Foro de Exégesis y Teología Bíblica del Instituto del Verbo Encarnado

“…nos hizo un reino, unos sacerdotes para su Dios y Padre.” P. Lic. Juan Carlos Sack, I.V.E.

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PONTIFICIO INSTITUTO BÍBLICO

“…nos hizo un reino, unos sacerdotes
para su Dios y Padre.”
 

En qué sentido los cristianos
son llamados
i`erei/j en Ap 1,6, 5,10 y 20,6.
 

P. Lic. juan carlos sack, I.V.E. - Ejercitación para la Licencia

Roma, 2002

juancarlossack@ive.org

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Ap 20,6

El texto

 

6a        maka,rioj kai. a[gioj o` e;cwn me,roj evn th/| avnasta,sei th/| prw,th|\

       6b    evpi. tou,twn o` deu,teroj qa,natoj ouvk e;cei evxousi,an(

6c           avllV e;sontai i`erei/j tou/ qeou/ kai. tou/ Cristou/

6d           kai. basileu,sousin metV auvtou/ ta. ci,lia e;thÅ

 

En general este texto, última aparición del término i`erei/j en el Ap, no presenta problemas serios de transmisión textual. Sin embargo, es de notar que el importante verbo al futuro basileu,sousin (6d) ha sido trasmitido al presente por el códice Alejandrino. Llama la atención que Nestle-Aland ni siquiera lo mencione. Tampoco Aune, que habitualmente es puntilloso en este sentido.

 

Dado que el futuro es requerido claramente por el contexto (el e;sontai en 6c que designa a los sujetos de la acción esta atestiguado sin excepciones), ha parecido obvio a todos los críticos que A estaría trasmitiendo en este caso un texto corrupto. Con respecto al motivo del error, algunos quieren ver en el copista alejandrino no una distracción, sino una intención teológica: el reinado milenario de Cristo, durante el cual ejercerían la realeza los considerados dignos de la primera resurrección, no se estaría refiriendo al futuro, sino “al tiempo de la Iglesia”, es decir, al presente, interpretación ésta que hicieron prevalecer sobretodo Tyconio y San Agustín.[95]

 

Sorprende el uso del demostrativo plural en evpi. tou,twn, refiriéndose a un antecedente singular (maka,rioj kai. a[gioj o` e;cwn...), y el consecuente plural en e;sontai y basileu,sousin. No hay discrepancias externas en la transmisión de los plurales. Se trata pues de una constructio ad sensum.

 

Para la decisión sobre el artículo determinativo ta. antes de ci,lia e;th[96] no creemos que debamos presentar aquí la situación textual, ya que no indicaría, de un modo u otro, correcciones sustanciales a la exégesis de nuestro paso. Tomamos el artículo como parte del texto, por tratarse de la lectio difficilior. [97]

 

Estructura literaria y contexto

 

El pasaje se enmarca al final de la quinta de una serie de ocho visiones que describen los eventos de los últimos tiempos: 19,11: “el caballo blanco”; 19,17: “un ángel parado sobre el sol”; 19:19: “la bestia y los reyes de la tierra”; 20,1: “el ángel con las llaves del abismo”; 20,4 “los tronos y los jueces”; 20,11: “el gran trono blanco”; 20,12: “los muertos ante el trono”; 21,1: “los cielos nuevos y la tierra nueva”; todas visiones que comienzan con un distintivo kai. ei=don.[98]

 

Desde otra perspectiva, el texto de 20,1-10 tiene su propia estructura e historia en la exégesis de Ap, considerada sobretodo su particular dificultad de interpretación; da cohesión a este pasaje la mención repetitiva de los ci,lia e;th,  que aparece hasta seis veces en los diez versículos.[99]

 

La quinta visión que enmarca a nuestro texto se refiere a h` avna,stasij h` prw,th (20,5), que merecerán aquellos que fueron “decapitados por el testimonio de Jesús y por la palabra de Dios” y aquellos que “no adoraron a la bestia ni a su imagen, ni han recibido la marca sobre la frente o en la mano” (20,4). Al final de la visión, una promesa de bienaventuranza o macarismo:[100] sobre estos  o` deu,teroj qa,natoj no tendrá ninguna influencia, y además e;sontai i`erei/j tou/ qeou/ kai. tou/ Cristou/ kai. basileu,sousin metV auvtou/ ta. ci,lia e;thÅ

 

Análisis

 

El texto y su contexto se distinguen notablemente de los dos anteriores, tanto por su forma como por su contenido. Vamos a hacer aquí, en primer lugar, una comparación con los pasajes estudiados anteriormente.

 

La primer diferencia que salta a la vista es el contexto en que se encuentra la terminología sacerdotal: no estamos ya, como en los dos casos anteriores, en una doxología (1,6) o un cántico al Cordero (5,10), sino en un macarismo referido al cristiano que, por conservarse fiel a los mandatos de Dios, es declarado maka,rioj kai. a[gioj (20,6).

 

En consonancia con este cambio de sujeto, el verbo referido a “sacerdotes” no es más “hacer”, sino “ser”: e;sontai i`erei/j, mientras que el oficio de Jesús no es ahora “hacer” sacerdotes, sino ser la persona, junto con el Padre, a la cual los sacerdotes pertenecen: i`erei/j tou/ qeou/ kai. tou/ Cristou/. El genitivo, también notable en comparación al tw/| qew/| de los dos textos sacerdotales anteriores, nos permite entender la relación sacerdotes-Dios de modo diverso. Considerando el paralelismo con otros textos  de Ap donde el culto de los cristianos se dirige a Dios y a Cristo en igualdad de niveles (sobretodo 5,13 y 7,10) podemos decir que aquí el sentido es que los sacerdotes son los que rendirán culto a Dios y a Cristo; son “sus” sacerdotes, estarán totalmente abocados a su servicio. Destaquemos que esta es la única vez en las Escrituras que se habla del “sacerdotes de Cristo”.

 

Si bien falta totalmente el sustantivo basilei,a, la idea de la realeza de estos sacerdotes permanece en su lugar: basileu,sousin. Se agrega el complemento metV auvtou/ ta. ci,lia e;th. Pero así como se agrega la circunstancia temporal (ta. ci,lia e;th), a la promesa del reinado falta, notablemente, la especificación espacial (evpi. th/j gh/j) que había caracterizado el reino en 5,10. No se trata, por cierto, de una ausencia ocasional. Los que han muerto por el testimonio de Jesús no reinarán “sobre la tierra”, sino en una nueva dimensión. El sacerdocio ejercido como reino aquí y ahora era referido en 1,6 y 5,10; en nuestro pasaje la muerte a cambiado el reinado, le ha dado una formalidad absolutamente nueva. Esta nueva formalidad podría tratarse, sí, de la gh/ kainh,, ya que en relación a ésta o` prw/toj ouvrano.j kai. h` prw,th gh/ avph/lqan (21,1).[101]

 

Más importante para la interpretación del texto es el paso de los aoristos de los textos anteriores (evpoi,hsen, evpoi,hsaj) al futuro (e;sontai). Es difícil dar una respuesta demasiado precisa, pero creemos que entre 20,6 y los dos textos anteriores hay una diferencia importante de contenido. El sacerdocio del que se habla en 1,6 y 5,10 es el sacerdocio actual de todos creyentes, como vimos, que deben mediar entre el designio de Dios y su vida cotidiana. 20,6, por el contrario, habla de los que han sido decapitados, no de los cristianos en su condición habitual. El texto anuncia ahora que ellos serán sacerdotes también después de su muerte violenta. Sin duda que esto es una novedad, ya que en la Antigua Alianza no se conocía ningún sacerdocio más allá de la muerte. Se trata, pues, de una noticia del todo original y alentadora.

 

La promesa, en nuestro paso, es ciertamente restrictiva: se refiere no a todos los creyentes, sino a un grupo bien determinado, a saber, los mártires y los que se mantuvieron fieles ante las solicitudes de los enemigos de Dios. La promesa de la inmunidad ante la “segunda muerte” y de la identidad sacerdotal aparece como una suerte de premio.[102] En los textos de 1,6 y 5,10 el sacerdocio era establecido por la muerte cruenta del Cordero en beneficio de todos los creyentes; aquí el sacerdocio se da como don sólo a los que padecen la muerte cruenta (o al menos el paciente sufrimiento por Cristo) en su propio cuerpo. Participando con Cristo en su paso inmolativo a;cri qana,tou (2,10) reinarán “con él”. Al menos formalmente la diferencia es clara; es difícil decidir si en la mente del autor esta restricción se entendía en sentido exclusivo (no todos los creyentes reinarán, sino sólo aquellos que permanezcan fieles en las persecuciones hasta la muerte) o bien en sentido meramente positivo, suponiendo que todos los creyentes permanecerían fieles hasta la muerte, y por lo tanto no sufrirían la muerte segunda y reinarían con Cristo por los mil años. Dado el carácter parenético de los macarismos, pensamos que la primer posibilidad se ajusta mejor al sentido del texto, no en cuanto excluya totalmente a los que no sufrieron el martirio literalmente o no probaron el peso de la persecución (los redimidos, todos ellos, ya han sido constituidos sacerdotes para Dios al margen de la modalidad que, independientemente de ellos, adquiera su modus morendi), sino más bien en el sentido que los que escuchan la bienaventuranza no se pierdan de ánimo ante los embates del sufrimiento por el testimonio y la palabra de Dios, porque les espera una recompensa particular.[103]

 

En lo que 20,4-6 tiene de propio, deberemos limitarnos a una somera mención, ya que estamos ante un pasaje muy rico en símbolos y elementos escenográficos que no podemos analizar en detalle; además, como lo demuestran la historia de la exégesis, el pasaje, en su complicidad, abre la puerta a las más variadas y dispares interpretaciones.

 

Los que “serán sacerdotes” y “reinarán” son aquellos que tienen parte evn th/| avnasta,sei th/| prw,th| (20,6). Es difícil decir de qué resurrección se trata.[104] Que se esté hablando de una resurrección física en sentido literal parece excluirse por el contexto, como por el adjetivo prw,th. De todos modos, sabemos a ciencia cierta que se trata de mártires. ¿Qué resurrección les permite ser sacerdotes para Dios y para Cristo? Si mantenemos que no se trata de la resurrección física (que entonces podría bien llamarse “segunda resurrección”, en paralelismo antitético a la “muerte segunda” de 20,6 y 14), entonces debe tratarse de una nueva vitalidad (e;zhsan, 20,4), que les permite asociarse a Cristo (metV auvtou/) en la capacidad de hacer posible el reino de Dios.[105] A falta de mayores datos, deberemos aceptar que la primera resurrección sucedió en el momento de su propia muerte testimonial.[106] Los que fueron fieles hasta la muerte, serán sacerdotes inmediatamente después. ¿Qué harán entonces? Intercederán por los que deben implantar el reino evpi. th/j gh/jÅ Esa es exactamente la actitud que veremos tomarán las almas tw/n evsfagme,nwn dia. to.n lo,gon tou/ qeou/ kai. dia. th.n marturi,an h]n ei=con ante el trono de Dios en 6,9-11. Estas “almas” pertenecen sin duda al grupo de los que “serán sacerdotes” por haber dado testimonio hasta la muerte, y si consideramos los mil años de su “reinado”, como el tiempo desde sus muertes hasta el fin de la historia, entonces esa es precisamente su oficio. Notemos en 6,9-11 los elementos sacerdotales: el altar, la intercesión, la sangre.[107]

 

Los que sean considerados dignos de esta resurrección e;sontai i`erei/j tou/ qeou/ kai. tou/ Cristou/. Como en los otros textos, vemos aquí también una alusión a Ex 19,6 y, muy probablemente, a Is 61,6.[108] Ya se había establecido con anterioridad el hecho de la constitución sacerdotal de los cristianos (1,6; 5,10). Ahora la muerte parece no interrumpir esa dignidad en aquellos que fueron inmolados por su fe. Al contrario, la proyecta por todo el tiempo que durará el reino de Dios y de Cristo.

 

El intento de interpretar los “mil años” ha producido opiniones dispares y muy discutidas.[109] Para el propósito de nuestro estudio baste señalar la conclusión que nos parece más acertada, a saber, que no se trata de una calificación temporal sino teológica.[110] Indica no un tiempo de mil años literales, sino un largo tiempo, todo el tiempo de la historia; el tiempo entre la muerte de los testigos y los eventos finales, inaugurados por la puesta en libertad de Satanás (luqh,setai o` Satana/j evk th/j fulakh/j auvtou/, 20,7). Para quien está bajo el poder de un reino humano opresor como el romano de la época cristiana primitiva, hablar de los “mil años” del reinado de Cristo es sobreponerlo a todo otro imperio, por muy malo y largo que sea. Ya dos veces la asamblea había oído hablar de Jesús como del basileu.j basile,wn (17,14; 19,16); ta. ci,lia e;th son una nueva forma de proclamar que el reinado de Cristo no sólo está por sobre todos y cada uno de los reyes del mundo, sino que se extiende a todo el tiempo de la historia.

 

Síntesis interpretativa

 

Si bien es cierto que el sacerdocio de este último texto tiene connotaciones bien diversas de los dos primeros textos, es claro que la perspectiva sacerdotal de los cristianos, rompiendo los límites de la muerte, adquiere dimensiones sorprendentes. En nuestro texto no todos “serán sacerdotes y reinarán con él por los mil años”, sino solo aquellos que han dado testimonio de fidelidad a Cristo. En un entorno claramente escatológico, el vidente quiere asegurar a la asamblea que los que han muerto en Cristo tendrán su recompensa; ya lo había dicho antes: maka,rioi oi` nekroi. oi` evn kuri,w| avpoqnh,|skontej avpV a;rtiÅ nai,( le,gei to. pneu/ma( i[na avnapah,sontai evk tw/n ko,pwn auvtw/n( ta. ga.r e;rga auvtw/n avkolouqei/ metV auvtw/n (14,13). Ahora especifica la situación de aquellos que se mantendrán fieles hasta la muerte: e;sontai i`erei/j... kai. basileu,sousin.

 

En su contexto inmediato, el mensaje sacerdotal de 20,6 se enmarca en medio de una lucha antagónica de los dos principios, entre los que se mueven los hombres en la historia: Dios, Cristo y su reino, por un lado, y Satanás y su reino terrenal, por otro. Pero no son fuerzas pares: Cristo ha inaugurado, para Dios, y con hombres de toda condición, un reino que ya no se detiene. Sufre, da testimonio, muere en sus mártires... pero tan sólo para revivir. No hay muerte, en realidad, en el reino de Dios. El reino de Satanás, por el contrario, obra en la medida que Dios se lo permite, ni un gramo más, ni un minuto más: es “soltado” cuando Dios quiere (20,7) y es “arrojado” cuando Dios quiere (20,11). Lleva en sí el germen de la corrupción; no tiene esperanzas de vida: su final es “la muerte segunda” (21,8), que es absoluta e irreversible.

 

Los sacerdotes del reino milenario son llamados, con razón maka,rioi kai. a[gioi. La asamblea, constituida en sacerdotes y reino, debe enfrentarse cotidianamente a las fuerzas del mal, anunciadas claramente y sin ambivalencias en las mismas profecías del libro. Por eso necesita oír, también, las palabras de las bienaventuranzas, de lo contrario puede sucumbir a la tentación en esta lucha cósmica entre el bien y el mal. Al abandonar la asamblea el creyente se encontrará con esa fuerza tenebrosa de Satanás, que ha arrebatado ya la vida de muchos de sus hermanos en la fe, y que pone en peligro también la suya. Pero las palabras de las profecías lo reconfortan. Sabe que si sufre con Cristo, a causa de Él, hasta la muerte, tendrá parte en su misma vitalidad de resucitado; se verá libre de la tiranía del mal, no conocerá ninguna condenación. Finalmente, de eso se trata, de estar con Cristo y de reinar con Él.

 

 

Conclusión

 

El Apocalipsis ha sido presentado, en más de una ocasión, como un libro “incomprensible”, cosa que lleva, por fuerza, a tener con respecto a él una mirada desconfiada: entre tantos símbolos e imágenes escénicas nos parece pobre de contenido “doctrinal”, o al menos de indicaciones concretas de acción. Sin embargo, es precisamente esa capacidad que el libro tiene de escapar cualquier interpretación demasiado precisa y definitiva la que lo hace único y extraordinario. El día que este tesoro literario-espiritual entregado a la Iglesia sea interpretada “definitivamente”, será tal vez porque el Señor ha vuelto.

 

Entre las riquezas de este tesoro se encuentra la perla del sacerdocio de los que creen en Cristo, que como particularidad del Ap se presenta en íntima conexión con el reino que conforman. Como pudimos ver, hay suficientes motivos para pensar que no se trata de una formulación sin demasiada importancia, apenas un elemento más de la decoración apocalíptica del vidente de Patmos. La certeza de la constitución íntima y definitiva, por parte de Cristo, de un reino-sacerdotes tomado de toda raza, lengua pueblo y nación, ocupa en nuestro libro un lugar preponderante, a juzgar sea por su misma ubicación (es lo primero que se anuncia con respecto a los efectos de la acción salvífica de Cristo, 1,6) como por su misma naturaleza (Cristo nos hace partícipes de su acción salvadora).

 

El sacerdocio establecido por el Cordero es, pues, un sacerdocio real, pide un reino, construye un reino, se mueve a modo de reino, termina en un reino. No hay quien pueda oponerse a esta realidad, y ni siquiera la muerte puede anular el ejercicio de este nuevo reino-sacerdotes. Los cristianos son reino. Por ello es esencialmente transformante, no puede detenerse ni dejar las cosas como están, porque - se sabe - existe también otro “reino”, el que no es de Cristo sino que le es contrario. La asamblea litúrgica que escucha las profecías del libro de Juan es conciente de que se está hablando de de lucha, de resistencia y de conquista,  porque ya antes había oído de su Maestro que  h` basilei,a tw/n ouvranw/n bia,zetai (Mt 11,12); pero ellos saben, por las palabras del vidente, que su nueva condición los capacita y los manda a la conquista, y entienden ahora de qué modo biastai. a`rpa,zousin auvth,n.

 

Esta novedad sacerdotal se anuncia por medio de las más variadas manifestaciones de júbilo: doxología (1,6), cántico nuevo (5,10) y bienaventuranza (20,6); pero nunca falta la referencia al sufrimiento, simbolizada en la sangra redentora de Cristo (1,6 y 5,9-10) y la de los mismos creyentes (20,4).

 

De este modo la tensión escatológica entre el ya y el todavía no del reino de Dios y de Cristo difícilmente podría presentarse con más fuerza y poder de convicción que lo que escribe el vidente de Patmos. Señalando la característica sacerdotal de todo el que cree en Cristo, las líneas de acción en el reino se perfilan, aunque no en sus detalles, con mucha claridad: habrá que seguir al Cordero donde quiera que él vaya (14,4). Ese será el nuevo culto de los sacerdotes de Dios y de Cristo.

 

El de los cristianos no es un culto optativo ni un sacerdocio de mera dignidad. Usando una expresión audaz pero que se deriva de todo el libro, de la eficacia del ejercicio sacerdotal de los cristianos depende la implementación del reino Cristo. La capacidad que Él tiene para realizar eficazmente los planes de Dios en la historia humana está en relación directa con la acción que realicen los creyentes, hechos por él reino y sacerdotes para reinar. Son ellos los que deben reinar, para que el reino de Cristo se implemente; en este sentido son llamados (única vez en todas las Escrituras cristianas) “sacerdotes de Cristo” (20,6).

 

¿Es posible, en realidad, implementar el reino en medio del anti-reino de Satanás? Si, pero al modo cómo lo ha pensado Dios. Es posible implementar el reino porque por medio de la mediación de los cristianos el Cordero puede develar los designios de Dios para que otros crean y den gloria a Dios y sigan también ellos al Cordero; por otro lado, y según los designios de Dios, el reino de los cristianos se ve limitado - temporalmente - por Satanás y sus satélites, hasta que Dios determine que el mal por ellos cometido y difundido es suficiente. Es importante conocer tanto el poder de conquista intrínseco al reino como sus “límites”: no es un reino humano, y debe ejercerse al modo cómo lo quiere Dios y como lo inauguró el Cordero. Es bueno saber que los creyentes se encontrarán necesariamente con el reino de Satanás, para no crearse falsas expectativas, ni proclamar una victoria desenfocada, ni perderse de ánimo cuando el mal intervenga eficazmente en las voluntades de quienes los rodean. Todo eso es - nos enseña el Ap - parte del plan. Todas estas cosas dei/ gene,sqai (4,1).

 

Los cristianos, sacerdotes-reino, deben aprender a mirar la historia con ojos de divina inteligencia. Deben saber descubrir al avrni,on e`sthko.j w`j evsfagme,non en todos los acontecimientos de la historia. No es un conocimiento meramente historiográfico, sino vital: él, y no otro, es el único que puede revelar los misterios de la historia, y todo está bajo su control. Es él el que los ha constituido sacerdotes, y los capacita para reinar sobre la tierra.

 

En la Jerusalén celestial, la “nueva”, la que no tendrá fin, no habrá ya templo (21,22). Pero el sacerdocio continuará. Este es un sacerdocio “nuevo”, como es nuevo el “cántico” que lo proclama (5,9) y el cielo y la tierra que los hospeda (21,1). Los sacerdotes no intercederán ya por nadie, pero elevarán a Dios el sacrificio de alabanza, serán ellos una eterna alabanza a Dios: oi` dou/loi auvtou/ latreu,sousin auvtw/| (22,3). Así, el plan de Dios se implementará definitivamente y los que han seguido al Cordero reinarán con Cristo por los siglos de los siglos.

 

e;rcou ku,rie VIhsou/ (22,20)

 

 

 

Principal bibliografía consultada

 

Comentarios sobre el Apocalipsis

 

R. H. Charles, A critical and exegetical commentary on the Revelation of St. John, Edinburgh (1920).

 

E. B. Allo, L’Apocalypse, Paris (1933).

 

P. Prigent, L’Apocalisse di S. Giovanni, Roma (1985).

 

h. Giesen, Die Offenbarung des Johannes, Regensburg (1997).

 

D. E. Aune, Revelation, Word Biblical Commentary 52 A, Dallas (1997); 52 B, Dallas (1998), 52 C, Nashville (1998).

 

 

Estudios sobre el Apocalipsis en general

 

U. Vanni, L’Apocalisse: ermeneutica, esegesi, teologia, Bologna (1988).

 

U. Vanni, La struttura letteraria dell’Apocalisse, Brescia (1980).

 

 

Estudios sobre el sacerdocio en el Apocalipsis

 

P. Dabin S. J., Le sacerdoce royal des fidèles dans les livres saints, Gembloux (1941), 223-244.

 

E. Schüssler Fiorenza, Priester für Gott, Münster (1972).

 

A. Feuillet, Les chrétiens prêtres et rois d’après l’Apocalypse, Revue thomiste 75 (1975) 40-66.

 

A. Vanhoye, Testi del Nuovo Testamento sul Sacerdozio, Roma (1982).

 

                        –, Sacerdotes antiguos, Sacerdote nuevo, según el Nuevo Testamento, Salamanca (1984), 287-316.

 

A. Vanhoye, F. Manzi, U. Vanni, Il Sacerdozio della Nuova Alleanza, Milano (1999).

 

U. Vanni, Sacerdozio e regno nell’Apocalisse. Una prostpettiva teologico-biblica, Rivista Liturgica LXIX 3 (1982) 337-350.

           

            –, Il sacerdozio dei cristiani e il sangue di Cristo nell’Apocalisse, Atti delle Settimana di Studio ‘Sangue e Antropologia Riti e Culto’, Roma (1987) 835-862.

 

            –, La promozione del regno come responsabilità sacerdotale dei Cristiani secondo l’Apocalisse e la Prima Lettera de Pietro, Gregorianum 68 (1987) 9-56.

 

 

Literatura relacionada con el sacerdocio en el Apocalipsis

 

U. Vanni, Un esempio di dialogo liturgico in Ap 1, 4-8, Biblica 57 (1976) 453-467.

 

            –, La pratica del sacerdozio dei cristiani alla luce della prima lettera di Pietro: spunti e riflessioni, I laici nel popolo di Dio, Roma (1990) 235-264.

 

            –, Il millenarismo: parametri per un discernimento cristiano alla luce di Apocalisse 20, 1-10, Sette e Religioni 1 (1991) 110-147.

 

            –, Il regno millenario di Cristo e dei suoi, Studia Missionalia 42 (1993) 67-95.

 

            –, Regno ‘non da questo mondo’ ma ‘regno del mondo’. Il regno di Cristo dal IV Vangelo all’Apocalisse, Studia Missionalia 33 (Roma) 326-358.

 

            –, Il sangue nell’Apocalisse, Atti delle Settimana di Studio ‘Sangue e Antropologia Biblica’, Roma (1981) 872-876.

 

 


 

[96] Testimoniado por a, 046 y algunos manuscritos, y seguido por Tischendorf, Schmid, Merk, Nestle-Aland27, entre otros; falta en A, 051 y la mayoría de los manuscritos, seguidos por von Soden y otros.

[97] Puede verse Metzger, Textual 687. Un buen resumen de las variantes y los motivos de su preferencia, D. E. Aune, Revelation, Word Biblical Commentary 52 C, Nashville (1998) 1073, 6f., quien se inclina por excluir el pronombre del texto.

[98] Para una discusión más detallada sobre la división de las visiones y el análisis estructural de 20,4-6, Schüssler-Fiorenza Priester 295-313.

[99] Para un análisis literario y exegético de 20,1-10, ver U. VANNI, Il regno millenario di Cristo e dei suoi, Studia Missionalia 42 (1993) 67-95.

[100] Los otros macarismos escatológicos del libro en 1,3; 14,13; 16,15; 19,9; 22,7 y 22,14.

[101] “Damit [las promesas de reinado en 5,10c; 20,6 y 22,5] kann nur die neue Erde gemeint sein, zumal die Herrschaft auf dieser Erde nicht von den Christen, sondern vom Römischen Reich und seinen Vasallen, ‘den Königen der Erde’, ausgeübt wird.” Giesen, Offenbarung 171. Giesen considera 5,10c como futuro.

[102] Con respecto a la primera, y tomando pie del uso de los presentes (e;cwn, e;cei), afirma Allo: “Ces présents confirment bien l’interprétation ci-dessus. La ‘seconde mort’, opposée à la mort corporelle, est celle de l’âme par le peché ici-bas, par la damnation dans l’autre vie”. L’Apocalypse 312.

[103] “Die Adressaten werden indirekt dazu aufgefordert, so zu leben, daß sie zu den Seliggepriesenen gehören.” Giesen, Offenbarung 435.

[104] Ver la discusión en Aune, Revelation 52 C 1090.

[105] Vanni, Sangue e Antropologia 857-861.

[106] Es probablemente la misma idea parenética que se encuentra en 2 Cor 4,17, cuando se dice hablando de los sufrimientos de la vida cristiana y de la muerte: “esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación”. O el deseo ardiente de Pablo en la prisión de avnalu/sai kai. su.n Cristw/| ei=nai (Flp 1,23). Ver también Ro 8,17; 2 Tim 2,12.

[107] En 6,10 las almas de estos mártires piden que su sangre reciba justicia evk tw/n katoikou,ntwn evpi. th/j gh/j, lo cual se enlaza fuertemente su oficio con la actividad de aquellos que aún permanecen en la tierra, buenos o malos que sean, ejerciendo así, con respecto a estos últimos, un servicio sacerdotal de mediación basado en su propia sangre. Aune afirma que los parecidos entre 20,4-6 y 6,9-11 son tales que ambas visiones deben considerarse como “variantes de una misma tradición (literaria)” (Revelation 52 C, 1088. Vanni agrega a esto una referencia a otros dos mártires que el Ap nos presenta en plena acción luego de su muerte: se trata de los dos martu,rej 11,2-12: cualquiera sea la interpretación que merezcan, su acción, luego de sus muertes violentas, es totalmente vivificante y efectiva.

[108] LXX: u`mei/j de. i`erei/j kuri,ou klhqh,sesqe. Opinión que no comparte Schüssler Fiorenza, Priester 366-368.

[109] Vanni trae un listado bastante exhaustivo sobre la bibliografía más importante respecto al milenarismo en Il regno millenario 68 nota 4. El tema tratado in extenso  en Il millenarismo: parametri per un discernimento cristiano alla luce di Apocalisse 20,1-10, “Sette e Religioni” 1 (1991) 110-147.

[110] Ver Giesen, Offenbarung 433-434; Vanni, Il sacerdozio della Nuova Alleanza 95-96.

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