone más bien en énfasis en los aspectos misericordiosos del Dios, al que llama Padre.

 

 

        P. 687 ( A Job 1,1) comentan así:

 

“(Job) no es más que un peón en la política mundial, mejor dicho, en la política celestial”.

 

        Esta afirmación es inaceptable, ya que Dios no juega al ajedrez, usando como piezas a los hombres. Si bien nada escapa a su providencia, el respeto que Dios manifiesta hacia el hombre y su libertad está presente a lo largo de toda la Biblia.

 

        Ibid:

 

“Yavé es desafiado por Satán, es decir, el Adversario, el espíritu que promueve el mal, y a pesar suyo tiene que probar a Job para defender su propio honor”.

 

        Aquí se da a entender que Satán es más astuto que Dios, al cual arrastra hacia sus tretas. En cambio, el texto expresamente indica que este personaje siniestro actúa porque Dios lo permite, siendo el mismo Dios quien le pone límites: “Te doy poder sobre todo cuanto tiene, pero a él no lo toques” (Job 1, 12). “Ahí lo tienes en tus manos, pero respeta su vida” (ibid., 2, 6). Dios es todopoderoso y no podemos situar a Satán en pie de igualdad con él. Y, mucho menos, es posible admitir que el Demonio lleve a Dios por las narices.

 

        Ibid:

 

“Esta intervención de Satán es uno de los recursos de los que los creyentes echan mano espontáneamente para justificar a Dios. Pues aquí está la dificultad: mientras no se cree en Dios, nadie más que nosotros es responsable por el mal, y si se tiene a la vez buenos y malos dioses, sabemos a quién acusar. Pero si no hay más que un solo Dios, él lleva toda la responsabilidad, y para él también vale la palabra de Job 2, 10”.

                              

        No es Satán una especie de comodín para calmar la conciencia, exonerando a Dios. Nos encontramos ante un dato revelado, que ha venido a afinar el concepto de Dios, algo rudimentario en tiempos primitivos en cuanto a su relación con el mal[2].

 

        Por otro lado, “si no hay más que un Dios”, no es fatal que lleve él toda la responsabilidad, dado que creó a hombres y ángeles con libertad, no como fantoches de su omnímoda voluntad.

 

        Precisamente “la palabra de Job 2, 10”, lejos de atribuir la culpa indistintamente a Dios, discierne el mal físico (recibimos de El lo bueno, aceptemos también lo malo), del mal moral, ya que, ante una misma catástrofe es muy diferente la actitud “tonta” de la mujer, a la profunda y sensata de Job.

 

        Así parece que lo admitiera este mismo comentario, explicando acto seguido a Jb 2, 9: “La esposa de Job repite palabras insensatas que, con acusar a Dios por el mal existente, nunca solucionan nuestros problemas”.

 

        Siendo así, las consideraciones anteriores deberían presentar otro cariz, expresando, tal vez, algo por el estilo:

 

“Si no hay más que un solo Dios, la culpabilidad del mal no puede recaer sobre él, sino que provendrá de la libertad imperfecta de sus criaturas inteligentes”.

 

        P. 688 ( A Jb 2, 11), se preguntan:

 

“¿Para qué dar la vida si el hombre ya no encuentra su camino?( 23) ¿Por qué nacen niños lisiados y ciegos, o destinados a una muerte atroz?...¿Porqué vivir si la vida al final no llega a ninguna parte?” 

 

        Este comentario no brinda respuesta alguna al problema del mal y del dolor.

 

        Si es verdad que a esta altura del proceso revelatorio, todavía no se abrieron las densas nubes que ocultan los secretos del más allá, parecería pastoralmente recomendable señalar a los lectores que, más adelante, con el progreso de las comunicaciones divinas, se alcanzarían perspectivas más consoladoras. Se podría remitir, por ejemplo, al comentario de esta misma Biblia a Sab 1, 15 (p. 805) o al mismo libro de Job 16 – 19, 12 (p. 696) y al de Tob 3, 7 – 5, 3( p. 780).

 

        P. 691 ( A Job 7, 17) abren un nuevo interrogante:

 

"¿Qué es el hombre para que te fijes tanto en él?( 17). Pero, si Dios sigue tan cerca de su criatura, ¿no será porque no puede vivir sin el hombre?”.

 

       Puede prestarse a interpretaciones equivocadas. Como si Dios necesitara de alguna criatura. Esto no es compatible con el mensaje total del mismo libro de Job. En los capítulos finales (38 – 41), Yavé hace que Job se sienta insignificante ante el espectáculo de la creación y la inmensidad de la sabiduría de Dios. La Biblia muestra que todo lo creado es pasajero, mientras que Dios permanece: “Toda carne es hierba...La hierba se seca y la flor se marchita, mas la palabra de nuestro Dios permanece para siempre” (Is 40, 6 –8).

 

 

 

*** En las siguientes actualizaciones del Foro de Exégesis continuaremos publicando el resto de este artículo***

 

 


[1] Concilium Tridentinum, Sess. Va.: Decretum de Peccato originali  (DH, 1513).

[2] Cuando urgía arrojar todo vestigio de politeísmo, se destacaba hasta tal punto la unicidad de Dios, que se le atribuían también los males que sucedían en la historia: “Yo endureceré su corazón” (del Faraón: Ex 4, 21;

3, 22; 9, 12; 10, 1). “Yavé ha puesto el espíritu de mentira en boca de todos tus profetas y ha decretado perderte” ( I Rey 22, 23).

 

Principal ] Jornadas Bíblicas ] Monografías ] Artículos Varios ] Tesis y Tesinas ] Seminarios ] Recensiones ] Grandes Maestros ] Magisterio ] Noticias ] Enlaces ] P. Lagrange ] Iveargentina ]