Foro de Exégesis y Teología Bíblica del Instituto del Verbo Encarnado

“…nos hizo un reino, unos sacerdotes para su Dios y Padre.” P. Lic. Juan Carlos Sack, I.V.E.

     Abajo  

PONTIFICIO INSTITUTO BÍBLICO

“…nos hizo un reino, unos sacerdotes
para su Dios y Padre.”
 

En qué sentido los cristianos
son llamados
i`erei/j en Ap 1,6, 5,10 y 20,6.
 

P. Lic. juan carlos sack, I.V.E. - Ejercitación para la Licencia

Roma, 2002

juancarlossack@ive.org

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Presentación

 

Con el Concilio Vaticano II, la idea de un sacerdocio común de los fieles fue puesta nuevamente en su lugar de honor. La verdad que ella implica pertenece al depósito de la fe y estuvo presente en todos los momentos de la historia de la Iglesia, como lo demuestran las Escrituras, los testimonios patrísticos, la buena teología de todos los tiempos y, preponderantemente, la vida de los santos. Sin embargo, como acordemente notan los autores modernos, con el correr de los siglos se manifestó la tendencia de considerar como metafórico el sacerdocio común de los fieles y reservar el sentido propio del término al sacerdocio ministerial.

 Varios estudios bíblicos de la última centuria sirvieron sin duda de terreno fértil a las renovadas declaraciones del reciente Concilio sobre el sacerdocio común a todos los creyentes, a la vez que provocaron una sucesión de trabajos en el campo de la exégesis católica que han profundizado, revitalizado y mostrado facetas nuevas  de esta entusiasmante realidad.

 En las Escrituras neotestamentarias el concepto de sacerdocio como realidad intrínseca de todos los salvados aparece implícito de muchos modos y en varios libros; pero el designar a los cristianos explícitamente como “sacerdotes” (i`erei/j) de la Nueva Alianza establecida por Jesús es una prerrogativa exclusiva del libro del Apocalipsis (lo más cercano es claramente la afirmación de 1 Pe 2,9:  u`mei/j de. ge,noj evklekto,n( basi,leion i`era,teuma( e;qnoj a[gion; el i`erourgou/nta de Pablo en Ro 15,16 se aplica sólo a él y en un sentido bien delimitado). Ofrecemos a continuación los tres pasajes que incluyen el término i`erei/j aplicándolo a los creyentes en Cristo:[1]

  

1,5b-6

5,9-10

20,6

 

tw/| avgapw/nti h`ma/j

kai. lu,santi h`ma/j evk tw/n a`martiw/n h`mw/n evn tw/| ai[mati auvtou/(

kai. evpoi,hsen h`ma/j basilei,an( i`erei/j tw/| qew/| kai. patri. auvtou/(

auvtw/| h` do,xa kai. to. kra,toj eivj tou.j aivw/naj tw/n aivw,nwn avmh,nÅ

 

 

kai. a;|dousin wv|dh.n kainh.n le,gontej(

:Axioj ei= labei/n to. bibli,on kai. avnoi/xai ta.j sfragi/daj auvtou/(

o[ti evsfa,ghj

kai. hvgo,rasaj tw/| qew/| evn tw/| ai[mati, sou evk pa,shj fulh/j kai. glw,sshj kai. laou/ kai. e;qnouj

kai. evpoi,hsaj auvtou.j tw/| qew/| h`mw/n basilei,an kai. i`erei/j(

kai. basileu,ousin evpi. th/j gh/jÅ

 

 

maka,rioj kai. a[gioj o` e;cwn me,roj evn th/| avnasta,sei th/| prw,th|\

evpi. tou,twn o` deu,teroj qa,natoj ouvk e;cei evxousi,an(

avllV e;sontai i`erei/j tou/ qeou/ kai. tou/ Cristou/

kai. basileu,sousin metV auvtou/ ta. ci,lia e;thÅ

 

  

Con el presente trabajo nos proponemos básicamente dos cosas; en primer lugar mostrar un panorama de las conclusiones a las que arriban algunos de los estudios recientes sobre el sacerdocio en el libro del Apocalipsis; en segundo lugar presentar nuestro propio trabajo de investigación exegética, llevados de la mano, por así decir, de los que han hecho camino antes de nosotros.

 El motivo de nuestra elección es simple: creemos que la sustancia conceptual encerrada en las expresiones sacerdotales del Apocalipsis ha sido aprovechada aún muy tímidamente por la teología y la espiritualidad modernas. El trabajo de investigación nos ha llevado, a nivel personal, a un re-descubrimiento de verdades preñadas de consecuencias vitales; esto ha justificado sobreabundantemente nuestra fatiga.

 Expreso mi sincero agradecimiento al P. Ugo Vanni por haber provocado en nosotros, con sus clases incisivas y entusiasmantes, una suerte de avna,gnwsij kainh, de las revelaciones de Patmos.

 

Status quæstionis

 

Antes de presentar un estudio de los textos que nos interesan, daremos un vistazo a los trabajos más importantes que hemos consultado sobre nuestra temática.

 Debemos confesar la imposibilidad - y no es nuestro intento - de presentar un panorama exhaustivo de todo lo escrito sobre el sacerdocio de los cristianos en el Apocalipsis; nos limitaremos a los autores que, a nuestro criterio, han sabido tomar los datos recabados por los innumerables estudios anteriores y han aportado una síntesis exegético-teológica digna de tenerse en cuenta.[2]

 

André Feuillet

             Después de haber tratado en un artículo previo[3] el testimonio de 1 Pe 2,4-10 sobre los sacrificios espirituales de los creyentes, A. Feuillet estudia en profundidad, y bajo una óptica predominantemente teológica, la temática del “reino y sacerdotes” según aparece en Ap 1,5-6 y 5,9-10.[4] En lo que respecta a 20,4-6 nuestro autor prefiere dejarlo de lado en este estudio, ya que “habría que hacer largas explicaciones sobre este misterioso reino de mil años”[5] en cuyo contexto se inserta la mención sacerdotal de 20,4-6.

             En primer lugar considera la clara conexión de los dos textos de Ap 1,6 y 5,10 con Ex 19,6 y, secundariamente, con Is 61,6; notando la diversa traducción que de Ex hace el autor del Ap en las veces que lo trae a colación, Feuillet ve en la primera ocurrencia (1,6) una insistencia particular sobre el aspecto sacerdotal del binomio “reino-sacerdotes”, mientras en el segundo (5,10) el acento caería sobre la realeza de los creyentes.  Pero aunque no niega la relación natural entre el sacerdocio de la antigua alianza y el de la nueva, sin embargo nota nuestro autor que se trata de un sacerdocio esencialmente diverso del antiguo, ya que se encuentra “en un contexto esencialmente cristiano, enmarcado por el pensamiento de Cristo, sacerdote y víctima de su sacrificio”, y es “una realidad totalmente nueva”. El texto de Ex no sería más que “un punto de partida”, y la explicación del texto habrá que buscarla “sobre todo en el Nuevo Testamento”.[6]

             Analizando entonces el contexto de las Escrituras cristianas, nota Feuillet que nos hallamos ante una realidad a primera vista oscura, ya que es sólo aquí que encontramos, en toda la literatura canónica de la Nueva Alianza, el vocablo i`ereu,j aplicado a los cristianos, y el libro del Ap no entra en detalles sobre las acciones que estos “sacerdotes” deben realizar en cuanto tales.

           Apelando a Jn y a Heb, en relación a los cuales Ap tiene “numerosas afinidades”, Feuillet atina a ver en la “consagración” que Jesús hace de si mismo al Padre en la pasión, mediante la efusión de su sangre, la causa del sacerdocio de todo creyente, y no sólo de los apóstoles.[7] Reduciendo el radio del contexto al solo libro de Ap, advierte también que aquí, como en las demás Escrituras neotestamentarias, la configuración del creyente con Cristo es un hilo conductor que aporta una clave hermenéutica sustancial: lo que vale para Cristo vale también para sus discípulos, salvadas todas las distancias del caso.[8] Advierte acertadamente el paralelismo temático entre Cristo-sacerdote en 1,5 y los creyentes-sacerdotes en 1,6; acudiendo a la literatura joánica más amplia recuerda finalmente que la relación sacerdocio-reino quedó inaugurada ya en el momento mismo de la efusión de sangre por parte del Cristo, cuando Pilato hizo escribir sobre el leño del tormento: “Jesús de Nazaret, Rey de los judíos”. El contexto veterotestamentario del Mesías sacerdote-víctima hay que buscarlo en la tradición profético sacerdotal, y sobretodo en los cantos del Siervo Sufriente de Isaías, donde se vislumbra ya el hecho extraordinario, declarado repetidamente en Ap, que el Cordero llegará a la realeza mediante su muerte violenta.

            ¿Cuál es, para Feuillet, el sentido del sacerdocio atribuido en Ap 1,5 a los creyentes? Viendo en el texto y su entorno inmediato referencias al bautismo y a la eucaristía, afirma que estos dos sacramentos “dan a los cristianos la fuerza de ofrecerse como sacerdotes en el seguimiento del Cordero inmolado”. Para seguir al Cordero “donde quiera que éste va” (14,4), sus seguidores participan de una única realidad con dos aspectos: la efusión de sangre (momento sacerdotal) y la realeza, “derecho y revés de un mismo misterio”.[9] Algunas páginas más adelante agregará, un poco sorpresivamente, que este sacerdocio “se ejerce en el interior de la Iglesia”.[10]

            Al analizar la ocurrencia del concepto de los creyentes como sacerdotes en el  wv|dh. kainh, de Ap 5,9-10, retoma y fundamenta la idea que había anticipado: el aspecto que aquí resalta, a juzgar por el contexto, es el de “reino”, o bien como le agrada traducir basilei,an, la “realeza”,[11] y no tanto el de “sacerdocio”. Luego de excluir una lectura demasiado “socio-política” de la liberación obrada por el Cordero,[12] remarca que no se trata de una victoria que los creyentes deberán buscar en una “mélange de politique et de religion”, característica de la antigua alianza, sino más bien deberán seguir el ejemplo del Cordero, que ya ha vencido, y que siendo a la vez “degollado y victorioso” asegura a su Iglesia el estado incoado de triunfo. A ejemplo del Cordero, los cristianos no “vencerán”, sino que “ya han vencido”.

            Pero considerando el título de “sacerdotes” otorgado a los creyentes gracias  la victoria del Cordero, Feuillet declara así su interpretación: “los cristianos que participan activamente de las asambleas litúrgicas y allí cantan sus alabanzas son sacerdotes del mismo modo como lo son los veinticuatro ancianos”. Incluso en la imagen de los ancianos que rodean el trono estaría insinuada la imagen de los ancianos de las Iglesias que celebran el culto entorno al obispo. Para sostener esta interpretación se acude al contexto general del libro, que en más de una oportunidad presenta a los cristianos realizando gestos típicamente litúrgicos y sacerdotales, como en 7,15 (los salvados que rinden culto a Dios día y noche). Este culto realizado en las asambleas litúrgicas del los creyentes se trataría de un culto “realizado por la Iglesia militante como una simple anticipación de su vida eterna de adoración y de alabanza”.[13]

            ¿Termina allí el “sacerdocio” de los creyentes? No, ya que es la ley de la caridad la que rige en todos los aspectos de la vida, y que es indisociable de la “ley litúrgica”; este binomio inseparable se proclama en aquel pasaje de Heb 13,16, donde la “beneficencia” y la “ayuda mutua” son presentadas como “los sacrificios que agradan a Dios”. “En este pasaje - explica Feuillet refiriéndose al texto de Heb 13,16 - se encuentra un elemento importante que corrige lo que podría parecer una concepción demasiado pasiva del sacerdocio común, como en el Apocalipsis, ya que asociando íntimamente sacerdocio y realeza invita a hacerse una idea más dinámica y entusiasmante que la que nos es propuesta en la primera carta de San Pedro”.[14]

            En la conclusión de su artículo, A. Feuillet retoma la referencia a los textos de Isaías 52,13-53,12, referencia “indiscutible y de capital importancia para comprender qué cosa sea el sacerdocio cristiano”.[15] Luego de una extensa refutación de algunas interpretaciones exegéticas que forman parte de “l’extrême confusion actuelle des idées”, el autor reafirma con fuerza el significado individual del personaje sufriente de Isaías (realizado en Jesús), contra una hermenéutica del siervo “colectivo” (en la cual se trataría de Israel). En lo que nos interesa más de cera, a saber, el sentido del sacerdocio de los creyentes, y colegándose con la tradición paulina del bautismo, afirma:

            Por el bautismo, el cristiano ha sido sacramentalmente asociado a esta muerte sacrificial del Cristo [en la cruz]. Pero debe hacer pasar esta asociación a su existencia concreta sufriendo constantemente con Cristo, sacerdote y víctima de su sacrificio, a la manera del Siervo de Isaías 53. En esto consiste el culto racional (logikè latreia) del que habla Rom 12,1, o los sacrificios espirituales (pneumatikai thusiai) de los que habla 1 Pe 2,5; y es precisamente de este modo que en el Apocalipsis se sigue al Cordero inmolado “donde sea que va” (14,4). Este poder de ofrecerse  propio de los cristianos, poder que a su vez es un deber, les viene de la gracia bautismal, y es durante la liturgia eucarística que, de una manera privilegiada, aunque no exclusiva, les es dado ejercer.[16]

 Una vez más, y adelantándose a posibles acusaciones de un sacerdocio demasiado “pasivo”, declara:

 Nada será más contrario a la realidad que hacer de este sacerdocio bautismal una concepción puramente negativa y pasiva, como si se tratase solamente de padecer imitando al Cristo durante su Pasión. […] El cristiano imita al Cristo […] donando su vida por la práctica de la caridad fraterna […]; y como hemos visto ya, los cristianos agregan al ejercicio de su sacerdocio la alegría de una auténtica realeza que les hace participar activamente a la victoria de Cristo sobre las potencias malvadas y al establecimiento perfecto del reino de Dios.[17]

 

Albert Vanhoye

         En un esclarecedor artículo insertado en su libro sobre el sacerdocio bíblico,[18] A. Vanhoye presenta sus investigaciones con la claridad y la profundidad que le son propias. Advirtiendo el lugar preponderante que ocupa en el libro del Apocalipsis el título de “sacerdotes” aplicado a los creyentes en Cristo, distingue nuestro autor cuatro momentos en el libro sagrado, correspondientes el primero a una introducción sobre Cristo como sacerdote y los siguientes tres a los pasajes que estamos estudiando.

         Se pregunta Vanhoye en primer lugar si Cristo es presentado en el Apocalipsis como sacerdote o no. Impresiona que Cristo no sea mencionado directamente como sacerdote, mientras que es presentado en más de una oportunidad, y con claridad meridiana, como rey. Algunos estudios, comenta Vanhoye, han visto en la representación de 1,13 una alusión al Hijo del hombre como sacerdote, y esto debido a algunos detalles de sus vestiduras.[19] Este hecho, sin embargo, no resulta convincente si acudimos al uso que en las Escrituras se da a la misma terminología del vestuario en cuestión. Además, señala con acierto que la imagen de Cristo como avrni,on y como evsfagme,non de 5,6 no indica, tomada en sí misma, ninguna connotación ritual inmediata.  Pero tomada en su contexto, el Cordero “como degollado” es presentado en un ambiente sacrificial, delante del trono de Dios, donde el sacrificio termina su proceso natural, y es ese mismo Cordero que permite que Dios realice su obra a favor de los creyentes (apertura de lo sellos del libro, etc). De este modo - concluye - “puede comprobarse que Juan ha insertado una expresión no ritual (arnion ésphagménon) en una estructura sacrificial”, convirtiendo así una muerte violenta y sin sentido en el supremo acto de culto de los cristianos.[20]

         Establecido el sacerdocio de Cristo en el marco que le brinda nuestro libro, aborda Vanhoye los versículos 5-6 del diálogo litúrgico introductorio.[21] Acepta el estrechísimo lazo formal con Ex 19,6, pero rápidamente pone en resalto las diferencias del nuevo sacerdocio, que es ahora universal en cuanto no está limitado a los hijos de Israel, presente en cuanto contrapuesto a la simple promesa de Dios, como era el caso del texto del Ex, e incondicional. Nota además que, al contrario de las recurrencias veterotestamentarias de la expresión, “hacer sacerdotes” (poiei/n i`erei/j) es vista ahora como una acción agradable a Dios y hecha por quien tiene autoridad.

         Compara también con el sacerdocio antiguo la acción de Cristo con la cual “hace” sacerdotes. Lev 8, 14-17 parece dar a nuestro texto un realce particular, ya que allí Moisés, antes de consagrar sacerdotes, ofrece un novillo como sacrificio por el pecado. Cristo, nuevo Moisés, con una acción presentada como única, nos rescató con su propia sangre, y por esta acción nos hizo sacerdotes (ambos verbos en aoristo).

         ¿En qué sentido se cumplió la promesa de Ex 19,6?, se pregunta Vanhoye. Reconociendo que el texto nos da poquísimos elementos, hace notar las siguientes particularidades: a diferencia de la traducción que hace la primera de Pedro, el autor de Ap no usa el nombre colectivo i`era,teuma, “sacerdocio”, sino el concreto plural i`erei/j, “unos sacerdotes”, con lo cual se estaría significando el carácter más personal del título sacerdotal conferido al creyente, cosa que no impide que luego los hombres y mujeres hechos “sacerdotes” puedan designarse con un repetitivo “nosotros”. Juan no explica mucho más la organización interna del nuevo sacerdocio, ni tampoco marca eventuales distinciones de oficio, sin por eso tampoco excluirlas.[22] Por otro lado, “nunca jamás un sacerdote antiguo, ni judío ni pagano, se había encontrado en una situación semejante de acceso verdaderamente libre a la presencia de Dios”, advierte acertadamente, por lo cual se puede afirmar que “la forma del sacerdocio ha cambiado por completo”.[23] Sorprende un poco, a decir verdad, la afirmación que sigue según la cual una idea de “mediación” de estos “sacerdotes” cristianos “no encuentra ningún apoyo en el texto”. Volveremos sobre el tema al analizar las perícopas. Como conclusión de este primer pasaje, los nuevos “sacerdotes” serían, sustancialmente, “personas santificadas que pueden acercarse a Dios para rendirle culto”.

         Pasando a 5,10,  analiza el lugar que el texto tiene en la estructura del libro y de la visión (4,1-5,14), y la notable secuencia gramatical del mismo (la “causa” de la dignidad del Cordero es su obra de redención). A continuación desarrolla una comparación entre este texto (que es un cántico) y aquel del diálogo litúrgico (que es una doxología), constatando una sustancial semejanza, matizada por notables diferencia. Entre estas últimas señala como más importantes: el señorío de Cristo puesto fuertemente en resalto; el reinar de los creyentes como un acto positivo de ellos (“reinarán”) evitando toda ambigüedad con la idea de “reino” pasivo, posible en 1,5-6 (“nos ha hecho un reino”); el reinado se desarrollará “sobre la tierra”.

         Con respecto al tema del sacerdocio, señala que no se trata de una suerte de apéndice superficial de la realeza. Todo el ambiente del cántico nuevo es sacrificial.[24] Es más, “la realeza cristiana es una consecuencia del sacerdocio”, ya que “la relación con Dios es incomparablemente de mayor importancia”, es simplemente “fundamental, todo depende de ella”. Esto sería el motivo que permitiría a Juan y con él a la multitud de los creyentes a afirmar - y vivir en consecuencia - que los cristianos “reinarán”, sin condicionamientos atenuantes, en cualquier situación histórica, por muy contraria que se presente.

         ¿Cuál es la manera con que los cristianos ejercen ese sacerdocio real? Como el texto se niega a responder, Vanhoye sugiere enlazar el oficio sacerdotal del cántico con 5,8 (las oraciones de los santos) y 8,3-5 (las oraciones de los santos suben hasta Dios y provocan una consecuente reacción en la tierra). Se trataría de un poder de intercesión.

         Finalmente aborda nuestro autor el misterioso pasaje del reino milenario de Ap 20,6.  Así como los textos anteriores diferían en su género literario (doxología y cántico de alabanza), también nos encontramos con una novedad: se trata de una bienaventuranza. Ahora los sujetos del título sacerdotal serán los mártires cristianos, a quienes se le promete una “resurrección privilegiada”, muy anterior a la general, y que comporta el oficio real y sacerdotal, lejos de la “muerte segunda”.

         Se presenta un problema: si en los textos anteriores los cristianos eran vistos como “reino y sacerdotes” que “reinan”, ¿cómo es que ahora este privilegio se presenta en futuro (“serán sacerdotes” y “reinarán”) después de la “primera resurrección”? Se disuelve la dificultad considerando que la situación a quienes corresponderá la realeza y el sacerdocio es de resucitados: se habla de los que ya han muerto y han sido dignos de la primera resurrección; este cambio sustancial de la situación vivencial del sujeto cambia consecuentemente la aplicación y ejercicio del oficio.  El motivo de esta nueva modalidad sacerdotal es que ahora esos creyentes “vienen de una gran tribulación; han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la sangre del Cordero” (7,14). Se han unido al Cordero en su destino violento y glorioso, y por eso reinarán.[25]

         Este nueva formalidad sacerdotal será ejercida “por mil años”. No se detiene Vanhoye a esclarecer este simbolismo “objeto de infinitas discusiones”, sino sólo a señalar las corrientes principales de interpretación; se trataría, sustancialmente, de una imagen que pretendería imprimir en los oyentes la idea de que la perseverancia en la tribulación (martirio) lleva a estar con Cristo después de la muerte (sacerdocio), un estar con Cristo que significa inevitablemente ejercer influencia en la historia (realeza).

         Si bien esta es la última mención del sacerdocio y de la realeza de los creyentes en el libro del Apocalipsis, el contenido de estos títulos no solo continúa hasta el final del mismo, sino que se presentan como definitivos: los creyentes “darán culto a Dios y al Cordero” para siempre (22,3-4) y “reinarán por los siglos de los siglos” (22,5).

 

Ugo Vanni

         Quien ha hecho un mayor número de aportes en los últimos años al tema del sacerdocio en el Apocalipsis es Ugo Vanni. Para presentar un resumen de su pensamiento nos referiremos sobretodo a un artículo aparecido en la revista Gregorianum de 1987,[26] que nos parece sintetiza bien sus investigaciones.

         Observa Vanni que en los últimos años el interés por el tema ha producido abundante material, no sin importantes resultados, aunque para las consecuencias prácticas de las adquisiciones teológicas obtenidas “no parece haber aún respuestas articuladas coherentemente” (10 n. 3). Constatando que del binomio “reino-sacerdotes” es sobre el primer elemento que el libro del Apocalipsis da abundante material, intuye que estudiándolo con detenimiento podremos avanzar en la comprensión del sacerdocio de los creyentes, que aparece en nuestro libro siempre ligado al reino.[27]

         ¿Quiénes son llamados “rey” en el Ap? Ante todo, Dios. También Cristo, quién se presenta como un rey que triunfa sobre todo representante del mal. También son llamados “reyes” diversos personajes históricos que no es posible identificar con exactitud; finalmente se lo aplica también a quien detenta un poder maléfico (9,11). Pero más allá de la simple aplicación nominal del vocablo basileu,j, hay un telón de fondo que aparece siempre que se lo menciona: se trataría del “choque entre fuerzas positivas y negativas”, es decir, nos llevaría siempre a pensar en la lucha entre el bien y el mal.

         Además de “rey”, aparece con frecuencia la palabra basilei,a, “reino”, que a diferencia de “rey” se aplica, además de a Dios y a Cristo, a los cristianos. Pero también a las fuerzas del mal y a los reyes de la tierra como realidades políticas. Se puede sacar en claro una cosa: el reinado no es un estado pasivo sino combativo, y los cristianos “hechos reino” por Cristo participan “al reino que se construye, en un contexto de presiones y de fuerza de signo negativo que hay que superar” (14).

         Finalmente aparece también el término basileu,ein, “reinar”, acción que es ejercida por Dios, Cristo y los cristianos. Según los distintos contextos de su uso, se trataría de una acción en el tiempo presente y en la era escatológica final.

         Concluyendo esta síntesis sobre el campo semántico del “reinado” se puede decir que los cristianos, hechos reino, son un fruto del reinar de Cristo, pero un fruto que, por la naturaleza de su entorno externo negativo, conlleva necesariamente una actitud dinámica de conquista.

     Catalogando 1,6 como el pasaje central del diálogo litúrgico inicial, estudia el texto y su contexto con las siguientes conclusiones orientadas a esclarecer la realidad sacerdotal de los creyentes:

 

·        el autor, dirigiéndose a los oyentes en segunda persona, crea en ellos un clima de expectativa;

·        la acción de Cristo (“nos libró”) sugiere que los cristianos ahora “son libres para obrar”;

·        la “sangre” en la que fueron librados es participación del evento pascual de Cristo, y así los redimidos “participan de la agilidad creativa típica precisamente de la resurrección”;

·        el binomio “reino-sacerdotes” sugiere una interacción mutua: el reino es sacerdotal, los sacerdotes ejercen como reino;

·        la idea veterotestamentaria del sacerdocio (Ex 19,6) lleva implícita la idea de mediación;

·        un sacerdocio en el marco de un “reino” es impensable fuera del marco del reino de Cristo, que es un reino que se está haciendo, y que comporta la lucha contra las fuerzas contrarias;

·        “la gloria y la fuerza” debidas a Cristo sugieren una situación dinámica.

 

        En el segundo pasaje estudiado (Ap 5,9-10) se vislumbran elementos importantes para la comprensión del texto. Opta Vanni por la variante al presente del verbo basileu,ein, con buenos motivos según mostraremos más adelante en nuestro análisis de la perícopa, elección que influye grandemente en la interpretación del texto. La realidad de “reino y sacerdotes” es un “adquisición” de Cristo, una vez para siempre, dada como don a los creyentes, pero no para el provecho personal de Cristo, por así decirlo, sino “para nuestro Dios”. Ahora bien, el hecho de experiencia es que los creyentes no han alcanzado aún la plena pertenencia a Dios, sino que están en camino hacia ello, ¡y en medio me una presencia operante y omnipresente del mal! Se sugiere entonces que precisamente en este “espacio” entre la “compra” de Cristo en beneficio del Padre  y su efectiva actualización por parte de los creyentes, tendría lugar la acción sacerdotal de estos, acción iluminada por la idea y las perspectivas abiertas por el concepto de “reino”:

         La situación de reino propia de los cristianos, aunque había sido causada en ellos por la acción de Cristo, no es estática. Es una situación de la cual brota un dinamismo de reino, y es precisamente en este dinamismo de reino que se realiza el sacerdocio específico de los cristianos (27).

         A reforzar la idea militante de este reino contribuye la notable observación del autor sagrado de que los creyentes, hechos reino y sacerdotes, “reinan sobre la tierra” (1,6), que es el ambiente típico de las acciones humanas en toda la literatura apocalíptica.

         El último pasaje estudiado, Ap 20,6, trae un gran número de dificultades hermenéuticas, sea para entender los símbolos, sea para aplicarlos a la vida. En lo que nos interesa, y luego del sólito análisis contextual, señala Vanni que la mencionada “primera resurrección” (20,5) de los que “serán sacerdotes” debería interpretarse como “la capacidad activa, vital - de aquí el nombre de resurrección - de colaborar con Cristo resucitado en la realización del reino de Dios en la historia. La resurrección sería, en definitiva, esa suma de vitalidad que permite a los cristianos una cooperación activa con Cristo resucitado” (30-31).

         Ahora bien, los “mártires” son cristianos que han dado su vida, es decir, han muerto. ¿Cómo aplicarles la “resurrección” y el consiguiente oficio “sacerdotal”? Sin ocultar lo resbaladizo de una interpretación demasiado puntillosa de un pasaje tan misterioso, se sugiere que no se estaría tratando, principalmente, de una “mediación” (sacerdotal) de ultratumba,[28] aunque si bien ésta no se excluye en la letra del texto; más bien sería la “capacidad - de estos mártires - de influir sobre el desarrollo de la historia”, poniendo en la historia “una energía de resurrección” capaza de mediar entre el plan de Dios y su real aplicación, cueste lo que cueste. Ejercen su función sacerdotal “dando la vida… y sobreviviendo luego en la valuación que de ellos hacen los hombres, quienes reconocen no sin estupor que su muerte contenía en sí un secreto de vida…” (33). Haciendo así llevan a Cristo a todos los ángulos de la existencia.

         Como  conclusión del análisis de los tres textos sintetiza Vanni su investigación de este modo:

         El sacerdocio, como nos es presentado en el Apocalipsis, es un rol activo de reino que los cristianos deben ejercitar en la historia, una vez que han sido alcanzados por la acción libertadora de Cristo que los ha constituido “reino”.  Y es precisamente la dimensión de “reino”, en sus diversas implicaciones, la que precisa y da cuerpo a la responsabilidad sacerdotal de los cristianos. (33)

 

 


[1] Las decisiones textuales pertinentes serán explicadas al analizar cada texto.

[2] Para una bibliografía exuberante ver E. Schüssler Fiorenza, Priester für Gott, Münster (1972) 422-450. No presentamos aquí el pensamiento de esta autora por tratarse de una lengua en la que no nos sentimos extremadamente cómodos (no hay ninguna traducción de su obra, originalmente en alemán, al día de la fecha). Nos remitiremos a ella, sin embargo, para fundamentar algunos puntos del análisis textual y contextual de nuestras perícopas, que a juicio de los recensionistas sería, por lejos, el mejor aporte de su monumental trabajo.

[3] A. Feuillet, Les ‘sacrifices spirituels’ du sacerdote royal des baptisés (I Pet. II,5). Leur préparation dans l’Ancien Testament, “La nouvelle revue théologique” XCVI (1974) 704-722.

[4] A. Feuillet, Les chrétiens prêtres et rois d’après l’Apocalypse. Contribution à l’étude de la conception chrétienne du sacerdoce, “Revue Thomiste” 75 (1975) 40-66.

[5] Les chrétiens prêtres 41.

[6] Les chrétiens prêtres 44.

[7] Cf. Jn 17,18-19 y Heb 10,10.

[8] Principio que queda gráficamente cristalizado en la promesa de Jesús a la Iglesia de Laodicea: “Al que vence, a ese le daré sentarse conmigo en mi trono, al modo como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono” (3,21).

[9] Les chrétiens prêtres 51.

[10] Les chrétiens prêtres 53.

[11] “Royauté” en vez de “royaume”.

[12] Representada sobretodo por la exposición de Schüssler Fiorenza, Redemption as Liberation, Ap. 1,5f and 5,9f, “Catholic Biblical Quarterly” XXXVI (1974) 220-232.

[13] Les chrétiens prêtres 58. Feuillet declara, por otra parte, que los veinticuatro ancianos son los santos del Antiguo Testamento, como lo parece indicar Heb 11,2 usando allí el término presbu,teroi para señalar a los padres de la primera Alianza.

[14] Les chrétiens prêtres 60.

[15] Les chrétiens prêtres 61.

[16] Les chrétiens prêtres 65.

[17] Les chrétiens prêtres 65-66.

[18] A. Vanhoye, Sacerdotes antiguos, sacerdote nuevo según el nuevo testamento, Salamanca (1984) 287-316.

[19] Así Feuillet, en la obra que hemos comentado más arriba. Sin embargo el punto fuerte para sostener que Cristo es presentado claramente como sacerdote lo constituiría, para Feuillet, la expresión de 1,5: tw/| avgapw/nti h`ma/j kai. lu,santi h`ma/j evk tw/n a`martiw/n h`mw/n evn tw/| ai[mati auvtou/( ya que “la liberación de los pecados por medio de la sangre es una función típicamente sacerdotal” (46). Creemos que es acertado.

[20] Sacerdotes 291.

[21] Veremos más tarde la importancia de los estudios de U. Vanni para establecer el género literario de estos versículos que sirven de introducción a todo el libro; Vanhoye toma explícitamente de Vanni la idea de “diálogo litúrgico introductorio”.

[22] La mención de los “ángeles de las iglesias”, que se referirían muy probablemente a los líderes de las mismas, y el mismo diálogo litúrgico introductorio entre la asamblea y el que la preside, serían datos a tener en cuenta para una visión global de un sacerdocio común pero diferenciado (ver Sacerdotes 297).

[23] Sacerdotes 299.

[24] Interesante en particular los motivos hermenéuticos para llegar a esta conclusión en el cántico: Dios aparece como el centro de la acción, y es precisamente “la relación con Dios el aspecto más específico del sacerdocio” (Sacerdotes 303).

[25] “La muerte de los mártires y la fidelidad sin compromisos de los otros fieles constituyen  por tanto el camino de acceso a un cumplimiento más perfecto del sacerdocio cristiano, fuente de felicidad y de santidad: Dichosos y santos…, serán sacerdotes de Dios y de Cristo (20,6)” (Sacerdotes 311-312).

[26] La promozione del regno come responsabilità sacerdotale dei Cristiani secondo l’Apocalisse e la Prima Lettera di Pietro, Gregorianum 68 (1987) 9-56. En adelante citaremos esta obra por su número de páginas. Ver la bibliografía al final del presente trabajo para una referencia más amplia de todos los  escritos de Vanni sobre el tema.

[27] En Le Sacerdoce Royal des Fidèles dans les Livres Saints P. Dabin había emprendido la misma metodología, pero llevado del filón “sacerdotal” del Apocalipsis, que si bien, como nota Vanni, no nombra explícitamente a otros sacerdotes fuera de nuestros tres pasajes ni da detalles del desenvolvimiento de sus oficios, sin embargo presenta en toda su extensión repetidas alusiones a los ritos cultuales propios de los sacerdotes.

[28] Esta “mediación” martirial del más allá estaría mejor representada en el pasaje del quinto sello, donde los mártires ofrecen sus oraciones a Dios para reestablecer en la tierra la justicia (6,9-11).

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